Nº 528 - 28 de octubre 2002

Quiénes nutren de ideología al nuevo PSOE

Los pensadores de Zapatero

 

Nacieron amarrados a un nombre resultón: Nueva Vía. Luego, una vez victoriosos, ellos mismos la mataron en aras a la paz interna –“en este PSOE ya no hay familias”, dijeron–. Ahora, dos años después y con un líder en su mejor momento, los perfiles ideológicos de Zapatero empiezan a ser reconocidos. Y tienen padres, documentos y activistas. Nadie tiene la exclusiva pero, aunque son pocos, su influencia es incuestionable. Son los pensadores de Zapatero.

Por Inmaculada Sánchez

El socialismo es lo que hacemos los socialistas que ganamos. Lo demás son cosas de universitarios”. A pesar de esta afirmación tan pegada a la tierra de un miembro de la actual ejecutiva de Rodríguez Zapatero –por cierto, también universitario y de lo más preparado– el nuevo PSOE que construye ese equipo de jóvenes novatos, como ya empiezan a dejar de llamarles desde dentro de su propio partido, necesita de unas referencias ideológicas en las que enganchar esta nueva etapa.

Aunque hasta ahora la prioridad ha sido la unidad y el liderazgo interno, la consecución de estos objetivos está dejando hueco a la reflexión, y prueba de ello es que el propio Zapatero hilvana sus intervenciones más exitosas de los últimos meses en un tejido de mensajes políticos y sociales que hacía tiempo no se escuchaban en el Parlamento. “Esa es la clave. Hay que reivindicar la política frente a la gestión”, afirma un miembro de la ejecutiva federal muy cercano al secretario general.

Entre los que apoyan al líder en este camino, el más próximo –física y cotidianamente– es su jefe de gabinete, José Andrés Torres Mora. Profesor de Sociología de la Universidad Complutense de Madrid y director durante años del conocido colegio mayor San Juan Evangelista, este veterano militante es un entusiasta del concepto de “republicanismo” difundido mundialmente por el profesor irlandés, aunque docente en Australia, Philip Pettit y también estudiado en nuestro país por pensadores de la talla de Salvador Giner, catedrático de Sociología en la universidad de Barcelona.

Torres Mora estuvo en los inicios de la formulación teórica de Nueva Vía y se le considera piedra angular de los discursos más políticos de Zapatero, aunque siempre ha reivindicado para el líder del PSOE la autoría de su binomio más famoso hasta el momento, el “socialismo libertario” con el que impactó en su primera intervención en el Club Siglo XXI.

El jefe de gabinete de Zapatero bebe también, no obstante, de las fuentes clásicas del socialismo –en esa simbiosis entre respeto al pasado del partido y mirada al futuro de la que tanto alardea el secretario general se encuentra buena parte de la confianza personal entre ambos–. No en vano trabajó durante años con uno de los intelectuales más solventes del PSOE durante la etapa de Felipe González, Ludolfo Paramio, quien continúa de presidente de la Fundación Jaime Vera, dedicada a la formación de cuadros y candidatos y de quien Torres Mora siempre habla con admiración.

Menos conocida que la del jefe de gabinete de Zapatero es la faceta intelectual de otro miembro de la ejecutiva socialista que, en los próximos días, va a sorprender a más de uno dentro de su partido con la aparición de un libro que pretende ofrecer un retrato de lo que es el nuevo socialismo que avanza dentro del PSOE. Se trata de Jordi Sevilla, el portavoz de economía y hasta ahora acusado desde algunos ángulos del partido como un “peligroso” liberal que sigue la estela del en otros tiempos también denostado ex ministro Carlos Solchaga.

Sevilla presentará el próximo 5 de noviembre su obra De nuevo socialismo con Rodríguez Zapatero, que también ha prologado el libro, como muestra de que las ideas expuestas en él cuentan con el beneplácito del líder. “Jordi Sevilla es un pensador valiente, que no se deja asustar por los prejuicios, y es eso lo que lo convierte en un político/intelectual con varios registros”, lo halaga el secretario general en su prólogo, y aunque señala expresamente que “no estamos ante el catecismo del nuevo socialismo, porque eso sería abonar una nueva ortodoxia” sí que afirma que el libro “trata de profundizar en los valores que deben sostener  y configurar el socialismo” y que “después de leerlo, nadir podrá decir, con rigor, que la izquierda está falta de ideas”. Mejor presentación, imposible.

Sevilla se reconoce más cercano a la línea intelectual del neomarxismo del profesor alemán Jurgen Habermas y del liberalismo del filósofo norteamericano John Rawls, padre de buena parte del pensamiento del teórico de la Tercera Vía de Tony Blair, Anthony Giddens, que del republicanismo de Pettit, aunque también es citado en la obra.

Con estos cimientos el secretario de política económica del PSOE avanza en los objetivos y métodos de ese “nuevo socialismo”, apartándose, no obstante, de algunos de los postulados de los seguidores de Giddens y Blair hasta el punto de que alguno de los pocos que ya conocen la obra han llegado a calificarla como “alternativa a la tercera vía”. El libro tiene su germen en la ponencia de la Conferencia Política que celebró el PSOE el año pasado y que ya coordinó entonces Sevilla. Ahora, con su aparición, el libro se convierte en el primer acercamiento ideológico al nuevo PSOE de Rodríguez Zapatero, al margen de sus propios discursos e intervenciones, y promete generar polémica dentro y fuera del partido.

Pero tanto Torres Mora como Jordi Sevilla no forman un corpus único ni un grupo coordinado de pensamiento. La propia Nueva Vía nació así –“hemos coincidido en el camino gente que pensábamos parecido sobre los problemas del partido y hacia dónde había que ir”, decían entonces, y ahora– y también existen otras líneas cercanas y convergentes aunque con autores y caminos diferentes.

 Una de las menos conocidas para el público, aunque con gran anclaje en el partido, es la que emana de la Fundación Jaime Vera. “Podría haber sido la FAES de Zapatero, pero, al hacer su equipo la descabezó”, afirma un buen conocedor de cómo se gestó la actual ejecutiva refiriéndose a la Fundación montada por Aznar en el PP como laboratorio de ideas cuando llegó a la presidencia del partido.

Bajo la presidencia del ya citado Paramio, en 1995, cuando el PSOE afrontaba su dolorosa cuesta final, arribó a la misma un nuevo grupo de jóvenes dirigentes que veían lo que se venía encima y querían cambiar el horizonte de hacer las cosas en el partido con el joven Enrique Martínez, que fue nombrado director de la misma, a la cabeza. Martínez es hoy secretario de Innovación y Comunicación interna en la ejecutiva de Zapatero y tiene bajo su tutela a la Fundación.

“Cuando el ciclo de políticas evidentes concluye –ya has dado educación, sanidad, infraestructuras…– no se puede seguir siendo gestor, hay que ser político”, explica el propio Martínez, otro de los que estuvo desde el principio en la gestación del grupo que aupó a Rodríguez Zapatero al liderazgo en el PSOE.

Y en esa nueva forma de ser políticos, en la que también están Antonio Gutiérrez Limones, alcalde de Alcalá de Guadaira, en Sevilla, Luis Salvador, secretario de acción electoral de Granada, o Joaquím Babiera, jefe de gabinete del alcalde de L’Hospitalet, “hay que redefinir los valores clásicos del socialismo enriqueciéndolos”, explican.

Así, la Jaime Vera pasó de dar masters de gestión a sus candidatos a poner el énfasis en la formación política y en el análisis de los problemas de comunicación con la ciudadanía, el diagnóstico y las herramientas para la acción.

Este grupo, por su propia esencia y el objetivo formativo de la Jaime Vera, no alumbra documentos ni libros –lo propio son los manuales– pero se siente modista en la confección de este “nuevo socialismo” al que tantos intentan dar forma. Sus referencias se saltan a Giddens y la Tercera Vía y hablan del grupo de los nuevos demócratas que auparon a Bill Clinton a la presidencia de Estados Unidos, entre los que citan a David Osborne o Ted Goebler, y al menos conocido Bo Krobing, teórico electoral y consultor del partido socialdemócrata sueco –“donde todavía siguen ganando”, apuntan–, responsable del giro del “partido de los viejos y los pobres” al de “los jóvenes y las oportunidades”.

Zapatero es una esponja, según quienes lo conocen –en eso parece acercarse a las definiciones que hacían de Aznar cuando aspiraba a la Moncloa–, y no confirma a nadie como su padre ideológico. Escucha a todos y es autor de sus discursos, cada vez más genuinamente políticos y con creciente éxito, como ha demostrado en su reciente intervención en el debate de Presupuestos. En este camino serán también fundamentales las aportaciones que pueda hacer en los próximos meses una fundación que pretende convertirse en el principal alumbrador de ideas para la nueva izquierda, la fundación Alternativas (ver recuadro “En busca de la otra FAES”). Sin embargo, aún está por conocer el Giddens de Zapatero. Quizá no lo llegue a tener nunca, pero, al menos, comienza a despuntar el debate de ideas. Y el único responsable es el propio Zapatero.

Socialismo e individualismo

S omos hijos de los socialistas y los anarquistas aunque los comunistas borraron esa memoria histórica en este país”, explica Enrique Martínez para apoyar esa fusión entre socialismo y libertad individual que Zapatero hiciera famosa con su conocido “socialismo libertario”.

Todas las líneas de pensamiento que confluyen en el despacho del secretario general del PSOE intentan esa conjunción. “El nuevo socialismo cree en la recuperación de la dimensión solidaria de la humanidad, desde el diálogo y la pedagogía políticas. Crear las condiciones de la razonabilidad de los ciudadanos debe ser, en consecuencia, el objetivo principal del nuevo socialismo”, dice el propio Zapatero en su prólogo al libro de Jordi Sevilla.

El republicanismo de Pettit apela principalmente a ese nuevo civismo, de ciudadanos iguales ante la ley, libres y fraternos. Salvador Giner, más cercano a la realidad española, señala en sus trabajos que “el republicanismo es aquella concepción de la vida política que preconiza un orden democrático dependiente de la vigencia de la responsabilidad pública de la ciudadanía”, “por tanto, la virtud cívica se convierte en la piedra angular del orden republicano”.

Esta virtud cívica no puede llegar sino del ciudadano libre e individual y Jordi Sevilla defiende rabiosamente en su libro este nuevo individualismo que intenta definir: “El nuevo socialismo defiende la rebelión del individuo autónomo frente al individualismo empobrecedor y disolvente de los lazos sociales, defiende una concepción instrumental del Estado y del mercado, sometidos ambos al individuo como único fin en sí mismo. Y estimula la propiedad privada fruto del esfuerzo creativo del trabajo personal mientras promueve límites, controles y restricciones a la propiedad heredada y a los monopolios cuyas actuaciones condicionan de manera negativa la libertad y la igualdad del conjunto de los ciudadanos”.

“Antes sólo éramos subsidiarios”, explica por su parte Enrique Martínez. “Ahora, además, tenemos que ser el partido del crecimiento económico. Lo importante son las personas, tenemos que tener la mejor ciudadanía para tener la mejor sociedad, como reivindica Pettit”, añade para poner el énfasis en la formación, otra de las claves a las que Zapatero se ha referido en distintas ocasiones como base de sus principios.

Los de la Revolución Francesa: libertad, igualdad y fraternidad, se convierten para estos pensadores del nuevo PSOE en la base sobre la que edificar su manifiestos, aun sabiendo que “el nuevo socialismo propone fines parciales y objetivos concretos porque ha renunciado a la idea de que existe un fin último en forma de sociedad socialista perfecta, alternativa total de la sociedad actual”, como afirma Sevilla.

“Completar el proyecto ilustrado o impulsar una segunda modernidad como tarea del nuevo socialismo significa una apuesta clara por el individuo, renunciando a encontrar alternativas frente al individualismo reinante en el nosotros comunitario o de grupo”, añade.

En cuanto al olor liberal que desprenden estas ideas –ya antes del 35 congreso sus oponentes descalificaban a los de Nueva Vía como “social-liberales”– los complejos parecen haber desaparecido después de dos años de mandato en Ferraz. “Socialismo y liberalismo surgieron, históricamente, como corrientes enfrentadas del tronco común de la Ilustración”, explica Jordi Sevilla, “y hoy creo que existe un espacio para el encuentro entre ambos”.

El famoso “Soy socialista a fuer de liberal”, de Indalecio Prieto, es citado por todos como explicación. Alguno, añade otra frase del mismísimo Pablo Iglesias: “Quienes contraponen liberalismo y socialismo, o no conocen al primero o no saben los verdaderos objetivos del segundo”.

En busca de otra FAES

Sabido es que Aznar apuntaló su crecimiento político tanto como líder del PP como, posteriormente, a su llegada a la Moncloa en una fundación que creó nada más hacerse cargo de la presidencia del partido a la que llamó Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales, más conocida como FAES. Hoy, incluso, la anunciada retirada de Aznar en 2004 tiene una excepción: el presidente seguirá al frente de su querida FAES.

Zapatero no tiene aún un laboratorio de ideas del que nutrirse y con el que acercarse al mundo docente, económico e intelectual. Las actuales fundaciones del partido tienen otros objetivos y otros responsables no tan cercanos al actual líder y, por tanto, es difícil que cumplan esa función. Alfonso Guerra preside la Pablo Iglesias y Felipe González la Progreso Global. Sólo la Jaime Vera, que preside Ludolfo Paramio, podría acercarse a esta función pero su básico objetivo formativo la aleja de ella.

Sin embargo hay quien ya ve a esa hipotética FAES en una fundación ajena a los límites orgánicos del partido: la Fundación Alternativas. Creada en 1997, con el PP ya en La Moncloa, nació con la voluntad de ser un cauce de incidencia y de reflexión política, económica y cultural dentro del ámbito progresista, al modo de los conocidos thin thank anglosajones.

Presidida por el cineasta Pere Portabella y con distintas personalidades del mundo cultural y docente de izquierdas, además de varios ex ministros del PSOE y el propio Felipe González en su patronato, fue, sin embargo, a comienzos de este año, al ponerse en marcha el denominado “Laboratorio”, cuando llamó la atención en el circuito intelectual.

A su frente está Joaquín Almunia, miembro también del patronato, quien ha reunido, por áreas de investigación que abarcan desde la reflexión política sobre el Estado de bienestar hasta la economía, la sanidad o la imagen, a reputados pensadores y expertos. Entre ellos, José María Maravall, Sping Andersen, Federico Durán, Adolfo Jiménez, Tomás Quadra-Salcedo, Fernando Vallespín, Enrique Bustamante, Luis López Guerra, Antoni Castells, José Manuel Euiagaray, Javier Rey, José María Ridao, Joaquín Arango, Vicente Larraga y Jesús Ruiz Huerta.

Tiene más de cuarenta trabajos en marcha –uno recientemente publicado sobre la comunicación y la cultura coordinado por el ya citado  Bustamante al que le queda una segunda parte por ver la luz– y será a principios de año cuando comenzarán a verse los frutos con las presentaciones de los documentos y los debates que seguirán a éstas.

Una prueba de que Zapatero no le quiere quitar el ojo de encima a la Alternativas es que él mismo, que no estuvo en la gestación de la misma, se incorporó a su patronato en julio del año pasado. Otra, de la forma en que puede servirle a él y “a toda la izquierda”, según explica Almunia, es que “buscamos intelectuales y profesionales con ideas para hacer no sólo puro análisis sino para ser capaces de hacer propuestas”.

Santa Bárbara y los truenos, por Enric Sopena
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