Nº 543 - 17 de febrero 2003

El Gobierno, más solo que nunca, provoca el despertar ciudadano

NO A LA GUERRA

Aunque el Gobierno se empeñe en lo contrario, parece que no convence a los españoles. Éstos están mayoritariamente en contra de la guerra y salen de sus casas para gritarlo a las calles, en los teatros, en las ferias de arte, en los desfiles de moda o en sus lugares de trabajo. Lo hacen apoyados por las formaciones políticas, salvo la ‘popular’ y los sindicatos, pero éste es un dato secundario, porque el clamor ciudadano es tan vigoroso que supera a PP, a PSOE o a cualquier partido. Para los sociólogos, con estas movilizaciones sin precedentes está naciendo en España una nueva concepción de la política.

Por Ana Pardo de Vera

Primero fue Nunca Máis. Los gallegos, apoyados por el resto de los españoles, se lanzaron espontáneamente a las calles a protestar por una tragedia, la del hundimiento del Prestige, que quizá no podría haberse evitado, pero sí paliado con una buena gestión, concluye Nunca Máis en sus manifiestos y reivindicaciones. Pero las protestas por el Prestige no han terminado, ya que después de quedar patente en A Coruña, el pasado domingo 9 de febrero, el disgusto de más de 100.000 ciudadanos (24.000, según el alcalde herculino, Francisco Vázquez) convocados por Nunca Máis, también la plataforma espera una gran asistencia a la concentración de este domingo, 23 de febrero, en Madrid.

Será la siguiente gran manifestación congregada tras la macro del pasado sábado contra la guerra en Irak. Los expertos consultados por esta revista (ver, La opinión de los sociólogos), los convocantes, los políticos (también los del PP, aunque sea en privado) y los ciudadanos, en general, coinciden al señalar que la Política, en el sentido convencional de la palabra, se ha desbordado con una respuesta social que supera a los partidos.

La prueba está no sólo en la gran manifestación, con un recorrido por el corazón de Madrid, desde la Glorieta de Atocha hasta la Puerta del Sol, sino en los preliminares de ésta: su gestión, los acontecimientos que la rodearon y el apoyo abrumador que recibió de muy diversos sectores, incluidos los más reacios a implicarse en cuestiones ajenas a su gremio, como el sector de la Moda (ver, Moda comprometida). Ni siquiera la Unión de Actores, ahora inmersa en la Plataforma Cultura Contra la Guerra, junto a otros intelectuales y artistas, había sido tan crítica y mostrado tanto entusiasmo como ahora, al menos, fuera de la pantalla, n su faceta de vehículo ideológico.

El desastre del Prestige sacó la parte más reivindicativa de la sociedad gallega (según una encuesta de la Facultad de Sociología de A Coruña, el 65% de los gallegos ha ido a algún acto de Nunca Máis), pero la amenaza, casi confirmada, de la guerra en Irak, promovida por EE UU y apoyada incondicionalmente por el Gobierno español, ha hecho extenderse este clamor de protesta por todo el país. Empezó en la gala de entrega de los Premios Goya el pasado 1 de febrero: actores y directores salieron al escenario con un cartel negro que contenía en rojo la frase “NO a la guerra” y no ahorraron en opiniones contrarias al conflicto. Hubo motivos para polémica y más: la ministra de Cultura, Pilar del Castillo, estaba en la gala, con cara de pocos amigos, y los premios se retransmitían en directo por la Primera de TVE, la televisión pública dependiente de un Estado gobernado por un PP partidario acérrimo de la guerra. Tenía todos los ingredientes para reventar y reventó. Según Félix Ortega, uno de los sociólogos consultados por El Siglo, fue la “provocación del Gobierno la que agitó a las masas”. El hecho de que, una vez retransmitida la gala, se dijese que ésta fue la menos vista o se criticase que los actores protestaban por la guerra y no por el terrorismo, enemigo de casa, entre otras descalificaciones oficiales, supuso dinamita para los artistas y, por extensión, para otros sectores.

El Foro Social de Madrid, que engloba a 24 sectores, si bien, según su coordinadora, Milagros Hernández (ver Entrevista en estas mismas páginas), con el episodio de la guerra se está gestionando la entrada de muchos otros, junto a la hoy llamada Asamblea contra la Globalización Capitalista y la Guerra, otro conjunto de grupos sociales, lanzaba la convocatoria para el día 15 de febrero. Lo hacía en medio de la reivindicaciones de la Plataforma Cultura Contra la Guerra, que integra a buena parte de los actores, directores e intelectuales de este país, congregados a su vez en varias plataformas cívicas: la Unión de Actores, la Asociación de Directores de Escena, la Plataforma de Mujeres Artistas o la Alianza de Intelectuales Antiimperialistas, una formación surgida tras los atentados del 11 de septiembre contra las Torres Gemelas que conformaron, entre otros, el escritor José Luis Sampedro.

Aunque la oposición política en bloque se ha mostrado en el Parlamento contraria a la guerra, y PSOE, IU y los sindicatos mayoritarios, UGT y CC OO, junto a varias asociaciones y la Coordinadora de ONG para el Desarrollo, que reúne a 96 organizaciones, instaban la semana pasada a los ciudadanos a acudir a la manifestación del 15 de febrero, lo cierto es que el papel político, incluso el de las ONGs, más volcadas en estas tareas, ha sido secundario, al lado de la movilización ciudadana individual o agrupada por sectores.

La actividad del ámbito cultural ha sido especialmente intensa y no exenta de polémica en ningún momento: asistencia al Congreso de los Diputados el día de la comparecencia de José María Aznar con camisetas impresas con un “NO a la guerra”, lo que costó a los rebeldes el cacheo previo y la expulsión final; asamblea en el Teatro Alcázar para aprobar un manifiesto contra la guerra y contra el terrorismo de ETA, todo en uno y en un acto multitudinario, al que asistieron las caras más famosas de la escena y la Literatura; artículos en la prensa, como el del director Pedro Almodóvar en El País o el del actor Alberto San Juan en El Mundo; recogida de firmas en la Puerta del Sol; vigilia ante el Ministerio de Asuntos Exteriores; encabezamiento de la manifestación del 15-F, y lectura del manifiesto por parte de Almodóvar. Éste no dudó en manifestar públicamente su rechazo a la guerra en los mismos EE UU, cuando supo que su película Hablé con ella había alcanzado dos nominaciones para los Oscar de Hollywood. Y habrá más, pues en el seno de la Plataforma cultural se habla, entre otras iniciativas, de hacer un documental sobre la guerra, dirigido por alguno de nuestros mejores directores.

Debieron ser las intenciones del mundo de la Cultura, con visos de hacer lo imposible para detener la guerra, las que decidieron a la Xunta de Galicia a retirar su apoyo, sin dar explicaciones, a la cuarta edición de los Premios Max de las Artes Escénicas, que se iban a celebrar el próximo 5 de mayo en Santiago de Compostela. La explicación, sin embargo, parece obvia: por si no tiene poco el Gobierno gallego con el tema del Prestige, ahora le llegarían a la región los actores protestando por la guerra. Es demasiado para un Ejecutivo, el de Fraga, tocado seriamente por las crisis internas y la presión social.

También los artistas plásticos que acudieron a la 22ª feria internacional de arte contemporáneo Arco, inaugurada la semana pasada por el rey Juan Carlos en Madrid, dejaron constancia de su rechazo a la guerra y repartieron 200.000 pegatinas con el lema “NO a la guerra”, aunque prometieron no interferir en las actividades. No lo hicieron, pero el espíritu antibelicista sobrevolaba las 278 galerías de 28 países, también de EE UU. Y en el Museo Reina Sofía, un Gernika salió a la calle en brazos de los trabajadores del centro pintado con un rojo “NO a la Guerra”

Justicia, educación, sanidad y comunicación. Sin embargo, el mundo de la cultura no es el único que ha mostrado su rechazo a la guerra. Desde sectores tan importantes como el universitario, muy vinculado al cultural, el judicial o el sanitario, se ha llamado a los ciudadanos a la movilización. Ahí está, por ejemplo, la mayoría de rectores de las universidades españolas que ha firmado un manifiesto en contra de la guerra. O los más de 200 intelectuales catalanes, incluidas personas del ámbito universitario, cultural y del espectáculo, que presentaron otro texto de rechazo al conflicto en EE UU. También en la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) redactaron su propia protesta y, aun más: unos 300 miembros de la UAM se encerraron varios días hasta la manifestación del 15-F para mostrar su desaprobación al Gobierno por su apoyo a EE UU. Por su parte, los alumnos españoles fueron convocados por el Sindicato de Estudiantes el pasado jueves para salir a la calle en más de 40 ciudades y protestar por la guerra. En Madrid salieron más de 8.000 estudiantes.

En el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), los ocho vocales designados por PSOE e IU presentaron su propio rechazo a la guerra. Se lo dieron a firmar a sus compañeros, aunque, reconocieron los jueces, éstos no lo firmaron, lo cual no significa que muchos no estén en contra de la guerra.

También en el sector sanitario se dejó sentir el descontento por la decisión del Gobierno de apoyar a Bush. En Madrid, en el hall del edifico general del hospital Doce de Octubre, se celebró una concentración de médicos, enfermeras y otros profesionales de la sanidad en contra de la guerra. Tras una pancarta con el lema “No a la guerra, sí a la paz”, los trabajadores acordaron asimismo acudir a la ya histórica manifestación del 15 de febrero.

Una buena parte del sector periodístico también dio su “NO a la guerra” y un buen grupo de profesionales de la Comunicación fueron convocados para marchar el 15 de febrero tras una pancarta con el lema “Periodistas contra la guerra y por la libertad de expresión”. Por su parte, en la sede de RTVE de Torrespaña, más de 400 trabajadores se concentraron varias veces la semana pasada contra la guerra. En el transcurso de la primera de una las manifestaciones de Torrespaña, el ministro de Defensa, Federico Trillo-Figueroa, participaba, al mismo tiempo y en directo, en los Desayunos de la Primera de TVE, explicando la postura del Gobierno sobre el conflicto.

Milagros Hernández, coordinadora del Foro Social de Madrid

“Con unidad y movilización podemos parar cosas”

Tras la convocatoria del 15-F, la representante del Foro Social, una plataforma con 24 organizaciones, “aunque ahora se están adhiriendo más”, no para. Pero la ilusión no se la quita nadie, la misma que, según Hernández, tienen todos los ciudadanos que salen a la calle a manifestarse en contra de la guerra en Irak.

—¿Qué es el Foro Social?

—Es una respuesta de varias asociaciones, partidos y sindicatos que, a raíz de la guerra de Afganistán, decidimos empezar a trabajar de forma colectiva y unánime en la invasión que nos parecía que iba a empezar a haber en este mundo. Todo unido, además, al tema de la globalización, con el Foro Social Mundial, de Porto Alegre,... El interés de participar en todo ese proceso en red de respuesta a la globalización nos convenció para juntarnos y ocuparnos de los problemas de libertades, de democracia y de derechos sociales.

—¿En dónde tienen actividad?

—Ahora mismo estamos trabajando contra la guerra de Irak; en la respuesta de la Carta de Derechos Sociales de la próxima Constitución Europea, para el 21 de marzo; colaboramos con la campaña de la deuda externa; a nivel sindical, vamos a retomar el tema de los trabajadores de Sintel... Al haber tantas organizaciones en el seno del Foro, cada una lleva a éste aquel problema que considera que debe ser tratado conjuntamente, por lo que existe un amplísimo abanico de ventanas abiertas en el Foro.

—¿De quién partió la iniciativa de convocar la manifestación del 15-F?

—Del Foro Social junto a otros colectivos sociales, que hoy se denominan Asamblea contra la Globalización Capitalista y la Guerra.

—¿Se esperaban esta respuesta de la sociedad?

—Estoy convencida de que las personas no hemos perdido el deseo de paz ni el de libertad, afortunadamente. Los valoramos considerablemente, y mucho más cuando en este país hemos defendido ambos con ahínco hace muchos años y lo seguimos defendiendo debido al tema del terrorismo. Sí esperaba, por tanto, que los españoles recuperáramos esa conciencia en el momento necesario.

—¿Recuerda algo similar a una respuesta como la que está habiendo ahora en contra de la guerra en Irak?

—Aunque soy vieja militante y participé en las huelgas de metal de los años de legalización de los partidos y de los sindicatos, no recuerdo algo igual. El ambiente de esperanza, desde la emoción y desde el sentimiento de la respuesta democrática, sí puede ser algo parecido.

—Se dice de Nunca Máis con el Prestige, ahora del Foro Social con la guerra en Irak, que detrás de su constitución y de sus movilizaciones, hay uno o varios partidos políticos. Usted misma pertenece a IU...

—En ambos casos es exactamente al revés. Hemos sido personas de varios partidos y organizaciones los que decidimos coordinar esa sensibilidad, a hacer un trabajo colectivo y a estar en la misma línea, tratando de convencer a nuestros partidos de hacer un trabajo conjunto.

—El secretario general del PP, Javier Arenas, ha dicho que la del 15-F fue una manifestación sólo contra el Gobierno...

—El señor Arenas y el Partido Popular están muy preocupados con esto que se les ha venido encima. Han estado intentando convencer a los ciudadanos de que quien hace las convocatoria como la del día 15 somos mala gente y tratando de poner puertas al campo, es decir, poner zancadillas. Confiemos en que éstas no se les vuelvan en contra.

—¿Tienen ilusión puesta en estas movilizaciones?

—Sin duda. Estoy convencida, como estuvimos convencidos en los años 70 quienes los vivimos, de que con la unidad y la movilización, los trabajadores, los jóvenes y las mujeres somos los que realmente podemos parar estas cosas.

La opinión de los sociólogos

El Siglo ha recabado la opinión de prestigiosos sociólogos sobre este surgir de movimientos sociales y comprometidos que están teniendo lugar en toda España. Éstas han sido las preguntas y las respuestas:

  1. ∂ Desde el hundimiento del Prestige y ahora, por el tema de la guerra de Irak, parece que se está produciendo una reacción de la ciudadanía insólita y espontánea. ¿A qué achaca esta respuesta tan numerosa?
  2. ∑ ¿Asistimos a algún tipo de fenómeno social trascendente?
  3. ∏ ¿Existe algún precedente de estas reacciones, aparte de las movilizaciones antiterroristas?
  4. π ¿Puede variar esta situación la concepción que tiene el ciudadano de la política o del político?

“Estamos ante nuevos movimientos sociales”

Félix Ortega
Profesor de Sociología de la Facultad de Ciencias de la Información (UCM)

  1. ∂ Una cosa son las movilizaciones por cuestiones que afectan directamente a la gente, como el Prestige, y otra, por una causa más alejada en el espacio para los españoles, como la guerra en Irak. Estar en contra de la guerra se ha convertido en una moda, al menos, en España y las movilizaciones no son del todo espontáneas: siempre hay un partido o un sindicato detrás, que convoca. Es el caso de la manifestación del día 15. Las concentraciones de Nunca Máis son más espontáneas, pero igualmente hay partidos detrás. También las movilizaciones tienen mucho que ver con las respuestas que dan los gobiernos, y el nuestro está gestionando los temas del Prestige y de la guerra, con una retirada, una actitud irascible y una provocación constante.
  2. ∑ El fenómeno de las movilizaciones sociales no estrictamente políticas tiene casi 30 años de existencia en las sociedades europeas y de EE UU. En España, como siempre vamos un poco retrasados, nos percatamos de las cosas también tarde. Estamos ante los “Nuevos Movimientos Sociales”, fenómenos de movilización de naturaleza política, aunque no de la convencional, la de los partidos. Incluyen los movimientos pacifistas, ecologistas, feministas,... y uno de gran impacto, el antiglobalización, que mueven fundamentalmente a los jóvenes.
  3. ∏ Recuerdo las movilizaciones sobre la OTAN o la guerra en Bosnia, aunque menos numerosas. Además, están las de los estudiantes contra las reformas educativas, las del Plan Hidrológico Nacional, las que han hecho los trabajadores por los recortes,... se han dado muchas. Las de la OTAN deberían ser un ejemplo para actuar con cautela: hubo mucha movilizaciones, pero cuando se hizo el referéndum, se ganó la permanencia en la OTAN por bastantes puntos.
  4. π Sí. Hay una crisis de la política o, más bien, de los políticos, que gozan de muy poco prestigio y de mucha desconfianza por parte de los ciudadanos. En España, la gente no pasa de la política, pero desconfía de los cauces convencionales de ésta –partidos, elecciones, ...–. Por tanto, el ciudadano puede verse tentado a hacer cosas por otras vías, que son estos movimientos sociales, también políticos, aunque, insisto, no en el sentido convencional.

“La gente acaba por moverse”

Fermín Bouza
Catedrático de Sociología
de la Facultad de Ciencias de la Información (UCM)

  1. ∂ El Prestige va abriendo caminos en medio de la desolación (Nunca Máis es un ejemplo de nuevo movimiento cívico). También la percepción objetiva de problemas graves: la vivienda, la seguridad, el paro, otra vez, las privatizaciones salvajes y sus dividendos privados, las estafas y los errores, etc: es el fracaso social del PP en esta segunda legislatura, su modelo provocativo de comunicación pública (conmigo o contra mí), su actitud como partido (y la del presidente del Gobierno), tan soberbia e irritante. La gente acaba por moverse, claro.
  2. ∑ El mero hecho de que la gente se mueva es trascendente. En el caso de la posible guerra, la arrogancia de USA está llegando a ser insoportable para algunos Estados (Francia, Alemania, Rusia, China, Bélgica) y para algunas de sus opiniones públicas (España, por supuesto). Quizá esta resurrección de la Opinión Pública es trascendente y hace relativamente inviable una pura política de ordeno y mando desde USA.
  3. ∏ Ha habido muchas cosas parecidas, pero lo que está ocurriendo ahora tiene muchas peculiaridades.
  4. π Lo está haciendo ya: la gente habla de política y lo hace con cierto rigor: el Prestige e Irak han sido los detonantes.

“Estamos interiorizando los principios democráticos”

José Antonio Ruiz San Román
Profesor de Sociología de la facultad de Ciencias de la Información (UCM)

  1. ∂ Creo que un elemento clave de este cambio de tendencia es el crecimiento del pensamiento comunitarista. Pienso que autores como Taylor con su “ética de la autenticidad” o Etzioni con su “nueva regla de oro” son un ejemplo muy interesante de pensadores que han diagnosticado estos fenómenos.
  2. ∑ Asistimos a un fenómeno social muy interesante. En realidad, me parece que estamos dando los pasos como comunidad política para embarcarnos en una interiorización colectiva de los principios democráticos. Si el problema nos afecta colectivamente, hablamos y actuamos colectivamente. Y lo hacemos a través de movimientos ciudadanos de contestación más o menos espontáneos, en los que se unen sensibilidades sociopolíticas muy variadas.
  3. ∏ Se pueden encontrar precedentes de movilizaciones sociales en las que participan gentes de perfiles sociopolíticos distintos en otros momentos históricos. El antifranquismo en la Universidad de los 60 y los 70 agrupó tendencias políticas distintas (demócratacristianos, socialistas, comunistas, etc.). Las movilizaciones frente a catástrofes naturales han levantado movimientos de solidaridad en los que han trabajado organizaciones de muy distinto signo, más o menos coordinadamente, junto con la espontaneidad de ciudadanos de a pie. Existen precedentes.
  4. π Estos fenómenos facilitan la implicación de los ciudadanos en la política en su sentido más noble. Su utilización partidista repugna y debe ser denunciada. Pero también debe destacarse que la implicación ciudadana espontánea y sincera pone muy, muy nervioso al poder.

“Hay una globalización del pacifismo”

María Antonia García de León
Profesora de Sociología de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología (UCM)

  1. ∂ España es un país profundamente pacifista y antimilitarista, tal vez porque tenemos el precio histórico de una terrible guerra civil. Prueba de ello, es que el servicio militar obligatorio finalmente cayó, por modernización o lo que digan, pero la objeción de conciencia ya era un hecho que lo superaba. Este país vive actualmente en una bonanza general, de paz social y de prosperidad y ello, junto a la memoria histórica, hace que lo que nos parezca más execrable es la guerra. Más allá de cuestiones que morales, que también las hay. Creo que el tema del Prestige es un tema diferente: ha sido una catástrofe tan terrible, que realmente ha conmocionado.
  2. ∑ Sí, y además, está bastante globalizado. Creo que casi todo el mundo está contra la guerra: los europeos, no digamos el mundo árabe,... Incluso EE UU, aunque la opinión, muy maniatada, no nos llega. Pero tengo amigos trabajando en universidades norteamericanas y vía Internet, la respuesta que llega es muy fuerte, porque, por otro lado, los procedimientos de Bush están siendo muy burdos y poco creíbles. Podríamos hablar de una globalización del pacifismo.
  3. ∏ Creo que no hay precedentes en España. Ni siquiera las pasadas movilizaciones sobre la OTAN, porque aquello estaba muy ligado a un partido. Lo de ahora está más allá del PP o el PSOE, lo bonito de esto es la civilidad y ésta no quiere guerra porque es la última palabra que no es palabra, es fuerza. Este pacifismo, además de español, es mundial.
  4. π El ciudadano se ha creado una conciencia de distancia hacia el político. Prueba de ello es que los universitarios, en la edad más idealista, están muy alejados de los partidos políticos. Eso es lo bonito, porque creo que se debe hacer política como ciudadanos, más que como partidos. Eso estrena una nueva era, en la que las ONGs van más allá de los partidos políticos, que funcionan porque son maquinarias más potentes gracias al dinero y a la propaganda. Estoy segura de que si las manifestaciones contra la guerra no las organizasen los partidos, las organizarían los ciudadanos.

 

Moda comprometida

La Barcelona Fashion Week, celebrada hace dos semanas en la Pasarela Gaudí, también se ha sumado al clamor social contra la guerra en medio de un clima de compromiso político inusitado en el mundo de la moda. Los diseñadores españoles han aprovechado este escaparate internacional para protestar contra el ataque a Irak, a pesar de ser conscientes de que las proclamas pacifistas lucidas por algunos de los modelos iban a ensombrecer las tendencias propuestas para el próximo otoño-invierno.

Las modelos que lucieron las prendas de la veterana firma Armand Basi y su propio diseñador, Lluís Juste de Nin, portaban pegatinas con el símbolo de la paz.

El modisto ha explicado a El Siglo su iniciativa. “La moda –dice– es parte de la industria, pero también de la cultura. Y la cultura es compromiso. Si tenemos acceso a los medios en el momento en que pasa algo que nos afecta de forma decisiva como es la amenaza de una guerra, moralmente estamos obligados a manifestarnos de forma simbólica contra el ataque”. Juste de Nin niega que haya habido ninguna consigna previa entre los diseñadores. “Parte importante de nuestro trabajo es la sensibilidad. Y la influencia de nuestros compañeros del cine ha sido muy importante. Nos dimos cuenta de que era coherente adoptar una posición ante algo que nos afecta tanto como la guerra”. Respecto a las críticas vertidas desde el Gobierno sobre la inconveniencia de protestar en actos públicos como la entrega de los Goya o la Pasarela Cibeles, el diseñador dice que “quien diga que no se pueden mezclar las cosas es sospechoso de estar convencido de lo contrario. En una democracia, tenemos tanto derecho a manifestarnos en los medios como los políticos”. El diseñador también considera que la intervención contra Irak tiene un trasfondo económico, “que huele a petróleo y no se puede cambiar vidas por bidones. Resulta paradójico que se rasguen las vestiduras por la dictadura de Hussein. España también la tuvo y no nos bombardearon”.

Nekane Le Freak, una de las novedades del salón internacional, también protestó en Gaudí contra la intervención militar con el letrero “NO a la guerra” en una camiseta y Josep Abril, uno de los diseñadores más consagrados de la pasarela barcelonesa, salió a saludar al público tras el desfile de sus diseños con un gran “NO” impreso en la espalda.

También el primer diseñador extranjero invitado a participar en la ‘Barcelona Fashion Week’ ha empleado consignas pacifistas en su desfile. Dirk Schonberg, de la escuela belga de diseño, sacó a la pasarela una americana con un mensaje a la espalda: “La guerra está terminada si tú quieres”.

Mientras, varios diseñadores aprovecharon para protestar contra otro de los frentes abiertos al Gobierno: el desastre del Prestige. Gloria Rodríguez Figueroa, otra de las promesas de Gaudí, ha puesto mascarillas y brazaletes negros a sus maniquíes en señal de duelo por las consecuencias ecológicas del vertido del petrolero en las costas gallegas. Konrad Muhr preparó una impactante puesta en escena con las afamadas modelos Martina Klein y Laura Ponte, que vestidas de negro, portaron una pancarta donde se leía Nunca Máis, mientras sus compañeras desfilaban cubiertas con mascarillas.

Al calor de los acontecimientos, los asistentes al acto se sumaron a la protesta. La ministra de Cultura volvió a soportar, como ocurrió en la gala de los Goya, las críticas contra su Gobierno por su respaldo al ataque a Irak. Al grito de “Pilar del Castillo, castigada al pasillo”, el público la tomó contra la titular de Cultura, que tras el altercado evitó hacer más comentarios a la prensa que un sucinto “cada uno es libre de hacer lo que le parezca oportuno”. Incluso, entre los organizadores, hubo quien hizo su particular guiño a la reivindicación. Durante el brindis del almuerzo ofrecido a los diseñadores y modelos de la Barcelona Fashion Week, al que acudió el alcalde de la ciudad condal, Joan Clos, se coreó el “no a la guerra”, y algunos de los asistentes, entre los que cabe destacar al director de Moda Barcelona, Paco Flaqué, lucían pegatinas en contra al ataque militar.

G. S.

 

¡Qué diferencia, señor Aznar! por Enric Sopena

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