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El Gobierno, más solo que nunca, provoca el despertar ciudadano NO A LA GUERRA |
Aunque el Gobierno se empeñe en lo contrario, parece que no convence a los españoles. Éstos están mayoritariamente en contra de la guerra y salen de sus casas para gritarlo a las calles, en los teatros, en las ferias de arte, en los desfiles de moda o en sus lugares de trabajo. Lo hacen apoyados por las formaciones políticas, salvo la popular y los sindicatos, pero éste es un dato secundario, porque el clamor ciudadano es tan vigoroso que supera a PP, a PSOE o a cualquier partido. Para los sociólogos, con estas movilizaciones sin precedentes está naciendo en España una nueva concepción de la política.Por Ana Pardo de Vera Primero fue Nunca Máis. Los gallegos, apoyados por el resto de los españoles, se lanzaron espontáneamente a las calles a protestar por una tragedia, la del hundimiento del Prestige, que quizá no podría haberse evitado, pero sí paliado con una buena gestión, concluye Nunca Máis en sus manifiestos y reivindicaciones. Pero las protestas por el Prestige no han terminado, ya que después de quedar patente en A Coruña, el pasado domingo 9 de febrero, el disgusto de más de 100.000 ciudadanos (24.000, según el alcalde herculino, Francisco Vázquez) convocados por Nunca Máis, también la plataforma espera una gran asistencia a la concentración de este domingo, 23 de febrero, en Madrid. Será la siguiente gran manifestación congregada tras la macro del pasado sábado contra la guerra en Irak. Los expertos consultados por esta revista (ver, La opinión de los sociólogos), los convocantes, los políticos (también los del PP, aunque sea en privado) y los ciudadanos, en general, coinciden al señalar que la Política, en el sentido convencional de la palabra, se ha desbordado con una respuesta social que supera a los partidos. La prueba está no sólo en la gran manifestación, con un recorrido por el corazón de Madrid, desde la Glorieta de Atocha hasta la Puerta del Sol, sino en los preliminares de ésta: su gestión, los acontecimientos que la rodearon y el apoyo abrumador que recibió de muy diversos sectores, incluidos los más reacios a implicarse en cuestiones ajenas a su gremio, como el sector de la Moda (ver, Moda comprometida). Ni siquiera la Unión de Actores, ahora inmersa en la Plataforma Cultura Contra la Guerra, junto a otros intelectuales y artistas, había sido tan crítica y mostrado tanto entusiasmo como ahora, al menos, fuera de la pantalla, n su faceta de vehículo ideológico. El desastre del Prestige sacó la parte más reivindicativa de la sociedad gallega (según una encuesta de la Facultad de Sociología de A Coruña, el 65% de los gallegos ha ido a algún acto de Nunca Máis), pero la amenaza, casi confirmada, de la guerra en Irak, promovida por EE UU y apoyada incondicionalmente por el Gobierno español, ha hecho extenderse este clamor de protesta por todo el país. Empezó en la gala de entrega de los Premios Goya el pasado 1 de febrero: actores y directores salieron al escenario con un cartel negro que contenía en rojo la frase NO a la guerra y no ahorraron en opiniones contrarias al conflicto. Hubo motivos para polémica y más: la ministra de Cultura, Pilar del Castillo, estaba en la gala, con cara de pocos amigos, y los premios se retransmitían en directo por la Primera de TVE, la televisión pública dependiente de un Estado gobernado por un PP partidario acérrimo de la guerra. Tenía todos los ingredientes para reventar y reventó. Según Félix Ortega, uno de los sociólogos consultados por El Siglo, fue la provocación del Gobierno la que agitó a las masas. El hecho de que, una vez retransmitida la gala, se dijese que ésta fue la menos vista o se criticase que los actores protestaban por la guerra y no por el terrorismo, enemigo de casa, entre otras descalificaciones oficiales, supuso dinamita para los artistas y, por extensión, para otros sectores. El Foro Social de Madrid, que engloba a 24 sectores, si bien, según su coordinadora, Milagros Hernández (ver Entrevista en estas mismas páginas), con el episodio de la guerra se está gestionando la entrada de muchos otros, junto a la hoy llamada Asamblea contra la Globalización Capitalista y la Guerra, otro conjunto de grupos sociales, lanzaba la convocatoria para el día 15 de febrero. Lo hacía en medio de la reivindicaciones de la Plataforma Cultura Contra la Guerra, que integra a buena parte de los actores, directores e intelectuales de este país, congregados a su vez en varias plataformas cívicas: la Unión de Actores, la Asociación de Directores de Escena, la Plataforma de Mujeres Artistas o la Alianza de Intelectuales Antiimperialistas, una formación surgida tras los atentados del 11 de septiembre contra las Torres Gemelas que conformaron, entre otros, el escritor José Luis Sampedro. Aunque la oposición política en bloque se ha mostrado en el Parlamento contraria a la guerra, y PSOE, IU y los sindicatos mayoritarios, UGT y CC OO, junto a varias asociaciones y la Coordinadora de ONG para el Desarrollo, que reúne a 96 organizaciones, instaban la semana pasada a los ciudadanos a acudir a la manifestación del 15 de febrero, lo cierto es que el papel político, incluso el de las ONGs, más volcadas en estas tareas, ha sido secundario, al lado de la movilización ciudadana individual o agrupada por sectores. La actividad del ámbito cultural ha sido especialmente intensa y no exenta de polémica en ningún momento: asistencia al Congreso de los Diputados el día de la comparecencia de José María Aznar con camisetas impresas con un NO a la guerra, lo que costó a los rebeldes el cacheo previo y la expulsión final; asamblea en el Teatro Alcázar para aprobar un manifiesto contra la guerra y contra el terrorismo de ETA, todo en uno y en un acto multitudinario, al que asistieron las caras más famosas de la escena y la Literatura; artículos en la prensa, como el del director Pedro Almodóvar en El País o el del actor Alberto San Juan en El Mundo; recogida de firmas en la Puerta del Sol; vigilia ante el Ministerio de Asuntos Exteriores; encabezamiento de la manifestación del 15-F, y lectura del manifiesto por parte de Almodóvar. Éste no dudó en manifestar públicamente su rechazo a la guerra en los mismos EE UU, cuando supo que su película Hablé con ella había alcanzado dos nominaciones para los Oscar de Hollywood. Y habrá más, pues en el seno de la Plataforma cultural se habla, entre otras iniciativas, de hacer un documental sobre la guerra, dirigido por alguno de nuestros mejores directores. Debieron ser las intenciones del mundo de la Cultura, con visos de hacer lo imposible para detener la guerra, las que decidieron a la Xunta de Galicia a retirar su apoyo, sin dar explicaciones, a la cuarta edición de los Premios Max de las Artes Escénicas, que se iban a celebrar el próximo 5 de mayo en Santiago de Compostela. La explicación, sin embargo, parece obvia: por si no tiene poco el Gobierno gallego con el tema del Prestige, ahora le llegarían a la región los actores protestando por la guerra. Es demasiado para un Ejecutivo, el de Fraga, tocado seriamente por las crisis internas y la presión social. También los artistas plásticos que acudieron a la 22ª feria internacional de arte contemporáneo Arco, inaugurada la semana pasada por el rey Juan Carlos en Madrid, dejaron constancia de su rechazo a la guerra y repartieron 200.000 pegatinas con el lema NO a la guerra, aunque prometieron no interferir en las actividades. No lo hicieron, pero el espíritu antibelicista sobrevolaba las 278 galerías de 28 países, también de EE UU. Y en el Museo Reina Sofía, un Gernika salió a la calle en brazos de los trabajadores del centro pintado con un rojo NO a la Guerra Justicia, educación, sanidad y comunicación. Sin embargo, el mundo de la cultura no es el único que ha mostrado su rechazo a la guerra. Desde sectores tan importantes como el universitario, muy vinculado al cultural, el judicial o el sanitario, se ha llamado a los ciudadanos a la movilización. Ahí está, por ejemplo, la mayoría de rectores de las universidades españolas que ha firmado un manifiesto en contra de la guerra. O los más de 200 intelectuales catalanes, incluidas personas del ámbito universitario, cultural y del espectáculo, que presentaron otro texto de rechazo al conflicto en EE UU. También en la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) redactaron su propia protesta y, aun más: unos 300 miembros de la UAM se encerraron varios días hasta la manifestación del 15-F para mostrar su desaprobación al Gobierno por su apoyo a EE UU. Por su parte, los alumnos españoles fueron convocados por el Sindicato de Estudiantes el pasado jueves para salir a la calle en más de 40 ciudades y protestar por la guerra. En Madrid salieron más de 8.000 estudiantes. En el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), los ocho vocales designados por PSOE e IU presentaron su propio rechazo a la guerra. Se lo dieron a firmar a sus compañeros, aunque, reconocieron los jueces, éstos no lo firmaron, lo cual no significa que muchos no estén en contra de la guerra. También en el sector sanitario se dejó sentir el descontento por la decisión del Gobierno de apoyar a Bush. En Madrid, en el hall del edifico general del hospital Doce de Octubre, se celebró una concentración de médicos, enfermeras y otros profesionales de la sanidad en contra de la guerra. Tras una pancarta con el lema No a la guerra, sí a la paz, los trabajadores acordaron asimismo acudir a la ya histórica manifestación del 15 de febrero. Una buena parte del sector periodístico también dio su NO a la guerra y un buen grupo de profesionales de la Comunicación fueron convocados para marchar el 15 de febrero tras una pancarta con el lema Periodistas contra la guerra y por la libertad de expresión. Por su parte, en la sede de RTVE de Torrespaña, más de 400 trabajadores se concentraron varias veces la semana pasada contra la guerra. En el transcurso de la primera de una las manifestaciones de Torrespaña, el ministro de Defensa, Federico Trillo-Figueroa, participaba, al mismo tiempo y en directo, en los Desayunos de la Primera de TVE, explicando la postura del Gobierno sobre el conflicto. |
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Milagros Hernández, coordinadora del Foro Social de Madrid Con unidad y movilización podemos parar cosas Tras la convocatoria del 15-F, la representante del Foro Social, una plataforma con 24 organizaciones, aunque ahora se están adhiriendo más, no para. Pero la ilusión no se la quita nadie, la misma que, según Hernández, tienen todos los ciudadanos que salen a la calle a manifestarse en contra de la guerra en Irak. ¿Qué es el Foro Social? Es una respuesta de varias asociaciones, partidos y sindicatos que, a raíz de la guerra de Afganistán, decidimos empezar a trabajar de forma colectiva y unánime en la invasión que nos parecía que iba a empezar a haber en este mundo. Todo unido, además, al tema de la globalización, con el Foro Social Mundial, de Porto Alegre,... El interés de participar en todo ese proceso en red de respuesta a la globalización nos convenció para juntarnos y ocuparnos de los problemas de libertades, de democracia y de derechos sociales. ¿En dónde tienen actividad? Ahora mismo estamos trabajando contra la guerra de Irak; en la respuesta de la Carta de Derechos Sociales de la próxima Constitución Europea, para el 21 de marzo; colaboramos con la campaña de la deuda externa; a nivel sindical, vamos a retomar el tema de los trabajadores de Sintel... Al haber tantas organizaciones en el seno del Foro, cada una lleva a éste aquel problema que considera que debe ser tratado conjuntamente, por lo que existe un amplísimo abanico de ventanas abiertas en el Foro. ¿De quién partió la iniciativa de convocar la manifestación del 15-F? Del Foro Social junto a otros colectivos sociales, que hoy se denominan Asamblea contra la Globalización Capitalista y la Guerra. ¿Se esperaban esta respuesta de la sociedad? Estoy convencida de que las personas no hemos perdido el deseo de paz ni el de libertad, afortunadamente. Los valoramos considerablemente, y mucho más cuando en este país hemos defendido ambos con ahínco hace muchos años y lo seguimos defendiendo debido al tema del terrorismo. Sí esperaba, por tanto, que los españoles recuperáramos esa conciencia en el momento necesario. ¿Recuerda algo similar a una respuesta como la que está habiendo ahora en contra de la guerra en Irak? Aunque soy vieja militante y participé en las huelgas de metal de los años de legalización de los partidos y de los sindicatos, no recuerdo algo igual. El ambiente de esperanza, desde la emoción y desde el sentimiento de la respuesta democrática, sí puede ser algo parecido. Se dice de Nunca Máis con el Prestige, ahora del Foro Social con la guerra en Irak, que detrás de su constitución y de sus movilizaciones, hay uno o varios partidos políticos. Usted misma pertenece a IU... En ambos casos es exactamente al revés. Hemos sido personas de varios partidos y organizaciones los que decidimos coordinar esa sensibilidad, a hacer un trabajo colectivo y a estar en la misma línea, tratando de convencer a nuestros partidos de hacer un trabajo conjunto. El secretario general del PP, Javier Arenas, ha dicho que la del 15-F fue una manifestación sólo contra el Gobierno... El señor Arenas y el Partido Popular están muy preocupados con esto que se les ha venido encima. Han estado intentando convencer a los ciudadanos de que quien hace las convocatoria como la del día 15 somos mala gente y tratando de poner puertas al campo, es decir, poner zancadillas. Confiemos en que éstas no se les vuelvan en contra. ¿Tienen ilusión puesta en estas movilizaciones? Sin duda. Estoy convencida, como estuvimos convencidos en los años 70 quienes los vivimos, de que con la unidad y la movilización, los trabajadores, los jóvenes y las mujeres somos los que realmente podemos parar estas cosas. |
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La
opinión de los sociólogos
El Siglo ha recabado la opinión de prestigiosos sociólogos sobre este surgir de movimientos sociales y comprometidos que están teniendo lugar en toda España. Éstas han sido las preguntas y las respuestas:
Estamos ante nuevos movimientos sociales Félix
Ortega
La gente acaba por moverse Fermín
Bouza
Estamos interiorizando los principios democráticos José
Antonio Ruiz San Román
Hay una globalización del pacifismo María
Antonia García de León
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Moda comprometidaLa Barcelona Fashion Week, celebrada hace dos semanas en la Pasarela Gaudí, también se ha sumado al clamor social contra la guerra en medio de un clima de compromiso político inusitado en el mundo de la moda. Los diseñadores españoles han aprovechado este escaparate internacional para protestar contra el ataque a Irak, a pesar de ser conscientes de que las proclamas pacifistas lucidas por algunos de los modelos iban a ensombrecer las tendencias propuestas para el próximo otoño-invierno. Las modelos que lucieron las prendas de la veterana firma Armand Basi y su propio diseñador, Lluís Juste de Nin, portaban pegatinas con el símbolo de la paz. El modisto ha explicado a El Siglo su iniciativa. La moda dice es parte de la industria, pero también de la cultura. Y la cultura es compromiso. Si tenemos acceso a los medios en el momento en que pasa algo que nos afecta de forma decisiva como es la amenaza de una guerra, moralmente estamos obligados a manifestarnos de forma simbólica contra el ataque. Juste de Nin niega que haya habido ninguna consigna previa entre los diseñadores. Parte importante de nuestro trabajo es la sensibilidad. Y la influencia de nuestros compañeros del cine ha sido muy importante. Nos dimos cuenta de que era coherente adoptar una posición ante algo que nos afecta tanto como la guerra. Respecto a las críticas vertidas desde el Gobierno sobre la inconveniencia de protestar en actos públicos como la entrega de los Goya o la Pasarela Cibeles, el diseñador dice que quien diga que no se pueden mezclar las cosas es sospechoso de estar convencido de lo contrario. En una democracia, tenemos tanto derecho a manifestarnos en los medios como los políticos. El diseñador también considera que la intervención contra Irak tiene un trasfondo económico, que huele a petróleo y no se puede cambiar vidas por bidones. Resulta paradójico que se rasguen las vestiduras por la dictadura de Hussein. España también la tuvo y no nos bombardearon. Nekane Le Freak, una de las novedades del salón internacional, también protestó en Gaudí contra la intervención militar con el letrero NO a la guerra en una camiseta y Josep Abril, uno de los diseñadores más consagrados de la pasarela barcelonesa, salió a saludar al público tras el desfile de sus diseños con un gran NO impreso en la espalda. También el primer diseñador extranjero invitado a participar en la Barcelona Fashion Week ha empleado consignas pacifistas en su desfile. Dirk Schonberg, de la escuela belga de diseño, sacó a la pasarela una americana con un mensaje a la espalda: La guerra está terminada si tú quieres. Mientras, varios diseñadores aprovecharon para protestar contra otro de los frentes abiertos al Gobierno: el desastre del Prestige. Gloria Rodríguez Figueroa, otra de las promesas de Gaudí, ha puesto mascarillas y brazaletes negros a sus maniquíes en señal de duelo por las consecuencias ecológicas del vertido del petrolero en las costas gallegas. Konrad Muhr preparó una impactante puesta en escena con las afamadas modelos Martina Klein y Laura Ponte, que vestidas de negro, portaron una pancarta donde se leía Nunca Máis, mientras sus compañeras desfilaban cubiertas con mascarillas. Al calor de los acontecimientos, los asistentes al acto se sumaron a la protesta. La ministra de Cultura volvió a soportar, como ocurrió en la gala de los Goya, las críticas contra su Gobierno por su respaldo al ataque a Irak. Al grito de Pilar del Castillo, castigada al pasillo, el público la tomó contra la titular de Cultura, que tras el altercado evitó hacer más comentarios a la prensa que un sucinto cada uno es libre de hacer lo que le parezca oportuno. Incluso, entre los organizadores, hubo quien hizo su particular guiño a la reivindicación. Durante el brindis del almuerzo ofrecido a los diseñadores y modelos de la Barcelona Fashion Week, al que acudió el alcalde de la ciudad condal, Joan Clos, se coreó el no a la guerra, y algunos de los asistentes, entre los que cabe destacar al director de Moda Barcelona, Paco Flaqué, lucían pegatinas en contra al ataque militar. G. S. |
| ¡Qué diferencia, señor Aznar! por Enric Sopena |