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Felipe encuentra su sitio en el nuevo PSOE EL ORÁCULO |
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Por David Fernández e Inmaculada Sánchez Felipe no interviene en las decisiones de José Luis Rodríguez Zapatero, pero le da las claves para tomar algunas de esas decisiones políticas, resume un ex ministro socialista para sintetizar cómo son las relaciones actuales entre el ex presidente del Gobierno y el secretario general. Zapatero siempre escucha a Felipe: sería imperdonable dar la espalda a sus 30 años de experiencia en política, 14 de ellos al frente del Gobierno que modernizó España, añade un colaborador del secretario general, que rápidamente matiza: Le consulta, pero el ex presidente no es uno de sus asesores cotidianos, un matiz que también aporta el entorno de González. Todos en el PSOE coinciden en que Zapatero tiene en Felipe una especie de oráculo (que la Real Academia define como persona a quien todos escuchan con respeto y veneración por su mucha sabiduría y doctrina), una opinión que aporta un valor añadido a la de sus asesores del día a día. El ex presidente parece haber encontrado su sitio en el nuevo diseño del Partido Socialista, tanto dentro como fuera de la organización. Y más después de los fastos de Vista Alegre, en octubre, donde los militantes agasajaron al antiguo líder mientras la dirección elegida hace dos años y medio reivindicaba la victoria de 1982 y la gestión de los gobiernos de González. Desde entonces, nadie duda de que Felipe suma y no resta, de que su presencia no eclipsa ni pone en cuestión el liderazgo de Zapatero, asegura un miembro de la dirección del Grupo Parlamentario Socialista en el Congreso de los Diputados. El abrazo entre los dos líderes del partido, el orgánico y el histórico, simboliza, a juicio de algunos destacados socialistas, el afecto personal y político que ambos se profesan. Pocos en el PSOE temen ya las apariciones públicas de González, acostumbrados como estaban, no hace muchos meses, a que la Tierra se moviera bajo sus pies cada vez que el ex presidente pronunciaba una frase sobre su partido. Y ya no hay temor a que Felipe aparezca junto a Zapatero: de hecho, este lunes y martes los dos acudirán juntos al Consejo de la Internacional Socialista que se celebrará en Roma con la globalización y la paz como principales temas de debate. Felipe parece haber encajado en el papel de consejero privilegiado que Zapatero le ha reservado: ha encontrado la forma de mantenerse conectado con el partido que dirigió 24 años sin que sus intervenciones sean polémicas y sin que se le acuse de tutelar la labor de la nueva dirección y goza de total libertad para desarrollar las labores que realmente le estimulan, es decir, sus viajes a América Latina y la reflexión en torno a la globalización y sus efectos. Y Zapatero se reserva para sí una relación privilegiada y sin presiones con la dilatada experiencia de González. Mantienen una relación de igual a igual: Felipe acepta la autoridad de Zapatero como secretario general del partido y José Luis valora el conocimiento y la experiencia del ex presidente, narra un diputado muy cercano a González. Esa relación se articula habitualmente a través de llamadas telefónicas que por regla general realiza Zapatero. Suele ser José Luis el que llama a Felipe para hablar de temas de fondo, no del día a día del partido ni de problemas orgánicos. Y cuando se tienen que ver, es Felipe el que acude a Ferraz; rara vez se desplaza Zapatero a Gobelas, añade la misma fuente. Entre otras cosas, porque González, continuamente de viaje, casi nunca está en la sede que el partido tiene en Gobelas. Además, el ex jefe del Gobierno envía a Ferraz todo lo que escribe para que Zapatero disponga de sus reflexiones de manera periódica sobre los temas en los que el secretario general suele buscar su opinión: la vertebración de España, la lucha contra el terrorismo, las coordenadas económicas, la realidad en América Latina y la construcción europea, según indican fuentes cercanas a ambos. En esos asuntos, Zapatero se deja aconsejar, escucha y utiliza las aportaciones de Felipe, que está en un buen momento intelectual y creativo. Pero son aportaciones de fondo, desde fuera de la vida cotidiana y de la actualidad más inmediata; para eso Zapatero ya tiene su equipo, tanto la Ejecutiva federal como su grupo de asesores, explica un parlamentario del entorno de González que también trabaja con la actual dirección. Las relaciones de González con la dirección socialista no se limitan a Zapatero. El ex presidente mantiene una relación fluida con el secretario de Organización, José Blanco, a quien se dirige siempre que el tema que quiere tratar es orgánico. La relación es buena aunque sus contactos son esporádicos, explican en el PSOE. Lo mismo ocurre con el Grupo Parlamentario Socialista, donde prefiere el contacto con su secretaria general, María Teresa Fernández de la Vega, que formó parte de sus gobiernos como secretaria de Estado, antes que tratar directamente con Jesús Caldera. De la misma manera, el ex presidente mantiene, en general, una fluida relación con los actuales diputados que formaron parte de sus gabinetes y es por ello que sus cercanos se esfuerzan en aclarar que ninguno de sus pasos puede ser interpretado como una interferencia en el trabajo de la dirección del grupo. Uno de esos parlamentarios lo explica con un ejemplo: En la época de la bicefalia, intentó crear entre su gente de confianza un pequeño grupo de reflexión sobre la globalización que le ayudara en sus trabajos en la Fundación Progreso Global. Lo dejó en cuanto se dio cuenta de que alguien podía ver en él un grupo de presión alternativo a la dirección del partido en aquel momento. Algunas de las fuentes consultadas descartan, pues, que González haya tratado de dirigir a la vieja guardia o que sus palabras críticas ante la falta de proyecto de Zapatero durante la presentación de un libro hace meses se pudieran interpretar como la punta de lanza de las reivindicaciones de esa parte del PSOE que se considera desaprovechada y que ha visto cómo algunos de sus miembros incluso han abandonado sus escaños. Otras, sin embargo, se muestran más críticas y escépticas ante el nuevo clima entre el PSOE de Felipe y el de Zapatero: Nuestra única opción de triunfo es aglutinarnos en torno al nuevo líder, lógicamente, pero sólo cuando se vean sus resultados en las elecciones podremos decir que tanto Felipe, como todos los demás, han aceptado definitivamente su sitio en la segunda fila, afirman desde una de las federaciones donde González concita más admiración. Pero Felipe ha aceptado desde el principio el liderazgo de Zapatero y su equipo, explican desde Madrid, por eso nunca ha tratado de aglutinar o dirigir a su gente más cercana. Otra cosa es que en sus contactos con José Luis le haya podido aconsejar sobre la gente de lo que la prensa llama vieja guardia con la que podía contar. Pero siempre desde el respeto a la autonomía del secretario general, asegura un estrecho colaborador del ex presidente y miembro de esa vieja guardia. Entre los supervivientes se encuentra Alfredo Pérez Rubalcaba, un incombustible que ha resistido en primera línea todas las mareas que ha vivido el partido en la última década. Rubalcaba ocupa un puesto destacado en uno de esos temas de fondo que Zapatero consulta con González: la lucha antiterrorista. Pero además es el director general de la Fundación Progreso Global, creada en 1998 como una derivada de la comisión que, bajo el mismo nombre, dirigió el ex presidente del Gobierno en la Internacional Socialista. Rubalcaba es el nexo generacional entre la vieja guardia y el nuevo PSOE y cada vez ocupa un papel más destacado en el proyecto de Zapatero (ver recuadro Feraz recurre a la vieja guardia). Sin embargo, varios sectores del partido, los más inquietos intelectualmente, consideran que no está haciendo el trabajo que debería al frente de la fundación: Está en tantas cosas que algunas las tiene desatendidas; y la fundación es una de ellas, a pesar de que podría convertirse en un importante think tank de referencia sobre la realidad de la globalización. Potenciar la Progreso Global. Ahora, un grupo de casi una decena de personas trabaja en el desarrollo de una nueva página web para la Progreso Global y en dar forma institucional al proyecto de González para convertirla en ese centro de debate de referencia mundial sobre la globalización que piden algunos sectores del PSOE y que colmaría el gran sueño del ex mandatario. Este desarrollo también es bien visto en el entorno de Zapatero: Felipe puede desarrollar una labor muy importante para el partido desde la Fundación Progreso Global sin que nadie le acuse de interferir en las decisiones de la Ejecutiva federal, aseguran en el entorno del secretario general. Además, con esta fundación, González logra uno de sus grandes objetivos: disponer de una plataforma institucional que arrope y sistematice su trabajo y que le permita tener una agenda lo más abierta posible. Felipe no es como los ex presidentes de Estados Unidos, no es un ex presidente de biblioteca; él prefiere tener una agenda abierta que le permita hacer lo que más le apetezca en cada momento, por eso delega la gestión de la fundación. Estos días se puede observar en la práctica la situación que describe este diputado cercano a la dirección federal si se analiza el creciente papel que González ha jugado en la compleja crisis que vive Venezuela: la estrecha relación que mantiene con el presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, y sus relaciones con los dirigentes de Naciones Unidas, con el secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), César Gaviria, y con el ex presidente George Bush, le señalan como un posible mediador para equilibrar los intereses y las posibles soluciones apuntadas hasta ahora la de Lula y la de EE UU al conflicto de Venezuela (donde González conserva una gran sintonía con sectores empresariales y políticos, entre ellos el ex presidente Carlos Andrés Pérez). De hecho, la semana pasada González, de viaje en México, se entrevistó con el secretario general de Naciones Unidas, Kofi Annan, quien le llamó para pedirle su opinión acerca de la forma de solucionar el paro general que acorrala a Hugo Chávez. Expertos en relaciones internacionales aseguran que la mediación del ex mandatario español ha sido clave en la creación del llamado grupo de amigos de Venezuela, una iniciativa, a la que se han sumado varios países Latinoamericanos, entre ellos Chile y México, a cuyos presidentes, Ricardo Lagos y Vicente Fox, asesora González con frecuencia, y en la que, significativamente, Chávez ha dicho no querer ver oficialmente al Gobierno español por considerarlo comprometido con la oposición de su país. Los viajes a América siguen siendo una de las actividades favoritas de González. Allí mantiene buenas amistades políticas y empresariales (ver Los amigos americanos) y desarrolla la mayor parte de su labor de asesoría y análisis político. En los últimos meses, su gran preocupación fue arropar la candidatura de Lula a la presidencia brasileña en los foros económicos, en los mercados internacionales y, sobre todo, en Estados Unidos. En cierto modo, quienes le conocen aseguran que Felipe se siente cómodo con la comparación que en América Latina se hace entre él y Lula y la esperanza de cambio que en España se vivió en 1982 y ahora en Brasil. Tantas son las coincidencias, que Lula también arrasó en las elecciones en octubre, el mismo día que González y Zapatero se abrazaron el Vista Alegre. Los contactos que el ex mandatario mantiene en América Latina le han abierto varias puertas a Zapatero: las de un viaje a México en el que el secretario general se entrevistó, entre otros, con Vicente Fox; o las de otro viaje a Argentina pospuesto por la crisis del Prestige. En Europa, sin embargo, el cambio generacional ha pasado su factura: González apenas tiene contactos entre los actuales líderes de la Unión. No obstante, sus consejos sobre la política comunitaria son escuchados con atención por Zapatero, a veces directamente y en otras ocasiones a través de Trinidad Jiménez. Felipe está cómodo, aseguran quienes están en contacto con él, en esta nueva situación (tanto que, aunque ha dicho en varias ocasiones que no quiere repetir como diputado, ya ha dejado claro a su círculo más próximo que la decisión final sólo la tomará cuando haya escuchado la opinión del secretario general), parece haber encontrado su sitio y la relación ideal con Zapatero. Y en el PSOE respiran aliviados porque ya se cumple la definición que Almunia hizo una vez del liderazgo para distinguirlo del tutelaje: Todos los líderes son líderes. Y cuando se es líder, no se tienen tutelas; se tienen colaboradores, se tienen asesores, se piden consejos. |
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LOS AMIGOS AMERICANOS DE GONZÁLEZ Felipe González viaja al menos una vez al mes a América Latina, donde mantiene intensas relaciones con dirigentes políticos, empresarios e intelectuales. Quienes le conocen aseguran que estos viajes son una de las actividades más gratificantes para el ex presidente del Gobierno. González asesora, entre otros, al presidente mexicano, Vicente Fox, con quien se entrevistó la semana pasada para tratar la primera crisis importante de su gabinete tras la renuncia del canciller, Jorge Castañeda, que también mantiene cierta amistad con Felipe. Ricardo Lagos, presidente chileno, es otro de los mandatarios americanos con los que González mantiene contactos permanentes, lo mismo que con Lula da Silva y, hasta su dimisión, con el argentino Fernando de la Rúa. El ex jefe del Ejecutivo español forma parte del Círculo de Montevideo, un foro creado por el ex presidente uruguayo Julio María Sanguinetti en 1996 para estudiar el impacto de las nuevas tendencias económicas, políticas e intelectuales en América Latina. Entre sus miembros se encuentran políticos (los ex presidentes Raúl Alfonsín, Fernando Enrique Cardoso o Belisario Betancur), economistas (Enrique Iglesias, presidente del Banco Interamericano de Desarrollo) e intelectuales (Carlos Fuentes). González es uno de los participantes habituales en las actividades de este círculo. Además de estas relaciones más institucionales, González cultiva otras que le han granjeado, en ocasiones, críticas dentro del PSOE. Una de ellas es la que mantiene con Fernando Flores, ministro en su juventud con Salvador Allende y hace años dedicado a controvertidos negocios ligados a sus buenas relaciones con dirigentes políticos. Para ello fundó en 1997 el llamado Club de Emprendedores, en el que pronto incluyó a González, al que captó en su día con su conocimiento y discurso acerca de las nuevas tecnologías. Bajo este paraguas, que formalmente se presenta como un foro de reflexión de políticos y empresarios acerca de la globalización, Flores ha manejado relaciones y contactos al tiempo que notables sumas de dinero. A él se atribuye también haber puesto en contacto a González con otra de sus más criticadas amistades, el mexicano Carlos Slim, el hombre más rico de América Latina con una fortuna que supera los 11.000 millones de dólares, según la revista Forbes. Es el dueño de Telmex, la compañía telefónica mexicana, además de varias empresas más vinculadas a las nuevas tecnologías. Juntos realizaron el año pasado un viaje a la Antártida que dio materia en España a sus habituales críticos para recordar la intimidad del ex presidente con el millonario. Junto a estas relaciones empresariales y políticas, González mantiene encuentros frecuentes con intelectuales y escritores: Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosa, Gabriel García Márquez, Héctor Aguilar Camín o Ángeles Mastretta. Y participa en diferentes foros y centros de debate. Su próxima gran cita: el Foro Económico Mundial que se reúne entre el 23 y el 28 de enero en Davos (Suiza) y que contará con la presencia de cinco presidentes y numerosos políticos latinoamericanos y que pretende restablecer la confianza en el continente americano. González acudirá en calidad de invitado, junto al ex presidente de EE UU Bill Clinton, y a Colin Powell. En el tiempo que estos viajes le dejan libre, González escribe artículos y reflexiones y prepara varios libros. Dos de ellos ya tienen forma, según un estrecho colaborador: una recopilación de sus artículos periodísticos y una retrospectiva sobre las personas que más le han impactado durante su vida pública. |
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Ferraz recurre a la vieja guardia José Luis Rodríguez Zapatero no quiere experimentos en su primera gran cita electoral: las elecciones municipales y autonómicas del 25 de mayo. El Comité Electoral Federal que prepara esos comicios refleja una apuesta de Zapatero por la experiencia: cuatro ex ministros de Felipe González y numerosos asesores de otras épocas constituyen el núcleo duro del equipo que dirigirá el secretario de Organización, José Blanco. Aunque en primera fila del organigrama del Comité Electoral aparecen Blanco como coordinador, y Álvaro Cuesta y Juan Fernando López Aguilar como los encargados del programa, el peso del diseño de la estrategia socialista corresponderá a varios veteranos, con Alfredo Pérez Rubalcaba a la cabeza. El ex ministro se ocupará del área de Planificación y Estrategia y desarrollará funciones similares a las que ya desempeñó con Felipe González y Joaquín Almunia. Rubalcaba formará parte de uno de los dos grupos de asesores que trabajarán en la campaña. Antonio Hernando, responsable de Estudios y Planificación del partido, es el encargado de dirigir los trabajos más políticos del Comité Electoral y elaborar los informes correspondientes. En este primer grupo se integrarán el secretario de Política Económica, Jordi Sevilla, y el portavoz parlamentario, Jesús Caldera, además de los ex ministros José María Maravall y Carlos Solchaga. Maravall, primer ministro socialista de Educación, fue el asesor personal de González en las elecciones de 1993, en las que se encargó de preparar los esquemas de las intervenciones del entonces presidente, elaborar notas, analizar encuestas y organizar plataformas de intelectuales, artistas y líderes de opinión en apoyo de González. Desde 1997 trabajó en el equipo de Almunia y estuvo entre sus asesores en las generales del 2000. Actualmente es el responsable de Estudios Sociales de la Fundación March. Por su parte, Solchaga, que siempre ha apoyado a Zapatero y su equipo, ha trabajado en los últimos tiempos con González en América Latina, donde asesoró al ex presidente argentino Fernando de la Rúa y su ex ministro de Economía, Domingo Cavallo. Miquel Iceta es otro de los miembros destacados de este primer grupo de asesores. Secretario de Acción Política y Electoral del PSC, dirige la campaña de Pasqual Maragall y es uno de los nexos más sólidos entre el PSOE y el socialismo catalán. Iceta fue director del Departamento de Análisis del Gabinete de la Presidencia del Gobierno (1991-1995) y subdirector de ese mismo Gabinete (1995-1996). Además trabajó con José Borrell en la campaña de las primarias que le convirtieron en candidato a la Presidencia del Ejecutivo. Es uno de los hombres de máxima confianza de Zapatero. El Comité Electoral también integrará a Enrique Guerrero, otro socialista vinculado a los gobiernos de González (llegó a ser secretario general de Relaciones con las Cortes), y especialmente a Javier Solana (fue director de su gabinete primero y después subsecretario de Educación), que le había elegido para dirigir su campaña electoral cuando Felipe contaba con míster PESC para sucederle antes de la llamada de la OTAN. Guerrero, que formó parte del equipo de Almunia hace tres años, mantiene una buena relación con Sevilla y es uno de los hombres de confianza de Rubalcaba. El grupo se completa con el sociólogo de la Universidad de Santiago de Compostela José Manuel Rivero y con Francisco Mañero, secretario general de Juventudes Socialistas entre 1981 y 1984. En paralelo a este equipo, Blanco dirigirá los trabajos de otro grupo de asesores, que realizarán una labor más sociológica y demoscópica. Entre sus miembros estará Rosa Conde, ex ministra Portavoz del Gobierno y secretaria general de la Presidencia en la última legislatura del PSOE. Conde es socióloga y colabora habitualmente con el equipo de Zapatero, además, mantiene una estrecha relación con Joaquín Arango y Julián Santamaría, dos ex directores del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS). Arango, director del Centro de Estudios sobre Ciudadanía y Migraciones del Instituto Universitario Ortega y Gasset, desarrolla una intensa actividad académica. Mientras, Julián Santamaría, primer director del CIS nombrado por González y responsable del Instituto Gallup en España, ha participado en los últimos comités electorales socialistas. En 1993, según Joaquín Almunia, pronosticó contracorriente la victoria socialista. Y en 2000, sus análisis indicaban una fuerte derrota de la izquierda. En los últimos meses ha escrito algunos artículos analizando la situación electoral. El equipo de sociólogos se completa con Fermín Bouza, un brillante profesor de la Universidad Complutense especialista en encuestas y medios de comunicación. Trabajó en la campaña de 1996 y con Almunia en el 2000. Los equipos de asesores y políticos del Comité Electoral Federal ya trabajan en la sede de Gobelas. Su objetivo es aventajar en más de 300.000 votos al PP y conquistar varias alcaldías emblemáticas, entre ellas Madrid. Para ello, Zapatero recorrerá varias veces el país antes de cerrar el 23 de mayo la campaña en León y Madrid. También González participará en varios mítines, pero nunca con el secretario general. El PSOE ha presupuestado el gasto de la campaña en 1.207.000 euros. |
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El mejor del siglo XX Después de Vista Alegre, Felipe González ha vuelto a sumergirse en el silencio. Se exhibió un poco con Trinidad Jiménez, cuando ésta hizo su maratón por Madrid, y luego apenas ha abierto la boca en público. Su ausencia reiterada del Congreso de los Diputados continúa provocando sonrojo. Tanto absentismo carece de justificación fundamentada. Parece cierto él mismo ha contribuido a propagar el rumor que en las próximas elecciones generales no concurrirá ya como diputado. Cada mes firma en El País un artículo. No ha perdido, desde luego, lucidez y los planteamientos que defiende superan con creces a los de la media. Pero se nota demasiado que lo suyo no es precisamente escribir para los periódicos. Su estilo tiende a un cierto desaliño. O no corrige el borrador o evita que alguien con oficio se lo corrija. Parece que González hará campaña en los comicios de mayo. Trinidad Jiménez cuenta con un padrinazgo doble: el de Zapatero y el de González. El ex presidente no sólo actuará en la plaza capitalina. Apoyará a candidatos socialistas en otras muchas comunidades y ciudades. El tirón de González permanece casi intacto entre la mayoría de los militantes, simpatizantes o votantes del PSOE. Esto es lo paradójico. O lo sarcástico. El pichichi al que sólo le sobran unos kilos se encuentra desubicado. Anda a saltos entre Sudamérica, Centroamérica y la antigua Madre Patria. Asesora a Fox, que es de derechas. Y también a Lula, acaso la última gran esperanza blanca de la izquierda democrática. Participa Felipe además en una especie de comité de hombres buenos para poner paz en Venezuela entre los chavistas que son los descamisados y los pobres y el resto. González era amigo del venezolano Carlos Andrés Pérez, socialdemócrata histórico, expulsado de su partido, que vive un exilio dorado en Nueva York, tras diversos escándalos de corrupción y una gestión neoliberal que no la hubiera mejorado ni Tony Blair, el amigo de Aznar. Pérez truena contra Chávez que siendo oficial del Ejército intentó derrocarlo. Pero Chávez representa, sobre todo, la confirmación del fracaso estrepitoso en los últimos años de los dos partidos allí tradicionales, los democristianos y los socialdemócratas. Entre los 500 expertos convocados por Zapatero para confeccionar el programa electoral del PSOE, uno, al menos, tendría que rumiar qué hacer con González. Si España fuera una República como Portugal o Francia sin ir más lejos estaría claro que ahora le tocaría, por elección naturalmente, la Jefatura del Estado. Pero no existe, hoy por hoy, ninguna posibilidad de acceder a tan honroso cargo. La Monarquía goza de buena salud constitucional y no está el horno para bollos innecesarios o, mejor, coyunturalmente prescindibles. El Senado equivale a un panteón inútil. Y la Presidencia del Congreso, tras Luisa Fernanda Rudi, se ha devaluado de forma abrumadora, aunque, eso sí, se mantenga por encima de la del Senado, que ocupa Juan José Lucas, senador con fórceps: de oca a oca, y cargo porque me toca. Quien ha sido el primer presidente socialista estable y democráticamente estabilizador de la accidentada historia de España no se merece, ni tampoco este país, que vaya de acá para allá, zascandileando. Puede prestar todavía importantes servicios tanto aquí como en Europa o en el mundo. Jubilar a un político de su talla, aunque cometiera evidentes equivocaciones ha sido el mejor en la España del siglo XX, no sólo supone un error, sino un baldón colectivo. Enric Sopena |