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Nº 666 - 17 de octubre de 2005

Todas las armas del PP en la cruzada contra el Estatut

Mariano de España

Después de mucho buscar, Rajoy parece haber encontrado el talón de Aquiles del Gobierno socialista. Ni la reforma de la Ley de Educación, ni los matrimonios gays, ni la política antiterrorista. El Estatut de Cataluña le ha puesto en bandeja la oportunidad de arañar popularidad al presidente Zapatero poniendo de su parte a la mayoría de españoles contrarios al proceso de reforma. En esta empresa, que por primera vez en lo que va de legislatura le ha permitido situarse por delante del líder del PSOE en algunas encuestas, cuenta con el respaldo de su núcleo duro, con el de las voces críticas de representantes institucionales y agentes sociales, y con el de destacados dirigentes socialistas contrarios al Estatut. Sus armas: proposiciones no de ley con ayuntamientos y autonomías, campañas informativas, foros de Internet, recursos al Tribunal Costitucional... todo cabe en su estrategia de oposición. Rajoy se siente fuerte y va a ir a por todas.financiación propuesta.

Por Virginia Miranda

Hasta ahora, la estrategia de oposición del PP y sus principales ejecutores no habían logrado los efectos deseados. Se decía que el partido erraba el tiro, lanzando cañonazos contra el Gobierno socialista sin más consecuencias que su propio descrédito frente a un electorado de centro en el que no calaban sus mensajes agresivos y, en ocasiones, cargados de cierta pátina de moralidad ultracatólica que no comparten la mayoría de los ciudadanos. Su oposición a la reforma educativa, a los matrimonios homosexuales o a la posible negociación con ETA para que abandone las armas, ha contado con el respaldo de la jerarquía de la Iglesia y de sectores conservadores, pero entre el resto del electorado no ha hecho más que endurecer su imagen y provocar discrepancias en el seno del propio partido. El pasado verano, el presidente del PP catalán, Josep Piqué, se atrevía a cuestionar la deriva de los populares y a sus principales voces autorizadas, demasiado ligadas a un pasado que ya les había pasado factura electoral, y reclamaba mayor protagonismo a quienes, desde el centro, tenían algo que decir. Sus palabras cayeron en saco roto y, para que no hubiera la más mínima duda, Mariano Rajoy recordaba que el secretario general del PP, Ángel Acebes, y el portavoz parlamentario, Eduardo Zaplana, los dos políticos aludidos por su conexión al pasado, cuentan con toda su confianza. 

Pero a diferencia de estas otras batallas, en la del Estatut sí podría alcanzar réditos políticos empleando la misma artillería pesada. El motivo; las circunstancias no son las mismas, las filas enemigas presentan importantes fisuras y sus intenciones son bien vistas por buena parte del electorado, incluso por algunos militantes socialistas.

Si arduas fueron las negociaciones previas a la aprobación del proyecto de reforma en el Parlamento catalán –y a punto estuvieron de resultar intentos estériles– para alcanzar una mayores cotas de autogobierno y una polémica definición de la identidad nacional, las que ahora se avecinan sin duda prometen. Si es que finalmente el PP decide entrar a debatir, porque a la vista de los últimos acontecimientos podría echar el resto en su cruzada contra el Estatut y desistir de introducir cualquier tímida enmienda para tratar de tirar por tierra la aprobación por consenso que el presidente Zapatero está esperando.

El mensaje del Partido Popular es claro y, a la luz de algunas encuestas aparecidas recientemente en prensa, convincente: apelando a su patriotismo, rechaza de plano un texto que representa una ruptura de la solidaridad interterritorial, del texto constitucional y de la unidad de España. Desde Génova lo han dispuesto todo para que este mensaje no sea interpretado como una excusa política contra el Gobierno, sino como un servicio al interés general del Estado donde también tienen cabida los socialistas descontentos con la modificación estatutaria que se avecina. Porque también se trata de eso; la formación pretende convertir la lucha antiterrorista y la integridad territorial y nacional en su patrimonio político, aprovechando que desde las filas del PSOE existen serias desavenencias.

En una reciente reunión extraordinaria de maitines, Rajoy comunicó su intención de iniciar una campaña informativa de cara a la próxima admisión a trámite del texto de reforma en el Congreso de los Diputados prevista el 2 de noviembre. Días después, almorzaba con los presidentes autonómicos  del PP –que ya habían solicitado días antes la convocatoria de la Conferencia de Presidentes para abordar el tema de la financiación tal y como está planteado en el Estatut–  para hacerles partícipes de la iniciativa. El líder popular no va a ahorrar en medios; contratará a una empresa publicitaria para encargarla el diseño y distribución de cartelería y folletos y la inserción de anuncios publicitarios en prensa, radio y televisión, donde alertará de los peligros del Estatut y se erigirá en garante de la Constitución. Los dirigentes del PP, nacionales y autonómicos, también se van a tener que ‘mojar’: como si fuera época de precampaña electoral, recorrerán todos los rincones de España con la intención de que su mensaje acabe calando entre los ciudadanos. Rincones geográficos y rincones tecnológicos; la formación también tiene prevista la creación de foros específicos en Internet para que los internautas tengan la posibilidad de debatir sobre el tema.

A la espera de que la campaña publicitaria acabe de definirse, los dirigentes del PP ya han empezado su particular tourné didáctica, donde el propio Rajoy y el presidente del partido en Cataluña jugarán un papel protagonista; el primero sin ir más lejos acudirá este lunes 17 de octubre a un programa de TV3.

 A nivel político, los populares también se han armado hasta los dientes. Celebrarán reuniones sectoriales para ir desgranando y desarmando los artículos del proyecto de reforma catalán y están promoviendo proposiciones no de ley en Ayuntamientos y Comunidades Autónomas contra el Estatut. Con los Gobiernos socialistas de Castilla-La Mancha y Extremadura, feudos tradicionales del PSOE, el PP autonómico han llegado a sendos acuerdos en defensa de la unidad de España y de la Constitución. El Partido Socialista de Castilla y León ha anunciado que está dispuesto a hacer algo semejante con el Ejecutivo regional, mientras que el presidente de la Junta de Andalucía y del PSOE, Manuel Chaves, a pesar de haber manifestado sus recelos sobre el Estatut, no está dispuesto a seguir los pasos de sus compañeros, sabedor del daño político que están haciendo a Zapatero presentando a un partido dividido. Pero Chaves es de los pocos líderes socialistas contrarios al proyecto de reforma dispuestos a darle un respiro al jefe del Ejecutivo; la pasada semana, el alcalde de A Coruña y presidente de la Federación Española de Municipios y Provincias, Francisco Vázquez, decía que no había pasado del preámbulo, pero lo que había leído le producía “urticaria”. Y el propio Rajoy, sin revelar los nombres, aseguraba días antes que desde el partido socialista le habían tendido puentes para hacer “descarrillar” el Estatut.

Otro de los recursos de los que dispone el  PP contra el proyecto aprobado por el Parlamento de Cataluña es el Tribunal Constitucional. Su presidente ya ha advertido que no le basta con que se elimine la alusión a la “nación” catalana en el articulado, y salvo que el PSOE esté dispuesto a alcanzar un pacto global para entrar de lleno en todo el texto, no entrará en el juego de la negociación. Fuentes cercanas a Rajoy aseguran que no se trata de un farol; después de comprobar el efecto positivo que está teniendo su mensaje, “no va a haber vuelta atrás” y el líder de la oposición va a continuar con su “política de golpe constitucional”; primero presentó un recurso ante el Alto Tribunal contra la reforma del Poder Judicial, después contra el matrimonio gay y ahora lo hará contra el Estatut. “El partido está sopesando si hacerlo ahora, cuando se admita a trámite el Estatut en la Cámara baja, o cuando llegue el momento de la aprobación”, aseguran estas informaciones. Mientras, fuentes de Génova reconocen que existe esta posibilidad, ya que consideran que el Estatut supone una reforma implícita de la Carta Magna.

Por último y fundamental, Rajoy cuenta con la inestimable ayuda de sus incondicionales para dar batalla a los infieles “catalanistas” y “anticonstitucionalistas”. Junto a él estarán Ángel Acebes, Eduardo Zaplana y Soraya Sáenz de Santamaría. El primero ya está formando tándem con el presidente del PP dentro del partido y en declaraciones públicas y el segundo será el encargado de coordinar los trabajos de la Comisión Constitucional donde deberá debatirse la reforma catalana. Además, se ha llegado a publicar que sustituiría a Federico Trillo como portavoz –mientras se mantenga el número de miembros, cada partido puede alterarlos según le convenga–, aunque en el grupo parlamentario y en Génova dicen que aún no se ha decidido si se producirá éste cambio. En cuanto a Sáenz de Santamaría, secretaria ejecutiva de Política Autonómica y Local del PP, se trata de una mujer de la máxima confianza de Rajoy que además, por el cargo que ostenta, tiene voz y voto en el tema del Estatut.

También cabe mencionar otros nombres que, de producirse un vuelco en las posiciones políticas del PSOE y el PP frente al proyecto de reforma, entrarían a formar parte de la terna de negociadores con cierto peso específico. Se trataría de Ignacio Astarloa, en representación de la línea dura del partido, Gabriel Cisneros, como padre de la Constitución y posible negociador, y Jorge Fernández Díaz y María Dolors Nadal, como parte de la cuota catalana del PP; los cuatro también forman parte de la Comisión Constitucional.

Y por supuesto, no hay que olvidar a Rajoy; él mismo intervendrá el próximo 2 de noviembre en la toma en consideración del Estatut en el Congreso.

Respaldado por instituciones y agentes sociales. No todos los días se presentan oportunidades como ésta. Rajoy lo sabe y está dispuesto a ir a por todas. Cuenta con el respaldo de significados socialistas, con el beneplácito de algunas encuestas que por primera vez le dan como ganador si a día de hoy se celebraran elecciones, y con el aval de las declaraciones de representantes institucionales y agentes sociales contrarios a la reforma estatutaria.

La pasada semana se pronunciaron sobre el polémico proyecto catalán el gobernador del Banco de España, los secretarios generales de UGT y Comisiones Obreras y el Defensor del Pueblo. El primero dijo que podría “debilitar” la economía española y supone una “fragmentación” del sistema financiero español. Jaime Caruana, que hacía estas declaraciones durante su comparecencia en la Comisión de Presupuestos del Congreso, explicó que “cambios institucionales de esta naturaleza pueden tener consecuencias económicas importantes y duraderas, debilitar la eficacia y capacidad de crecer económica y afectar al bienestar del conjunto de los españoles”. En cuanto a la propuesta de modificación del sistema de regulación de las entidades de crédito, dijo que “podría interpretarse como contraria a la copiosa jurisprudencia del Tribunal Constitucional”.

Los representantes de Comisiones Obreras y UGT, José María Fidalgo y Cándido Méndez, en una rueda de prensa conjunta para explicar la marcha del diálogo social, tampoco pasaron por alto la cuestión. Fidalgo dijo que algunos aspectos del proyecto de reforma “no gustan” a su sindicato. Es el caso del modelo de financiación, que considera “inasumible”. Méndez añadió que, después de 25 años, es lógico que se abra un debate sobre el Estado de las Autonomías, pero deben establecerse límites para preservar la cohesión económica, social y laboral. Además, recordó que España forma parte de la UE y la integración se consigue a través de los Estados. “Y el Estado es Estado”, puntualizó.

Por su parte, Enrique Múgica envió un comunicado a los presidentes del Congreso y el Senado, a los grupos parlamentarios y a la vicepresidenta primera del Gobierno donde manifiesta que el Estatut “conculca abiertamente” en artículo 54 de la Constitución al definir las competencias del Sindic de Greuges –vienen a suplantar las del Defensor del Pueblo–. De momento sólo se trata de una nota enviada a las altas instituciones del Estado, pero Múgica ya ha dicho que se reserva el derecho de interponer un recurso de inconstitucionalidad contra el proyecto de reforma.

A pesar de las críticas y la clara posición de ventaja con la que parte el PP entre buena parte de la opinión pública, José Luis Rodríguez Zapatero parece tranquilo, como si tuviera calculadas todas las reacciones y estuviera dispuesto a asumir un desgaste previsible del que esperase remontar. Y hace bien, porque hay que tener mucha mano izquierda para contentar a unos y a otros, a sus socios parlamentarios y al principal partido de la oposición, al Gobierno del PSC de Maragall y a los barones socialistas, a su ministro José Montilla y a su también ministro José Bono.

Y dice que no sólo tiene mano izquierda, sino la fórmula milagrosa para dar la razón a unos sin quitársela a los otros, y viceversa. Fue durante la recepción de los Reyes en el Palacio Real tras la parada militar celebrada en el madrileño Paseo de la Castellana el Día de la Fiesta Nacional. El presidente del Gobierno, que permaneció hora y media charlando con los periodistas –algo inusual en este tipo de actos donde es el monarca el anfitrión– dijo tener “ocho fórmulas posibles” para definir Cataluña.

Al día siguiente, fue la vicepresidenta del Congreso y diputada del PSC, Carme Chacón, quien dio más pistas: dijo que el Ejecutivo estudia cambiar el término “nación” por el de “entidad nacional”, “comunidad nacional” o “realidad nacional”. Con esta terminología, esperan que el artículo 2 del Estatut y el de la Constitución no resulten incompatibles. Sin embargo, no parece que las alternativas hayan convencido a alguno de los suyos. Al día siguiente, y dos jornadas después de reunirse con Zapatero, Juan Carlos Rodríguez Ibarra, quien aseguró que el jefe del Ejecutivo iba a eliminar el término de la discordia, acordaba con el PP autonómico un Proyecto no de Ley en la Junta de Extremadura rechazando el concepto de solidaridad territorial contemplado en el proyecto de reforma catalán.

Y si Ibarra no está muy convencido, qué decir de los populares, que ni una, “ni cinco, ni cincuenta emniendas” al Estatut van a aceptar. Pero la batalla no ha hecho más que empezar y el PP tendrá que emplearse a fondo para seguir en la brecha y evitar que Zapatero encuentre su propia fórmula y acabe resolviendo el rompecabezas del ajuste constitucional. Los populares están dispuestos porque “España lo merece”. Y Rajoy, en su fuero interno, pensará que él también.

Piqué, el ‘rara avis’ del PP catalán

El Partido Popular de Cataluña (PPC) no ha conseguido su propósito de ser una fuerza política decisiva ni en el Parlamento autonómico ni entre la ciudadanía. Con 15 diputados en la Cámara catalana, el PPC se sitúa en cuarta posición, lejos detrás de ERC, el PSC-CpC y CiU, por orden de votos y de escaños. Los intentos del actual presidente del PPC, Josep Piqué, por centrar la formación conservadora han fracasado estrepitosamente. La existencia de un electorado conservador y de orden, pero catalanista y que, mayoritariamente, confía en Convergència i Unió (CiU) es un handicap objetivo para el crecimiento electoral del PPC. Sin embargo, la estrategia política de la dirección del PP a nivel español, en estos momentos rabiosamente antinacionalista, es el principal problema al que se tiene que enfrentar Piqué en Cataluña, por mucho que lo niegue oficialmente. Atrás en el baúl de los recuerdos quedaron los momentos dulces entre el PP y CiU, cuando José María Aznar sacrificó a Aleix Vidal-Quadras –hasta 1996 presidente del PPC- en aras del pacto con los nacionalistas catalanes y puso a la cabeza de la formación conservadora en Cataluña a un docil Alberto Fernández Díaz, actualmente representante de los populares en el Ayuntamiento de Barcelona. Después, Fernández Díaz fue sustituido por Josep Piqué, quien hace unos meses, en una entrevista con este semanario, se definía a sí mismo como “catalanista, liberal y moderado”. El llamado ‘efecto Piqué’, la gran esperanza que causó su llegada a la cabeza del PPC en sectores del propio partido conservador, pero también en las demás formaciones catalanas, se ha desvanecido. El actual presidente del PPC se ha convertido en un rehén de los ‘halcones’ del Partido Popular. Su empeño por catalanizar al PPC no ha pasado de ser una declaración de  buenas intenciones. Hoy más que nunca el PPC es, en palabras de las demás fuerzas parlamentarias de Cataluña, un partido “marginal” y “extraterrestre” en la vida política, social e institucional de la comunidad autónoma. Su automarginación en el proceso de debate y votación del proyecto de nuevo Estatuto no ha hecho más que acelerar  su inevitable decadencia.

Entre dos aguas. Una viñeta humorística publicada en el diario La Vanguardia en su edición del pasado 11 de octubre  destaca a un Josep Piqué “Entre dos aguas”, sentado en una roca, con el mar muy movido y a su izquierda un indicador que pone “Madrid” y arriba la expresión “catalanista”. A la derecha se ve otro indicador que pone “Barcelona” y arriba la expresión “espanyolista”. Así  es percibido Josep Piqué. En Madrid, la dirección de su partido le considera un político demasiado contemporizador con los nacionalistas. En Cataluña, no ha conseguido desprenderse de las connotaciones negativas que provoca el PP en amplios sectores de la sociedad catalana. Y, sin embargo, Piqué, que en su juventud militó en la extrema izquierda marxista leninista y siempre ha mantenido muy buenas relaciones personales y profesionales con el mundo de las finanzas y de los negocios en Cataluña, pudo acabar perfectamente en las filas de uno de los dos partidos que conforman CiU. Excepto el modelo de Estado, hay pocas diferencias ideológicas y políticas sustanciales entre Piqué y Artur Mas. Piqué ni siquiera tiene un pasado más o menos franquista como ocurre con otros dirigentes de su partido. Es una persona apreciada y respetada por la mayoría de los dirigentes políticos catalanes y bien valorada por los medios de comunicación de la comunidad autónoma. “Piqué se equivocó de partido, es un hombre de derechas, pero moderado y catalanista, sin  duda;  su lugar está con Mas o Duran i Lleida, y no en el PP”, señala un dirigente de unos de los partidos del actual Gobierno de la Generalitat. Piqué lo desmiente tajantemente y asegura que se encuentra “cómodo” en el PP. Los políticos catalanes que lo conocen bien lo dudan y creen que el rifirrafe que entabló con Ángel Acebes y Eduardo Zaplana, que acabó con la victoria de ambos dirigentes populares, ha colocado a Piqué en “una situación insostenible”, según fuentes del PSC-CpC consultadas por este semanario.

“Ni una mala palabra, ni una buena acción. Algunos analistas políticos valoran a Josep Piqué en estos términos: “Ni una mala palabra, ni una buena acción”. Así es el presidente de los populares catalanes. Es eduacado, amable y elegante como pocos políticos catalanes, pero, sin embargo, no ha conseguido que su partido, tras los éxitos cosechados durante la etapa de Aleix Vidal-Quadras, despegara de nuevo electoralmente, y la decisión  de votar en contra del Estatuto han hundido al PPC en una crisis de difícil solución. Es lo que piensan ex dirigentes del PPC, como Josep Curto, que tras haber sido durante años portavoz parlamentario del partido se ha apartado por voluntad propia de la actividad política de primera fila y es un simple militante de base en las comarcas de Tarragona. En 2004, el PPC pasó de tener el 22,7% al 15,5% de los votos en Cataluña. Todo parece indicar que el PPC va a seguir por la vía del estancamiento político y electoral, si nadie lo remedia. Mientras, Piqué resiste como puede y los sectores populares que todavía le apoyan en Cataluña niegan que el partido vaya a sufrir una debacle electoral. Sin embargo, parece ser que existen algunos sondeos internos en manos de la dirección nacional del PP que reflejan una caída en picado de la formación conservadora en Cataluña. En estos momentos, el PPC sigue trabajando para que su mensaje se consolide en el pequeño sector del electorado catalán que le vota habitualmente, y se ha fijado un horizonte de 1 a 2 años para conseguir este objetivo, que podría verse seriamente dañado si hubiera un adelanto electoral.

En este sentido, los sectores que confían en Josep Piqué valoran muy positivamente la visita que realizó a Cataluña recientemente Mariano Rajoy, entre otras cosas porque el presidente del PP respaldó abiertamente a su correligionario catalán. En las próximas semanas, según fuentes del PPC, Rajoy desembarcará en Cataluña para explicar la oposición del PP al nuevo Estatuto. La primera visita se realizará previsiblemente a finales de este mes o a principios de noviembre. Rajoy tiene previsto asistir como mínimo una vez al mes a un acto de los populares en Cataluña. Entre los objetivos que se ha fijado el líder popular está combatir el desánimo que se ha apoderado de las filas del PPC, pero tampoco se descarta que Rajoy, presionado por los sectores más ‘duros’ de su partido, se vea en la obligación de sacrificar definitivamente el ‘giro catalanista’ del PPC impulsado por Piqué.

Por Paco Soto (Barcelona)


Aznar, la pesadilla de Rajoy

“A Rajoy no le gusta que aparezca Aznar. Otra cosa es que esté de acuerdo con él, pero parece que es el ex presidente quien corta el bacalao” en el Partido Popular. Lo dice una persona próxima al líder de la oposición, quien asegura que Rajoy ya se siente “mayor” y liberado del tutelaje y no necesita que su antecesor venga a ensombrecer sus declaraciones cada vez que se debate un tema de gran calado político.

Los ex presidentes de Gobierno parecen ser los últimos en darse cuenta de su condición de “ex” y acostumbran a hacer apariciones estelares para sentar cátedra sobre aquello sobre lo que se sienten autorizados. Pero, se den cuenta o no de ello, le hacen un flaco favor a quienes les suceden. Cada vez que acuden juntos a un acto público, es Aznar quien acapara los titulares. Incluso separados por miles de kilómetros de distancia, son las declaraciones del ex jefe del Ejecutivo las que más repercusión mediática alcanzan en España. Porque, ¿qué importancia tiene que Rajoy diga que Zapatero ha “promovido el Estatuto catalán” creando “un problema descomunal” cuando Aznar va mucho más allá asegurando que el presidente socialista ha llevado al país en poco más de un año “al borde del abismo”?

 El ex jefe de Gobierno, que no pierde oportunidad de pronosticar debacles apocalípticas allá donde le quieran oír, hizo estas “revelaciones” hace unos días en una conferencia celebrada en México. También hizo aseveraciones del tipo: “estamos en uno de los momentos más críticos” de nuestra historia en muchas décadas y “probablemente abocados a una grave crisis nacional”, reformas como la del Estatut de Cataluña son “un desafío al Estado total”, “España corre riesgos serios de desintegración y de balcanización” y “de volver históricamente a las andadas” y, por si todavía alguien no le ha escuchado a pesar de lo mucho que lo ha venido repitiendo desde que su partido perdiera las elecciones, los atentados del 11-M “tenían un objetivo, uno: que era provocar una situación que determinase un cambio de Gobierno”.

Las declaraciones, nuevamente, volvieron a ser prioridad informativa en las redacciones de los medios españoles. Rajoy, si acaso, se puede consolar pensando que es mejor pasar más inadvertido que ser noticia por semejantes aseveraciones, que al fin y al cabo sólo contentan a unos pocos.


El andamio del reformismo, por Enric Sopena
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