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Nº 657 - 11 de julio de 2005

Se siente fuerte, seguro y dominador

EL AMO DE FERRAZ

En silencio, sin hacer ruido y en un tiempo récord, José Blanco, el artífice del triunfo de José Luis Rodríguez Zapatero en el 35º Congreso socialista de 2000, y del que él mismo salió investido como secretario de Organización, se ha hecho con el control del partido. Con un estilo discreto y buen conocedor de las, a veces, complejas estructuras territoriales y de los equilibrios de fuerzas, ha conseguido apaciguar las tensiones y la división en familias que dejó como herencia la última etapa de Felipe González. Ahora, quien era un casi desconocido antes de aquel “congreso de la sorpresa”, se siente fuerte, seguro y dominador de una situación que hasta hace no mucho tiempo parecía ingobernable. Cuatro victorias electorales consecutiva le han encumbrado. Ahora, a Pepiño no hay quien le tosa.

Por Pedro Antonio Navarro

Ni me consta, ni he autorizado conversaciones con una organización ilegalizada. Nadie puede invocar el nombre del PSOE para decir que hay contactos con Batasuna”. En primera persona. Así de contundente y así de autoritario se mostraba el secretario de Organización y Acción Electoral del Partido Socialista, José Blanco, durante una rueda de prensa celebrada el pasado 4 de julio, tras una reunión de la ejecutiva socialista, y en respuesta a las afirmaciones del lehendakari, Juan José Ibarretxe, en el sentido de que el Partido socialista estaba manteniendo contactos con la formación de la izquierda abertzale en busca de impulsar el proceso de pacificación definitivo del País Vasco.

El uso del término “autorización” revelaba la nueva situación que hoy se está viviendo en el seno del PSOE. Esa invocación a su propia autoridad constituye uno más de los diversos síntomas de que José Blanco se siente –y se sabe- el auténtico hombre fuerte de su organización.

En el seno de las filas socialistas se está viviendo un momento dulce. De la división interna de antaño, apenas queda el recuerdo. Se disfruta de la recuperación del Gobierno de la nación y de los siguientes triunfos electorales a lo largo de los últimos meses, del clima de entendimiento con casi todas las fuerzas políticas –a excepción obvia del PP- y de las iniciativas de gran calado en materia de libertades ciudadanas que en este primer periodo de legislatura se han ido sacando adelante. Existe un clima de tranquilidad y de confianza en que, gracias a los acuerdos y al talante, se terminarán con normalidad estos cuatro años de Gobierno socialista, en los que se espera poner en marcha otras iniciativas legislativas de profundo calado, como la reforma constitucional y los cambios en materia de política territorial.

Y todo con una maquinaria engrasada como no se recuerda en muchos años en la madrileña sede de la calle Ferraz. Desde dentro consideran que el funcionamiento adecuado viene del total entendimiento entre lo que denominan las “tres patas”: La Moncloa, con Rodríguez Zapatero al frente y su capacidad para generar acuerdos y resultar convincente ante la opinión pública; el grupo parlamentario, dirigido por Alfredo Pérez Rubalcaba, y un partido cohesionado, responsabilidad que ha recaído sobre Pepe Blanco.

Pero al comienzo, las cosas no parecían tan fáciles para este animal político de 43 años, nacido en Palas de Rei y que vivió casi toda su vida en Lugo, donde comenzó su carrera en la cosa pública. Algunos veteranos de la organización andaluza consideran que en el hipotético escenario de que José Luis Rodríguez Zapatero no se hubiera hecho con la presidencia del Gobierno en las pasadas elecciones generales, la estrategia prevista hubiera pasado por la elección de un andaluz para la responsabilidad de Organización en el 36 Congreso, que se celebró en julio del año pasado, porque existía cierta desconfianza hacia un Pepe Blanco al que se consideraba algo falto de experiencia y de suficiente “agenda nacional” dentro del partido. Además, el “caso Balbás”, líder de los renovadores por la base de la federación madrileña, de donde procedían los dos diputados traidores que dejaron al PSOE sin la Comunidad de Madrid, había salpicado a Blanco ya que, en su día, pactó con ellos parte de los votos del congreso que eligió a Zapatero.

Pero el 14-M no fueron esos los resultados. Al igual que en el cónclave de 2000 Zapatero no era el favorito, sino José Bono, y el mágico “cuaderno azul” –del mismo color que el de José María Aznar- de José Blanco llevaba “hechas las cuentas” que le daban el triunfo por nueve votos de diferencia, en las elecciones generales de 2004, el también secretario de Acción Electoral volvía a dar en la diana. Los que habían soñado con un próximo relevo de Blanco tuvieron que cambiar de estrategia.

Blanco empezaba a ser intocable. Aún así, Andalucía y Manuel Chaves pidieron para sí uno de los puestos fuertes de la ejecutiva. Tras el secretario de Organización, en la Ejecutiva Federal emanada del 36 Congreso, dentro de un perfil sin estridencias y sin grandes estrellas, aparece como hombre fuerte Alfonso Perales, el secretario de Política Territorial, quien fuera consejero con Chaves. Los que conocen como funciona Ferraz aseguran que el entendimiento entre ambos ha sido bueno, incluso mejor de lo esperado. “Pepe ha sido muy listo dejando espacio a Perales”, afirma una de estas fuentes. Tres triunfos electorales consecutivos más y hoy nadie parece negarle la autoridad a Blanco en el interior del PSOE.

¿Cuáles han sido las claves del éxito político de este semidesconocido? Sus más próximos y los que desarrollan su actividad a sus órdenes coinciden en señalar que su capacidad de trabajo es el factor determinante. También ha procurado esforzarse por darse a conocer y por romper la aureola que parecía acompañar a la figura del secretario de Organización. Se muestra próximo, come y desayuna en la misma cafetería que el personal de Ferraz y, por lo que cuentan, sabe transmitir ilusión en todas las iniciativas que pone en marcha. En los últimos cuatro años ha configurado su equipo, procedente casi en su totalidad de “la casa”. Se rodea de un núcleo de personas de confianza, eligiendo a muchos a los que no conocía desde siempre; no trajo consigo a gente de Galicia –donde había desarrollado toda su carrera política anterior-. Casi todos han sido escogidos de la estructura ya existente, muchos, cuadros jóvenes provenientes de la Escuela Jaime Vera, o que le han ido presentando y que al observar su desenvolvimiento le han convencido para formar parte del equipo.

Comentan sus próximos que es un individuo con gran instinto político y muy intuitivo y que suele hacer una perfecta “radiografía de las personas. Es muy observador y escucha más que habla”.

Pese a las apariencias, tampoco se comporta de un modo muy “gallego”. Sus colaboradores opinan que se dirige a todos de un modo muy directo y nada enigmático y que explica con mucha claridad lo que espera de cada uno y los proyectos organizativos.

Otra de sus características es la presencia constante en las organizaciones territoriales y locales. Al menos dos días de cada semana los dedica a la tarea de visitar las distintas federaciones y se persona en los locales del partido, en las Casas del Pueblo y en las agrupaciones, con lo que está reforzando los lazos y profundizando en la tarea de darse a conocer.

Todos saben que ha vivido de un modo especial el triunfo electoral en Galicia, en cuya preparación el partido ha volcado mucho trabajo en los últimos meses, pero como auténtica ilusión personal, vivió la consecución de la alcaldía de Lugo por parte de José López Orozco, que fue su mentor político en sus inicios y que había sido su profesor de Filosofía en su adolescencia, durante su etapa de estudiante de bachillerato. Aunque parece obvio que el aprecio es mutuo. Por eso, el alcalde de Lugo no deja de elogiar a José Blanco: “Cuando Pepe tenía 15 años era una esponja que lo recibía todo y lo preguntaba todo. Era muy inquieto: protestaba, no estaba de acuerdo y sabía explicarlo y dar razones”. El profesor en labores consistoriales recuerda que, desde entonces, se forjó entre ellos una profunda amistad y una colaboración política permanente: “No quiero atribuirme la influencia única, pero, en aquel momento yo militaba en el Partido socialista popular –el PSP de enrique Tierno Galván-, y esto le indujo a interesarse por el partido y a ingresar en él”. Era el año 1977.

En 1978, tras la unificación, Blanco se afiliaba al PSOE y comenzaba su fulgurante carrera política. Unos años más tarde resultaba elegido secretario general delas Xuventudes Socialistas de Galicia y miembro de la Ejecutiva del PsdeG-PSOE. Un poco más tarde es designado secretario general del PSOE en Lugo y miembro del Comité Federal. Durante tres años es presidente del Consejo de la Juventud de Galicia y encabezando la candidatura socialista en su localidad natal, a petición del partido, se quedó a escaso 100 votos de obtener la alcaldía de Palas de Rei, pero conseguía pasar de uno a cinco concejales.

Obtuvo el acta de senador por Lugo en la IV y la V legislaturas y, como prueba de ese carácter trabajador con que le definen sus próximos y el alcalde lucense, figura en los diarios oficiales como el senador que mayor número de preguntas presentó durante ese periodo. En la VI, VII y VIII legislaturas ha sido diputado en el Congreso, siempre por la circunscripción de Lugo.

Su relación con Emilio Pérez Touriño es muy próxima. Juntos han estado implicados en el proceso de renovación del partido. Según José López Orozco, el partido en Lugo “estaba hecho unos zorros, con unas divisiones enormes, hasta que Pepe puso en marcha la tarea de unirnos. Asambleas que antes eran una locura se convirtieron en foros de debate, de acuerdo. Meses antes de las municipales de 1999 habíamos realizado unas encuestas en las que se demostraba que estábamos prácticamente desaparecidos. Los resultados eran bien claros; el alcalde, entonces del PP, era el referente político, y el de la oposición era el BNG. Sólo había un dato positivo en la encuesta; yo era el tercero de los candidatos en grado de conocimiento, pero era el más valorado. Entonces Pepe dijo: ‘Aquí tenemos la solución. Si la gente que te conoce, te estima, hay que hacer que te conozcan más. Vamos a poner en marcha una campaña puerta a puerta’. El resultado fue que obtuvimos siete concejales, cuando las encuestas nos daban sólo dos. Fue un diseño de trabajo y de visión política”.

También el alcalde de Lugo vivió en primera persona los preparativos y el propio Congreso en que los renovadores conseguían sorpresivamente la dirección del PSOE: “Pepe lo tenía claro desde el primer día. A mí me habían elegido delegado para el congreso y tenía dudas. Bono era el más conocido y yo no conocía a Zapatero, no sabía quién era. Pepe lo trajo a Lugo, a Santiago de Compostela. Hablamos con él. Fue Pepe el que nos metió en el proyecto de renovación, en el que creyó desde el primer momento”. Para López Orozco no hay similitudes entre José Blanco y Alfonso Guerra, más allá de la identidad del cargo, ya que considera que el actual secretario de Organización es una persona más volcada hacia el trabajo interno, convencido de que “si hubiera querido ser ministro, lo hubiera sido”, pero que ha optado por su función de cohesionar el partido: “Es un gran componedor. No se mete en lo que no debe. Cuando hay que unir, ahí está él uniendo y todo funcionando. Hoy es el gurú”.

Su futuro político parece depender de él en exclusiva, y es posible que si, en la próxima legislatura se produjese un nuevo triunfo socialista y sus aspiraciones pasasen por un ministerio, podría conseguirlo, aunque parece que su trabajo al frente del partido ha dado los frutos de la cohesión que los socialistas buscaron durante mucho tiempo, y que, por ello, tal vez prefiera mantener su actual posición.

LA MANO DERECHA

Por Inmaculada Sánchez

No hay jefe sin mano derecha en que apoyarse ni líder sin guardia pretoriana que lo proteja. José Blanco también las tiene y, aunque pueda sorprender, ninguno de sus miembros llegó de Galicia. Sus fieles son una nueva generación de fontaneros que está creciendo en Ferraz al calor de su autoridad. Tienen poco más de treinta años, son abogados o licenciados en Políticas, expertos en temas internacionales, duchos en el trabajo entre bambalinas y mayoritariamente madrileños. 

Su cabeza visible es Oscar López, un joven diputado de 32 años, que se ha convertido en el auténtico hombre clave del secretario de Organización socialista.

Ya no queda nadie en el PSOE que no sepa que, de no poder hablar con Blanco, al que las tareas se le acumulan, hay que intentar hablar con Oscar, y que él se ocupa. Este segoviano nacido en Riaza conoció a José Blanco en el Congreso de los Diputados. López no tenía escaño, sólo era un prometedor y dispuesto joven de veintipocos años que asesoraba al grupo parlamentario en temas exteriores ya que, tras terminar Políticas en la Complutense, se especializó en Estudios Internacionales y había hecho un curso de postgrado en Gran Bretaña de Economía Internacional. Se cayeron bien.

“Ya entonces charlábamos mucho”, reconoce el propio López y, para su sorpresa, después de pasar tres años en Estrasburgo, trabajando para el grupo parlamentario socialista en el cámara europea en calidad de asesor, Blanco seguía acordándose de él. En el crucial congreso federal del PSOE de 2000 volvieron a coincidir y tras él enlazaron sus itinerarios definitivamente.

López se movía en el congreso con otro grupo de socialistas veinteañeros, amigos, sin peso orgánico en el partido pero nacidos políticamente al calor de la Jaime Vera, la escuela de formación del partido. Aunque no formaban parte de Nueva Vía, el grupo de diputados aglutinados alrededor de Rodríguez Zapatero, pronto supieron que junto a ellos estaba su sitio.

Nada más salir elegido Zapatero y su ejecutiva  Blanco designó a Oscar López su coordinador, el equivalente al jefe de gabinete y asistente. Les esperaban cuatro duros años en la oposición y en ellos se forjó su actual confianza.

Al término de la legislatura llegó la recompensa. En las elecciones del 14-M, aun sin saber todavía las posibilidades de triunfo López iba en un puesto seguro para conseguir escaño: encabezaba la lista del PSOE por Segovia y desde hace poco más de un año es diputado. Además, en el congreso federal que tuvo lugar tras la victoria, López entraba a formar parte de la ejecutiva. El hombre de confianza de Blanco ya tenía, pues, cargo público y cargo orgánico pero el número dos del PSOE le seguía queriendo a su lado y en el organigrama de la ejecutiva quedó adscrito a la secretaría de Organización. Su despacho en Ferraz sigue siendo, pues, el contiguo al de Blanco.

También a lo largo de los cuatro primeros años de mandato de Zapatero fueron aterrizando en la sede socialista algunos de aquellos jóvenes que hoy forman parte del núcleo más cercano al secretario de Organización socialista y que habían coincidido con López en la Jaime Vera.

Ricardo Cortés, un experto en cuestiones de cooperación internacional llegó a mitad de la legislatura para encargarse de asuntos relacionados con emigración y labor del partido en el exterior. Tras la victoria socialista y el paso de López a la condición de diputado y secretario federal Cortés pasó a ocupar su anterior puesto de coordinador de Blanco. Dicen que su labor en las recientes elecciones gallegas en cuanto a la estrategia con el voto emigrante ha sido fundamental.

Otros dos despachos cercanos al de Blanco en la primera planta de Ferraz están ocupados por Antonio Hernando y Pedro Sánchez, ambos amigos personales de Oscar López y de su misma generación. Hernando es el experto en movilización y en esta área ha trabajado en todos los comités electorales que han estado bajo la batuta de Blanco. En las últimas generales también consiguió su primer acta de diputado por Madrid con la que ha formado parte de la comisión de investigación del 11-M o ejerce de portavoz en la de Trabajo y Asuntos Sociales. Hace unos meses, además, la ejecutiva le nombró delegado federal para temas de formación, un área que, en tiempos, ocupaba toda una secretaría pero que ahora también se hace hueco en el amplio organigrama que controla Organización.

Pedro Sánchez consiguió su cargo público un poco antes: entró en la lista encabezada por Trinidad Jiménez para la alcaldía de Madrid y hoy ejerce de concejal en la oposición. Su entrada en Ferraz, sin embargo, llegó de la mano de Jordi Sevilla, para cuya secretaría de Economía trabajó en un principio. Posteriormente fue “cedido” al equipo de economistas que aglutinó Miguel Sebastián  para trabajar de cara al programa electoral con quien se mostró como un eficaz coordinador. Blanco lo captó para sus comités electorales en el área de documentación y, desde que Sebastián se fue a Moncloa, trabaja con el equipo que coordina Oscar como “hombre de los papeles”, llamado así por su eficacia en proporcionar desde argumentarios de campaña hasta discursos para mítines.

Otra pata fundamental del equipo es Juan Manuel Aceña. Algo mayor que López y sus amigos aunque aún no cumplió los cuarenta y con un perfil más técnico, se presenta insustituible en materia de montaje de actos públicos, marketing y publicidad. Captado del equipo que trabajaba en el partido en Madrid con Jaime Lissavezsky, actual Secretario de Estado para el Deporte, suya es buena parte de la “culpa” del cambio de imagen de la cartelería del PSOE impulsado por Blanco.

Además de este equipo “de acción” el secretario de Organización no ha querido estar desguarnecido en el siempre sensible campo de la comunicación. Por ello, tras la marcha a Moncloa del anterior jefe de prensa del partido, Julián Lacalle, con quien hizo en su momento un perfecto tandem, designó personalmente a un periodista, Carlos Hernández, conocido reportero de Antena 3 y despedido por la cadena unos meses antes dentro de una operación denunciada por algunos de los afectados como “purga política”. Hernández, aunque sin el peso político que en su día llegó a tener Lacalle sí ha conseguido, según los que ocupan la primera planta junto al despacho de Blanco, “colarse” en el núcleo duro del secretario de Organización.

Un periodista más ha llegado recientemente al equipo. Se trata de Miguel Angel Marful, conocido reportero político en distintos medios madrileños que había abandonado la COPE después de la toma del poder en informativos de los fieles de Federico Jiménez Losantos. Marful tiene encomendada la asesoría de prensa de José Blanco en exclusiva y su despacho también se ubica junto al de los del resto del equipo, lejos del gabinete de prensa federal, una prueba más de que el número dos del PSOE tiene muy clara la importancia de los medios en esta nueva etapa.

Aún habría que añadir un elemento más para completar el mapa que Blanco maneja para temas de comunicación: hace unos meses le fue discretamente asignado un asesor para temas audiovisuales, se trata de Miguel Angel Sacaluga, conocido periodista de RTVE y miembro del consejo de Administración del ente a propuesta del PSOE. Sacaluga, que entró en la ejecutiva del partido en Madrid que encabeza Rafael Simancas en el último congreso regional, fue designado por la ejecutiva de Ferraz delegado federal para asuntos audiovisuales, un cargo escasamente conocido pero que, adscrito a Organización, muchos han entendido como un evidente signo de que Blanco no va a ser un simple espectador  en las reformas televisivas que se anuncian. Y por si a alguien le queda alguna duda al respecto, ¿saben de qué comisión es portavoz en el Congreso Oscar López? De la de control parlamentario de RTVE.


Lo obvio, lo más difícil, por Enric Sopena
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