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Ataques a la Corona empañan la noticia del embarazo
LA DERECHA CONTRA EL REY |
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Después de meses esperando la noticia de la futura paternidad de los príncipes de Asturias, al Rey se le veía especialmente satisfecho de que su hijo, don Felipe, y su nuera, doña Letizia, estuvieran cumpliendo su deber de dar continuidad a la Corona. Sin embargo, hay quien está queriendo aguarle la fiesta. Desde que Rodríguez Zapatero asumió La Moncloa ciertos sectores de la derecha y algunos de los medios de comunicación más conservadores no han ahorrado críticas hacia un don Juan Carlos al que consideran ‘demasiado’ cercano al Gobierno y cómplice de él en la supuesta desmembración de España. Además, la Iglesia vería con buenos ojos que el monarca, como católico que es, se rebelara ante la ley que permitirá el matrimonio homosexual. El Rey, consciente de su papel institucional, se está defendiendo de estas utilizaciones partidistas. Por Vera Castelló y V.M. En Zarzuela llevaban semanas dándose codazos. La familia real sabía que el Heredero estaba cumpliendo su deber de asegurar la continuidad de la Corona. Con toda la calle pendiente de los continuos rumores acerca de la capacidad de doña Letizia para concebir o las ayudas técnicas que estaba requiriendo, el pasado domingo 8 de mayo llegaba el esperado anuncio. Los príncipes de Asturias serán padres en noviembre y, para que no haya ninguna duda, Zarzuela ha aclarado que el milagro de la concepción ha sido obra sólo de la naturaleza. Los doce meses transcurridos desde la boda real han traído consigo sensibles cambios no sólo en la vida de Doña Letizia, que ha abandonado su ambiente, su domicilio y su profesión para adentrarse en un mundo que le era totalmente ajeno; el enlace también ha reforzado el papel institucional de Don Felipe, que es quien ahora debe ganarse el reconocimiento de los 'juancarlistas', que no monárquicos. La agenda oficial del Heredero de la Corona se ha visto sensiblemente incrementada no ya por la cantidad, sino por la categoría de actos a los que ha asistido en representación de la Casa Real. Además de sus habituales viajes para asistir a las tomas de posesión de los mandatarios iberoamericanos y las aperturas de nuevas sedes del Instituto Cervantes en todo el mundo, el Príncipe, acompañado por su esposa, ha asumido actividades de importante nivel como la apertura del seminario de expertos de la Cumbre Internacional sobre Democracia, Terrorismo y Seguridad celebrada el pasado marzo en Madrid o el viaje a Brasil donde participó en numerosas actividades con las autoridades del país. También hay que señalar que, ya junto a doña Letizia, ha retomado sus viajes oficiales a la comunidades autónomas, costumbre que dejó de lado hace tres años cuando sólo le quedaba por explorar las dos plazas más conflictivas, el País Vasco y Cataluña, y Baleares. Es en esta última comunidad donde se ha dado el primer gran baño de multitudes después de conocerse su próxima paternidad. Este anuncio dista mucho de ser solo noticia para la prensa del corazón. Se trata de la Corona de España y de su continuidad, algo que hace apenas dos años estaba incluso en el aire ya que el Príncipe, tras una época de cuestionadas relaciones sentimentales, estaba aún sin casar. Ahora ya no sólo lleva casi un año casado sino que, si todo sale bien, será padre antes de que finalice 2005 dando así un nuevo heredero para la Institución en nuestro país. Además, la noticia termina de perfilar a don Felipe en su papel de Heredero y supone, de alguna forma, la legitimación popular de la figura de doña Letizia como esposa del sucesor. Cierto es que el anuncio se esperaba con anhelo desde hace casi un año cuando los príncipes contrajeron matrimonio y en cualquier instante hubiera sido una feliz noticia para Zarzuela, sin embargo el momento en el que se ha dado ha resultado especialmente apropiado y es que don Juan Carlos se ha convertido últimamente en el blanco de numerosas críticas por parte de los sectores más conservadores. El monarca, que a priori debería contar con el máximo apoyo por parte de la derecha, se ha encontrado con que el desprecio que le propició el ex presidente José María Aznar ha contagiado a algunos medios de comunicación que ven en todos sus actos una complicidad con José Luis Rodríguez Zapatero que nunca existió con el ex inquilino de la Moncloa. Los últimos ataques recibidos han llegado precisamente a raíz de la urgencia o no de modificar la Constitución para evitar la discriminación sexual incluida en la Carta Magna. La mayoría de los juristas coinciden con el Gobierno en que no es imprescindible hacerlo ya y puede perfectamente esperarse hasta el fin de la legislatura. De esa misma opinión se han mostrado públicamente tanto el príncipe Felipe como don Juan Carlos, sin embargo a, por ejemplo, los líderes mediáticos de la Cadena Cope les ha parecido inoportuno -ellos han utilizado otros calificativos- que el Rey y el Heredero expresaran su sentir. La traducción que han hecho, sin pararse a contemplar los razonamientos aportados por los Borbones -contamos con una generación intermedia, la de los príncipes de Asturias- es que su pronunciamiento ha seguido las directrices marcadas por La Moncloa. Por el contrario, en la radio de la Conferencia Episcopal exigen que la reforma se lleve a cabo inmediatamente para así disolver las Cortes y convocar elecciones, lo que, de llevarse a cabo inmediatamente, dejaría la primera legislatura de Rodríguez Zapatero en poco más de un año (Ver recuadro “Y la Constitución en medio”). En esa misma línea se ha mostrado El Mundo llegando incluso a cuestionarse si en realidad lo más justo sería que el futuro nuevo artículo fuera de aplicación retroactiva y pudiera convertir a la Infanta Elena en Heredera. Pese a todo ello, el diario dirigido por Pedro J. Ramírez sí ha sido claro al calificar de tremendo error que José María Aznar no abordara la modificación en la recta final de la legislatura, cuando ya se intuía que estaba cercano el momento en el que don Felipe y doña Letizia dieran un nuevo heredero a la Corona. Pero no es esta la única ocasión en los últimos días en que la derecha mediática se ha servido del monarca para criticar al actual Gobierno. El feroz Federico Jiménez Losantos se ha preguntado en antena qué ocurriría si la criatura en camino fuera un "gayto o una lesbianita" y si "además de eso" habría que aceptar que el Heredero o Heredera se casara con una persona de su mismo sexo,adoptaran un niño y éste llegara a reinar el destino de los españoles. También a propósito de la ley que permitirá el matrimonio entre homosexuales se ha intentado poner en un aprieto a don Juan Carlos. La pasada semana el diario El Mundo publicaba en portada la petición de la Conferencia Episcopal al Rey para que, como buen católico, se negara a sancionar la mencionada normativa. El periódico que dirige Pedro J. Ramírez había conseguido ‘arrancar’ al portavoz de los obispos, José Antonio Martínez Camino, que la polémica nota emitida unos días antes exigiendo a los católicos una oposición "clara e incisiva" a la norma también afectaba al monarca. "Si el Rey es católico, también a él le afecta el derecho y el deber de la objeción de conciencia ante una ley radicalmente injusta que corrompe la institución del matrimonio", declaraba al diario Martínez Camino. Igual que la Iglesia pedía a los parlamentarios y funcionarios católicos que se nieguen a votar y a aplicar la ley, don Juan Carlos debería negarse a firmarla. O si no -iba más allá la Iglesia, según El Mundo- debería seguir el ejemplo de Balduíno de Bélgica que en 1990, cuando el Parlamento de su país aprobó la ley del aborto, se negó a sancionarla "en conciencia" y, para no verse obligado a hacerlo, abdicó durante 36 horas, jugándose la Corona y obligando a los belgas a modificar su Carta Magna para impedir que el Rey tuviera la posibilidad de “escaquearse” cuando le pareciera oportuno. La Zarzuela, desde luego, no se ha dado por aludida. En primer lugar porque técnicamente sería imposible que no sancionara una ley aprobada por las Cortes, y, en segundo lugar, porque la Conferencia Episcopal ha recogido carrete y ha aclarado a la Casa Real que nunca ha hecho una petición tan explícita. El que sí se ha mantenido en sus trece es el juez José Luis Requero, actual vocal del Consejo General del Poder Judicial a propuesta del PP y miembro del Opus Dei. El joven, pero extremadamente conservador jurista, sí ha sugerido claramente que don Juan Carlos debería seguir el ejemplo de Balduino aunque, generoso, deja "a su conciencia y a sus asesores" la decisión final de sancionar o no la ley que permitirá el matrimonio entre personas del mismo sexo. Estos son los últimos episodios, pero los ataques no son nuevos. Hace solo unos días la revista Época, de indudable signo conservador, acusaba al Rey de estar “escorado a la izquierda”. Sus críticas se centraban en su "efusividad" con Juan José Ibarretxe cuando el parlamento vasco estaba a punto de aprobar el Plan que lleva su nombre; su complacencia con comunistas, "convictos republicanos", o su utilización consentida por parte de los socialistas al viajar a Marruecos o al rancho de George W. Bush. Un reportaje que estaba arropado por dos artículos, firmados por Ricardo de la Cierva y Enrique de Diego, este último titulado "Los Borbones pueden ir al paro", hablando de la desintegración de España y la actitud pasiva del Monarca ante la supuesta hecatombe. Críticas todas ellas escuchadas en numerosas ocasiones de boca de su líder ideológico Federico Jiménez Losantos quien, por ejemplo, ha llegado a “recordar” al Borbón que en 1931 ”a su abuelo no lo echó la izquierda, se tuvo que ir porque la derecha dejó de apoyarlo, así que ya sabe, que parece que no aprendemos”. Eso ocurrió el pasado 14 de abril, el mismo día que Rodríguez Zapatero, en la Cadena Ser, la radio competidora, se congratulaba de que España tuviera un Rey “bastante republicano". Ante la sorpresa de Iñaki Gabilondo aclaró: "Para mí un republicano es quien es defensor de las instituciones, de los valores democráticos, quien es defensor de la vida pública, quien respeta los principios de una ciudadanía libre, y en ese sentido estamos muy tranquilos y muy a gusto". La derecha mediática todavía se mofa de esa ‘ocurrencia’ del presidente del Gobierno. A algunos les puede gustar más que a otros, pero lo cierto es que igual que el Rey se sintió marginado por Aznar, tal y como ha demostrado esta revista en numerosas ocasiones, ahora con Zapatero ha recuperado protagonismo gracias a la cercanía de ambos mandatarios, como también ha venido contando El Siglo. El actual presidente del Gobierno sí parece haber entendido el positivo papel que don Juan Carlos puede llegar a jugar como primera autoridad del país. UN AÑO DE PRINCESA El 22 de mayo de 2004 amaneció nublado, amenazando con deslucir la celebración más importante del año con un aguacero de justicia. La mala suerte quiso que, en el preciso instante en el que Doña Letizia llegara a la explanada de la Catedral de la Almudena, una tromba de agua arreciara sobre Madrid, impidiendo que la novia accediera al templo por la alfombra roja en el tradicional paseillo. En el interior, monarcas, príncipes, destronados, jefes de Estado y de Gobierno, personalidades de todo el mundo, familiares, amigos y antiguos compañeros de estudios y trabajo aguardaban desde hacía horas a que la pareja diera el sí quiero ante el cardenal y arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela. A Don Felipe se le veía tranquilo, dispuesto desde la cuna a vivir aquel momento. La Princesa en cambio parecía algo cansada; tal vez el besamanos y la celebración del Palacio del Pardo que tuvo lugar la víspera del enlace la dejaron extenuada. Para cuando dio comienzo el viaje de novios, Doña Letizia ya se había recuperado. Cuenca, Albarracín, Sos del Rey Católico, Zaragoza, San Sebastián, la histórica ciudad de Petra, recónditas y lejanas islas paradisíacas... Los futuros Reyes pasaron cerca de un mes disfrutando de su intensa luna de miel, que concluyó justo a tiempo para celebrar la onomástica de Don Juan Carlos el 24 de junio, asistir a la imposición de condecoraciones a los ponentes de la Constitución y, días después, acudir a la protocolaria audiencia con el Papa Juan Pablo II. Mientras la prensa empezaba a hacer prematuras quinielas sobre cuándo podría la mujer del Heredero quedarse embarazada, ella comenzaba su rodaje como Princesa. Almuerzos y cenas con presidentes latinoamericanos, viajes oficiales al extranjero y asistencias a la toma de posesión de nuevos jefes de Gobierno se alternaron con algunos días de descanso en las aguas baleares, que el pasado verano contaron con la presencia de una nueva veraneante real. Doña Letizia ya empezaba a asumir, que no a acostumbrarse, el haberse convertido en el centro de atención de toda la prensa, no sólo por sus actividades enmarcadas en la agenda oficial de la Casa Real, condición implícita al cargo, sino por su tirón mediático en asuntos más mundanos, como su indumentaria, sus supuestos problemas para quedar en estado o su extrema delgadez, hasta el punto de que Zarzuela, contraviniendo su acostumbrada discreción cuando los rumores empañan la imagen de la Familia Real, ha llegado a desmentir, por ejemplo, que Doña Letizia sufriera el denominado "mal de las Princesas", esto es, anorexia. Y es que la mujer del Heredero de la Corona, por mucha voluntad que le haya puesto a desempeñar dignamente su papel, todavía está algo verde y no ha conseguido marcar distancias con los críticos, hasta el punto de que el asunto ha adquirido cierto carácter obsesivo y acostumbra a devorar en internet todo lo que aparece publicado sobre ella. Los actos oficiales de los Príncipes de Asturias se han venido sucediendo a lo largo de todos estos meses, aunque siempre han sido actividades de la pareja porque Doña Letizia todavía no cuenta con su propia agenda. Según contó El Siglo hace un año, la Zarzuela tenía previsto que su Alteza Real desempeñara su función junto al Heredero y en un medio plazo comenzaría a tener sus propias competencias, aunque serán las que desempeñe con su marido las que más satisfacciones puedan reportarla; como Doña Sofía y las Infantas Elena y Cristina, Doña Letizia sólo podrá participar en actos de carácter cultural y benéfico. Con Don Felipe, en cambio, continuará, como a lo largo de los últimos doce meses, asistiendo a celebraciones de mayor calado institucional. La futura Reina de España no sólo ha tomado buena nota de su deber y sus funciones públicas como miembro de la Familia Real. También ha aprendido a usar con más acierto el importante lenguaje de los gestos y contener su impulsividad, que tan malas pasadas le jugaron en su primera aparición pública como prometida del Heredero. Doña Letizia ha conseguido dominar la excesiva expresividad de sus manos, ha dejado de atusarse el cabello de forma despreocupada y, sobre todo, ha dejado de abordar a los periodistas que, como Jaime Peñafiel o Paloma Barrientos, habían hecho alguno de los muchos comentarios que le han llegado a disgustar. Y por supuesto, la mujer de Don Felipe ha tenido que amoldarse a una nueva familia. Aunque sigue disponiendo del suficiente tiempo libre como para disfrutar de una tarde de cine o teatro con otras parejas y de encontrarse con sus padres, hermanas y abuelos -José Luis Ortiz, abuelo paterno, falleció a finales del mes de marzo a causa de una dolencia pulmonar-, con quienes más tiempo ha de pasar es, además de con su marido, con los monarcas; vecinos, suegros y, concretamente Don Juan Carlos, jefe de la Institución a la que presta servicio. Con Doña Sofía ha podido permitirse momentos de mayor complicidad, mientras que a Don Juan Carlos ha tenido que demostrarle, afectos al margen, un mayor compromiso con su tarea primordial, poniendo por fin el broche a todo un año de Princesa: Doña Letizia acaba de asegurarle -"ya era hora", ha dicho el Rey- la continuidad de la monarquía.
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