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Nº 641 - 21 de marzo de 2005

Descalificaciones personales, improperios y pataleos en su estrategia de acoso al Gobierno

 

LOS NUEVOS 'JABALÍES' DEL PP

Herederos de una tradición parlamentaria española iniciada a finales del XIX, los nuevos jabalíes del PP han reeditado el estilo hosco y agresivo con su toque personal. Desde que llegara Zapatero a La Moncloa vienen protagonizando una escalada de ataques que, ya sea en el Pleno o en las comisiones, no dejan títere con cabeza. Ministros y altos cargos han recibido los aguijones de la oposición, donde sobresalen algunos parlamentarios especialmente dotados para la bronca política: Jaime Ignacio del Burgo, Vicente Martínez-Pujalte, Jorge Moragas, Ignacio Cosidó, Macarena Montesinos y Carlos Aragonés. Algunos ya han hecho mella en la imagen pública de sus víctimas, pero aún no han logrado menoscabar la credibilidad del líder; recientes encuestas desvelan que el presidente tiene más aceptación entre la opinión pública que cuando resultó elegido. Capitaneados por su gurú espiritual, Ángel Acebes, están preparados para seguir dando guerra.

Por Virginia Miranda

Los del PP somos biológicamente distintos”. Lo dijo el concejal Ignacio García de Vinuesa, portavoz del PP en Alcobendas (Madrid) en una reunión del Comité Ejecutivo Regional ante sus compañeros de partido. Después aseguró arrepentirse de su repentino ataque de orgullo popular, pero a su auditorio, incluida la presidenta de Madrid, Esperanza Aguirre, la ocurrencia les pareció de lo más divertida. Será por eso, por esa satisfacción de creer que la naturaleza les ha dotado de una exclusividad que les hace sentirse únicos, que no tienen reparos en protagonizar uno de los principios de legislatura más virulentos de cuantos se recuerdan; la culpa la tiene el ADN.

No todos están al mismo nivel en la escala evolutiva, claro. Como diría Charles Darwin adaptando su teoría a la especie política, sólo los más fuertes consiguen destacar. A este grupo de irreductibles hace tiempo que se les puso nombre. Ya a finales del siglo XIX, a los parlamentarios más bulliciosos se les denominaba “diputados jabalíes”. Eran los encargados de jalear en Cortes a los de su cuerda política y conseguir desestabilizar el discurso de sus contrarios. Ha llovido mucho desde aquello, pero en el palacio de la Carrera de San Jerónimo parece que no haya pasado el tiempo: a sus señorías les sigue tirando el monte.

En los primeros gobiernos de la reciente democracia, Luis Ramallo se ganó el sobrenombre largo tiempo adormecido por la dictadura. El parlamentario popular, tal vez debido al adusto carácter que suele definir a los políticos extremeños, se convirtió en el azote de los socialistas y no se andaba con remilgos a la hora de descalificar a los miembros del Gobierno o altos cargos. Un par de ejemplos basta para demostrar hasta qué punto era capaz de llegar; a finales de los 80, la oposición acusó a Pilar Miró, entonces directora de RTVE, de malversación de fondos públicos por la compra de vestuario a cargo de los presupuestos del ente público. Fue procesada y finalmente absuelta, pero antes de aquello tuvo que soportar los reproches de Ramallo, quien trataba de desestabilizarla recordando que los delitos contra la Hacienda pública pueden pagarse con la cárcel. Otro caso fue el de la supuesta venta de edificios de la Cruz Roja en Madrid a principios de los 90. Los populares se lanzaron de forma inmisericorde contra su máxima responsable, Carmen Mestre, propuesta por el Ejecutivo de Felipe González. Ramallo fue especialmente abrupto en sus declaraciones contra la presidenta de la institución, llegándole a dedicar estas palabras: “Para nosotros, la presidenta de la Cruz Roja es o mema o fresca, sin paliativos. Mema, en el sentido de boba, de necia o de tonta”.

Federico Trillo tampoco se quedaba corto. Durante la última legislatura de Felipe González, años marcados por escándalos, conspiraciones mediáticas, la famosa pinza de José María Aznar y Julio Anguita... destacó por ser un jabalí ilustrado: haciendo valer su condición de jurista, sus ataques contra el Ejecutivo eran una mezcla de saña incontenida y doctas consideraciones de carácter legal.

Con la llegada del PP al Gobierno, los socialistas también echaron mano de la tradición, aunque para frenarles estaban otros jabalíes populares actuando de muro de contención. Uno de ellos era Vicente Martínez Pujalte, que entonces y aún hoy se revuelve en su escaño como un jabato cada vez que un socialista se le pone a tiro. Con Jaime Ignacio del Burgo ha formado un tándem demoledor en la comisión de investigación del 11-M. El diputado por Navarra ha destacado por ser el principal defensor de la teoría de que ETA conspiró con los terroristas islamistas para perpetrar la masacre de Madrid y por protagonizar los interrogatorios más agresivos. Al jefe de estupefacientes de Avilés, Manuel García Rodríguez, le espetó que los terroristas perpetraron el atentado casi a su vista y no se enteró porque “los moritos se pasearon tranquilamente por Asturias”; al diputado del PNV en la comisión, Emilio Olabarría, le llamó “defensor de ETA”; al comisario de Información, Telesforo Rubio, le preguntó si militaba en el PSOE; sobre la declaración del ministro de Interior, José Antonio Alonso, en la que descartaba la vinculación etarra, aseguro que le parecía tan temeraria como “aquella frase famosa” del ex presidente González de que “nunca habrá pruebas” que vinculen al Estado con los GAL. Y así un largo etcétera, aunque su mayor bravuconada fue cuando, saltándose todos los procedimientos parlamentarios, mandó un cuestionario al confidente policial Rafá Zouhier a la cárcel y remitió sus respuestas al juez instructor del caso desafiando al sistema judicial y a la propia comisión, que había rechazado su comparecencia. A su lado Martínez Pujalte es un lobo con piel de cordero. Porque no le han perdido tanto las formas, pero su fondo es bien parecido al de Del Burgo. Después de que todos los partidos, salvo el PP, decidieran presentar un documento con recomendaciones en materia de seguridad y ayudas a las víctimas de los atentados, dijo que era “muy sospechoso” que el Gobierno pretenda que la autoría del 11-M está clara y que el Ejecutivo “ha manipulado mucho a las víctimas”.

El secretario general del PP, Ángel Acebes, auténtico gurú espiritual de los dirigentes populares proclives a combatir el talante con la bronca política, tenía bien cubierto el frente popular en la comisión con estos dos jabalíes. Mientras, en el resto de batallas contra los socialistas también se ha procurado situar a los mejor dotados. En la comisión de Exteriores, Jorge Moragas ha rebasado por méritos propios el protagonismo de su portavoz, Gustavo de Arístegui. En los pasillos del Congreso de los Diputados recuerdan especialmente su “numerito” en Cuba. El diputado por Barcelona viajó el pasado mes de julio a La Habana para entrevistarse con un disidente cubano y las esposas de opositores encarcelados, pero como no siguió los estrictos controles burocráticos de la isla que proceden en estos casos, le expulsaron. Moragas arremetió contra Cuba pero, sobre todo, contra la política exterior del Ejecutivo español; dijo que está siendo el “pardillo” que el Gobierno cubano quiere utilizar a través del “chantaje” para que la UE levantara el bloqueo contra la isla. La coletilla final la puso el propio Acebes, que acusó a Zapatero de preferir “ponerse al lado del dictador en lugar de al lado de aquellos que defienden la democracia en Cuba”. La supuesta responsabilidad de aquel altercado trataron de encontrarla, por elevación, en el presidente del Gobierno, pero en líneas generales, el ministro de Exteriores se ha llevado la peor parte en el reparto de exabruptos. Hace poco más de un mes, el jabalí popular llamó a Miguel Ángel Moratinos “boxeador sonado” que espera que “alguien arroje la toalla al ring” debido a su “patética política” exterior.

Los jabalíes revelación no sólo se localizan en el Congreso de los Diputados; el Senado también se ha convertido en una cantera de parlamentarios lenguaraces. Ignacio Cosidó tiene en su haber el dudoso mérito de haberse erigido en el autor de la mayor insolencia y temeridad dicha por un representante de la Cámara Alta durante esta última legislatura, o como dice su víctima, Gregorio Peces-Barba, “el agravio más importante de la historia de la democracia”. El que fuera jefe de Gabinete del Director General de la Guardia Civil Santiago López Valdivielso le ha seguido el juego a quienes acusan al Alto Comisionado para las víctimas del terrorismo de adoptar una actitud partidista porque no asistió a la manifestación convocada en enero por la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT). Y lo ha hecho hasta tal punto que nadie mejor que él ha verbalizado el clima de exasperación que se vive entre las filas populares por la derrota electoral de hace un año; Cosidó ha dicho que Peces-Barba pasará a denominarse “Alto Comisionado para el diálogo y el amparo de los verdugos terroristas”. Por si fuera poco, el PP ha pretendido que la descalificación, duramente criticada por el partido socialista, se vuelva contra el partido en el Gobierno: el portavoz popular en el Senado, Pío García-Escudero, dijo que  la expresión “vamos a ir a por él”, empleada por el portavoz del PSOE en el Congreso, Alfredo Pérez-Rubalcaba, era una “amenaza intolerable” porque Cosidó ya había pedido disculpas.

Las mujeres del PP pueden llegar a ser tan jabatas como sus compañeros de escaño. Dos de ellas tienen fama de duras; Alicia Sánchez Camacho, portavoz del grupo popular en la comisión de Interior, y Macarena Montesinos, portavoz del PP en la comisión de control de RTVE. La primera ya se le vino encima a Peces-Barba antes de que lo hiciera Cosidó. Fue el pasado mes de febrero, durante la comparecencia de uno de los padres de la Carta Magna en la Comisión Constitucional de la Cámara baja solicitada con motivo de su ausencia en la manifestación. Aquel día, en vez de Federico Trillo, portavoz popular en dicha comisión, acudió en representación de su grupo parlamentario Sánchez Camacho, mujer de la órbita de Josep Piqué –es diputada por Barcelona– que abrazó la causa de los más liberales del partido tras la marcha del ex ministro a la agrupación catalana. En la comisión Constitucional, donde suele reinar un clima de consenso, no se recordaba semejante crispación; Alicia Sánchez Camacho pidió su dimisión por su “incompetencia”, por haberse enfrentado al 85% de las víctimas y por guiarse por criterios partidistas. La representante popular se quedó sola en sus alegaciones y diputados del resto de partidos, como el parlamentario de Coalición Canaria, Luis Mardones, tuvieron que salir en defensa de Peces-Barba.

Macarena Montesinos, miembro del clan valenciano de jabalíes con Pujalte y Maria Angels Ramon-Llin –en la última comparecencia de la ministra Cristina Narbona en la comisión del Plan Hidrológico Nacional se burló de su discurso y se distraía con su teléfono movil mientras la titular de Medio Ambiente se dirigía a ella– es el azote de Carmen Caffarel. Desde que llegara a la dirección general de RTVE, ha tenido que soportar los constantes envites de la jabalí del PP, que ya en la primera comparecencia de la catedrática en la comisión del ente público pidió su dimisión porque, según le ha espetado en repetidas ocasiones, actúa como “comisaria política del PSOE” en RTVE y desde su toma de posesión ha tomado la radio y televisión públicas “como si fuera su cortijo privado”. 

Y por último y no menos importante en la estrategia desestabilizadora del PP está Carlos Aragonés. El antiguo fontanero de La Moncloa de José María Aznar se ha convertido en jabalí agazapado, en un agitador de los bancos populares durante los plenos que, sin llegar a tomar la palabra, es capaz de perturbar el discurso del contrario con artimañas un tanto pueriles pero muy efectistas: pataleando, interrumpiendo a otros diputados mientras pronuncian su discurso o lanzando improperios apenas perceptibles por los taquígrafos pero capaces de provocar las risotadas de sus compañeros de partido.

¿Y qué opinan Mariano Rajoy y José Luis Rodríguez Zapatero de todo esto? El líder de la oposición ya ha dado por perdida su batalla por la moderación. Fuentes del Congreso aseguran que tras uno de los últimos plenos en que los populares monopolizaron sus preguntas en el tema del Carmel, Rajoy se lamentó de la estrategia de sus compañeros porque no tuvo la repercusión esperada en los medios. “¿Veis? Ya lo decía yo. Este no era el tema”, dijo. Mientras, el presidente del Gobierno no parece estar excesivamente preocupado. Los analistas políticos aseguran que la batalla electoral se gana en el centro, por lo que la línea agresiva adoptada por la oposición no tendría los frutos deseados por los populares. Sin embargo, ellos no son de la misma opinión. Tras saber por las encuestas publicadas con motivo del primer aniversario de la victoria socialista que Zapatero goza de la aceptación de los españoles, en Génova han dedicido endurecer su política de acoso contra el Gobierno porque están convencidos de que así recortarán distancias. Al final, el presidente les va a acabar agradeciendo el favor.

Esperanza asoma en Telemadrid

No sabemos de qué sería capaz Esperanza Aguirre si fuera diputada, pero a la vista de lo que ya ha conseguido desde su feudo madrileño, seguro que dejaría a los parlamentarios de su grupo en meros aprendices de ‘jabalí’.

Desde que los traidores Tamayo y Sáez le pusieran en bandeja la presidencia de la Comunidad de Madrid, la Asamblea autonómica es una cámara de oposición paralela a la presidencia del Gobierno de la Nación. Los diputados regionales que, capitaneados por Aguirre, protagonizan el mayor número de ataques contra el Ejecutivo, son Juan José Güemes, consejero de Empleo y Mujer y secretario de Comunicación, o el portavoz del PP en el parlamento madrileño, Antonio Beteta: además de sus críticas a Zapatero, durante una rueda de prensa el también senador dijo que el PSOE de Madrid estaba gobernado por un escorpión y una serpiente. Güemes y Beteta son, fundamentalmente, quienes presentan las propuestas y mociones contra el Ejecutivo socialista y que ascienden a casi el 70% del total.

Pero es desde Telemadrid donde Esperanza Aguirre es capaz de hacer más daño a los socialistas. El 14 de marzo, la cadena autonómica emitió un reportaje titulado “En torno al 11-M”. Como el resto de cadenas, abordó los sucesos ocurridos hacía un año, pero como ninguna otra se dedicó a exculpar al Gobierno de Aznar de cualquier responsabilidad política, a cuestionar la legitimidad del resultado electoral del 14-M y a insinuar que la labor informativa de la cadena Ser estuvo al servicio de los intereses de la izquierda. La emisora aludida, los sindicatos de Telemadrid y el líder socialista en la Comunidad, Rafael Simancas, han arremetido contra la agresiva línea editorial de la televisión. Beteta ha dicho que él ha visto el programa y que los profesionales de la emisora han sido atacados gratuitamente porque han hecho una labor objetiva. Como si no supiera qué ‘objetividad’ se gastan los profesionales que han colocado al frente de su tele.

Nacho Villa, el ‘jabalí’ mediático

Ángel Acebes es el líder espiritual de los diputados ‘jabalíes’. Federico Jiménez Losantos lo es del ‘jabalí’ mediático Ignacio Villa. Director de Informativos de la cadena COPE, el periodista revelación de la derecha extrema es el terror de las tertulias de ‘59 segundos’, el programa que cada lunes por la noche emite TVE.

Su labor en la emisora de los obispos le abrió camino en la televisión pública. Encargado hasta el pasado otoño de cubrir las noticias generadas por el Partido Popular, desplazó a José Apezarena de la responsabilidad que entonces ostentaba porque sus informativos no eran suficientemente duros contra los socialistas.

Pero por muy editorializantes que fueran las informaciones de la COPE, no desvelaban todo el potencial de Ignacio, Nacho Villa –“Rajoy ha ido a La Moncloa a ver si el presidente se entera...” es alguna de las coletillas empleadas en los boletines informativos–. Desde que se convirtiera en uno de los fichajes del programa presentado por Mamen Mendizábal,  ha venido dejando huella y alguna que otra ‘víctima’ maltrecha con sus encendidas y provocadoras intervenciones. A Miguel Ángel Moratinos le creó un conflicto diplomático, preguntándole inquisitivamente hasta que el ministro de Exteriores bajó la guardia y dijo que Aznar colaboró en un intento de golpe de Estado contra el presidente de Venezuela, Hugo Chávez.

Luego están los sufridores crónicos, otros tertulianos que  colaboran en ‘59 segundos’ y que han de soportar sus constantes e inoportunas interrupciones –tratar de desarrollar un argumento en menos de un minuto con la voz de Nacho Villa pisando sus palabras resulta prácticamente imposible– y sus agrias salidas de tono. Enric Sopena y Carlos Carnicero saben muy bien de sus métodos, incluso han llegado a ser insultados por su compañero de mesa, que como a su líder Jiménez Losantos, parecen salirle sarpullidos cada vez que se enfrenta a cualquiera que ponga en duda la idoneidad absoluta e inquebrantable de la derecha en todos los órganos de poder.


Los 'jabalíes' no llenan las urnas por Enric Sopena
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