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Clamor mundial por un frente común ante el enemigo invisible Guerra al terrorismo |
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V.C./Virginia MIRANDA No se recuerda una barbarie intencionada que pueda ser mínimamente comparable. Muy pocos imaginaban que la primera potencia mundial, la nación que decide los destinos del resto del planeta, podía ser tan vulnerable a un ataque de estas dimensiones. Lo espeluznante de estas acciones ha demostrado, demasiado contundentemente, que el terrorismo es hoy, caído el muro de Berlín y difuminadas las ideologías, el gran enemigo de este siglo. No importa si los violentos defienden causas religiosas, políticas o económicas, la amenaza se cierne sobre todos por igual. De un golpe, el mundo se ha dado cuenta que nadie está libre de esta amenaza de rostro difuminado pero de métodos implacables. Ni siquiera en España, acostumbrados ya, desgraciadamente, a convivir con el terrorismo, éramos conscientes de ser un objetivo más de otros grupos violentos de actuación internacional como han revelado distintos dirigentes socialistas al confirmar que durante la Cumbre de Oriente en Madrid se logró abortar un atentado de consecuencias imprevisibles para el orden mundial. Ni siquiera tradicionales enemigos de Estados Unidos han dudado en condenar los sucedido y movilizarse para prestar su colaboración. Ante esta terrible constatación, se abren los mecanismos para crear una alianza de estados capaz de hacer frente común ante la imposición de la violencia, no ya de parte de naciones concretas, sino de causas comunes y autoritarias. Las primeras reacciones tras los atentados se dirigían hacia la vendetta exigida y deseada por los propios americanos, sin embargo, el terrorismo no tiene un domicilio social al que bombardear. Buena parte de los países civilizados coinciden en que las armas para luchar contra él son que la cooperación internacional y la información contra el terrorismo se conviertan en ejes centrales de la política de EE UU y de sus aliados, recordando que España forma parte de ese grupo. Una unión que hasta ahora no se ha logrado, pero que a partir de ahora se encuentra más cercana. De hecho, las declaraciones de repudia al atentado de los más importantes líderes mundiales incluían propuestas en este sentido. Romano Prodi, presidente de la Comisión Europea, se ha comprometido a trabajar estrechamente con Estados Unidos para evitar que el terrorismo venza y que divida al mundo. Prodi ha reconocido que la cooperación antiterrorista es más necesaria que nunca y se comprometió a ayudar con todos nuestros medios. Bush no va a dejar pasar ese ofrecimiento después de declarar que Estamos ante la oportunidad de hacer prestar servicio a varias generaciones, uniéndonos para afrontar el terrorismo. De hecho, el Secretario de Estado Colin Powell, pronto inició las negociaciones para lograr el máximo número de apoyos posibles. Tenemos que hacer comprender a todo el mundo que esto es algo en lo que hemos de participar todos, declaró. De momento, ya ha logrado el compromiso de la OTAN y de Rusia a actuar en caso de conflicto. El presidente europeo Silvio Berlusconi fue uno de los primeros en reaccionar proponiendo la convocatoria de de una cumbre del G-8 para tomar medidas concretas contra el terrorismo; sin embargo, los apoyos a este frente común contra el enemigo invisible han llegado desde los lugares más dispares. El presidente cubano, Fidel Castro, también ha apelado a la necesidad de crear una conciencia mundial para luchar contra el terrorismo, al tiempo que recordaba que Ninguno de los problemas del mundo, ni siquiera el terrorismo, pueden resolverse por la fuerza y cada acto de fuerza, cada acción absurda de uso de la fuerza, agravará los problemas del mundo. En España, esas propuestas han sido todo lo firmes que cabía esperar. Tras el atentado, el jefe del Ejecutivo, José María Aznar, declaró que la agresión contra el pueblo y las instituciones de Estados Unidos es un ataque contra todos nosotros y añadió que la lucha contra el terror precisa de la colaboración de todos. Nadie debe considerarse ajeno cuando el terror se produce fuera de sus fronteras. Por su parte, el secretario general del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero, trasladó al Gobierno su disponibilidad para apoyar las decisiones que se adopten con el objetivo de preservar la seguridad, tanto en el ámbito nacional como internacional. Mientras, el ministro de Asuntos Exteriores, Josep Piqué, ante la avalancha de informaciones sobre la posible autoría de un grupo islámico, puntualizó la pasada semana: espero que no se aprovechen estas circunstancias de conmoción para ir en la dirección contraria a lo que debería ser el proceso de paz en Oriente Medio. Si, como parece pensar Estados Unidos, la masacre es obra del terrorista islámico,No deben producirse confusiones. No hay que confundirlo con todos los árabes. No es lo mismo Bin Laden que la intifada palestina, ha aclarado el portavoz socialista de asuntos exteriores Manuel Marín. España ante el conflicto. Las posibles consecuencias que el conflicto pueda tener en España son objeto de debate entre los expertos en política exterior debido a su condición de socio de la Alianza Atlántica y sede de dos bases aéreas que albergan a casi 3.000 militares estadounidenses Rota (Cádiz) y Morón de la Frontera (Sevilla). Rafael Calduch, catedrático de Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales de la Universidad Complutense de Madrid, recuerda que el papel de España es el que le corresponde como socio de la Alianza Atlántica y el que se desprenda de toda la colaboración que le pida Estados Unidos. Todavía está por demostrar la autoría de grupos arábigo-islámicos, pero si la hipótesis de algunos medios se confirma, el Gobierno español deberá actuar como mediador de los países árabes no involucrados para que no se adopten reacciones precipitadas e indiscriminadas. Mediación internacional. El también profesor del departamento de Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales, Najib Abu Warda, comenta que España, por situación geográfica, tiene la posibilidad de encabezar iniciativas mediadoras, fomentar la mutua comunicación e implicarse en el desarrollando de soluciones justas para los cuartos y los quintos mundos. Sin embargo, Carlos Berzosa, catedrático de Economía Aplicada de la Universidad Complutense considera que España era antes mucho más amiga de los árabes que ahora. Esa posición que tuvo con el PSOE con la celebración de la Conferencia de Paz en Madrid se ha perdido. La poca influencia que teníamos se ha despilfarrado por una muy mala política exterior. Por su parte, Miguel Martínez Cuadrado, catedrático de Derecho Constitucional y Cátedra Europea Jean Monnet señala la capacidad de nuestro país para impulsar una política propia dentro del sistema de la Unión Europea sin seguidismos ni antagonismos, ya que el próximo semestre España presidirá la UE. Mientras, el portavoz socialista de la Comisión de Exteriores en el Congreso de los Diputados, Manuel Marín, considera que nuestro país ya está posicionado como miembro del club de la OTAN y del club europeo. Los más escépticos dudan sobre la capacidad de decisión española ante la inminente reacción norteamericana. El catedrático de la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Complutense de Madrid, Antonio Elorza, comenta que va a ser fiel a las directrices de Washington defendiendo la política de Bush. Sin embargo, el catedrático de Relaciones Internacionales, Roberto Mesa, aclara que España no es ninguna primera potencia. Es un país acompañante y su papel, en un momento de crisis como éste, es de simple escudo. Alberto Reig-Tapia, profesor de Ciencia Política de la Universidad Complutense de Madrid, coincide con Mesa al afirmar que si se inicia un conflicto bélico nosotros tenemos bases americanas, lo que nos situaría en el objetivo enemigo. |
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Los enemigos de EE UU El Gobierno norteamericano ya ha confirmado, de forma oficial, que el millonario saudí, Osama Bin Laden, es el principal sospechoso de haber atentado contra Estados Unidos y sembrar la barbarie entre la población. El integrista islámico está considerado por el FBI el enemigo público número uno del país desde que fue acusado de atentar hace tres años las embajadas de Estados Unidos en Kenia y Tanzania con coches bomba y de atacar en 1993 las Torres Gemelas de Nueva York, hoy ya desaparecidas en aquel ataque murieron cinco personas. Diversas fuentes periodísticas aseguran que su fortuna personal, valorada en 38.000 millones de pesetas, le ha permitido financiar desde su centro de operaciones en Afganistán Bin Laden se esconde en algún lugar de este país el entrenamiento de un grupo de extremistas llamado Frente Islámico Internacional al que habrían acudido los principales grupos extremistas islámicos. Además, el millonario saudí advirtió hace pocas semanas que él y sus hombres llevarían a cabo un ataque sin precedentes contra Estados Unidos. Pero lo cierto es que el país norteamericano cuenta con numerosos enemigos internacionales que, tras el fin de la guerra fría, han incrementado un odio enraizado entre grupos extremistas islámicos después de la Guerra del Golfo o los bombardeos de Bagdag ordenados por George W. Bush. Países de Oriente Medio como Irán y Afganistán también han demostrado un virulento antiamericanismo y el propio presidente de Irak, Sadam Hussein, parece mantener una guerra personal contra el país americano, que le ha sometido a duras presiones y ataques desde hace dos décadas. Aunque fuentes oficiales de casi todos los países árabes y la autoridad palestina han condenado enérgicamente el ataque y han manifestado su oposición al terrorismo, Irak ha preferido guardar silencio. Más allá de las fronteras del mundo oriental, Estados Unidos se ha granjeado la enemistad de otros pueblos castigados por su política internacional. Este es el caso de Serbia, que desde 1990 ha sido objeto de duros ataques por parte, fundamentalmente, del país norteamericano. También en Latinoamérica el efecto de la actuación en el exterior de los distintos presidentes que han pasado por la Casa Blanca en las últimas décadas ha dado origen a un nutrido grupo de enemigos, entre los que se encuentran desde los castristas de Cuba hasta los narcotraficantes colombianos. Sin embargo, y a pesar de acumular numerosas rencillas, ninguno de ellos ha llegado a resultar sospechoso de la agresión terrorista, ya que no cuentan con los recursos ni la intención de cometer una masacre como la que vivieron los estadounidenses el pasado 11 de septiembre. |
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¿Y ahora qué? El ataque indiscriminado contra Estados Unidos plantea una incógnita entre la opinión pública de todo el mundo: ¿y ahora, qué?. El Siglo ha preguntado a expertos en política y sociología para tratar de esclarecer cuáles van a ser los derroteros por los que van a discurrir las futuras relaciones internacionales, que tendrán, según sus opiniones, que ser modificadas sensiblemente en sus planteamientos. Najib Abu Warda, Profesor de Derecho Internacional Público y RR.II.. La represalia militar no es la solución Este atentado no debería afectar a las relaciones internacionales con el mundo arábigo-islámico,, ya que en él todos los países coinciden en considerar la coordinación y la colaboración como los medios más idóneos para combatir el terrorismo. La sociedad internacional tiene que estar liderada por la ONU ya que cuenta con legitimidad para ello. Su objetivo debe consistir en acercar posturas y solucionar desigualdades sociales, así como en promover la cooperación mutua entre los pueblos y naciones. La solución no pasa por la represalia militar, eso no resuelve las tensiones. Carlos Berzosa, catedrático de Economía Aplicada. Acciones más contundentes de ayuda al desarrollo Si no se vuelve a dar un atentado de esta magnitud, no cambiará todo. Pero se ha hecho más evidente que hace falta una política dura para el terrorismo y otra de diálogo y negociación con las partes de los conflictos. Sin olvidar acciones más contundentes de ayuda al desarrollo. Son lamentables las imágenes de los palestinos celebrando la tragedia, pero responden a la situación que se vive allí. Rafael Calduch, Catedrático de Derecho Internacional Público y RR.II. El terrorismo no se ha valorado lo suficiente Es necesario cambiar algunos elementos esenciales de la definición de la política de seguridad de Estados Unidos y la OTAN. Esto ya aparece definido en el nuevo consejo estratégico aprobado en 1999. Sin embargo, se ha considerado secundaria la amenaza del terrorismo y no se ha valorado suficientemente. Se ha evidenciado que también la política de Estados Unidos debe ir orientada a la colaboración internacional en la lucha contra el terrorismo. Antonio Elorza, Catedrático de la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Complutense de Madrid. No se debe destruir el pluralismo Todos estamos de acuerdo en que hay que perseguir y exterminar a los terroristas. El mundo árabe practica una política suicida e inhumana porque su lógica política y religiosa legitima este tipo de respuestas. Sin embargo, antes de actuar, hay que delimitar quienes son. En la campaña electoral de Bush era visible que se iban a producir catástrofes a escala mundial. Ahora la prioridad consiste en recordar la necesidad de la lucha de la humanidad contra el terrorismo. La actuación política no debe ser un medio perverso que acabe destruyendo el pluralismo, esto no se debe promover desde el poder. Miguel Martínez Cuadrado, catedrático de Derecho Constitucional Es necesario revitalizar el papel de la ONU Hay que analizar la situación internacional y no se deben adoptar respuestas inmediatas. La globalización es un reto y la intolerancia no se puede mantener. Debe surgir un nuevo diálogo y es necesario revitalizar el papel de la ONU. Tanta culpa tiene el grupo de los 77 como los intolerantes y una reacción brutal de Estados Unidos no sirve para nada. Es necesario relanzar la declaración de San Francisco del 45 y la Declaración Universal de los Derechos del Hombre del 48. Roberto Mesa, catedrático de Relaciones Internacionales Mayores consecuencias que la caída del Muro Puede que estemos ante un ciclo absolutamente nuevo. Creíamos que la caída del muro de Berlín era muy importante, pero puede que estos atentados tengan mayores consecuencias. De momento, es seguro que Estados Unidos contestará al ataque. La única incógnita es la contundencia que desplegará. No hay que olvidar que las encuestas de opinión realizadas en Estados Unidos demuestran que la amplia mayoría de sus ciudadanos desean un fuerte castigo por parte de su país. Así, todo parece indicar una respuesta de gran dureza y contundencia sin descartar actuaciones contra algún gobierno. Eso sería precisamente lo más terrible. Lorenzo Navarrete, sociólogo La seguridad por encima de la diplomacia Sin duda va a cambiar la relación de las primeras potencias internacionales con los conflictos que generan reacciones o problemas en el seno de nuestra sociedad. Se tendrá cada vez más en cuenta la seguridad, por encima de aspectos diplomáticos. También surge la necesidad de anticiparse, por lo que se tratará de abordar los problemas en sus lugares de origen para intentar que no trasciendan. Alberto Reig-Tapia, profesor de Ciencia Política. El terrorismo ha de perseguirse hasta sus últimas consecuencias Hasta que a uno no le toca la china, parece que no se inmuta. No es el momento de hacer antiamericanismo, pero quizás esto haga reaccionar a Estados Unidos para que no ignore ciertos conflictos o problemas. Buena parte de los muertos son responsabilidad de los políticos y gobernantes que no hacen lo que debieran para solucionar conflictos. Tendrán que reconocer que tanto Estados Unidos como Israel hacen caso omiso de las recomendaciones de la ONU. El pueblo americano vive ignorante de lo que pasa fuera de sus fronteras, quizás esto les haga sentirse ciudadanos del mundo. Todo ello sin olvidarse de que el terrorismo ha de perseguirse hasta sus últimas consecuencias. Antonio
Remilo, catedrático de Derecho Público. Ojalá EE UU abogue por un mundo más justo Las consecuencias de constatar que el ser la primera potencia mundial no la hace inviolable, pueden ser muy graves. Ojalá estos terribles actos sirvieran, al menos, para que Estados Unidos cerrará el periodo actual que se inició con el abandono de los discursos de Bush padre abogando por un mundo más justo, lanzándose a una política de superioridad que se ha confirmado inservible para casos como este. Si entrara en la política de cooperación y fuera lo suficientemente valiente como para liderarla incluso, no siendo solo el guarda de la porra, podríamos entender que Estados Unidos se reengancha a 1990. Si este presidente da calor sólo a los métodos del pasado y vuelve a las represalias, estaremos en una nueva espiral que incluirá hechos como los sufridos. Todo esto es perfectamente compatible con una decidida persecución de los criminales. |
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¿Terrorismo o acto de guerra? La escalofriante dimensión de los atentados contra los Torres Gemelas y el Pentágono parece haber puesto sobre el tapete un debate del que dependerá, en buena medida, el tipo de respuesta por la que se decante el presidente Bush: ¿se trata de acciones terroristas o, por el contrario, son actos de guerra? En las tres comparecencias públicas que realizó el mandatario norteamericano a lo largo de la jornada en la que tuvieron lugar los sucesos, todas ellas marcadas por la cautela, el sentido general de sus palabras parecía apuntar en la primera dirección. Esto es, por estremecedor que fuera el número de víctimas, por colosales que fuesen los daños materiales y los efectos sobre la conciencia norteamericana, los Estados Unidos hacían frente a una agresión terrorista. Por consiguiente, el propósito de las autoridades no podía ser otro que el de identificar a los culpables y llevarlos ante la justicia. Es cierto que Bush también dijo entonces que tratarían por igual a los autores y a quienes les diesen cobijo lo que podía ser interpretado como una velada advertencia a algunos Estados, y que el Ejército norteamericano era fuerte y estaba preparado. Pero el tono de sus discursos dejaba en cualquier caso entrever que todavía buscaba responsables con nombres y apellidos. Al día siguiente, Bush y su Administración no hablaron ya de ataques terroristas sino de actos de guerra. Desde luego, las imágenes de desolación que se pudieron ver una vez disipada la nube de polvo que cubrió el escenario de la matanza les autorizaban a ello. Escombros, hierros retorcidos, edificios con puertas y ventanas rotas, avenidas fantasmales: bastaba hacer abstracción de la fecha para imaginar que aquella visión del horror no correspondía a Manhattan, sino a Dresde. Por otra parte, la evidencia cada vez más palpable de que Estados Unidos vivía bajo un estado de conmoción, con Wall Street cerrado, lo mismo que escuelas, estaciones y aeropuertos, hizo que poco a poco la noción de atentado fuese pareciendo insuficiente. Llegó así un momento en que resultó no sólo más apropiado, sino también más tranquilizador, considerar que cuanto estaban viviendo los americanos era consecuencia, no del delirio de unos asesinos, sino de una agresión perpetrada con el apoyo o la connivencia de un Gobierno. La consecuencia más relevante de este cambio en la catalogación de la tragedia reside en la respuesta que debería desencadenar: como acto de guerra, los atentados contra las Torres Gemelas y el Pentágono no claman por la detención de culpables con nombre y apellidos para llevarlos ante la justicia. Claman por una respuesta de guerra. Si finalmente ésta fuese la opción del Gobierno de Estados Unidos, el problema no sería sólo el de decidir a quién declarársela. Aparte de producir nuevas víctimas inocentes, una respuesta de guerra convalidaría retrospectivamente la brutalidad de los rusos en Chechenia o de los israelíes en los territorios ocupados. Y si la democracia viese mermada su legitimidad para condenar estas actuaciones, obligándose una vez más a usar ese doble rasero que invocan los terroristas como justificación de las suyas, el círculo infernal que acaba de devorar a tantos ciudadanos de Estados Unidos no habría hecho más que subir peligrosamente de grado. J. M. RIDAO |
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Nueva York se constipa y el mundo estornuda En general se ha optado por la cautela, pero a nadie se le escapa que las agresiones sufridas por Estados Unidos van a tener graves repercusiones económicas. Los analistas sólo esperan a ver cuánto de contundente es la respuesta americana a esos atentados para calibrar la gravedad, mayor o menor, de lo que le espera a la principal economía y a las que de ellas dependen, es decir, prácticamente al mundo entero. Repercusiones ya las ha habido. Primero porque las bolsas mundiales se quedaron sin el referente principal: Wall Street, que al cierre de esta edición aún no había reabierto sus puertas, dejando de negociar miles de millones de dólares. Los bombardeos tocaron en pleno corazón financiero del mundo. No sólo a la Bolsa de Nueva York, sino que en las Torres Gemelas se encontraban la sede de centenares de empresas que en buena medida dirigen la economía mundial. El que las autoridades decidieran cerrar el espacio aéreo ha hecho perder cientos de millones de dólares a las compañías de todo el mundo. Sólo las aerolíneas estadounidenses mueven al día 65.000 millones de pesetas. A esa falta de ingresos habrá que sumar los gastos derivados de la indemnización y alojamiento de los pasajeros que tuvieron que quedarse en tierra y la previsible reducción de clientes atemorizados por lo ocurrido. Siguiendo con indemnizaciones, las aseguradoras, obviamente, son las más afectadas. Ninguna se atreve, de momento, a hacer números, pero los desembolsos por desperfectos físicos, fallecimientos y desaparición de negocios amenazan con llevar a la pobreza a más de una compañía. El sector turístico, en general, va a ser el otro negocio, que según los analistas va a pasar más penurias. Todos estos factores han sido tomados en cuenta por las bolsas del mundo, que del pánico inicial poco a poco se han ido sosegando sin perder de vista lo que se avecina en el medio plazo. Hay que recordar que la economía estadounidense, después de cerca de diez años con crecimientos importantes, lleva 18 meses en desaceleración, sorteando una recesión que todavía era incierta. Sin embargo, después de estos atentados, la tan temida recesión se encuentra, desgraciadamente, un poco más cerca. Los expertos coinciden que la reacción natural ante un periodo de incertidumbre es disminuir el consumo y aumentar el ahorro y la contracción del consumo interno en EE UU puede acabar afectando al resto de las economías occidentales. Después de todo, el motor del comercio internacional es el consumo estadounidense, que representa cerca del 15% del PIB mundial. Contra eso temores luchan las voces tranquilizadoras de las Instituciones Internacionales. El Banco Central Europeo (BCE), la Comisión Europea o el Comité Económico y Financiero de la UE descartan públicamente la recesión, ni en Estados Unidos ni, mucho menos, en Europa. Sin embargo, el Comisario Europeo de Asuntos Económico, Pedro Solbes, ha admitido que se siente más pesimista que hace una semana, cuando ya anunció que la zona euro crecerá este año probablemente por debajo de su potencial, cifrado en torno al 2,5%. |