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Nº
470
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16/07/2001
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Peleas
por acercarse al líder |
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El equipo “de aluvión” –como coinciden en calificarlo buena parte de sus miembros– que acompañó a Zapatero en la sorprendente toma de poder del partido todavía no tiene un mapa de poder claramente definido. Y ése es el problema, a decir de quienes saben la temperatura y el ambiente de los despachos cercanos al secretario general. A los pocos meses de haber ocupado esos despachos una operación de imagen, alentada por algunos miembros de la Ejecutiva, encendió el primer foco de tensión. Un reportaje en el diario El País hablando de “los maitines” de Zapatero, en alusión al restringido sanedrín que, supuestamente, aconsejaba e influía en el líder en una reunión convocada cada lunes, dio lugar a la rebelión de quienes no se vieron incluidos y de los que, aun siendo citados, renegaban de semejante condición invocando “el nuevo estilo” de hacer las cosas que se pretendía instalar en el partido. Los ecos de esta primera pelea llegaron a las federaciones más importantes y dirigentes de las mismas colaboraron con quienes desde Ferraz querían cortar de raíz este primer intento de aupar a algunos miembros de la Ejecutiva por encima de otros. El antídoto comenzó a aplicarse con rapidez en dosis efectivas: “Zapatero es de equipos”, “despacha con cada uno según los temas”, “no hay reunión de estrategia política semanal”, “ni siquiera ha querido convocar una sola vez la Permanente, siempre convoca a toda la Ejecutiva para que se decidan las cosas colegiadamente”… eran los mensajes trasladados a los medios oficial y oficiosamente. La realidad, constatada por varios de quienes acuden a estos encuentros, es que Zapatero sólo acudió al primero –“y estuvo leyendo el periódico la mayor parte del tiempo”, afirma uno de los presentes-, y que, por motivos de agenda de varios de los convocados, hace dos meses que no tienen lugar. El nonato “ejército zapatista”. El “error de los maitines”, como lo llaman quienes conocen cómo se desarrolló el episodio, podía no haber pasado de ser considerado un patinazo de algunos miembros de la Ejecutiva. Sin embargo, aún hoy se viven las tiranteces de aquel enfrentamiento porque su calado era, y es, mucho más profundo. “Ahora nadie asume que participara en el intento de creación de un auténtico “ejército zapatista”, porque no salió, pero el intento existió, aunque fue abortado”, explica un alto cargo de una de las federaciones más importantes del PSOE. Este dirigente se refiere a los intentos de parte de la recién elegida Ejecutiva de dirigir los congresos regionales posteriores al Federal y, en definitiva, intentar colocar a “hombres de Zapatero” en las secretarías generales donde no hubiera un candidato claro. José Blanco, el secretario de Organización, fue, según todas las fuentes consultadas, el protagonista de la operación y, por lógica, dadas sus funciones, quien salió entonces peor parado. Enfrente de las posiciones proclives a influir en los territorios estaría otra de las personas que, por organigrama, está más cerca del secretario general: su jefe de gabinete, José Andrés Torres Mora, que defendió la opción de dejar hacer y no embarcarse en semejante ofensiva. “Entre ambos existe, y se mantiene desde entonces, una tensión nada beneficiosa para la organización”, apunta un cargo socialista conocedor de lo que pasa en Ferraz, “dado que hablamos de dos de las personas que están más cerca del líder”. Torres Mora, un sociólogo también cuestionado en ciertos sectores del partido como responsable de los mensajes más “dulces” y menos “combativos” contra el PP de Rodríguez Zapatero, habría afianzado su posición tras el Debate sobre el Estado de la Nación, del que, con su inspiración, el líder ha conseguido salir indemne. Entre las escaramuzas de esta batalla por el poder territorial estaría el escándalo del congreso de la Federación Socialista Madrileña, donde resultó elegido Rafael Simancas frente a José Antonio Díaz, discretamente apoyado desde Ferraz, o el episodio de Valencia, donde la Secretaría de Organización quiso impulsar a un dirigente distinto al secretario general regional, José Luis Abalos, uno de los primeros en manifestarse a favor de Rodríguez Zapatero antes del Congreso Federal para, finalmente, resultar elegido Joan Ignasi Pla. “También se quiso influir en Galicia, en Asturias, y en otros sitios… Pero, finalmente, se dieron cuenta que acababan de llegar, y que aún no tenían el poder suficiente”, añade una de las fuentes consultadas lejos de Madrid. Quienes miran con atención cada movimiento de Ferraz señalan que, en definitiva, el equipo de Zapatero asiste a sus primeras peleas por el reparto del poder y que contar con dirigentes territoriales fieles era una baza fundamental que Blanco no quiso dejar de jugar. Esta primera refriega ha dejado algunas heridas. Para unos podrían haber debilitado al secretario de Organización a quien, sin embargo, buena parte del partido reconoce olfato y habilidad, condiciones indispensables para su puesto y que le darán la autoridad que “su juventud”, según algunos críticos, le hizo tomar antes de tiempo. Otras fuentes, sin embargo, señalan que la Conferencia Política del próximo viernes será su consagración, ya que se escenificará el consenso sobre las nuevas normas de organización interna que tan trabajosamente ha conseguido Blanco en muy poco tiempo. Al margen de estas opiniones, su relación con Zapatero no parece haber sufrido merma alguna . “Si hay que hablar de alguien cercano a Zapatero sólo se puede hablar de dos personas: Caldera y Blanco, los demás pueden ser nombres efímeros”, explican desde Ferraz. Por otra parte, “el secretario general no se mete en estas peleas, y hace bien”, señalan quienes han visto su evolución durante este año y coinciden en calificarlo como “un hombre serio, familiar y de pocos amigos”, lo que debilita los intentos de formar grupo a su alrededor. El único al que distintas fuentes señalan como su único “amigo” dentro del equipo es Jesús Caldera, el portavoz parlamentario y para muchos el otro “número dos” del partido. Caldera y Zapatero comparten escaño desde hace años y trayectoria política, además de edad y origen castellano –Salamanca y León son sus ciudades de origen-. Curiosamente, a pesar de esta posición, Caldera no tiene despacho en Ferraz. Zapatero no le incluyó en su Ejecutiva para reservarle como bastión parlamentario y cuando acude a la sede madrileña suele ocupar el despacho de Torres Mora, el único que está al lado del del secretario general, en la cuarta planta, con las puertas frente a frente separadas por el puesto de su secretaria, Gertrudis Alcázar, una persona a la que ya han empezado a señalar algunos como alguien a tener en cuenta. (Ver recuadro “Gertru, la nueva Piluca”). Mientras Caldera sostiene el segundo foco de poder del PSOE en el Congreso, en Ferraz, otros miembros de la Ejecutiva también hacen sus pinitos para colocarse de cara al futuro. Entre quienes tienen su posición más sólida en estos momentos la mayor parte de las fuentes consultadas señalan a Álvaro Cuesta, encargado de Política Municipal, a quien su larga trayectoria en el Congreso, aunque en esta legislatura se quedara a las puertas del escaño, le sitúan como alguien de entera confianza tanto de Caldera como de Zapatero. Es más. Su función como coordinador de alcaldes y líderes locales de cara a las cruciales municipales de dentro de dos años le estaría haciendo asumir una especie de “contrapoder” a la Secretaría de Organización que algunos interpretan interesadamente. También Juan Fernando López Aguilar, el factótum del Pacto sobre la Justicia, es otro de los actuales hombres “que cuentan” en los alrededores de Zapatero, como lo es Carme Chacón, la responsable de Educación y Cultura. “Zapatero despacha y se dejar influir por sus opiniones en cada una de las áreas que controlan”, señala un cargo de Ferraz, coincidiendo con el parecer general de que el nuevo líder no tiene aún “grupito de confianza”. Otros “ejecutivos” que también “están haciendo bien su trabajo” serían Micaela Navarro, responsable de Igualdad, o Enrique Martínez, encargado de Comunicación Interna, uno de los más jóvenes del equipo y que estaría “sumando puntos” ante Zapatero por su ímpetu y su trabajo, al igual que Leire Pajín, la más joven del equipo, responsable de ONG.s y Movimientos Sociales. Dos personas, sin embargo, crean disparidad de opiniones en el conjunto de la organización. Son dos pesos pesados, dos de los que empujaron desde el principio a Rodríguez Zapatero a disputar el liderato. Dos de los considerados “ideólogos de la ya enterrada “Nueva Vía”: Trinidad Jiménez y Jordi Sevilla. La primera mantiene una clara sintonía con el líder. Tiene su despacho en la cuarta planta, la del secretario general –la única de la Ejecutiva con tal distinción, aunque por razones meramente históricas de distribución de la sede- pero lucha contra dos handicaps importantes. El primero: su responsabilidad, el Área Internacional, no es de gran brillo social ni de relevancia interna en el partido. Y, el segundo, su estilo personal ni su historia gusta en la tradición socialista. “Hay una importante componente machista en el hecho de que Trini sea cuestionada”, señala una fuente de Ferraz. Que dé bien ante la prensa o sea atractiva ha sido interpretado en clave interna como un defecto, “cuando lo lógico es que estuviera siendo aprovechada para captar al votante de un nicho social al que el PSOE no llega”, señala un dirigente regional. El hecho es que, según un sector importante, Trinidad Jiménez, aunque mantiene buena conexión personal con el líder, se mantiene un tanto aislada en el reconocimiento de la organización y ello la está impidiendo ocupar el puesto que, en un principio, parecía tener reservado en la cúpula. El otro nombre es Jordi Sevilla. Hombre mucho más importante en cuanto a responsabilidad política, dado que se encarga del diseño de la estrategia económica, su posición ideológica –más liberal de lo que algunos desearían-, y sus orígenes escasamente conectados con la organización –sólo fue candidato en la última campaña por Castellón aunque había trabajado desde antiguo en la asesoría económica del grupo parlamentario- le están complicando su ascenso. Otros nombres importantes pero que aún no han encontrado su sitio se encuentran entre “los mayores” de Nueva Vía. Ahí encontramos a Antonio Cuevas, adjunto a Caldera en el grupo parlamentario, cercano a los 50 años pero que, desde el principio, apostó decididamente por el recambio generacional que suponía Zapatero. “José Luis le tiene como uno de los suyos, pero, dado el reparto de funciones, Antonio se ve constreñido entre Ferraz y Caldera”, explica un miembro del grupo parlamentario, que, no obstante, añade que es una pieza fundamental en el engranaje que maneja el portavoz socialista. En este grupo también citan quienes saben a Víctor Morlan, otro de los “fieles” del principio, que habla con confianza con el secretario general cuando se encuentran pero que aún no tiene un puesto claro que ocupar en el nuevo reparto del poder. En el mismo sentido se habla de Alfredo Pérez Rubalcaba, el ex-ministro que no optó por él en el Congreso, pero que, fielmente, trabajó a su vera en sus primeros pasos en el ámbito de la política antiterrorista. “Ya no se le ve por Ferraz”, afirman quienes saben. “Pero cuando sea necesario, Zapatero volverá a contar con él. Es su estilo”, añade un cargo de Ferraz. Otro foco de incipiente poder, que a los que siguen con adicción el camino de Zapatero les mantiene inquietos, es la agrupación socialista de Las Rozas. Desde que el secretario general socialista instalara su domicilio madrileño en este municipio –tal como desveló El Siglo en su número 453- no son pocos los que miran de reojo a los dirigentes del partido de este pueblo del noroeste de la capital. Después de que las pasadas navidades Rodríguez Zapatero y su familia se mudaran a un piso de Las Rozas, donde viven Jesús Caldera y José Blanco, los comentarios sobre la cercanía de sus líderes locales son lugar común en el PSOE y la siempre complicada FSM. Celos de las Rozas. “No os preocupéis por Ramón Moreda, que sólo pretende ser alcalde de Las Rozas”, asegura un dirigente de la federación madrileña que dijo a sus compañeros sobre el ascenso del secretario general de la agrupación ronceña que, además, fue nombrado por Zapatero gerente del partido tras el Congreso y tiene despacho en Ferraz. Tras su traslado a Las Rozas el nuevo líder socialista asistió a una cena con militantes en el mes de mayo donde, según algunos de los presentes, al tiempo que Moreda sorprendía con uno de sus primeros discursos como líder local, se hacía evidente el entusiasmo de los dirigentes madrileños por estar “cerca del jefe”. “Hubo quien, al no haber sido invitado, se pagó su cubierto con tal de no perderse el evento”, señala uno de los organizadores. Lo que es cierto es que Zapatero comienza a ser considerado una estrella dentro del partido y, para exasperación de muchos, asiste impertérrito a las maniobras de aproximación a su persona. No son pocos de entre los que le tratan los que comentan asombrados sobre su ya conocida tranquilidad. “Lo llevará por dentro, pero parece que nada le perturba”, afirman. Es esta aparente frialdad la que parece mantener en un estado de gracia a Ferraz y a la organización en su conjunto. “Todos sabemos que José Luis llegará a ser presidente de Gobierno antes o después”, concluye un alto cargo territorial. Ésta es la ilusión y el “problema” del actual PSOE. Comienza a olfatearse poder y nadie quiere quedarse fuera. |
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Sonsoles, la única cercana Quienes, a un año vista de su nombramiento, hacen elucubraciones con información fundada sobre los que están más cerca del secretario general socialista no pueden más que coincidir en que la única persona que cuenta, de verdad, para el nuevo líder, es su mujer, Sonsoles Espinosa. Desde que se trasladaran a Madrid, previa venta de su piso en León –“una apuesta en toda regla”, afirman sus allegados-, Sonsoles renunció a su vida laboral en León y aún hoy no ha conseguido el trabajo que la devuelva a su ritmo vital anterior. Según quienes conocen a la pareja, ella se está preparando unas oposiciones relacionadas con la música y el canto, su profesión –es soprano y en León daba clases de canto además de pertenecer a un coro-, para que no pueda especularse con que la han buscado un trabajo por ser quien es. La unidad de la pareja es tan firme que, finalizado el curso escolar, sus hijas, Alba, de siete años, y Laura, de cinco, se han trasladado con sus abuelos maternos a la costa alicantina y Sonsoles, a pesar de no trabajar, se ha quedado en Madrid con su marido. Cuando el líder socialista tome vacaciones es previsible que se traslade también a la costa –“siempre ha veraneado en la playa, le gusta el sol y el calor”, aseguran quienes les conocen- aunque también se sabe que puede hacer un viaje a Galicia, donde tiene una prima muy allegada. “José Luis es de una familia muy sólida”, explica uno de sus cercanos. “Tras la muerte de su madre anda muy pendiente de su padre. De hecho, le llamó minutos antes de comenzar el Debate de la Nación para tranquilizarle en un gesto que a todos nos dejó pasmados por su frialdad”, informa uno de los que conocen cómo fueron aquellas horas. Este talante “frío” del líder socialista complica mucho dibujar sus círculos de poder. “En esto no tiene nada que ver con Felipe”, añade un dirigente que conoce a ambos. “ Felipe era andaluz, al que, al principio, al menos, le gustaba el trato de amigos. Sin embargo, Zapatero es castellano, serio, hasta aburrido y, en este carácter, casi parecido a Aznar”, explica la misma fuente a la que se le hace difícil saber dónde tiene sus preferencias dentro de la Ejecutiva. |
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“Gertru”, la nueva “Piluca” Nadie en Ferraz desconoce ya quién es “Gertru”, la secretaria de José Luis Rodríguez Zapatero. Esta mujer de 34 años lleva desde 1988 trabajando en Ferraz al servicio de sus dirigentes. Lo hizo primero con Ludolfo Paramio, cuando éste era el secretario de Formación de la Ejecutiva y, posteriormente, su reconocida intuición política la ascendió a la planta noble cuando Joaquín Almunia accedió a la Secretaría General. Cuando éste era el número uno del partido ejerció de segunda de la secretaria habitual del ex-ministro y hoy presidente de la Comisión de Presupuestos del Congreso, Concha, que, tras su dimisión, abandonó Ferraz con él. “Gertru” –Gertrudis Alcázar- mantuvo su puesto con Chaves como líder interino y nada más aterrizar Rodríguez Zapatero, quien no la conocía, tuvo a su favor la excelente opinión que de ella existía en la casa –“es muy trabajadora”, “es una mujer excepcional”, dicen quienes la conocen- y, fundamentalmente una: el recién nombrado jefe de gabinete de Zapatero, José Andrés Torres, había compartido espacio de trabajo con ella en la secretaría de Paramio y le aseguró al nuevo jefe que era la persona que necesitaba en su antedespacho. Un año después “Gertru” es considerada por algunos la “Piluca Navarro” de Zapatero, en alusión a la fiel secretaria que durante años acompañó el recorrido político de Felipe González. Aunque las separa una gran diferencia: “Gertru” es militante del partido desde hace años y tiene una fidelidad a la organización y una visión política que no tenían ni Piluca ni Concha”, explica alguien que conoció a las tres. Un dato corrobora esta impresión: Gertrudis Alcázar militaba en la FSM hasta que pasó a ser secretaria del secretario general. Entonces decidió trasladar su carné a su pueblo de origen, Daimiel. “No se puede militar con libertad si estás en un puesto tan sensible al lado del líder”, aseguran que argumentó a sus amigos. |