Inmaculada
SANCHEZ
Es que ahora la figura de
Aznar es muy fuerte y ensombrece a todos los ministros". Así
intenta explicar una fuente informativa habitual de La Moncioa la distancia
cada vez más nítida que en el PP se percibe de las relaciones
del presidente con sus más cercanos.
No sólo Rato ha perdido buena parte de la capacidad de influencia
que antaño tuviera sobre el presidente -la sintonía personal
no ha fallado pero la política ya no es lo que era", aseguran
quienes conocen su trato-. También Mariano Rajoy, ascendido en
esta legislatura a la primera vicepresidencia y hasta ahora mismo considerado
el más cercano al presidente, está viéndose desplazado
de La Moncloa debido a su obligada dedicación a la lucha antiterrorista
como ministro de Interior.
Precisamente, ha sido el traslado de Rajoy a la cartera dejada vacante
por Mayor Oreja para acudir como candidato del PP a las elecciones vascas
el que ha dejado en evidencia el silencio que acompaña a muchas
estancias del complejo presidenciaL El vicepresidente mantiene su despacho
en La Moncloa pero apenas tiene tiempo ahora para ocuparlo.
Nadie lleva ya la cuenta de la asiduidad de los maitínes
-aquella reunión creada por Fraga con el nombre de la oración
monacal antes del amanecer y que su ahijado Aznar copió con singular
éxito en Génova primero y en La Moncloa después-
aunque todas las fuentes consultadas confirman que el nivel de sus decisiones
ha bajado considerablemente. Si en sus primeros tiempos era el sanedrín
formado por el secretario general, el portavoz en el Congreso, los vicepresidentes
y el antaño poderoso secretario de Estado de Comunicación
quienes comentaban con el presidente cada comienzo de semana por dónde
debía ir la estrategia gubernamental y de partido, ahora, aunque
los cargos se mantienen el peso político del grupo ha caído
vertiginosamente.
Así, junto a Rajoy y Rato, con las ya citadas mermas en sus respectivas
capacidades de maniobra frente a Aznar, ocupan sitio en la reunión
de los lunes Javier Arenas, quien, a pesar de su creciente asentamiento
en la Secretaría General del partido, no logra ocupar el espacio
que en tiempos tuvo Cascos, y Pío Cabanillas, el ministro portavoz
que, en opinión de la mayor parte de los consultados, apenas
ha conseguido ejercer de mero acompañante de Aznar en viajes
y ruedas de prensa.
El recién llegado, Juan José Lucas, sí ha conseguido
"cambiar la liturgia de La Moncloa", en palabras de una fuente
bien informada, debido básicamente a su amistad personal con
el presidente, pero aún está por ver el calibre de su
influencia. Más bien, según quienes conocen cómo
transcurre la vida en el palacio monciovita, Lucas ha empezado a ocupar
una plaza de "asistente de Aznar" ya que, a falta de Rajoy,
que era en quien el líder delegaba todo tipo de asuntos de calado
político, ahora es el ministro de Presidencia quien suele mantener
informado al presidente de todo lo que éste requiera.
"Pero, claro, Lucas no es vicepresidente, el vicepresidente sigue
siendo Rajoy",
explican en el PP, evidencia que mantiene rebajado de nivel el peso
del ministro más novato.
¿Dónde se encuentra, entonces, el círculo de confianza
del presidente? Discurre por todos pero no se cierra en ninguno. Los
años de Gobierno y, sobre todo, la relativa cercania de su sustitución
-la "cuestión sucesoria"- esán dejando a Aznar
a merced de ese aislamiento del poder al que siempre afirmó se
resistiría con ese cliché de ".hombre corriente'
que tanto cultivó durante sus campañas. Sin embargo, la
realidad de su liderazgo se está mostrando bien distinta.
"Aznar seguirá convocando los maitines y mantendrá
a los cuatro o cinco fieles cerca de él. Precisamente, hasta
que no tenga resuelta la sucesión, necesita controlar a los que
pueden aspirar a ella para que nadie se salga del guion", añade
un conocedor de los despachos monciovitas que ya tiene detectado el
ambiente de pugna, adulación y desconcierto en que se mueven
su otrora equipo de confianza.
Es en este circuito en el que sitúan distintas fuentes de] PP
los movimientos que ya se están produciendo acerca de los futuros
candidatos a las próximas elecciones municipales y autonómicas,
previstas para 2003. El aparato de Génova está impulsando,
con su capitán, Javier Arenas a la cabeza, la candidatura de
las figuras más señeras del partido a los carteles electorales
de las plazas que el nuevo PSOE de Rodríguez Zapatero podría
poner en peligro con sus nuevos candidatos.
Esta lógica estrategia, sin embargo, se interpreta en algunos
círculos aspirantes a la sucesión de Aznar como un regalo
envenenado y que habrá que calibrar en su justo momento -"hoy
por hoy todo está en movimiento y nadie sabe lo que pasará
dentro de un año", intentan explicar en un cada vez más
confuso PP-.
Así, como interesados pasos en clave sucesoria, se están
interpretando en el PP las informaciones procedentes de Génova
asegurando el interés del partido en presionar a los presidentes
de las autonomías de Madrid y Valencia, Alberto Ruiz-Gallardón
y Eduardo Zaplana, para que repitan como candidatos a pesar de haber
hecho pública su intención de no estar más de ocho
años en su puesto al igual que Aznar.
Hace escasamente un mes una información en el mismo sentido publicada
en El Mundo incluía a todos los actuales presidentes autonómicos
del PP y excluía a Ruiz-Gallardón, el único que
hasta ahora ha hecho explícito su interés por optar a
la sucesión de Aznar con lo que se ha ganado enemistad eterna
con Génova y La Moncloa. Ahora, la inclusión del presidente
madrileño en la arremetida de Génova está siendo
explicada por distintas fuentes como el resultado de las encuestas que
el partido está realizando en las autonomías sensibles
y que recomiendan no cambiar de candidato.
Este "reconocimiento" al tirón electoral de Ruiz-Gallardón
podría hacer recapacitar al presidente madrileño, quien
ya ha dicho que se planteará su futuro "con el partido".
Con Eduardo Zaplana, otro aspirante no confeso al delfinato la rumorología
es abundante, pero todo apunta a que su "ciclo valenciano"
pretende concluir en 2003.
Otros ministros parecen también "destinados" a nutrir
los carteles electorales de las municipales y autonómicas de
dentro de un par de años. Con Rato ya hay apuestas de si será
el sucesor de Álvarez del Manzano en la capital del reino o preferirá
la candidatura a presidente de la autonomía si Gallardón,
finalmente, se retira como prometió, aunque también una
parte significativa del partido continúa contando con él
de cara a la sucesión de Aznar a pesar de su autoexclusión
pública de hace unos meses. El titular de Medio Ambiente, Jaume
Matas, será convocado, con toda probabilidad, a ocupar la candidatura
del PP a la presidencia balear y fuentes cercanas a La Moncloa aseguran
que "habrá más ministros" en los carteles electorales
de 2003.
A nadie le extrañaría, ya que las municipales y autonómicas
han sido utilizadas tanto por el PP como por el PSOE como el escalón
básico para entrar en La Moncloa y, hace ahora seis años,
en las del 95, Aznar forzó a algunos de sus diputados estrella
y ministrables a sacrificarse por el partido y alejarse de Madrid para
conquistar alcaldías. Tanto Luisa Fernanda Rudí, que llegó
a ser alcaldesa de Zaragoza, como Celia Villalobos, anterior alcaldesa
de Málaga, tuvieron su recompensa en esta legislatura. La primera
preside el Congreso de los Diputados y la segunda es ministra de Sanidad.
Pero todo es distinto si en 2004 lo que se juega es el mismísimo
candidato a La Moncloa.
No es de extrañar que en este laberinto de posibilidades la cercanía
a Aznar sea tan cotizada. Y que el presidente, consciente de su situación,
se haga, cada día, más autista.