Ana PARDO DE VERA
El disgusto y la desolación, por ellos mismos expresados, de
los miembros de la Conferencia Episcopal Española (CEE) después
de publicarse la información que le achacaba al cardenal Rouco
Varela la intención de excomulgar a los etarras -rotundamente
falseada, según portavoces de los obispos-, han condicionado
las relaciones de la Iglesia con el Ejecutivo, que a partir de ahora
"irán lentas", asegura un representante de la CEE.
Pero, al parecer, ésta sólo es la gota que ha colmado
el vaso, ya que, aunque "humanamente cordial', el trato entre el
presidente del Gobierno y el del máximo órgano de los
prelados en nuestro país se reduce a mínimos, con dos
reuniones desde 1997, una oficial y otra privada. Además entre
muchos de los miembros de la CEE circula la conviccion de que la noticia
de la hipotética excomunión a ETA salió de La Moncloa,
del entorno de la reunión entre Aznar y Rouco. "¿De
dónde si no?", argumentan fuentes cercanas al cardenal.
"Desconfianza" es la palabra que define, según las
mismas fuentes, la actual relación entre el jefe del Ejecutivo
y el arzobispo de Madríd. "Rouco es un hombre de ideas profundamente
conservadoras, de derechas, siempre lo ha sido, pero consciente de que
la iglesia aloja diferencias abismales de ideología entre sus
miembros', sostiene una persona muy cercana al cardenal, y, consecuente
con ello, ha de desempeñar el importantisimo papel que se le
ha encomendado en la Iglesia española. "Es conservador,
pero, ante todo, es un demócrata", por lo que pretender
que la CEE, y en consecuencia su presidente, se pongan sumisamente de
parte del Gobierno", es un absurdo y una muestra más del
"autoritarismo de Aznar, Rouco lo sabe", asegura un miembro
de su entorno.
La política antiterrorista y el miedo de la sociedad a ETA son
las bazas que, según fuentes eclesiales, emplea el Gobierno para
tratar de poner a la Iglesia "a su vera", cuando lo que en
realidad intenta el Partido Popular es "machacar el nacionalismo,
y especialmente el vasco". Primero se pretendió que la Conferencia
Episcopal firmase el Pacto Antiterrorista de PP y PSOE, acusando de
"tibieza" con el terrorismo a la Iglesia por negarse a suscribirlo,
lo que provocó duras críticas de la opinión pública
a la Iglesia católica. El Gobierno templó posteriormente
su posición hacía los obispos y Aznar recibió a
Rouco en privado en La Moncloa. Según un portavoz eclesiástico
era lo lógico, porque la Iglesia, que siempre ha manifestado
su rechazo absoluto a la violencia, no iba a rubricar un acuerdo puramente
político", aunque lo apoyase al cien por cien. Sin embargo,
tras el encuentro, la situación empeoró. Quienes conocen
bien a Rouco Varela, afirman
que para el cardenal gallego, "totalmente en desacuerdo con los
nacionalismos, pero consciente de su existencia y respetuoso con sus
principios ideológicos", el presidente del Gobierno no es
más que "un nacionalista español". "Y Rouco
nunca apoyará el nacionalismo, ni el vasco, ni, más allá,
el español de AznaC.
Esta vena anti nacionalista le viene a Rouco de su época universitaria,
cuya etapa final pasó en Alemania "muy metido en círculos
demócrata-cristianos". El actual presidente de la Conferencia
Episcopal no dudaba en aconsejar a sus amistades locales más
cercanas que no hablasen en gallego, "que es muy paleto` e, incluso,
durante su estancia en Alemania, manifestó en una ocasión
que se sentía "más cómodo hablando alemán
que gallego". Y ahora, el prelado se encuentra, como presidente
de la Conferencia Episcopal, un rechazo al nacionalismo por parte del
Gobierno del PP mucho mayor que el que él pudiera haber sentido
alguna vez, "un deseo firme de aniquilarlo", disfrazado, según
fuentes muy próximas a Rouco, de "falsa firmeza, pero sin
que el cardenal deje de percibir el autorita~ rismo subyacente".
A pesar de su talante conservador, el arzobispo de Madrid no puede negar
la evidencia que supone el arraigado sentimiento nacionalista de una
parte importante de la Iglesia, "y no digamos en la del País
Vasco, en donde los curas nacionalistas tienen una fuerza moral impresionante".
Así que Rouco Varela -'un hombre de mundo y de amplias miras"-los
respeta y actúa con coherencia ante esa "descentralización
de la Iglesia, mucho mayor de lo que la opinión pública
cree". Gente que trata al arzobispo de Madrid con asiduidad asegura
que la derecha de Rouco "sí tiende al centro en algunos
aspectos, y no la derecha autoritaria de Aznar" y un ejemplo claro
de esa inclinación del prelado, para estas fuentes próximas,
es "la poca simpatía que le tiene al Opus Dei".
Las relaciones del actual arzobispo de Madrid con el Partido Popular
empezaron a ser una constante cuando Manuel Fraga accedió a la
Presidencia de la Xunta y Rouco Varela era ya arzobispo de Santiago
de Compostela. Sin embargo, y aunque los dos son naturales de Vilalba,
Lugo, y ocupaban simultáneamente cargos de mucha responsabilidad
en Galicia, su relación ha estado marcada por las reuniones estrictamente
necesarias y una cordialidad que nunca dio pie a efusividades personales.
"Es más -asegura una persona cercana al cardenal-, cuando
era cura, Rouco no simpatizaba con la politica de Fraga de la Transición.
Aunque hoy sí tengo la certeza de que le votará".
Contra la manipulación mediática.
Por otra parte, un aspecto que sí trae de cabeza al presidente
de la Conferencia Episcopal es, según fuentes de su entorno,
la política de utilización de los medios, sin precedentes,
que está ejerciendo este Gobiemo". El ejemplo más
evidente de esta manipulación, según las mismas fuentes,
es la supuesta excomunión que, publicó El Mundo,
el cardenal Rouco Varela iba a llevar a cabo con los miembros de ETA.
"Un diario pro Gobierno, para una información pro Gobierno
y, encima, falsa", que la Conferencia Episcopal se ha encargado
de desmentir de forma inmediata en un comunicado y en posteriores declaraciones
de varios de sus portavoces.
Representantes de la Conferencia Episcopal han asegurado a esta revista
que todavía no se explican de dónde ha podido salir esta
información que, ni siquiera, a pesar de que así se anuncia
en su contenido, "está contemplada en ningún orden
del día de la asamblea plenaria" de esta semana. "Por
supuesto -sostiene el mismo portavoz-, existe un apartado en el transcurso
del plenario, que se llama "Asuntos de Seguirmento", en el
que se abordan los temas de actualidad. Entre ellos, obviamente está
la situación en Euskadi, como no podía ser de otra forma".
El máximo órgano de los prelados no se explica, dicen
sus representantes, a qué ha venido esta noticia, "ya que
la excomunión no nos compete y, además, francamente, creemos
que a ETA semejante actuación le haría mucha gracia, pero
no le afectaría en lo más mínirno'. La procedencia
de la información se desconoce, aunque la Conferencia Episcopal
ni confirma ni desmiente que venga del entorno del último encuentro
privado entre Rouco y Aznar en la Moncioa, el pasado mes de marzo. Fuentes
no oficiales vinculadas a la CEE, en cambio, sí están
convencidas de que la noticia provino de ahí, "porque no
hay otra vía".
El plenario de los obispos que tiene lugar esta semana se enfrenta a
la crisis más grave entre Iglesia y Ejecutivo desde que el PP
alcanzó el poder en el 96. La diferencias entre el Gobierno y
la CEE se han ido acrecentando desde que los populares alcanzaron la
mayoria absoluta, tal y como demostró en su día la negativa
de la Iglesia a rubricar el pacto antiterrorista de PP y PSOE y las
duras criticas que esta determinación le trajo por parte de Gobierno
y oposición, especialmente en boca del vicepresidente Rajoy.
A pesar de todo, Javier Arenas, inquirido por las relaciones de su partido
con la Iglesia las califica de "normales", aunque reconoce
"cierta confusión" por el rechazo de la Iglesia a firmar
el citado pacto contra el terrorismo, pero que ya está superada.
El Gobierno en ningún momento quiso pronunciarse sobre la información
de la supuesta excomunión a ETA, pero sí lo hizo el PNV.
Anasagasti, su portavoz en el Congreso, asegura que hay quien "busca
siete patas al gato buscando excomuniones donde no las hay".