Nº 447
5/2/2001

Las peleas de poder arruinan a la camarilla de Aznar

El clan de VaIladolid se deshace

Fueron la pieza angular sobre la que José Maria Aznar construyó su trono dentro del PP para, posteriormente, asaltar La Moncloa. Hoy, una década después, convertidos ya todos en cuarentones y situados en distintos despachos de poder, algunos ni se hablan. El conocido como “Clan de Valladolid” ya no funciona como aquel grupo tan temido y envidiado dentro del PP por su cercanía a Aznar. Su principal inspirador, Miguel Ángel Cortés, hoy secretario de Estado de Cooperación, ha caído en desgracia. Otros, como Eduardo Zaplana, pelean desde su reino, la Generalitat valenciana, por un hueco en el delfinario. Y los más, apuntalan su sillón en Génova o en algún ministerio, para los agitados tiempos sucesorios que se avecinan en el partido.

 

Inmaculada SÁNCHEZ

Pilar del Castillo, ministra de Educación y Cultura, considera ya un enemigo político a Miguel Angel Cortés. Su marido, Guillermo Gortázar, diputado y secretario de Análisis en Génova, hace tiempo que se había enfrentado a él, aunque sin que sus choques hubieran trascendido. Carlos Aragonés, buen amigo del secretario de Estado desde Valladolid, distancia los encuentros y su relación se ha enfriado. Zaplana, dedicado a su carrera política desde Valencia, se ve poco con ellos. La Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales, la FAES que fuera en otro tiempo su atalaya de poder, languidece. Este es el panorama que ofrece el "clan de Valladolid" casi cinco años después de la llegada al poder del PP.

El grupo de jóvenes liberales, que arropó a Aznar desde que éste aterrizó en Madrid despreciado por buena parte de su propio partido como "otro Hernández Mancha", ha llegado con él a la gloria pero la meta, aunque se ha portado generosamente con la mayoría, también ha hecho jirones la red que tejía sus relaciones y que les hizo fuertes en otro tiempo.

La delicada situación actual de Miguel Ángel Cortés, secretario de Estado de Cooperación en el Ministerio de Asuntos Exteriores con Josep Piqué, ha resultado el desencadenante de la voladura controlada del grupo. La publicación de los detalles de su cruenta separación matrimonial que está deteriorando su imagen pública no es más, según numerosas fuentes del propio partido, que un reflejo de la batalla que contra Cortés se libra en estos días en el PP.

Es su gestión política, desde que, tras la victoria del 96 Aznar le nombrara secretario de Estado de Cultura, la que le está enfrentando no sólo a sus tradicionales enemigos entre la vieja guardia popular, sino a sus hasta hace poco compañeros de trinchera (Ver EL SiGLO nº 445: Escándalo Cortés. Sus maniobras enfrentan a ministros y complican a los Aznar).

Detrás de este desmoronamiento del clan está, sin embargo, algo más que la caída en desgracia de su principal jefe de filas, del que ya se dice en las cercanías de La Moncloa que se le está buscando un destino menos expuesto a la luz pública. El reparto M pastel que, además, se está tornando inseguro después de 2004 si Aznar cumple su promesa y se va, se halla en la raíz de las rupturas del clan.

Ya en la primera legislatura llegó la primera desilusión: no consiguieron ningún ministro: Cortés, que casi acariciaba el departamento de Cultura, hubo de quedarse en secretario de Estado y Pilar del Castillo, la única requerida para un puesto en el Ejecutivo  prefirió renunciar a quemarse en un departamento para el que no se consideraba preparada, el de Medio Ambiente, que los equilibrios de partido llevaron a Aznar a poner en manos de Isabel Tocino.

No obstante, consiguieron algunos puestos en los segundos escalones, esos en los que durante años basaron su fuerza en el partido. Además de Cortés, Michavila también era nombrado secretario de Estado de Relaciones con las Cortes y Del Castillo directora general del Centro de Investigaciones Sociológicas. Por supuesto, Carlos Aragonés permanecía en el antedespacho de Aznar como jefe del Gabinete de Presidencia, donde metió a Alfredo Timmermans, mientras los demás quedaban en cargos del partido. No era demasiado premio para el esfuerzo realizado.

Sin embargo, la fidelidad al líder ‑fueron ellos los que primero acuñaron el término "aznaristas"‑ estaba por encima de todo. Sus carreras políticas también dependían de su paciencia y el jefe, hasta ahora, siempre había contado con ellos. Ya en su día les introdujo en Génova con no pocos choques con el entonces secretario general, Francisco Álvarez Cascos, ‑su primera Irán derrota fue no conseguir ubicar a Timmermans como jefe de gabinete del hoy ministro de Fomento‑ y en las primeras elecciones generales, en las que controló las listas les dio a casi todos un escaño. Sólo Zaplana fue reservado para mayores empeños en Valencia con el resultado conocido. Y cuando el escándalo del caso Naseiro, en cuyas famosas grabaciones telefónicas aparecieron los nombres de buena parte del grupo implicados en una presunta red de cobro de comisiones o, en el mejor de los casos, en un proyecto de enriquecimiento personal, sólo tuvo que pagar con el cargo ‑era vicesecretario general nacional‑ Arturo Moreno, una gran pérdida para Aznar y para el grupo, según quienes conocían al joven.

Hoy, Zaplana se ha erigido en el barón con mayor brillo de la constelación popular y cuida sus posibilidades para suceder a Aznar frente a los poderosos ministros de Madrid. Seguro de su posición, no ha dudado en rescatar a Arturo Moreno, quien recondujo su carrera en la empresa privada y del que sigue siendo buen amigo, y contratar a su empresa para asesorar al Instituto Valenciano de la Exportación. También Aznar le tuvo en cuenta al final de la legislatura pasada y le hizo un hueco en la Telefónica de Villalonga, cuando todavía no se habían desatado las hostilidades, para ser nombrado subdirector general de Relaciones Institucionales, cargo que todavía mantiene.

Tras la segunda victoria, ésta, además, por mayoría absoluta, Aznar ha tenido las manos absolutamente libres para formar su gabinete y, sin embargo, sólo Pilar del Castillo ha conseguido la ansiada cartera ministerial. Cortés, "relegado" de nuevo a la categoría de secretario de Estado ha querido arrebatarle competencias a la flamante ministra y ahí se han desatado las hostilidades. Michavila, trasladado a la Secretaría de Estado de justicia bajo la tutela del ascendente Acebes, parece más desaparecido del escenario político que nunca. Y en Génova, Javier Arenas controla lo que en otro tiempo fue un feudo del clan con Pío García Escudero, que también trabajó con Aznar en Valladolid pero no forma parte del grupo de amigos liberales, como segundo, aunque con un bajo perfil político.

El otro refugio del clan, la conocida FAES, ha dejado de ser la referencia y ni la ministra Del Castillo ni Guillermo Gortázar forman parte ya de su patronato ni su consejo mientras, tanto Cortés, como Michavila están "en suspensión temporal de sus funciones" debido a sus cargos. Todos los miembros de este grupo, que siempre han negado su existencia como tal, aún tienen mucha carrera política por delante. Su edad, brillantez y ambición así lo apuntan. Lo que sí empieza a constatarse en el PP como una realidad es que sus movimientos como grupo han pasado a la historia.

Jóvenes, amigos y liberales

No todos los miembros del clan son, o han estado, en Valladolid, ni todos los que colaboraron con Aznar en la capital vallisoletana en  su primer destino como presidente de Castilla y León pertenecen al conocido grupo. Ésta es la principal confusión que genera la ya de por sí dificultosa identificación de los pertenecientes al "clan de Valladolid".

La denominación que les hizo famosos tampoco salió de sus filas sino de las que se situaban enfrente, dentro de¡ propio PP, y miraban con recelo a la corte de jovencitos de la que se rodeaba el todavía incipiente líder designado por Fraga para conducir el partido hacia la salida del túnel. No hay fuentes fiables sobre la autoría del bautizo al grupo, aunque hay quien asegura que fue el hoy ministro de Defensa, Federico Trillo, el primero que los llamó "clan" y los apellidó con la ciudad de origen de su principal baluarte, Miguel Ángel Cortés.

Es Cortés, por tanto, el único natural de la capital del Pisuerga, ciudad donde estudió y fue concejal del Ayuntamiento antes de encontrarse con Aznar. Hasta ahí los orígenes vallisoletanos del clan. Los rasgos que verdaderamente unifican al grupo tienen más calado que la simple casualidad de la geografía. La edad ‑la mayoría rondaba los 30 cuando coincidieron con el líder del PP, apenas unos años por encima de ellos‑, la raíz ideológica de su pasión política ‑el liberalismo más radical‑ y su militancia católica ‑en muchos casos cercana al Opus Dei‑ sí se encuentran, por el contrario, en la argamasa del clan.

Fue Cortés, y su amigo Arturo Moreno, quien llegara a ser vicesecretario general del PP para dimitir después por el escándalo Naseiro, quienes formaron pareja para ejercer de guías y protectores de Aznar y Ana Botella recién llegados a Valladolid. A su mano se debe la propuesta de Carlos Aragonés, entonces asesor del partido en Madrid y a quien conocieron cuando estudiaba Derecho en la Complutense madrileña, como jefe de gabinete del presidente, y fue a este trío al que se fueron adhiriendo, con el correr de la trayectoria política del presidente, otros personajes que armaron la guardia pretoriana aznarista.

Así, el matrimonio formado por Ana Mato y Jesús Sepúlveda, llamados por Aznar para acompañarle a Valladolid como asesores, se identificó en los primeros tiempos con el clan pero ni su amistad con los fundadores, ni la ambición política y económica de la pareja, ni tampoco la supuesta altura cultural requerida, llegó nunca al nivel exigido. Es conocida la soberbia intelectual del clan como una de las principales críticas lanzadas por sus enemigos. Miguel Ángel Rodríguez, por ejemplo, a pesar de ser vallisoletano de nacimiento y haber entrado a formar parte del equipo íntimo de Aznar desde que alcanzó la presidencia de la junta, nunca fue considerado del grupo. "Demasiado zafio y sin clase", según fuentes bien informadas de la etapa castellano‑leonesa de Aznar.

Otro matrimonio, sin embargo, el formado por la hoy ministra Pilar del Castillo y el diputado Guillermo Gortázar, antiguos comunistas reconvertidos en defensores del liberalismo, sí conectó rápidamente con estos jóvenes aznaristas. Ambos se integraron activamente en la FAES que comandaba Cortés, y Gortázar llegó a participar accionarialmente en la empresa Futuro Financiero de infausto recuerdo para el grupo y conectada con el escándalo del caso Naseiro. Su pieza de conexión fue el Club Liberal y, a través de él, su amistad con Arturo Moreno.

Conexión liberal. También a través de este Club conectó el clan con otro dirigente de los hoy mejor situados, Eduardo Zaplana, quien, desde que Aznar le encaminó a la reconquista de Valencia, ha hecho de la distancia a Madrid su mejor escudo contra las conspiraciones de la Corte.

José María Michavila, hoy secretario de Estado de justicia, tampoco colaboró con Aznar en su etapa vallisoletana pero el entorno universitario en el que se movía, donde coincidió con Gortázar en la Complutense ‑el primero se licenció en Historia en el 85 y el segundo se doctoró en la misma disciplina en el 86‑, además de sus conexiones con el Opus Dei, donde estuvo integrado hasta el término de sus estudios, le llevaron de la mano hacia la FAES y el Clan.

Mercedes de la Merced, hoy primera teniente de alcalde del Ayuntamiento de Madrid, soriana y también directora general en la junta presidida por Aznar ha sido incluida por más de un aznarólogo entre los integrantes del grupo, aunque hace tiempo que no forma parte de su colectivo de intereses.

Con menor relevancia pública, aunque con reconocida influencia, también se puede considerar parte de los círculos concéntricos de poder del clan a Alfredo Timmermans, subdirector del Gabinete de Presidencia y segundo de a bordo de Carlos Aragonés en La Moncloa, o a Baudilio Tomé, hoy secretario de Estado de Telecomunicaciones y durante el final de la anterior legislatura director del efímero invento aznarista denominado Oficina Presupuestaria de Presidencia.


EL FINAL DEL CAMINO

El pasado día 30 de enero, el diario El Mundo, fiel exponente del aznarismo y sensible a la suerte de sus amigos, publicaba un suelto en su sección Vox Populi Política relacionado con Miguel Ángel Cortés. Ésta era la literalidad de¡ suelto periodístico: "Está siendo víctima de rivales políticos sin escrúpulos que utilizan sus circunstancias personales, cuando no chismes sin fundamento, para desacreditarle. Su gestión en Exteriores, que es lo único que cuenta, merece un digno notable". Pero la manita de El Mundo venía en reconocer ya oficiosamente los ecos de un gran escándalo político, destapado por EL SIGLO, que viene a poner en la picota y anunciar el fin de un personaje cercano en otros tiempos al presidente Aznar y su esposa Ana Botella. Éstos, conscientes de que la proximidad del vallisoletano sólo puede acarrearles problemas y pérdida de imagen, empiezan a soltar amarras y ni siquiera la propia secretaria de Botella, cooptada inicialmente por Cortés para ese puesto, Cristina Alonso Mateo, se le pone al teléfono, según fuentes bien informadas. Botella, siempre tan atenta e intervencionista en todo lo que se refiere a la vida personal de sus amigos, y más sin son colaboradores de su marido, está muy preocupada con el escándalo montado alrededor de su cruenta separación matrimonial de la que Interviú sacó a la luz detalles escabrosos la semana pasada.

La caída en desgracia del secretario de Estado es el punto y final a uno de los lobbys más característicos del aznarismo, sobre todo en su primera etapa, bautizados por el hoy ministro de Defensa, Federico Trillo, como "el clan de Valladolid" con el que este ministro y otros importantes dirigentes del PP estuvieron permanentemente enfrentados, incluido el ex secretario general Francisco Álvarez Cascos, al que sometieron a un auténtico calvario y siempre quisieron despeñar.

Cuando en 1986, el entonces joven diputado por Ávila, consigue que Antonio Hernández Mancha contra todo, le nomine candidato de Alianza Popular a la presidencia de Castilla y León frente a la de Rodolfo Martín Villa ‑sostenido por la, CEIDE de José María Cuevas‑, y alcanzado el poder regional por 1.800 votos de diferencia frente al socialista Juan José Laborda (Aznar consigue formar gobierno por la generosidad de José María Peña, alcalde de Burgos y dirigente de Solución Independiente), el matrimonio Aznar , con sus dos hijos José María y Ana, aterrizan en Valladolid en territorio claramente hostil, desconocido, sin amigos y sin apoyos.

Miguel Ángel Cortés, entonces joven liberal del grupo de Antonio Fontán, ya mostraba sus formas de gran conspirador y mostraba grandes habilidades como político de salón. Era su gran ocasión. Paseaba a doña Ana por Valladolid, la presentaba en los círculos de la rancia burguesía castellana y ejercía como nadie de gran anfitrión para lo que fuere menester. Para lo que fuera necesario. Empezaba a cuajar una gran amistad y un agradecimiento, aunque su talante, sus formas, su amaneramiento no eran de¡ agrado del presidente. Pero, ¿dónde encontrar un muchachuelo tan dispuesto para tareas escasamente políticas? Era una ganga.

La personalidad de Cortés la describe en tintes muy similares buena parte de los que han estado a su vera: autoritario, expeditivo, no admite tibios a su servicio. Impone un estilo esquizofrénico en el que quien no está con él está en su contra que, a la postre, le acarreará muchos problemas hasta el punto de que el propio Aznar le ha reconvenido alguna vez para que trate mejor a la gente y no sea permanente fuente de conflicto.

Ya como Portavoz parlamentario regional, se granjea la inquina de los pesos pesados de la política castellana-­leonesa en AP. Pero su fuerza no radica en el partido sino en su cercanía al presidente, de la que siempre ha hecho buen uso.

De esta época data su íntima amistad con Juan Carlos Elorza (ex cura alavés que aterriza en Burgos en busca de carrera y donde llegará a ser director del Museo Provincial), de formas parecidas a su mentor parlamentario y que actualmente ocupa la punta del iceberg de la batalla política desatada contra Cortés al ser acusado el secretario de Estado de inventarse una sociedad estatal, la SEACEX, para arrebatar competencias al Ministerio de Cultura y mantener a su protegido en su presidencia. Curiosamente, Elorza no goza del aprecio de Aznar porque en su día le dimitió como procurador, junto con otro personaje despreciado por sus compañeros de militancia, José María Arribas (hoy dedicado al negocio de pieles), dejando a su gobierno castellano-leonés en minoría y provocando una crisis en la Junta. AP tenia que gobernar en colaboración con el CDS de Adolfo Suárez.

Hoy, iniciada ya la caída del secretario de Estado de Cooperación, no son pocos los antiguos cercanos que ilustran el camino de enemigos que tiene sembrados: "Para aguantar a personajes como Cortés, dice un antiguo colaborador en FAES, realmente o tienes que ser muy tonto, estar muy necesitado de su dinero para comer o ser masoquista... Exige lealtad total y ausencia de critica alguna..."

A Miguel Angel Cortés, poco antes de llegar el PP al poder, le quedaban muy pocos fieles dentro del primigenio "clan de Valladolid". El "macizo de la raza" en la dirigencia (Cascos, Rajoy, Rato, Mayor Oreja, Arenas) los había ido reduciendo, aunque siempre representaban los "chicos de Aznar" y era un dato a tener en cuenta. Pero se había enfrentado también a muerte con Alberto Ruiz‑Gallardón, autor del informe critico interno en el caso Naseiro, a Federico Trillo y sus gentes, a los clásicos del partido que fundara Manuel Fraga. Sólo le quedaban ganapanes de última hora con sus ribetes de gente "trepa" y arribista, que concedían más importancia al aparentar que al fondo de las grandes cuestiones políticas. La política se reduce para ellos a poder, dinero, influencia y ... apariencia.

A Cortés parece ya sólo quedarle el fiel Elorza. Ana Botella ha sido, en la mayor parte de los casos, su cobijo cuando el cierzo soplaba de cara. Pero parece haber llegado el momento de dejar caer al símbolo por antonomasia de un "clan" con ribetes sicilianos apellidado Cortés. Un escándalo de las dimensiones del que en estos momentos protagoniza el todavía secretario de Estado de Cooperación Internacional no puede sostenerse por mucho tiempo, sobre todo, si afecta de plano a sus protectores, el matrimonio Aznar.

Con la inminente caída de Cortés habrá finalizado una época. Y no hemos escrito sobre su vida personal.

No parece que mucha gente vaya a llevar flores a su tumba. Tiene su camino sembrado de cadáveres.

Alberto CUESTA


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