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Nº 623 - 8 de noviembre de 2004

Felipe no habló con Zapatero antes de pedir la gracia para Vera

UN INDULTO LOS SEPARA

Rafael Vera ha irrumpido en el momento más inoportuno en la plácida convivencia en que habían instalado su relación Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero. La pública petición de indulto suscrita por el primero para los siete años de prisión que el Tribunal de Supremo acaba de confirmar como sentencia condenatoria del ex Secretario de Estado ha colocado al presidente del Gobierno en una difícil situación a apenas seis meses de habitar La Moncloa. Felipe no avisó al actual líder socialista de sus intenciones y, además, ha provocado una ola de adhesiones entre la “vieja guardia” socialista que el desorientado PP de Rajoy intenta aprovechar. Sin embargo, en el cuartel general socialista, aunque la herida duela, no han llamado a las urgencias. La resistencia del Gobierno a atender a sus viejos líderes escenificará la mayoría de edad de los nuevos dirigentes y ya nada será igual a partir de ahora dentro del PSOE. Sólo las verdaderas intenciones de Rafael Vera pueden complicar una emancipación con su pasado que la mayoría de socialistas entiende y desea.

Por Inmaculada Sánchez

Es que lo de la sentencia de Vera no lo podemos evitar, ni luchar contra ello. Habrá que asumirlo cuando llegue lo mejor que se pueda”. Así se expresaba un ministro del actual Gobierno preguntado en privado unos días antes de que el Tribunal Supremo dijera su última palabra sobre el ex Secretario de Estado y ya se empezaran a percibir nubarrones en el despejado firmamento del Gobierno.

Unos días después los temores se confirmaban: el Alto Tribunal ratificaba los siete años de prisión para Rafael Vera y los seis para José Luis Rodríguez Colorado, condenados en enero de 2002 en la Audiencia Provincial de Madrid por malversación de los fondos reservados del Ministerio del Interior.

Todavía, sin embargo, no había llegado la “segunda bomba” de la noticia.  A los pocos días Vera enviaba al diario “El País” una carta que el rotativo publicaba de inmediato en la que se declaraba objeto de una sentencia injusta y, al tiempo que pedía “que den la cara” los que “manejaron y dispusieron de esos fondos en todas las instituciones del Estado”, anunciaba una amenazadora “última decisión” antes de que se ejecute la sentencia.

Apenas unos días después Felipe González y los ex ministros de Interior, José Luis Corcuera y José Barrionuevo, entregaban en el Ministerio de Justicia a través del abogado Jorge Argote una petición de indulto para Vera y Rodríguez Colorado. El pasado más negro del Partido Socialista se cernía sobre el flamante gobierno de Zapatero en un nuevo episodio que no hacía más que comenzar.

Felipe González, según informaciones solventes recogidas por EL SIGLO, no había informado previamente a Rodríguez Zapatero de sus intenciones y su paso adelante provoca un efecto dominó en muchos de los que compartieron responsabilidades de gobierno en los años objeto de la sentencia.

“Si Felipe lo firma ¿cómo no lo vas a firmar tú?”, explica un significado guerrista que al cierre de esta edición aún no había estampado su firma en la petición de indulto suscrita por el ex presidente. La inesperada petición –sobre todo por lo rápida– de González moviliza a diversos dirigentes socialistas entre los que se encuentran desde el diputado Joaquín Leguina hasta el senador Juan Barranco –por citar a dos situados en extremos opuestos dentro del abanico de “familias” socialistas–.

Alfonso Guerra, la siguiente ficha en declararse “tocada”, también da un paso al frente y manifiesta públicamente su adhesión a la petición de Rafael Vera en un artículo publicado en la revista “Tiempo” con el significativo título de “Ya le han quitado la felicidad. Al menos que no le quiten la vida”.

Sin embargo, en el circuito guerrista, dentro del que mayor número de adheridos a la petición de indulto se pueden encontrar, no  ha habido toque de generala como algunas interesadas informaciones pretenden transmitir. “Alfonso no va a publicar ningún nuevo escrito ni hay circulando ningún papel aparte, sólo se firma la misma petición de Felipe, Barrionuevo y Corcuera y se envía al Ministerio de Justicia a título particular”, explica un guerrista que ya la ha firmado y conoce cómo, en otras ocasiones, se han organizado circuitos de apoyo. “El partido está completamente  al margen y no hay ningún interés en desgastar al Gobierno”, añade.

La consigna de “rebajar el tono” acompaña a los movimientos a favor de Rafael Vera aunque la personalidad y el verbo de alguno de los que participan en ellos no ayude demasiado, como es el caso del presidente extremeño, Juan Carlos Rodríguez Ibarra, quien con sus declaraciones en torno a lo que sabe o deja de saber sobre el uso de fondos reservados o la guerra sucia no haga más que añadir inquietantes incógnitas a la situación.

Tras este intento de ·”desactivación” estaría el convencimiento de la mayoría de los dirigentes movilizados de que el Gobierno no va a conceder el indulto total que se solicita. Alfonso Guerra, que mantiene una permanente abierta línea de comunicación con Zapatero, sí que habló con el presidente después de conocerse la petición de González para calibrar el alcance que podía darse a la “revuelta”. Según quienes conocen lo fundamental de su conversación el ex vicesecretario general quedó persuadido de que Zapatero no tiene intención de atender las peticiones de indulto.

“”Esto es un movimiento sentimental y de propia afirmación de los que estuvieron allí con Vera en los años difíciles. ¿Qué pensaríamos de una organización que no dice nada cuando se manda a la cárcel a uno de los suyos por algo que la mayoría compartía?”, se pregunta un dirigente socialista cercano a la actual dirección del PSOE. “Nadie quería que esto ocurriera ahora pero uno no elije los tiempos ni las circunstancias”, se justifica un parlamentario que ha firmado la petición de indulto.

En este ambiente de “yo no quisiera pero no puedo dejar de hacerlo” cobra especial significado el mutismo con el que Felipe González, que mantiene cordiales relaciones con Zapatero, ha mantenido su decisión. Una de las escuetas declaraciones realizadas por el ex presidente al respecto, arrojan algo de luz respecto a sus verdaderas intenciones. “No quiero ponerme en la piel del presidente”, contestó a Julia Otero en el estreno de su programa “Las Cerezas” en La Primera de TVE el mismo día que se supo de su solicitud a Justicia. “Lo único que quiero decir es que la decisión se explica por sí misma. Sólo tengo que añadir que me parece de estricta justicia”, añadió.

El veterano político no quería “ponerse en la piel” de Zapatero con quien deliberadamente no había querido comentar  previamente –¿quizá negociar?– el caso Rafael Vera. “Es una forma de admitir que Zapatero hará lo que estime conveniente. No hablar con él ha sido una forma de no presionarle”, intenta explicar un socialista que conoce las relaciones que mantienen ambos.

“Por fortuna se han ganado las elecciones y hay sitio para mucha gente”, admite otro dirigente del PSOE que excluye el “choque de trenes” entre la “vieja guardia” y la nueva dirección del partido y que no concede demasiado recorrido a esta resurrección del “caso Vera”.

El escenario más probable en el que se sitúan quienes trazan este perfil bajo del delicado asunto es el de una prolongación en el tiempo de la decisión de conceder o no el indulto. El ministro de Justicia, Juan Fernando López Aguilar, ya ha dicho que, por muchas prisas que haya por parte de los medios de comunicación la decisión “no se tomará antes de cuatro o cinco meses”, de acuerdo con los trámites habituales de cualquier otra petición similar.

“Si algo ha demostrado Zapatero hasta ahora es saber utilizar los tiempos”, confía un socialista al que no inquieta demasiado la evolución del caso. En ese tiempo, y con el fundamento del escrito del fiscal, el Gobierno podrá pronunciarse sin el coste político que pueda suponerle ahora.

Este aparentemente tranquilo panorama, sin embargo, puede quebrarse. “El problema es Vera mismo. Estamos asustados”, no oculta un diputado cercano a los recaudadores de firmas y con acceso al ex Secretario de Estado. “Está mal y está asesorándose con un médico para realizar la huelga de hambre si no retrasan la ejecución de la sentencia”, añade. “Nos va a meter a todos en un problema humano del que no sé cómo podremos salir”, concluye.

Con esta inquietud en el cuerpo y a la espera de acontecimientos –al cierre de esta edición la ejecución de la condena aún estaba pendiente de un recurso de la defensa de Vera respecto a la fecha de la sentencia y de la solicitud de suspensión de Rodríguez Colorado después de mostrar su intención  de devolver el dinero sustraído– en el PSOE miran la tensión entre su antiguo y su nuevo jefe con un morbo apaciguado.

Lo que antes representaba Felipe González –antes, sobre todo, de que Zapatero se convirtiera en presidente del Gobierno– ha ido instalándose en la historia del Partido Socialista para tranquilidad de los nuevos dirigentes y el actual conflicto no hará sino mostrar públicamente que el “antiguo PSOE” ya no puede comerse al nuevo. Ese, al menos,es el análisis de quienes desde ambos lados del Rubicón generacional contemplan la escena con cargo público incluído.

“Nada de esconderse detrás de Felipe, pero nada de esconder a Felipe, amigas y amigos, nada de esconder a Felipe”. Estas eran palabras de José Luis Rodríguez Zapatero a los cientos de delegados del PSOE que acababan de elegirle secretario general por nueve contados votos hace cuatro años. Ni Felipe González ni la “vieja guardia felipista” le habían apoyado. Su ajustado triunfo se lo debía a los socialistas catalanes de Pasqual Maragall, a un significado número de guerristas, con Alfonso a la cabeza, y, también, a un indeterminado número de delegados de su edad, o más jóvenes, que querían aires nuevos en la dirección.

El joven Zapatero, que todavía no había mostrado las dotes de liderazgo que le fueron apuntalando en los meses posteriores, era plenamente consciente de que debía granjearse el apoyo de los antiguos líderes y, principalmente, de Felipe González, si quería tener futuro en el partido.

Después de encajar, sumisa y calladamente, unos primeros golpes –Guerra acuñó para él el apodo de “Bambi” y Felipe le espetaba en público que el partido no tenía “ni proyecto ni ideas”–  Zapatero empezó a hacer sitio a los viejos dirigentes y a verse, charlar y escuchar a Felipe.

Mientras pactaba con Chaves, Bono e Ibarra su participación en un hipotético gobierno concedía a Almunia el puesto de comisario europeo y ponía al frente de la candidatura  para Estrasburgo a José Borrell, hoy convertido en presidente del europarlamento.

Cierto es que no ha habido sitio para todos pero el hoy presidente del Gobierno empezó a sorprender a propios y extraños dentro del partido hace apenas un año cuando sólo él se creyó en sus posibilidades de victoria y comenzó a realizar movimientos con vistas a gobernar en 2004.

Creó el Comité de Notables y, aunque realizó una importante renovación en las cabeceras de las listas electorales, también fue sensible a determinadas presiones llegadas del túnel de tiempo –Txiqui Benegas fue incluído a última hora a sugerencia del comité federal de listas en la candidatura de Vizcaya y “su” lista por Madrid incumplió su prometido orden “en cremallera” entre mujers y hombres para situar en puestos de relieve a nombres de sonoro pasado como Joaquìn Leguina o José Acosta–.

 Felipe le ha ido entendiendo con el paso del tiempo y a comienzos de año no quiso escuchar los cantos de sirena que todavía provoca dentro del PSOE y renunció a continuar de diputado confiriendo estatus definitivo a su condición de “jubilado” de la política activa.

Esta era la distancia más cómoda para el nuevo líder y ambos no han tenido reparos en mostrar durante el último año y medio que su relación empezaba a rozar la complicidad. El “abrazo de Vista Alegre”, primer mítin en el que González dió paso a Zapatero como auténtico sucesor, había sido la primera señal. Los pendientes diseñados por Felipe que su esposa, Sonsoles Espinosa, lució en la boda del Príncipe, la más reciente.

Todo transcurría en la pacífica transición que agrada al tranquilo Zapatero y que la victoria del pasado marzo no venía más que a rubricar. En la formación del Gobierno y la elección de no pocos altos cargos el nuevo presidente volvía a dar muestras de su feeling con la vieja guardia aun sin renunciar a sus “novatos” en los puestos clave.

“La gente ya está asumiendo que hay que pasar a la reserva”, asegura ufano un socialista de la generación de Zapatero. Javier Solana continúa su recorrido en la Unión Europea después de que el propio Zapatero le impidiera regresar a la política española como candidato socialista a la alcaldía de Madrid, puesto para el que tenía reservada a Trinidad Jiménez. Enrique Barón, otro ex ministro del primer gobierno del PSOE, se mantiene a la cabeza de los europarlamentarios socialistas españoles. Luis Atienza, ex ministro también, ha sido aupado por la Administración Zapatero a la presidencia de la todavía pública Red Eléctrica. El presidente reparte juego, pero a distinta distancia depende de quién se trate. Otros han quedado fuera del tablero, como la ex ministra de Sanidad, Angeles   Amador, que llegó a dimitir como diputada en 2002 al sentirse escasamente aprovechada por la nueva dirección del grupo parlamentario que comandaba Jesús Caldera, o Juan Manuel Eguiagaray, que también renunció a sus escaño en los mismos meses por similares motivos. Hoy, tras el triunfo del PSOE su nombre se barajaba para alguna de las empresas públicas que aún controla el Gobierno pero su nombramiento no acaba de confirmarse.

Con sus luces y sus sombras al equipo de Rodríguez Zapatero ya no le disputa nadie su puesto en el cuadro de mandos del PSOE. Sólo un conflicto entre “el peor pasado” y el “luminoso presente” de los socialistas como el planteado por la petición de indulto a Vera y Rodríguez Colorado podría añadir un elemento incómodo a la historia del relevo generacional.

Esa página, sin embargo, el optimista Zapatero no se la podrá ahorrar. “También Felipe heredó muchas cosas incómodas, y mucho peores que ésta, y tuvo que aceptarlas y afrontarlas”, señala un cualificado miembro de la “vieja guardia”. “Cada uno tiene que vivir los tiempos históricos que le tocan y Zapatero tiene los suyos, con su retirada de las tropas de Iraq y la petición de indulto a Vera”, concluye.

En el “nuevo PSOE” lal situación se mira con otros ojos. “Esto no afecta para nada a la trayectoria del Gobierno. No habrá lío porque todos los que piden el indulto saben que ahora el Gobierno no lo puede dar”, asegura una fuente cercana a Ferraz.

Desde Cataluña, otro de los puntales de Zapatero y sus nuevos tiempos el problema se vive como muy lejano. “Apenas lo hemos discutido. Pasará”, afirma un miembro de la ejecutiva del PSC.

Todos, sin embargo, miran de reojo a los más cercanos a Vera. La angustia vital del ex Secretario de Estado y su posible ingreso en prisión puede complicar más de lo previsto este “paso del Rubicón” de los socialistas de Zapatero.


La transparncia prometida, por Enric Sopena
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