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La ministra de Ibarra compromete las promesas de Zapatero EL ERROR TRUJILLO |
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Maria Antonia Trujillo ha conseguido ya adjudicarse dos récords dentro del Gobierno: ha sido la primera ministra de la que el PP ha pedido la dimisión y, también, la primera a la que su ‘número dos’ le ha dimitido. La ministra que iba a traer la exitosa política de vivienda extremeña al resto de España, como el Gobierno de Zapatero ‘vendió’ su imagen, apenas había participado en el proyecto y está demostrando no tener ni la experiencia de gestión ni la cintura política que se le suponía y por la que había apostado su mentor, Juan Carlos Rodríguez Ibarra. Los socialistas extremeños, de momento, la arropan y en Moncloa no quieren ni oír hablar de crisis, pero la titular de Vivienda ha encendido la primera luz de alarma en el PSOE. Por Imaculada Sánchez El pasado 20 de octubre el Partido Popular pedía formalmente en el Senado la dimisión de la ministra de Vivienda, Maria Antonia Trujillo, por “sus contradicciones y despropósitos, su ineficacia y la propia evolución del mercado, contraria a la prevista”. Esta declaración, aunque incómoda para un gobierno que acababa de cumplir seis meses, no suscitó ninguna nueva preocupación en Moncloa. El desasosiego respecto al Ministerio de Vivienda había llegado al complejo monclovita unos días antes por otro motivo: la dimisión irrevocable del subsecretario del mismo, Javier Mauleón. A pesar de que la renuncia había pasado prácticamente desapercibida a oídos de la opinión pública, el abandono supone la primera crisis de calado dentro del gobierno ya que Mauleón era, a falta de completar el organigrama del nuevo departamento, el número dos de la ministra. La marcha de Mauleón, además, adquiría una mayor categoría política al tratarse de un veterano de las administraciones socialistas que, incluso, había sido también subsecretario en el antiguo Ministerio de Obras Públicas en los años 80, y que había dejado su actual puesto de magistrado en los juzgados de Barcelona para incorporarse ilusionado a la nueva etapa de Zapatero. El irrecuperable choque de caracteres entre la ministra y su segundo es el motivo que circula extraoficialmente como menos comprometido para explicar la crisis pero quienes conocen de cerca cómo se ha gestado apuntan a otro mucho más inquietante políticamente: la exasperante dificultad de Trujillo para tomar decisiones. Nadie duda, entre los que la conocen tanto recientemente como desde hace años, en calificar su carácter de “fuerte” pero no sería este rasgo de su personalidad el principal responsable de la delicada situación en la que se ha situado la titular de Vivienda. Su escasa cintura política y su inexperiencia en un cargo de gestión estarían, en opinión de distintos socialistas consultados, tanto en Extremadura como en Madrid, en el origen de sus sonoros errores. El nuevo Ministerio ya en sí representaría un difícil reto para cualquier político experimentado. Un departamento de nueva creación, sin equipo ni infraestructura, con escasas competencias y necesitado de la negociación con las diferentes autonomías para su propia marcha no es un campo de juego apto para cualquier recién llegado. Sin embargo, Rodríguez Zapatero lo puso en unas manos que ni él mismo había apretado más que en algún encuentro protocolario. Ni Maria Teresa Fernández de la Vega, que puede presumir de haber tratado previamente a casi todos los ministros que hoy se sientan con ella en el Consejo, conocía a la ministra de Vivienda elegida por el jefe –sólo Elena Espinosa comparte con ella esta condición de desconocida para la vicepresidenta–. Las causas del aterrizaje de Maria Antonia Trujillo en el cuaderno de Zapatero, sea éste azul o rojo, ayudan, en parte, a explicar los resultados de estos primeros meses, según quienes la han seguido de cerca. El camino que lleva a la titular de Vivienda a su actual despacho se inicia en el mítin de campaña en el que Rodríguez Zapatero invita públicamente a Juan Carlos Rodríguez Ibarra a formar parte de su futuro gobierno si gana las elecciones. El líder socialista había utilizado la misma invitación para desactivar a José Bono, quien se convertiría en las semanas posteriores en ministro de Defensa, pero el presidente de la Junta de Extremadura declinó la oferta. La negativa de Ibarra, sin embargo, llevaba aparejada otra condición: “No lo seré yo, pero habrá un ministro extremeño en tu primer gobierno”. Zapatero asintió, encantado de confirmar la complicidad del barón extremeño con un coste tan barato. Tras la inesperada victoria los mecanismos del poder se pusieron en marcha y la cuota femenina comenzó a hacer estragos. Si la decisión de un gobierno paritario no había tenido excepciones con Jesús Caldera, mano derecha, amigo personal de Zapatero y llamado a ser vicepresidente, que tuvo que ceder su puesto a Maria Teresa Fernández de la Vega, Rodríguez Ibarra no podía pedirla para él. Lo cierto es que el PSOE de Extremadura había barajado dos nombres masculinos para que se visualizara, por primera vez en mucho tiempo, los logros de su política en una de las autonomías más pobres el país. Las carteras a las que aspiraba Ibarra para “su” ministro eran Sanidad o Vivienda, por este orden. Para la primera opción el candidato era Guillermo Fernández Vara, natural de Badajoz, medico forense y consejero en la Junta desde 1996, primero de Bienestar Social y, posteriormente, de Sanidad. Pero esta cartera había quedado ya adjudicada, después de los nombramientos de mayor peso, a una mujer. El PSOE extremeño busca entonces candidatos en la segunda opción para la que, también, el nombre se escribía en masculino. Se trataba del auténtico padre de la política de vivienda de la Junta, Javier Corominas, que además unía su condición de hombre de confianza del presidente Ibarra, de cuyos gobiernos formaba parte desde hacía una década. Sin embargo, también en este caso “tocaba que fuese mujer”, afirma con desparpajo una parlamentaria extremeña nada entusiasmada con los descartes que hubo que hacer para ofrecer a Zapatero una ministra. La decisión, finalmente, recayó en Maria Antonia Trujillo, en quien tanto Ibarra como Rodríguez Zapatero quisieron señalar a la responsable de la política extremeña de vivienda. Sin embargo, la actual ministra ocupaba la consejería del ramo sólo desde junio de 2003, cuando el presidente extremeño renovó su gobierno tras las elecciones autonómicas. “Si descuentas el verano, al final, Trujillo estuvo al frente de la consejería de Vivienda poco más de siete meses, y con el equipo que le había dejado Corominas intacto”, explican desde Mérida. Esta escasa experiencia en la materia específica de vivienda podía no haber tenido una relevancia significativa si Trujillo hubiese llegado a ella pertrechada del olfato y la cintura política que se suponía de su trayectoria pero sus anteriores destinos tampoco han tenido el peso que su llegada a Madrid como “enviada” del PSOE extremeño hacía prever. La hoy ministra ha desarrollado toda su carrera profesional en la universidad donde es doctora en derecho y donde llegó a ser presidenta de la Junta de Personal Docente e Investigador. Considerada una experta en derecho constitucional y autonómico su primer paso hacia la actividad pública lo dio cuando fue propuesta para formar parte del Consejo Económico y Social de la región. Allí se fijó en ella en 1996 Rodríguez Ibarra , quien la ficho para su gobierno en la crisis que la causó la marcha de Victorino Mayoral cuando dejó la consejeria de Presidencia y Trabajo para figurar en las listas del PSOE al Congreso de los Diputados en las elecciones de 2000. El presidente extremeño decidió entonces dividir el departamento y nombrar a dos mujeres para su equipo. Una de ellas fue Maria Antonia Trujillo, quien asumió la cartera de Presidencia, y la otra Violeta Alejandre, que se hizo cargo de Trabajo. Aunque Presidencia, en el caso de la Junta, carece del peso político de otros gobiernos regionales –la coordinación entre consejeros la ejercía el vicepresidente Carlos Sánchez Polo– Trujillo disfrutó de una rentable cercanía al presidente haciéndose cargo de una materia jurídico-administrativa en la que se sentía cómoda. “Aquí nunca provocó polémicas ni cometió errores como en Madrid”, asegura un dirigente del PSOE extremeño que defiende su elección como ministra, aunque reconoce su condición de “recién llegada” a la pelea política. No es el único. El PSOE extremeño, del que Trujillo tiene carné sólo desde que entrara en el gobierno de Ibarra en 2000, está intentando defenderla desde que han comenzado a aflorar sus resbalones. Además de declaraciones públicas a su favor el reciente congreso celebrado a finales de julio, tras el federal, la ha incluído por primera vez en la ejecutiva regional, de la que forma parte como vocal. “La gente cambiará de opinión en cuanto empiece a ver resultados. También aquí ha habido que esperar a ver que en Badajoz se pueden comprar viviendas por 60.000 euros”, justifica un miembro de la ejecutiva socialista extremeña que tampoco oculta que los problemas de Trujillo están repercutiendo en Mérida. De hecho, los populares de allí, con Carlos Floriano a la cabeza, ya están empezando a atacar al gobierno de la Junta con la minista como excusa. “El fracaso de Maria Antonia Trujillo demuestra que la política de vivienda de Ibarra está vacía de contenido”, acusó la semana pasada el PP de Badajoz. El problema, por tanto, no es menor y se han empezado a tomar medidas aunque con la mayor discreción posible. Descartada la dimisión de la ministra el objetivo ahora es rodearla de un equipo que la apoye y ayude en la construcción de ese nuevo ministerio que no tiene siquiera sede propia. Así, tras la dimisión de Mauleón, su puesto de subsecretario ha sido cubierto por una experimentada conocedora de la Administración, Mercedes Elvira, funcionaria del cuerpo superior de administradores civiles del Estado “cedida” por el ministro de Administraciones Públicas, Jordi Sevilla, de quien era directora general de la Función Pública desde abril. También, a la vez que se ha nombrado a Elvira, se ha procedido a crear un nuevo segundo puesto de mando en el Ministerio que, aunque previsto en el teórico organigrama incial, vagaba desde abril en el pasillo de las intenciones. Se trata del cargo de Secretario General que ha venido a ocupar un arquitecto de reconocido prestigio y significativo origen leonés, al igual que el presidente del Gobierno con el que se le atribuye una buena relación. A él corresponderá ahora entenderse con Trujillo y ejercer las funciones de coordinación del Ministerio. Su nombre, Javier Eugenio Ramos, y su procedencia inmediata, coordinador interregional en el Programa de Asistencia y Gestión Urbana Sostenible de la Comisión Europea. Con estas ayudas “externas” la ministra habrá de crear el equipo del que todavía carece y que hasta el momento se sustentaba, básicamente, en el director general de Arquitectura y Política de Vivienda, Rafael Pacheco, secretario de Relaciones Políticas del PSOE de Cáceres y con amplio historial en distintas consejerías de la Junta en el que se incluye el puesto de secretario general de la consejería de Vivienda desde finales de los años 90. Pacheco es una de las pocas personas que Trujillo se ha traído de Mérida junto a su jefe de gabinete, Enrique Alvarez, que era el director general de Vivienda, y una asesora de prensa que ejerce también de asistente personal, Sara Álvarez Solomando. La ausencia de una auténtica dirección de comunicación es otra de las lagunas que los dirigentes consultados consideran imprescindible de cubrir vistos los sonoros errores cometidos por Trujillo en este campo. La titular de Vivienda dispone de un periodista económico con más de una década de trabajo en la agencia Reuters pero al que no conocía previamente, Alfredo Aranda, que ejerce de asesor pero sin la categoría de director de comunicación y cuya sintonía con la ministra es manifiestamente mejorable según quienes les conocen. Una ministra sin casa y un ministerio sin sede El Ministerio de la Vivienda creado por José Luis Rodríguez Zapatero no tiene un cartel en la calle que anuncie dónde se ubica dentro del complejo de Nuevos Ministerios en el madrileño Paseo de la Castellana de Madrid. Sólo en la séptima planta del Ministerio de Fomento un cartelón a la salida de los ascensores y el inicio de un pasillo avisa al visitante de que “entra” en la sede del nuevo departamento. El cartel fue encargado a la carrera cuando se convocó, al poco del nombramiento de la ministra, la Conferencia Sectorial de Vivienda, a la que debían acudir los consejeros del ramo de las distintas autonomías. Bajo el nombre del Ministerio se puso, en letras de quita y pon, con un apañado velcro, el motivo de la convocatoria. Finalizada la reunión se arrancó aquello de “Conferencia Sectorial” y se trasladó el cartel al comienzo del pasillo en un simulacro de entrada. Ésta quizá sea una metáfora de la dificultad de construir un departamento ministerial a partir de lo que siempre ha sido una dirección general en las jerarquías de la Administración española. Que los móviles del personal de confianza de la ministra a cargo del erario público tardaran también casi un mes en llegar da otra señal de lo difíciles que pueden ser los comienzos en una maquinaria tan lenta como la de la función pública. La búsqueda de una sede propia que dignifique y dé altura política al proyecto de ministerio fue uno de los empeños que primero acometieron sus responsables y que hoy, seis meses después del nombramiento de Maria Antonia Trujillo, aún no se ha resuelto. La dirección general del Patrimonio, dependiente del ministerio de Economía que dirige Pedro Solbes, fue la encargada de bucear en los inmuebles estatales y encontrar no sólo una sede para el nuevo ministerio sino, también, una casa para su titular. Las sedes de algunos ministerios, principalmente las que se ubican en edificios más modernos, disponen de una planta destinada a vivienda, más o menos amplia, que ha sido utilizada siempre que su titular de turno tuviese su residencia familiar lejos de Madrid. Maria Antonia Trujillo volvía a chocar, en esta ocasión, con la falta de infraestructura. No por ello, sin embargo, la ministra de Vivienda ha tenido que pernoctar en un hotel. Desde abril hasta el final del curso escolar Trujillo, que está separada y tiene un hijo adolescente, ha multiplicado sus viajes entre Extremadura y Madrid pero, tras el verano se ha instalado en la capital con su hijo, que ya cursa sus estudios en un instituto público de la capital. ¿Dónde? Algún medio de comunicación especuló antes del verano con que la ministra comprobaría en septiembre lo que cuesta alquilar en Madrid pero no se ha dado el caso: Maria Antonia Trujillo reside en un amplio y céntrico ático propiedad del Patrimonio del Estado. Esta solución, sin embargo, se apunta como provisional ya que la misma dirección de Patrimonio ha encontrado ya un edificio que podría albergar la sede del ministerio y que, además, tiene un estupendo chalé anexo que, perfectamente, podría servir de vivienda para la ministra. Se trata, como ya adelantó esta revista hace un mes, del inmueble situado en el número 112 del Paseo de la Castellana, a escasos metros del complejo de Nuevos Ministerios donde ahora tiene sus dependencias y su despacho la ministra. Hasta hace un año estaba ocupado por la dirección general de Desarrollo Rural y parte de la secretaría de Pesca que dirigía Carmen Fraga, la hija del presidente de la Xunta,pero en la actualidad se encuentra semivacío después de que el Ministerio de Agricultura barajara trasladar allí las dependencias de la Agencia para el Aceite de Oliva, sita en la calle de Don Pedro, posibilidad que finalmente se descartó. Precisamente, anejo a este edificio y ubicado en su parte de atrás, en la calle Joaquín Costa y ya dentro de la selecta colonia de El Viso, se sitúa un chalé que también hasta ahora había sido utilizado como oficinas. La necesidad de espacio llevó hace ya más de treinta años al hoy extinto Instituto de Reforma y Desarrollo Rural (IRYDA) a comprar a un aristocrático vecino el chalé contiguo y desde entonces figura entre las propiedades del Ministerio de Agricultura. La vivienda consta de dos pisos y hasta hace apenas un año daba cobijo a los funcionarios del departamento de informática de la dirección general de Desarrollo Rural. Está rodeado de una parcela, hoy un tanto descuidada pero suficientemente amplia como para incluir una piscina y, sobre todo, comunica con el edificio central mediante un pasillo techado que permitiría a la ministra ir de casa al trabajo en un santiamén. Todo apuntaba a la elección perfecta y el chalé ya ha sido acondicionado para transformarlo en una vivienda habitable. Sus metros cuadrados, incluso, hicieron plantear a los responsables de Patrimonio la posibilidad de que se utilizase como vivienda de más de un ministro ya que el problema de Trujillo también lo vive, por ejemplo, la titular de Cultura, Carmen Calvo, sin residencia particular en Madrid y actualmente hospedada en la Residencia de Estudiantes. Pero las necesidades de intimidad de la titular de Vivienda parecen haber desechado semejante planteamiento y ahora sólo otro problema podría demorar el traslado al citado chalé. Los expertos en seguridad no terminan de dar su visto bueno a una vivienda unifamiliar rodeada de calles muy concurridas y a la que, incluso, se puede “espiar” desde un paso elevado por el que a diario cruzan cientos de coches. Actualmente, la vivienda donde reside la ministra con su hijo es un piso que, aunque algo alejado de las futuras dependencias del ministerio, permite un control de seguridad mucho más discreto y efectivo. No obstante, el chalé ya ha sido acondicionado y debería tomarse una decisión al respecto. Entre tanto, Maria Antonia Trujillo no deja de acudir casi cada fin de semana a su casa de Extremadura donde dice encontrarse como en ningún sitio. Ahora, además, debe cuidar su faceta más poítica como miembro de la ejecutiva regional del PSOE extremeño, cargo para el que fue elegida el pasado mes de julio en el congreso que siguió al cónclave federal desarrollado en Madrid. En principio, el traslado de las dependencias del Ministerio de Vivienda de su actual séptima planta del de Fomento al nuevo inmueble de Castellana 112 estaba previsto para antes de fin de año pero las órdenes de mudanza no parecen apuntar a tan cercanas fechas. La
resolución en torno a la vivienda definitiva de la ministra es otra de
las incógnitas que nadie se atreve a aventurar. El PP ha llegado a pedir
la desaparición del Ministerio pero es de suponer que Zapatero le concederá
vida suficiente para llegar a tener sede propia. |
| 'Tempus fugit' , por Enric Sopena |