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La ‘vice’ sube, Trujillo baja, Caldera empuja y Solbes rebaja SEIS MESES CON ZP |
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El primer gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero acaba de cumplir seis meses y parece continuar, globalmente, en estado de gracia con la ciudadanía, al menos, según los últimos sondeos. No todos sus miembros, sin embargo, se mantienen en la misma situación que cuando estrenaron sus carteras. Mientras la vicepresidenta ocupa, cada día que pasa, mayor espacio en el mapa de poder, el resto del equipo se divide, claramente, entre los que tienen verdadero peso político, con Jesús Caldera en cabeza, y los que hacen lo que pueden desde un despacho que aparece lejano a los de Moncloa, con Elena Espinosa como principal representante. Las medidas sociales han ido por delante y la prometida Ley contra la Violencia de Género ha sido la primera en ver la luz en tanto que los proyectos que necesitan dinero aguardan en una tensa espera. “Papá Solbes”, como se le conoce en muchos ministerios, cruza los dedos mirando la cotización del petróleo que podría amargar el turrón al presidente y a sus ministros. Por Inmaculada Sánchez Hasta cuándo puede durarle a Zapatero el “buen rollito” con la opinión pública?. “Hasta que dure el ciclo económico”. Así de realista se muestra en su respuesta el número dos de una de las federaciones más importantes del PSOE. Seis meses acaban de pasar desde que el primer ejecutivo nombrado por ZP tomara posesión y los españoles aún tienen mayoritariamente una buena opinión de su gestión –por encima del 40 % – y aprueban a la práctica totalidad de sus ministros –la reciente encuesta de Sigma Dos para El Mundo sólo puntuaba por debajo del 5 a las titulares de Agricultura, Elena Espinosa, y de Vivienda, Maria Antonia Trujillo–. Este prolongado periodo de gracia tiene su origen en las medidas de carácter social a las que el presidente ha querido priorizar en sus primeros meses como inquilino de la Moncloa y que, además, están influyendo decisivamente en el mapa de poder que ya se perfila en el Consejo de Ministros. Quienes conocen de cerca cómo se han ido desarrollando estos primeros pasos del nuevo gobierno señalan que el “marcador” puesto en marcha por Zapatero puntúa a los ministros “más baratos” en sus reformas y penaliza a quienes más necesitan del presupuesto para tirar de su departamento. Dicho más claramente, la reforma del código civil presentado por el titular de Justicia, Juan Fernando López Aguilar, para que los homosexuales puedan contraer matrimonio no ha encontrado ninguna rémora para verse aprobado en Consejo mientras que el plan de choque para la vivienda acaba de sufrir su primer retraso: la ministra Maria Antonia Trujillo anunciaba la semana pasada que no entrará en vigor antes de 2006 por motivos presupuestarios. Consecuencia: la imagen de López Aguilar, a pesar de lo polémico de la medida, sube entre la ciudadanía mientras que la de la titular de Vivienda cae en picado. Otro tanto le sucede a la ministra de Fomento, Magdalena Álvarez, que hasta ahora poco más ha podido anunciar desde su departamento que la enorme hipoteca recibida del anterior gobierno y la afloración de la deuda de Renfe. No obstante, no todo es cuestión de dinero en las notas que acumulan los ministros. Este primer medio año de trayecto también ha marcado una línea divisoria entre los procedentes de las cercanías del líder socialista y los llegados a formar parte de su equipo desde otras latitudes. Ejemplo claro es el titular de Trabajo, Jesús Caldera, mano derecha de Zapatero durante los años de oposición y que ahora no sólo acumula una de las agendas políticas con más peso dentro del Ejecutivo sino que es prácticamente el único que ha logrado abrir el cofre de las cuentas que tan celosamente guarda Pedro Solbes para poner en marcha sin retraso alguno la subida del salario mínimo y la de las pensiones prometidas en campaña. La titular de Agricultura, Elena Espinosa, por el contrario, una de las últimas ministras en ser designada y a quien el presidente no conocía personalmente, tiene retenida en su cartera una medida vital para el sector, la también prometida reforma de la Ley de Arrendamientos Rústicos. ¿El motivo? Economía aún no ha dado su visto bueno. Cuestión de peso político y de proximidad con el ‘jefe’. Con estos mimbres, los primeros analistas de la “era Zapatero” tanto dentro como fuera del PSOE, dibujan un perfil de su gobierno en el que la figura de Maria Teresa Fernández de la Vega empieza a ocupar el sitio para el que iba destinada. Todas las fuentes consultadas coinciden en que la evolución de la vicepresidenta es más que perceptible entre quienes la tratan. Sin haber perdido su perfil aún bisoño para la alta fontanería, en más de un ministerio se reconoce que su presencia ocupa cada vez más espacio, sus intervenciones, tanto en el Parlamento como en las ruedas de prensa,han adquirido más soltura y calado político y su labor de coordinación podría estar empezando a dar sus primeros pasos. Un detalle al respecto podría estar en el reciente refuerzo del área de coordinación informativa, dependiente de su departamento: hace escasamente unos días una veterana profesional de la oficina de prensa de Ferraz se ha incorporado a Moncloa para trabajar en contacto con los diferentes gabinetes de prensa de los distintos ministros. El puesto, dependiente de la Dirección de Coordinación Informativa que ocupa Angélica Rubio, viene a cubrir un espacio que los continuos viajes de su titular, al lado del presidente como asistente y asesora, no puede atender con la necesaria fluidez. Otro de los que no sólo mantiene, sino que mejora, su cercanía y complicidad con el presidente es Miguel Angel Moratinos, titular de Exteriores, con el que Zapatero no parece tener la tensión, tantas veces habitual, entre presidente y canciller. Su feeling se ha venido alimentando estos meses, además, con la primera línea en la que Zapatero ha colocado a su política exterior nada más convertirse en presidente. Retirada de las tropas de Iraq, retorno a Europa, mejora de las relaciones con el mundo árabe y tensa mirada de respeto a la Administración norteamericana son aguas en las que Moratinos nada a sus anchas. “Además, Moratinos es un diplomático, no un político que pretenda escalar puestos desde el Ministerio de Asuntos Exteriores, como ha ocurrido tantas veces”, asegura un alto cargo de Moncloa. Otro elemento a tener en cuenta en el idilio, que pocos formulan en voz alta aunque conocen de su importancia, es la presencia en Exteriores de una de las mujeres más cercanas política y personalmente a Zapatero, Leire Pajín, la joven Secretaria de Estado de Cooperación Internacional. Pajín fue impuesta a Moratinos por el presidente pero en estos seis meses parece haber encontrado su hueco en el Palacio de Santa Cruz sin errores ni ruidos innecesarios , situación que estaría ayudando al ministro a que su hilo de conexión con Moncloa esté, si cabe, más fuerte. El “club” de los más cercanos al presidente y por añadidura, fuertes en el Gabinete, se completaría con los ya citados Caldera y López Aguilar, a los que habría que sumar Alonso y el “resucitado” Sevilla. Jesús Caldera está sorprendiendo a más de uno por la cuidada discreción con la que está afrontando una de las tareas de mayor calado del gobierno. Bajo su dirección se ha aprobado, tal como prometió Zapatero, la primera ley de la legislatura, la Integral contra la Violencia de Género, y no sin problemas. El titular de Trabajo ha conseguido sortear el rechazo del PP a sus medidas de discriminación positiva en favor de las mujeres en el terreno penal introduciendo una ligera modificación que, aunque le ha generado problemas con el colectivo feminista, ha conseguido que el proyecto se aprobara por unanimidad en el Congreso y se convirtiera en un gran triunfo político para el presidente. También bajo su tutela se encuentran las pensiones y el salario mínimo, con lo que se ha podido apuntar las subidas anunciadas. Incluso en asuntos menos lucidos, como la inmigración, Caldera parece haber desactivado, al menos por el momento, la polémica generada por la anunciada regularización de ilegales del pasado verano, remitiendo la tensión a un futuro reglamento que negocia con sindicatos y empresarios. Dentro de su equipo también encontramos parte del paso firme con el que Caldera transita dentro del Consejo de Ministros: sus dos Secretarias de Estado, Amparo Valcárce y Consuelo Rumí, son destacados miembros del circuito “femenino” de confianza de Zapatero. No en vano, el líder incluyó en la ejecutiva federal del partido elegida en el último congreso el pasado julio tanto a Caldera como a Rumí –también figura Pajín–, en un tácito reconocimiento de quiénes, dentro de su gobierno, extendían su poderío más allá de sus despachos ministeriales. El titular de Justicia, López Aguilar, fue otro de los ministros que se “coló”, para sorpresa de algunos, en la ejecutiva federal. Ese dato confirmó su lenta pero sostenida escalada dentro de la órbita de Zapatero. Incluso en los círculos de la judicatura progresista, críticos en su momento con el papel que, desde la oposición, ejerció el canario –sobre todo durante el famoso “Pacto por la Justicia”, firmado con el PP y que los populares vulneraron en varias ocasiones– ahora se perciben discretas señales de aprobación. En este cambio de actitud ha jugado decisivamente el paso adelante dado por el ministro para romper el cerco al que la mayoría conservadora tiene sometidos a los jueces progresistas tanto en el Consejo General del Poder Judicial como en tribunales tan significativos como el Supremo o los Superiores de cada autonomía. López Aguilar tiene entre sus proyectos modificar su forma de selección para que no baste con la mitad más uno, cifra que, votación tras votación, ganan los miembros elegidos a propuesta del PP en el actual Consejo, sino que sean los tres quintos del mismo los que decidan los nombres de los futuros jueces. Otro de los ministros que ha remontado sus vacilantes comienzos es José Antonio Alonso, el titular de Interior y, probablemente, el más cercano en lo personal a Zapatero, de quien es amigo desde la infancia. Alonso dio pocas alegrías al presidente en su estreno como ministro de una de las áreas que Zapatero quiso reservar a alguien de su absoluta confianza. El juez, recién aterrizado en la arena política, tuvo algunos resbalones en sus primeras declaraciones en torno a la investigación sobre los atentados del 11-M –llegó a acusar al PP de “imprevisión”– que se alejaban del clima templado con el que el líder socialista quería que arrancara a andar su gobierno. Pero parece haber aprendido rápidamente, en opinión de otros compañeros de gabinete, y, más cuidadoso en las manifestaciones públicas, se ha beneficiado recientemetne de la histórica operación contra la cúpula etarra, además de liderar con ímpetu una ambiciosa reforma en materia de seguridad vial que ya ocupa lugar en la agenda más inmediata del Gobierno. El carné de conducir por puntos encabeza las medidas entre las que también se encuentra la responsabilidad penal para quien conduzca bajo los efectos del alcohol. Toda una revolución en los hábitos de los españoles dentro de una ambiciosa reforma no exenta de peligros. Alonso, pues, parece empezar a ocupar el sitio al que todo titular de Interior se alza en la consideración de la población. En los últimos sondeos, a pesar de ser uno de los ministros totalmente desconocidos para los españoles antes de ser nombrado, ya figuraba el quinto en la valoración de los encuestados. Jordi Sevilla cerraría este primer círculo de ministros a pesar de que en la tarea que tiene encomendada no se vislumbra todavía el éxito ni el fracaso. El titular de Administraciones Públicas, sin embargo, ha dado un paso de gigante superando su estatus de “apartado” dentro de la ejecutiva socialista cuando el asesor Miguel Sebastián pareció ocupar su sitio junto a Zapatero poco antes de la victoria electoral. Tras ella el presidente demostró que uno de los que desde el primer momento se puso a su lado para empujarle hacia el liderazgo del PSOE, primero, y la presidencia del Gobierno, después, no había dejado de contar para él. No sólo le hizo ministro sino que le confió una de las carteras más sensibles, la que carga con la gestión de la política territorial. Su primera tarea está siendo la preparación de la anunciada conferencia de presidentes autonómicos con el del Gobierno de la nación. La primera reunión con consejeros de las diecisiete autonomías resultó fallida por las críticas de los representantes del PP. Para las próximas semanas se anuncia la segunda, de la que resultará el éxito o el fracaso final del empeño del presidente en hacerse una foto con sus homólogos de todas las autonomías de España. Del clima de esa foto arrancarán otras reformas de mayor calado, como las de los estatutos o la del Senado. Sevilla, pues, tiene ante sí una de las “patatas calientes” menos templadas que maneja el Ejecutivo y, por el momento, parece contar con el apoyo de Zapatero en la empresa. Quien, según testimonios recogidos en Barcelona y Madrid, habría incrementado su química con el presidente es José Montilla, el primer secretario del PSC y ministro de Industria. A pesar de la polémica sobre los horarios comerciales con Pedro Solbes, primera de sus batallas dentro del Consejo que dejó traslucir que no lo va a tener nada fácil, el catalán ha conseguido “entenderse” con Zapatero hasta incluso “mejor” que con Maragall, según un dirigente socialista muy cercano a ambos. “Montilla está más pegado a la realidad que el President de la Generalitat y eso Zapatero lo valora mucho”, asegura la citada fuente, que augura un cercano futuro más próximo al epicentro monclovita del ministro catalán. El peso del ministro de Industria, no obstante, procede de Cataluña y de su papel como líder del PSC. Fue esta condición, y la exigencia de los socialistas catalanes, la que forzó a Zapatero a incluirlo en la ejecutiva federal del PSOE en el último congreso, haciéndole romper su palabra de que no quería ministros en la nueva dirección –finalmente fueron tres: Montilla, Caldera y López Aguilar–. Después del catalán sólo Bono, en sí mismo, acumula poder político y territorial dentro del gabinete. El ministro de Defensa, considerado por sus compañeros de Gabinete como un “islote” en las tensiones propias de un equipo que apenas lleva seis meses funcionando, había dado semanas de tranquilidad al presidente hasta que su particular forma de remozar el desfile de la Fiesta Nacional ha vuelto a colocarle en el disparadero público. Iniciales errores como su peculiar toma de posesión o la famosa medalla autoconcedida que tuvo que rechazar posteriormente habían dejado paso a una gestión más discreta centrada en una mejora de los medios del CNI para combatir el terrorismo internacional, el envío de tropas a Afganistán o Haití con misiones humanitarias, la depuración de responsabilidades del accidente del Yak 42 o detalles tan del estilo de Zapatero como el nuevo juramento sobre la Constitución impuesto a los nuevos mandos militares. Sin embargo, la inclusión de un veterano de la División Azul en la parada del 12 de octubre ha hecho olvidar rápidamente estos meses pasados. Bono ha vuelto a ocupar el lugar de “outsider” que el presidente parece haberle permitido y en estos días, tal como ya ocurriera cuando la polémica de la medalla, libra en solitario una nueva pelea ante la opinión pública que aún no tiene definido su horizonte temporal. Para desconsuelo de Zapatero, que tanta vehemencia puso en su decisión de contar con un gobierno paritario, es entre las ministras donde están los miembros más débiles de su equipo. Exceptuando a Cristina Narbona, cuya gestión en Medio Ambiente, no exenta de terrenos pantanosos, está siendo recibida con apoyos desde el PSOE y la opinión pública, el resto navegan entre la discreción y el inminente naufragio. Si este llega a producirse buena parte de la culpa podrá atribuirse al perfil mayoritariamente técnico elegido por Zapatero en su selección. Magdalena Álvarez, quizá la más política del grupo, tiene en su contra el presupuesto en un ministerio de gasto como Fomento y poco se puede decir, de momento, de sus iniciativas, aprisionadas por la herencia recibida. Elena Salgado y Maria Jesús San Segundo se están caracterizando por su discreta actuación. Ambas tienen enfrente a las “fieras” de las autonomías gobernadas por el PP, dispuestas a boicotear cualquiera de sus iniciativas en materia sanitaria o educativa,y, por el momento, no han resultado “heridas” en ninguna refriega. No se puede decir lo mismo de la ministra de Cultura, Carmen Calvo, quien en estos seis meses parece acumular el mayor número de deslices, errores y excesos en sus declaraciones públicas. Elena Espinosa, por su parte, aparece aprisionada en un perfil de gestora sin capacidad política que puede pasarle factura en cualquier momento en forma de movilizaciones del sector agrario, menos comprensivo cada día que el precio del gasóleo sube un peldaño más en su escalada. La titular de Vivienda, Maria Antonia Trujillo, puede convertirse en el primer gran problema para el presidente ya que en sus manos se encuentra una de sus más llamativas promesas electorales. Aunque se enfrente a la creación de un nuevo ministerio, sus competencias estén repartidas entre las autonomías y precise de mucho dinero, hasta ahora se la está percibiendo con escaso verbo político y eso, en temas tan sensibles popularmente, es tan necesario como el presupuesto. Solbes,
entre tanto, planea por encima de todos, ajeno a los codazos por situarse
cerca de Zapatero. El es el único que ya ha sido ministro, y eso, se nota. |
| El bingo de Zapatero, por Enric Sopena |