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Los Reyes ceden protagonismo a los Príncipes OPERACIÓN HEREDEROS |
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Desde
que finalizaran sus vacaciones, los Príncipes de Asturias parecen no dar
abasto. En septiembre Por Virginia Miranda Teníamos ganas de volver para empezar a trabajar”. Lo dijo Doña Letizia nada más regresar de su prolongada luna de miel por algunos pueblos españoles y por las playas paradisíacas del Pacífico. Debió quedarse con las ganas porque, desde entonces y hasta finales del mes de agosto, apenas tuvo tiempo para ejercer su papel de Princesa; andaba demasiado ocupada en participar de las vacaciones en Marivent y en asistir a las regatas que cada año patrocina la Familia Real. Sólo las recepciones oficiales en el Palacio de la Zarzuela a mandatarios hispanoamericanos, como el presidente de Perú, Alejandro Toledo, el de la República Dominicana, Leonel Fernández Reyna, y el de la República de Panamá, Martín Torrijos, o los viajes al cono sur americano, como a México, a la República Dominicana y a la de Panamá (en estos dos últimos asistió a las tomas de posesión de sus jefes de Estado), lograron sacarla de la monotonía estival. Pero finalizadas las vacaciones, a ella y a su marido el Príncipe Felipe les esperaba una intensa agenda oficial capaz de satisfacer sus deseos. Y los planes del Rey... A principios del mes de septiembre, los Príncipes de Asturias realizaron su primer viaje oficial a Hungría. Allí tuvieron la oportunidad de mantener encuentros privados con el presidente de la República y con el primer ministro y de inaugurar el Instituto Cervantes de Budapest. Poco después, acudieron con los Reyes a varios actos oficiales: fueron al concierto benéfico en favor de los enfermos de alzheimer Me olvidé de vivir, asistieron al almuerzo y la cena de gala ofrecida en honor del presidente de la República Checa, cenaron con el primer ministro de Bulgaria y asistieron a la entrega de los distintivos de la Orden del Mérito Deportivo y de los Premios Nacionales del Deporte. Lejos de aminorar, la ajetreada actividad de los herederos ha ido en aumento, tanto por la frecuencia como por el nivel de importancia. El 26 de septiembre clausuraron el Fórum de las Culturas Barcelona 2004 y la pasada semana estuvieron de visita oficial en Estados Unidos para promocionar la cultura española: cena en la residencia del gobernador del Estado de Nuevo México, imposición de la medalla del Consejo Rector de la Universidad al presidente de Iberdrola Iñigo de Oriol, encuentro con representantes en la Cátedra Príncipe de Asturias, colocación de la primera piedra de la ampliación del Centro Nacional Hispano de Alburquerque (Nuevo México), reunión con estudiantes, profesores e investigadores universitarios en Georgetown, encuentro con el director gerente del Fondo Monetario Internacional Rodrigo Rato, y visita al director del Instituto Cervantes de Nueva York, Antonio Muñoz Molina. Y esta semana, asistencia al desfile y los actos de celebración del Día de la Fiesta Nacional, el acontecimiento más importante antes de que el 22 de octubre Don Felipe, acompañado de Doña Letizia, entregue los Premios Príncipe de Asturias en la ciudad de Oviedo. La estrategia. Las frenéticas jornadas de los futuros Reyes de España no dejan indiferentes a nadie; desde que se anunciara el compromiso matrimonial de Don Felipe y Doña Letizia la pareja no ha dejado de ser uno de los principales reclamos de la prensa y cada uno de sus movimientos son seguidos por los medios y la opinión pública con la máxima atención. Sin embargo, la Casa Real, conocedora de la realidad española y consciente de que el sentir popular dista mucho de responder a la efusividad con la que los Príncipes son agasajados en las grandes ocasiones, sabe que no basta con que se hable de ellos; hay que procurar que, si son noticia, no lo sean por sus salidas nocturnas o sus viajes de placer, sino por su trabajo como futuros Jefe de Estado y primera dama, un oficio difuso sin atribuciones aparentemente reconocibles pero sobre el que las fuentes oficiales de La Zarzuela siempre han tratado de hacer hincapié. Pero no basta con decirlo; para que el mensaje llegue a los ciudadanos es necesario dotarlo de contenido y proveer a los Príncipes de Asturias de una puesta en escena capaz de trastadar todos los argumentos a un simple golpe de vista. Y todo ello con una finalidad: lograr que los futuros Reyes de España consigan la misma aceptación que Don Juan Carlos y Doña Sofía para garantizar la continuidad monárquica, una circunstancia que algunos dan por hecha pero otros muchos aún hoy ponen en duda, de ahí la necesidad de desplegar todos los recursos disponibles para allanar el camino de Felipe VI. Además, las circunstancias sociales y políticas apremian. Aunque el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, defiende la compatibilidad de la política republicana con la monarquía parlamentaria, no todos los partidos del arco parlamentario son de su opinión y ya hay un Gobierno autonómico, el tripartito de Cataluña, integrado por dos formaciones republicanas. La Casa Real no deja de ser un organismo con jefes, empleados, estrategias, objetivos y beneficios. De modo que, viéndolo desde este punto de vista, el Rey (jefe) ha dispuesto que el personal de La Zarzuela (empleados) desarrolle un amplio operativo (estrategia) para que la sociedad valore positivamente (objetivo) el papel de los Príncipes de Asturias (beneficios). La operación Heredero consta de dos líneas de actuación. Por un lado se trata de ocupar a Don Felipe y Doña Letizia en actos de gran calado social e institucional que llenen el vacío legislativo existente respecto al papel del futuro Jefe de Estado, al que sólo se le exige asegurar la descendencia, y que les dote cada vez de mayor protagonismo, cedido por unos monarcas seguros de que su valoración pública no corre ningún peligro. Hace ya años que Don Juan Carlos delegó en su hijo la tarea de asistir a las tomas de posesión de los presidentes latinoamericanos. Ahora, cada vez es más frecuente verle en visitas oficiales al extranjero y en actividades culturales de gran calado, como la visita oficial a Hungría, la asistencia a los centros que el Instituto Cervantes –la institución pública creada en 1991 para la promoción y la enseñanza de la lengua española y la cultura nacional e hispanoamericana– posee en el exterior, la reciente inauguración del Centro de Investigación Médica Aplicada de la Universidad de Navarra o la presidencia en Yuso (La Rioja) el 13 de octubre de la sesión plenaria de las Academias de la Lengua de España, Filipinas, Estados Unidos y 19 países hispanoamericanos para dar el visto bueno al Diccionario Panhispánico de Dudas –la tercera obra filológica tras la Ortografía y la última edición del Diccionario–. Por otro lado, se trata de humanizar la escena de la Sagrada Familia y convertir la imagen de los monarcas y los Príncipes en un todo indisoluble, de modo que lo que percibe la retina del observador se reinterprete en el subconsciente como una demostración de que las virtudes de Don Juan Carlos y Doña Sofía, artífices del periodo monárquico más estable de los últimos cien años, son igualmente atribuibles a las dos personas llamadas a tomar las riendas de la institución. La imagen de Don Felipe y Doña Letizia junto a los Reyes en la escalinata de La Zarzuela recibiendo a mandatarios extranjeros, la de las dos parejas disfrutando de las competiciones olímpicas en Atenas, la de Don Juan Carlos y su hijo acompañando a sus mujeres en un concierto solidario, o la de los Príncipes de Asturias presenciando la entrega de los premios deportivos concedidos por el monarca, van más allá del mero acto protocolario para formar parte de una estrategia diseñada con este objetivo y, de paso, desterrar definitivamente los rumores de posibles desavenencias entre el Rey y el Príncipe a causa del origen plebeyo de su mujer. El éxito de esta empresa aún está por ver y sólo se conocerá el resultado cuando llegue la hora de abordar la sucesión. De momento, lo que sí se puede reconocer es el empeño de la Familia Real y, muy especialmente, de los Príncipes, por definir su papel y alcanzar el beneplácito de los españoles. Don Juan Carlos supervisa personalmente el contenido de las agendas de su familia y, por lo tanto, la de Don Felipe y Doña Letizia. Y ellos mismos, tal y como confirman desde La Zarzuela, participan personalmente en las reuniones que celebra la Casa Real para definir las prioridades a corto y medio plazo. Incluso según Carmen Duerto, autora de Príncipe de Corazones (La Esfera de los Libros) y periodista especializada en la Familia Real, los Príncipes comparten con el Rey la preocupación por transmitir una imagen acorde con su responsabilidad y dice que le “consta que la intención de la pareja es dejarse la piel para caer bien, para hacerlo lo mejor posible y para resultar accesibles a la gente”. Incluso ya se han visto progresos en el comportamiento de Don Felipe ante los medios de comunicación. Sea por la experiencia, por la felicidad de vivir junto a la persona amada o por los consejos de su televisiva esposa, ya no resulta tal uraño y tímido ante las cámaras, un punto flaco que a su padre siempre le preocupó. José Antonio Alcina, responsable de la educación y formación del futuro jefe del Estado, cuenta en su libro Felipe VI. Así se formó el Príncipe Heredero (La Esfera de los Libros) que “en aquellos tempranos días de su adolescencia Don Felipe no comprendía bien el afán de los medios de comunicación en responder al interés informativo de la sociedad y, en la mayoría de los casos rehuía, cuando no se negaba en redondo, a cualquier “intromisión“ mediática en su vida íntima y privada [...]. Quizá por ello su padre insistía en que había que recordarle que como Heredero de la Corona y como futuro Rey tenía que pasar por estas pruebas y tratar de superarlas, sin parecer antipático ni excesivamente inclinado a aceptar todo lo que le solicitasen. Había que dejarle muy claro a Don Felipe que no era una persona corriente que podía pasar desapercibida. Por el contrario, debía tener siempre presente que todo lo que hiciera y dijera sería analizado y publicado [...]. Como adivinando futuros episodios que podrían presentársele a lo largo de su vida la experiencia del Rey le adelantaba que siempre habría de tener un tacto exquisito, pensando que mil ojos vigilarían sus más pequeños gestos, servidumbre que había de soportar por ser quien era”. Ahora, el Príncipe parece haber alcanzado esa mesura y ese saber estar ante los medios de comunicación (sus baños de multitudes ya se han convertido en una costumbre en cada una de sus apariciones públicas), que no son otros que los encargados de trasladar al público, a su público, la imagen que la Casa Real está tratando de diseñar del Heredero de la Corona y su mujer. Una imagen que identifique, sin ningún género de dudas, la institución monárquica con los Príncipes de Asturias, el juancarlismo con un necesario felipismo, la implicación de la Reina con las causas sociales con la de la Princesa en las actividades culturales. Pero aún queda mucho por hacer. Para empezar, Don Felipe y Doña Letizia deberán evitar errores como los cometidos antes de contraer matrimonio. El polémico viaje a Las Bahamas, rodeado de lujo y ostentación, fue un traspié innecesario duramente criticado incluso por los más monárquicos, como Alfonso Ussía o Jaime Peñafiel. Sus afiladas plumas se ensañaron con la pareja; el primero le espetó a Don Felipe desde las páginas de La Razón que “basta ya de pandilla de pijos. El Príncipe sabe que los privilegios están sometidos a los cumplimientos”, y el segundo le reprochó desde El Mundo “las vacaciones principescas [...], una serie de desaciertos, errores y malentendidos, sobre todo, en el intento, por parte de la Casa Real, de explicar, eso sí, oficiosamente, lo que no tenía explicación y mucho menos justificación”. Semejantes comentarios incisivos no habrían sido imaginables si el sujeto de la crítica hubiera sido Don Juan Carlos. Y no porque no haya cometido ciertos errores en su dilatada trayectoria al frente de la jefatura del Estado, sino porque siempre se ha preservado con excesivo celo su vida privada y, aunque fueran conocidos, monárquicos y no monárquicos han pasado por alto sus pecados, que consideraban compensados por su ingente labor como Rey. El distinto tratamiento es un buen termómetro con el que medir la distancia que aún separa al monarca y a su Heredero y con el que demostrar que la institución se sustenta en la persona de Juan Carlos I y no en la dinastía de los Borbones. La prueba está en que según el barómetro del CIS del mes de junio, el 55% de los españoles considera que la monarquía es algo superado, mientras que los Reyes siempre suelen ocupar los primeros puestos en los ranking de popularidad que con frecuencia elaboran periódicos, revistas o empresas dedicadas a la investigación social. De todas formas, Don Felipe aún dispone de tiempo y recursos para rentabilizar el protagonismo que le brindan sus padres. Ahora tiene una mujer con la que compartir tareas y emular a la pareja de monarcas. Quién sabe si en poco tiempo tendrá descendencia con la que acabar de diseñar su papel de Heredero. ¿Volverá a ausentarse de la Fiesta Nacional? Seguro que no. El viaje a Estados Unidos programado por la Casa Real ha concluido a tiempo para que los Príncipes de Asturias lleguen a España con suficiente antelación y Don Felipe no vuelva a cometer el patinazo del año pasado. El Heredero de la Corona andaba por estas fechas de viaje oficial a Nueva York. La visita tenía que haber concluido el día 10, pero el Príncipe intentó apurar más de la cuenta en la ciudad de los rascacielos y decidió retrasar su vuelo hasta el domingo 12 de octubre. El sábado, tal y como confirmó El Siglo, prefirió disfrutar del ocio, a sabiendas de que el avión no le traería de regreso con tiempo suficiente para asistir a los actos conmemorativos del Día de la Fiesta Nacional. La ausencia, la primera que protagonizaba el Príncipe desde que comenzara a celebrarse la festividad, provocó el disgusto de sus padres. A Doña Sofía se la vió aquella mañana en la Plaza de Colón con cara de pocos amigos. Su hijo preferido había descuidado sus deberes como Heredero y, para colmo, estaba tan afectado por el jet lag al aterrizar que no fue capaz de acudir a la comida posterior con las altas instituciones del Estado y los representantes de las Fuerzas Armadas. Las explicaciones de la Casa Real resultaban poco convincentes: “el viaje oficial a Washington y a Nueva York se programó hace meses. Entonces, estaba previsto que el Príncipe tuviese actos el sábado, pero se suspendieron e, igualmente, se volvió el domingo, como estaba previsto”. No será por desconfiar del buen criterio de Don Felipe, pero por si acaso, entre su último viaje oficial y el Día Nacional han puesto dos días de por medio. Para evitar sorpresas. Princesa del pueblo o Cenicienta Está a punto de cumplirse un año desde que la Princesa de Asturias dejó de ser la chica del Telediario para convertirse en la prometida de Don Felipe. Aquello parecía un cuento de hadas; la Cenicienta del siglo XXI se llamaba Letizia Ortiz y llegaba a La Zarzuela con nuevos aires de modernidad. Al menos eso fue lo que pensó en un principio. A la pedida de mano asistió con su padre periodista y su madre enfermera de un sindicato. A las visitas familiares acudió con el Príncipe, que posiblemente hablaba por primera vez con un jubilado de Olivetti (abuelo paterno) y con un taxista (materno). Pero por mucha normalidad que desee imprimir a su vida, es consciente de que la Familia Real ha pasado a encabezar su lista de prioridades. Y también su nuevo estilo de vida, que a día de hoy sigue generando expectación entre los españoles. Daniel Abad, experto en comunicación de la empresa P&I, considera que aunque se ha producido cierto mimetismo con el caso de Lady Di en el Reino Unido, no se puede hablar de las mismas circunstancias. La monarquía española es más discreta que la británica. Además, en la sociedad española existe un republicanismo latente y la Casa Real procura que no se frivolice con la imagen de la Princesa. Javier de Montini, delegado editorial en Madrid de la Revista Lecturas, tiene la misma consideración respecto al comportamiento de las dos familias reales. Por otra parte, asegura que el origen de Doña Letizia ha sido la causa del interés inusitado que provoca Doña Letizia. “Muchas mujeres intentan imitarla. A la revista llaman algunas para preguntar por la ropa que lleva la Princesa. De hecho, desde hace un año se ha convertido en el personaje indiscutible”. ¿El secreto?: “su juventud, su frescura, su silueta, su sonrisa y su forma de mirar. Seduce con la mirada”. Amor a primera vista El Rey ya tenía predisposición a llevarse bien con el presidente del Gobierno que resultara elegido en las elecciones del 14 de marzo. Fuera quien fuese, le permitía perder de vista al jefe del Ejecutivo saliente, con el que había sufrido durante ocho años la merma de sus atribuciones constitucionales y algún que otro disgusto. Lo que no podremos saber es si con Rajoy habría tenido tan buena química como con José Luis Rodríguez Zapatero. Luis R. Aizpeolea dedica en su libro Ciudadano Zapatero (Espejo de Tinta) un capítulo a la relación del presidente con la Casa Real. Dice que Zapatero y el Rey no sólo despachan todas las semanas, como viene siendo habitual entre el jefe del Estado y el del Ejecutivo desde la instauración de la democracia, sino que también son frecuentes las llamadas de Zarzuela a Zapatero. Incluso en sus encuentros privados disfrutan de la mutua compañía. Recuerda Aizpeolea que tras el tradicional encuentro veraniego en el Palacio de Marivent, los monarcas, los duques de Palma, el presidente y su mujer compartieron mesa y mantel durante una agradable velada que se prolongó durante cuatro horas y en la que Rodríguez Zapatero se preguntó divertido: “¿Quién diría esto de un republicano como yo?”. Pero el Rey
no sólo ha encontrado un buen amigo; también ha encontrado a la persona
encargada de restaurar sus atribuciones constitucionales. Aizpeolea recoge
informaciones de Moncloa en las que se asegura que el monarca va a tener
un mayor protagonismo en política exterior y recuperará su papel como
jefe de las Fuerzas Armadas, algo diluido en la etapa del Gobierno de
Aznar. |
| La monarquía del mestizaje, por Enric Sopena |