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Nº 617 - 27 de septiembre de 2004

Del hiperliderazgo de Aznar al galaico estilo Rajoy

EL 'BAMBI' DEL PP

Todo parece estar a punto para que Mariano Rajoy sea elevado, por fin, al Olimpo de la derecha española. Los poco más de 3.000 compromisarios que asisten al XV Congreso del PP están llegando durante esta semana a Madrid y, según cuentan las buenas lenguas populares todos traen la lección muy bien aprendida: “Hay que modificar el partido para cuatro años en la oposición y apoyar al heredero de José María Aznar”, un hombre que ya se ve capaz de dirigir el partido sin que nadie le haga sombra. O casi nadie, porque lo  que sí parece cierto es que alguno hay agazapado a la espera de un resbalón o de tiempos mejores.

Por Manuel Santaella

Tras la debacle electoral del 14 de marzo, las elecciones europeas han sido la verdadera prueba de fuego para la continuidad de Mariano Rajoy al frente del Partido Popular. El que será el sucesor de Manuel Fraga y José María Aznar se siente ya seguro en Génova. Dicen los especialistas en rajología que sólo tras los resultados de las elecciones europeas Mariano Rajoy se sintió con fuerzas para gobernar la nave popular. Otra cosa es que lo vean así todos los dirigentes del mismo a pesar de la ceremonia de unidad que se celebrará este próximo fin de semana en el congreso.

Las incógnitas en torno al nuevo líder son muchas. Las fuentes consultadas por esta revista aseguran que todo el partido, excepto su guardia de corps, está pendiente de lo que haga Rajoy, pero nadie se atreve a preguntarle “¿qué hay de lo mío?”. Tan seguro está de su fuerza el nuevo jefe de los populares que decidió nombrar a su mentor, José María Aznar, presidente de honor de su PP y sentarlo “a su izquierda” en la nueva Ejecutiva (la derecha siempre será de don Manuel Fraga). Pero, como los buenos toreros, se crece ante las adversidades, y los que han tenido la gran suerte de conversar con él aseguran que ironiza sobre la supuesta bicefalia o tricefalia que padecerá el nuevo PP. A Rajoy le parece lógico, cuentan sus voceros,  que un hombre como Aznar, que ha dado 15 años de su vida al partido, ocupe un puesto en él, sobre todo a sabiendas de que le ha dado su palabra de que no se inmiscuirá en los asuntos del partido, por lo menos si no se lo piden, y Rajoy no se lo va ha pedir.

Así que, ya libre “del peso del pasado”, el nuevo líder ya ha preparado este XV Congreso (su congreso), a su medida. Los compromisarios que acudan a Madrid procedentes de toda España ratificarán el partido que quiere Mariano Rajoy, un partido ágil, moderno y eficiente capaz de luchar durante al menos cuatro años en la oposición, un partido que tenga la suficiente capacidad para poder batirse en todos los terrenos, también en los cotidianos que interesan a los ciudadanos y sea capaz de una vez de “pasar página”, aunque las decisiones de la comisión del 11-M de llamar a declarar a José María Aznar sirvan para calentar un Congreso que podría resultar de lo más soso, si no fuera por la expectación levantada en saber a qué caras nuevas “llamará Rajoy a su presencia”.

El viernes día 1 será el día grande de Alberto Ruiz-Gallardón. El alcalde de Madrid dispondrá de la audiencia del XV Congreso ya que ese día expondrá su ponencia política. El sábado 2 de octubre es el día de Rajoy, el candidato a presidente nacional presentará su candidatura y será aquí cuando desvele los nombres de su equipo de gobierno de los que poco o nada ha trascendido, y no quiere que trascienda. El domingo Aznar tomará la palabra, eso sí, después de Manuel Fraga y antes de que de nuevo Mariano Rajoy haga su discurso de clausura.

En este discurso es probable que Rajoy exponga sus directrices para sus cuatro años en la oposición. El líder popular quiere un partido  normalizado y para ello contará con un organigrama más parecido al que tiene el PSOE, es decir, Rajoy quiere crear su “gobierno en la sombra” preparado para dar respuesta no sólo a los ministros del actual Ejecutivo, sino para formar uno propio si esto fuera necesario. Además de los tres presidentes, que serán miembros natos del Comité Ejecutivo, éste estará formado por una Secretaría General, que ocupará Ángel Acebes; seis secretarías ejecutivas: Organización y Comunicación, ya existente, y las nuevas de Política Autonómica y Local, Política Social y de Bienestar, Política Económica y Empleo, Libertades Públicas, Seguridad y Justicia y la de adjunto a la Presidencia, que ya está diseñada para Carlos Aragonés, el galáctico procedente de la cantera de Aznar y ahora fichado por Mariano Rajoy.

También se crean 15 secretarías de área y  dos nuevos órganos consultivos, uno dedicado a las autonomías, constituido por los presidentes de las comunidades y ciudades autónomas, el secretario general y los presidentes regionales, cuya función será analizar las políticas en esta materia, y un segundo órgano denominado Consejo de Política Exterior, cuyos miembros serán designados por el Comité Ejecutivo del partido a propuesta del presidente.

Desaparecen, si así lo deciden en el XV Congreso Nacional, los cuatro coordinadores de área y deja a la decisión del presidente tener o no vicesecretarios, cargos que siempre han constituido el denominado “núcleo duro”  del partido, que parece que Rajoy no desea tener. “Bien mirado”, dicen las fuentes consultadas por El Siglo “ lo que se está preparando es un partido más eficaz, pero a la vez más presidencialista”.

Y todo esto, es decir, la más amplia remodelación de la estructura organizativa del partido jamás conocida, ya que cambia más de la mitad de los artículos de los estatutos del Partido Popular, ya se lo han preparado Gabriel Elorriaga y Ana Pastor, los más fieles colaboradores de Rajoy, a su presidente. Ellos defenderán en el Congreso la ponencia Más partido, donde se recogen estos cambios. Pero esta ponencia ya ha recibido la adscripción para su debate de 2.500 de los 3.000 compromisarios que llegarán a Madrid para el congreso y ahora en Génova se están esmerando para encauzar y plasmar sobre papel las enmiendas presentadas sobre este asunto, lo que da idea del interés levantado en las filas populares por el cambio de diseño de la dirección del partido.

Nadie duda ya que este congreso será el congreso de Mariano Rajoy para ello el sanedrín que rodea al nuevo líder (los Elorriaga, Aragonés, Acebes y Michavila) han dejado todo atado y bien atado, siguiendo las directrices del “gallego”, que no quiere oír una voz más alta que otra ni en el congreso ni durante los próximos cuatro años. Rajoy y sus “mensajeros” han mando callar ya a los camps y esperanzas aguirres, con los gallardones y zaplanas con hueco en el nuevo Partido Popular, y esperando nuevos tiempos “para ser califas en lugar del califa”,  sin nada que temer ya de los arenas, cascos o trillos  y colocados nada menos que en el Fondo Monetario Internacional, con categoría de jefe de Estado,  Rodrigo Rato (que ya ha anunciado que ni siquiera asistirá al congreso), y en Europa a Mayor Oreja. A la única que hay que buscar ubicación en la nueva Ejecutiva es a Loyola de Palacio, que regresa de Europa. Las fuentes consultadas aseguran a esta revista que esto no será ningún problema y que la hermanísima logrará acomodo en el PP de Rajoy.

Y es que “aquí en el Partido Popular no hay halcones y palomas, aquí sólo tenemos gaviotas” ironizaba a esta revista un dirigente del PP al ser preguntado sobre la aceptación del núcleo duro del PP de la presencia  del alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón en la Ejecutiva que surja  en el XV Congreso Nacional del Partido Popular. El problema es que la gaviota no es precisamente un ave que simbolice la paz, sino más bien un pájaro con instinto carroñero y aunque Mariano Rajoy está intentando por todos los medios llegar al Congreso sin sobresaltos, podría no tener el partido tan tranquilo como él desearía.

Los díscolos de Rajoy

 Por Virginia Miranda

Mariano Rajoy tiene todo dispuesto para reafirmar su liderazgo en el seno del Partido Popular. Todo, menos las insurgencias protagonizadas en algunas de sus más importantes plazas autonómicas. El presidente popular en ciernes aún no ha logrado sofocar sus más sonadas batallas fraticidas cuando precisamente en Galicia, donde a él más le duele, aparece otro foco de conflicto dispuesto a aprovechar el escaparate del Congreso Nacional para ponerle contra las cuerdas. A Rajoy, como ya le ocurriera en tiempos a Felipe González, le están creciendo los barones, y sólo si consigue imponerse ante los líderes regionales conseguirá que bajo la fachada de partido cohesionado exista un sólido andamiaje capaz de mantenerle al frente del partido hasta las próximas elecciones.

El cónclave en el que resultará elegido presidente del PP y que con tanto esmero ha organizado ya ha quedado deslucido por un nubarrón proveniente del feudo de Manuel Fraga. El pasado día 21 se filtró la noticia de que el presidente del PP de Ourense, Xosé Luis Baltar, seguido de otros tantos diputados populares en el Parlamento gallego, podría abandonar el partido esta semana porque, dicen, no ven respaldados los intereses de su provincia. Según fuentes citadas por la agencia Efe, el propio Baltar se lo comunicó la noche anterior a Manuel Fraga en el transcurso de una cena en Santiago, en la que el presidente de la Xunta no logró solventar la mayor crisis que ha tenido la formación regional desde los años 80 y que, de hacerse efectiva la amenaza, supondría la pérdida de la mayoría absoluta del PP en la Cámara regional.

Bajo los denominados “intereses de la provincia” existe un trasfondo de mayor calado político en el que los de Ourense están dispuestos a medir sus fuerzas nada menos que con el Pazo de Raxoi y con Génova. La medida de presión ya la vienen barruntando desde que en enero de 2003, los diputados díscolos estuvieron a punto de escindirse del partido por considerar que el secretario general del PPdeG y hombre de Rajoy, Xesús Palmou, había provocado la salida del ex conselleiro Xosé Cuiña de la Xunta -dimitió tras hacerse público que empresas de su familia podrían haber vendido material para la limpieza de fuel procedente de los vertidos del petrolero Prestige frente a las cosas gallegas-. Otro de los motivos argumentados es la influencia que la dirección nacional ejerce en Galicia vía Alberto Núñez Feijóo. Decían que Mariano Rajoy le mandó de regreso a Santiago –presidía Correos en Madrid- para tener a una persona de su confianza en la vicepresidencia de la Xunta.

Pero prefirieron no precipitarse y ha sido ahora, justo dos semanas antes de que comience el cónclave popular y dos semanas después de que Fraga hiciera la última remodelación de su Gabinete sin contar con ellos, cuando han amenazado con hacer efectiva su salida del partido. Y todo ello con la vista puesta en las próximas elecciones gallegas, que en condiciones normales deberían celebrarse en octubre de 2005. Los diputados de Ourense quieren hacer presión para arrancarle a Fraga el compromiso de que Cuiña regrese a un posible nuevo Gobierno autonómico popular y la Xunta cuente con representantes de la provincia para darle “el peso que merece”: Ourense es uno de los mayores nichos de votos del PPdeG y en cada cita electoral logra mayoría absoluta. Además, el Partido Popular gobierna en 75 ayuntamientos de la provincia y dicen que 60 alcaldes respaldan a Baltar. Ahí radica su fuerza, en que si se escinden de la formación romperían la mayoría absoluta de Fraga –aunque continuarían apoyando al PP y se presentarían bajo otras siglas en la próxima convocatoria electoral- y en que mantendrían la suya en la Diputación de Ourense.

Los principales protagonistas de la crisis, Baltar y Fraga, acordaron no hablar públicamente del tema hasta pasada una semana. De modo que será en la que ahora transcurre cuando se sabrá si el presidente gallego y el secretario general del PP lograr solventar la crisis. Lo que ya queda fuera de su alcance es el efecto innegable que ha tenido en el Congreso Nacional y en la capacidad de mando de Rajoy, seriamente devaluada tras estos acontecimientos.

Esta lucha de poder territorial ha sido la más dañina para el próximo presidente de los populares por su proximidad al cónclave y por las amenazas vertidas. Sin embargo, no ha sido la única.

La Comunidad Valenciana fue la primera en sacar a la luz sus trapos sucios. El desencadenante; la elección de un nuevo líder del PP regional. El motivo; la división entre los partidarios del presidente valenciano, Francisco Camps, y los del ex ministro Eduardo Zaplana. Camps era un hombre de Zaplana. De hecho, el ex titular de Trabajo le aupó al frente de la Comunidad tras su marcha de la Generalitat porque quería mantener controlada la región desde Madrid. Sin embargo, el resultado electoral de las autonómicas de mayo de 2003 concedió a Camps un gran respaldo electoral y la suficiente independencia para gobernar por libre y sin ataduras políticas. Los fieles a Zaplana no se lo perdonaron. Por eso quisieron presentar como alternativa a José Joaquín Ripoll, presidente de la Diputación de Alicante y hombre fiel a Zaplana. Pero los de Camps se rebelaron. En un pronunciamiento público sin precedentes, decenas de alcaldes y diputados provinciales y autonómicos, encabezados por la primer edil de Valencia y ‘enemiga cordial’ del ex ministro, Rita Barberá, denunciaron sentirse amenazados por el entorno del candidato alternativo a Camps. Así se lo comunicaron a la dirección nacional del PP, que sobrepasada por la trascendencia del caso, se reunió el 16 de abril para tratar de encontrar una solución. Unos dicen que Rajoy y Acebes decidieron respaldar la candidatura de Camps mientras Zaplana lo negaba. Lo cierto que al final se adoptó una medida salomónica y el resultado fue el siguiente: Francisco Camps presidente y José Joaquín Ripoll secretario general. Sin embargo, las tensiones, lejos de desaparecer, permanecen latentes. El último episodio tuvo lugar en julio, cuando 20 de los 48 diputados del PP en las cortes valencianas afines a Zaplana dieron plantón al presidente regional cuando se disponía a debatir un “ambicioso plan de inversiones” en un pleno extraordinario.

Otro caso ha sido el de Madrid. El conflicto más evidente surgió a raíz de las competencias sobre la red de Metro el pasado mes de mayo. La Comunidad y el Ayuntamiento se disputaban el poder en el Consorcio, que es quien decide la composición del Consejo de Administración del Metro. Hasta entonces mantenían una paridad de cinco consejeros, sin embargo, Esperanza Aguirre, presidenta de la región, quería obtener más representantes que el Ayuntamiento, argumentando que el Gobierno regional es quien paga las ampliaciones de la red. El vicealcalde, Manuel Cobo, amenazó con sacar a la empresa pública y a la EMT (autobuses urbanos) del Consorcio Regional de Transportes, asumiendo en solitario la red de transporte público dentro de la capital, si Aguirre no rectificaba. La discusión fue subiendo de tono y tras un duro cruce de acusaciones se llegó finalmente a un acuerdo, tratando de escenificar una cordialidad inexistente entre Esperanza Aguirre y Alberto Ruiz-Gallardón. Cada uno de ellos representa un peligro en las aspiraciones políticas del otro y están echando un pulso al margen de los dictados de Génova. Su próximo frente de batalla será el Congreso regional del partido, previsto para 2005. El Siglo contaba el pasado mes de junio (ver número 607: “Esperanza del PP”) que, según fuentes de la Asamblea de Madrid, la presidenta autonómica tenía puestas sus miras en este cónclave. Que Esperanza Aguirre quiere ser presidenta del PP de Madrid es un secreto a voces. Y que Alberto Ruiz-Gallardón hará todo lo que esté en su mano para impedirlo, también. El vicepresidente de Madrid, Ignacio González, declaró en una entrevista concedida a Telemadrid que “no tendría nada de sorprendente –que Aguirre asumiera el control del partido en Madrid- porque es bastante frecuente en comunidades gobernadas por el PP, que los presidentes regionales coincidan con los del partido”. Ella fue más discreta pero tampoco lo descartó: “No tengo conocimiento alguno de que García-Escudero vaya a dejar la presidencia”. Lo cierto es que él sí ha llegado a decir en privado que desea abandonar el cargo y sus últimos movimientos así lo indican. Para empezar, Pío García-Escudero, aznarista ahora próximo a Ruiz-Gallardón, fue de número dos en las listas del PP al Ayuntamiento, cuando lo normal es que un presidente regional vaya en la candidatura autonómica. Además, se presentó en la lista del PP al Senado durante las pasadas elecciones generales con la intención de abandonar el Consistorio y la presidencia del PP de Madrid. Actualmente es portavoz del grupo en la Cámara Alta, pero aunque abandonó el Ayuntamiento, permanece en su puesto orgánico. Fuentes conocedoras del caso dicen que Alberto Ruiz-Gallardón le está reteniendo para cortarle el paso a Esperanza Aguirre e impedir que controle el poder en el PP de Madrid, la formación regional con mayor peso y poder de decisión en el seno del partido.

De momento no ha habido más altercados y las tensiones territoriales se han relajado –a excepción de la gallega- a la espera de que pasen los días 1, 2 y 3 de octubre para comenzar a mover ficha de cara a los congresos regionales. El de Madrid promete, y también el de Castilla-La Mancha, donde se está preparando la presentación de un candidato alternativo al oficial José Manuel Molina. Por eso, el éxito del cónclave nacional no representa ninguna garantía si Mariano Rajoy no logra superar la reválida en las autonomías.

LOS HOMBRES CLAVES

Acebes, el leal

Es la persona elegida por Rajoy para ocupar la secretaria general que él deja vacante y es que aunque las malas lenguas aseguran que así el Partido Popular no da su brazo a torcer reconociendo que se equivocó en la gestión del 11-M, lo cierto es que Acebes ha sido un hombre fiel al partido y fiel a sus dirigentes y eso es muy apreciado por Mariano Rajoy.

Acebes hizo sus primeros pinitos en política en UCD, antes de afiliarse a Alianza Popular en 1985. Fue elegido alcalde de Ávila en 1991 y desde entonces no ha parado de servir al partido allí donde era requerido, esta actitud le ha valido para llegar a ser el número dos del organigrama que salga tras el XV Congreso Nacional.

Zaplana, el intrigante

Si algo tiene Eduardo Zaplana es su capacidad para, con la mejor de las sonrisas, buscar las amistades más incondicionales y los odios más profundos, y sino que se lo pregunten al actual presidente de Valencia Francisco Camps.

El político murciano (nació en Cartagena en 1956) ha tenido una carrera meteórica que él piensa culminar con la dirección del Partido Popular y para ello se prepara y espera su oportunidad.

Ahora, y mientras aguarda ese momento, Mariano Rajoy le dará una secretaría ejecutiva para apartarlo de Valencia donde los seguidores de Camps no le perdonan.

Ruiz-Gallardón, el futuro

Todos, hasta las encuestas, dicen de él que será el futuro del Partido Popular.  Y todos aseguran que tiene madera para dirigir un PP más moderno y más abierto, pero Alberto Ruiz Gallardón donde tiene los mayores enemigos es precisamente dentro del partido del que fue una vez secretario general.

El peor enemigo que tiene Gallardón lo tiene precisamente en Madrid, la “dama de hierro” española, Esperanza Aguirre no lo quiere ni en pintura y desea tenerlo lo más lejos mejor. Esperanza Aguirre, que quiere el poder en Madrid, no vería con buenos ojos que Gallardón se afianzara en la Ejecutiva de Rajoy y presentará todas las armas que tenga para impedirlo, entre ellas la ley de incompatibilidades que tiene este partido.

Pero Gallardón tiene muy claro que quiere su oportunidad y no parará hasta conseguirla y ésta no es otra que ser el sucesor de Rajoy.

Michavila, la voz del nuevo PP

Ha estado a la sombra de ministros hasta que llegó a presidir el Ministerio de Justicia. Los que le conocen dicen de él que es un trabajador incansable. Comenzó su andadura política en 1989 cuando se afilió al Partido Popular y fue nombrado asesor jurídico del Grupo Parlamentario en el Congreso de los Diputados.

Su formación jurídica hace que sepa utilizar perfectamente los tiempos a la hora de realizar discursos críticos y a veces rozando el cinismo. Muy ácido con sus enemigos políticos, es capaz de convencer utilizando sus argumentos de manera muy ordenada. Michavilla será la voz del PP que surja tras el XV Congreso Nacional.

Pastor, la amiga

Si algo es la ex ministra de Sanidad y Consumo, Ana Pastor, es amiga de Mariano Rajoy. Esta pontevedresa de 47 años se ha trasladado desde su Galicia natal siempre que Mariano Rajoy la ha necesitado y han sido muchas las veces que esto ha sucedido.

En el nuevo equipo que prepara su mentor hay un sitio para ella con toda seguridad ya que no es necesario que “guarde los intereses” de Mariano Rajoy en Galicia, que sigue “regentada” por Manuel Fraga.

Elorriaga, el delfín

Ha sido secretario de Estado de Organización Territorial del Estado del Ministerio de Administraciones Públicas, a donde llegó de la mano de Mariano Rajoy y desde donde se “batió el cobre” con los presidentes autonómicos.

Gabriel Elorriaga es el único del círculo íntimo que rodea al candidato que tiene toda la confianza del líder. En él confió la campaña electoral de la que salió derrotado el pasado 14 de marzo. Dicen de él que es un gran gestor, pero un mal político, aunque todo se aprende.

Aunque él asegura que no tiene ambiciones, son muchos los que lo señalan como el candidato de Rajoy para sustituirle cuando decida dejar el liderazgo del Partido Popular.

Aragonés, el lado oscuro

Todos los partidos tienen y necesitan un personaje como Carlos Aragonés un hombre que ha sido la sombra de Aznar desde que éste ocupara la presidencia de Castilla y León.

Miembro del denominado “clan de Valladolid” destacó enseguida por su mutismo y discreción. Eclipsado por su cargo, nunca quiso ni pudo ejercer sus dotes políticos a la luz, siempre permaneció en el lado oscuro llevando los mensajes del jefe, fuera éste quien fuera. Sus “roces” con Aznar en los últimos tiempos y su fichaje por Rajoy lo siguen situando en el epicentro de las decisiones del Partido Popular.


Y Aznar, en lontananza, por Enric Sopena
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