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Nº 616 - 20 de septiembre de 2004

Zapatero se estrena en la ONU y se alía con Lula

UN LEONÉS EN NUEVA YORK

Este lunes el presidente Zapatero meterá a España en la Alianza Mundial contra el Hambre impulsada por el presidente brasileño Lula da Silva en un encuentro que tendrá lugar en Nueva York. Un día después, en la misma ciudad, pronunciará su primer discurso ante la Asamblea General de la ONU que supondrá su presentación oficial ante la comunidad internacional. Zapatero, sin embargo, no necesita presentaciones. Con apenas cinco meses al frente del Gobierno español, el líder socialista ha dado un vuelco a la política exterior del país, ha viajado más que sus antecesores y ya se codea con dirigentes que suelen cobrar cara una foto a su lado. Su arriesgada decisión de retirar las tropas españolas en Iraq le ha catapultado a una fama que desde Moncloa intentan administrar sin que se les vaya de las manos. Mientras, aprende inglés y regala jamones.

Por Inmaculada Sánchez

Se disculpa sonriendo con sus ojos color aguamarina tan traslúcidos que tengo la sensación de que estoy mirando el mar Caribe”. Tan arrobada declaración sobre Rodríguez Zapatero procede de Leslie Crawford, la jefa de corresponsales del Financial Times en España. Con ella arranca la periodista el reportaje de portada que su periódico dedicó al presidente español el pasado mes de julio. ZP, por lo visto, tiene gancho más allá de nuestras fronteras.

“Es extremadamente cortés. No levanta la voz, se aproxima, mira a los ojos, coge del brazo al dirigente que ha de saludar… usa su encanto”, explica cómo ha aprendido a codearse con los altos dignatarios mundiales un miembro de su séquito en los viajes. “En el reciente viaje a Túnez, durante su discurso en la cena oficial dijo claramente que España era un país “hermano” y la traductora no lo dijo así exactamente. Zapatero, que entiende el francés, se paró y requirió que repitiera esa palabra”, añade. “Los comensales aplaudieron encantados”.

El presidente apenas había cuidado su imagen internacional durante sus cuatro años como secretario general del PSOE. Bastante lío tenía en casa. Pero desde que diera la orden de regreso a España a las tropas destinadas en Iraq, a pocas horas de su investidura, el mundo, la escena internacional, sus dirigentes y todos los periódicos del orbe repararon en el joven socialista que había dado la sorpresa y había sustituido al presidente bajito y con bigote que acompañó a Bush y Blair en la famosa cumbre de las Azores.

“José Luis, no te lo vas a creer, eres portada en todos los periódicos de China”. Era Javier Solana quien hablaba por teléfono con Zapatero a la mañana siguiente del anuncio sobre las tropas. Quizá fuera entonces cuando el novato presidente se diera cuenta de lo mucho que iba a cambiar su vida.

Durante sus primeros cien días en La Moncloa ha hecho quince visitas oficiales al exterior, más que cualquiera otro de sus antecesores en el mismo periodo. Marruecos, Alemania, Francia, Portugal, Italia, Gran Bretaña y México estaban en la apretada agenda. También varias cumbres de la Unión Europea, entre ellas la III con los países de América Latina y el Caribe, y una de la OTAN en Estambul. Todo un curso acelerado de protocolo internacional. Entre tantas idas y venidas también encontró un hueco para ir al Vaticano a presentarle sus respetos al Papa Juan Pablo II, quien le recibió en audiencia privada a finales de junio. La agenda estaba milimétricamente estudiada.

24 dirigentes internacionales han sido recibidos en Moncloa en el mismo periodo, entre ellos once jefes de Estado y de Gobierno. También durante esos primeros tres meses al frente del país Zapatero concedió seis entrevistas a medios de comunicación internacionales, entre ellos el New York Times y el Financial Times. Hoy se acumulan 165 peticiones de otros tantos medios extranjeros en el departamento de comunicación de Moncloa.

“En la comunidad internacional se ha recibido con alivio la marcha de Aznar, a quien en Europa conocían como “el abominable doctor no” por el bloqueo al que tenía sometido el proyecto de Constitución”, explica un colaborador del presidente. La foto del lunes pasado, en la que el presidente francés, Jacques Chirac, y el canciller alemán, Gerard Schröder, juntaban sus manos con las de Rodríguez Zapatero a las puertas de la Moncloa, había sido, hasta ahora, el punto culminante de una cuidada estrategia en el vuelco que el gobierno socialista ha dado a la política exterior del país. Esta semana, su aparición con Lula da Silva y Kofi Annan para meter a España en la Alianza Mundial contra el Hambre, marcará otro hito en la misma.

Esta Alianza, impulsada por el presidente de Brasil, tomó carta de naturaleza en enero de este año cuando Lula da Silva y el secretario general de Naciones Unidas junto a los presidentes de Chile, Ricardo Lagos, y de Francia, Jacques Chirac, proclamaron su apoyo a la misma, encargaron un informe técnico para elaborar propuestas, e invitaron a otros líderes mundiales a sumarse a ella.

Rodríguez Zapatero, metido entonces en pre-campaña electoral, dijo en un mitin que quería sacar a España de “la foto de las Azores” para meterla en la de la lucha contra el hambre. Ya presidente, en el primer encuentro que tuvo con Lula, en la cumbre UE-América Latina-Caribe que tuvo lugar a finales de mayo en México, le comunicó al dirigente brasileño su intención de sumar con España un quinto miembro al cuarteto. “Hablaré con Lagos y Chirac, no creo que pongan ninguna pega”, le dijo Lula a Zapatero.

Semanas después desde Brasil confirmaban la conversación de ambos presidentes y en Madrid se empezaba a trabajar para la puesta en escena del solemne acto. Será finalmente esta semana, coincidiendo con la asamblea anual de la ONU cuando Zapatero adorne su incipiente figura de estadista mundial con un proyecto tan loable como hetéreo en la lucha contra el hambre y la pobreza.

Después hablará por primera vez ante la ONU en un discurso que tratará de sintetizar lo que para el presidente español son las líneas básicas de su política exterior. Defenderá la legalidad internacional representada por la ONU y, aunque aprobará el proyecto general de reforma de su Consejo de Seguridad, no se sumergerá en detalle en aguas tan complejas. Abogará por el multilateralismo como eje de las relaciones entre países y pondrá como ejemplo las negativas consecuencias de la guerra de Iraq.

A la vez, se proclamará actor principal en la lucha contra el terrorismo aunque criticará la doctrina de la guerra preventiva apelando, además, a su escasa eficacia en la resolución de problemas. Zapatero se referirá a la cooperación de los servicios de inteligencia, de los medios policiales y judiciales como medida mucho más efectiva contra el terror. Y señalará como objetivo atacar los caldos de cultivo donde se genera el odio terrorista, el conflicto entre Israel y Palestina y la pobreza y hambruna mundial. Un discurso medido y coherente con sus actuaciones hasta ahora, según el equipo que le ha ayudado en los días previos a prepararlo.

Con esta “presentación oficial” ante la asamblea de la ONU, que también en su día utilizara Aznar para darse a conocer en el escenario mundial, Zapatero pretende terminar de asentar los cinco ejes de la política exterior de su gobierno. A saber: la construcción europea como prioridad, la restauración de las relaciones con Latinoamérica que el sesgo pro-USA del gobierno Aznar deterioró, de la misma manera que con los países árabes y del Mediterráneo, el cumplimiento de la legalidad internacional y el mantenimiento de “una relación de amistad franca y leal con los Estados Unidos”, tal como la definen los documentos monclovitas.

En su viaje de esta semana a Nueva York no está previsto ningún encuentro con el presidente George W. Bush, ni siquiera en los pasillos, como ocurrió en la cumbre de la OTAN en Estambul donde, fuera de programa aunque preparado, se produjo un “espontáneo” encuentro entre los dos presidentes. Educada y fríamente hablaron entonces unos siete minutos. Para Bush, metido hasta el cuello en su campaña electoral en estos momentos, ya fue suficiente.

Mientras la Administración Bush “castiga” al gobierno Zapatero con ese desdén, por el contrario, en Europa y Latinoamérica la figura del presidente español está en ascenso. La prensa francesa ha apodado la “zapatera” a Segolène Royal, la dirigente socialista francesa que  ha conseguido una de las pocas victorias de su partido frente a los conservadores en el distrito electoral del primer ministro Raffarin.

Los más importantes diarios de la Unión Europea han escrito ya del presidente español como “líder emergente de la izquierda europea” de la misma manera que, en su día, se fijaron en Tony Blair y su Tercera Vía. Ahora, la agenda de derechos civiles y el discurso de “los ciudadanos” de Zapatero están de moda entre los socialistas europeos.

En este viaje a la celebridad internacional el joven presidente va acompañado por un reducido equipo donde el ministro Miguel Angel Moratinos ocupa el puesto principal. La relación entre presidente y titular de Exteriores, nunca fácil debido al protagonismo que habitualmente pretenden acaparar los jefes de gobierno en la escena internacional, en esta ocasión y, por el momento, parece discurrir por sólidos caminos de complicidad. Carles María Casajuana, diplomático y director del departamento de Política Internacional y Seguridad de su gabinete, y Javier Valenzuela, periodista y director de Información Internacional de la Secretaría de Estado de Comunicación, completan la unidad de apoyo que le sigue a todos los viajes fuera de España.

También Trinidad Jiménez, concejala del Ayuntamiento de Madrid y  secretaria de Relaciones Interrnacionales del PSOE, ejerce su influencia en la agenda exterior del presidente, sobre todo en Latinoamérica, donde el ex presidente Felipe González, con quien Jiménez trabajó varios años, mantiene importantes relaciones.

Muy temprano, sobre las siete y media de la mañana, un profesor australiano acude al palacio de la Moncloa para dar clases al presidente de inglés de conversación y de negocios. Como la mayoría de sus antecesores, Zapatero tampoco maneja el idioma de la diplomacia aunque entienda el francés, con el que tampoco está suelto en conversación. De momento, eso no parece ser un problema  para su fama internacional.

Como Felipe, con un jamón

La delegación española que acompañaba al presidente Zapatero a la cumbre de la OTAN en Estambul, el pasado 27 de junio, no sabía dónde meterlo. Junto a las habituales carpetas y maletines de papeles y documentación viajaba con ellos un paquete de dimensiones y contenido singular que debían depositar en el hotel donde se alojaban los mandatarios europeos convocados al encuentro.

Se trataba de un jamón ibérico que habían de entregar a los servicios de protocolo del canciller alemán, Gerard Schröder, también invitado a la cumbre. El séquito del presidente español cumplió el encargo con exquisita discreción y nadie hizo comentarios posteriores al respecto.

La idea del obsequio había surgido en un anterior encuentro entre Rodríguez Zapatero y Schröder durante una cena con otros presidentes de la Unión. Un plato de salmón, al que alguno de los comensales pusieron alguna pega, provocó un comentario sobre el jamón español y el presidente no desaprovechó la oportunidad. “¿Sabes que el ex presidente Felipe González solía enviar cada año un jamón a tu antecesor, Helmut Kohl, con el que mantenía una relación personal especial? Si quieres yo te hago llegar uno”, le vino a decir a Schröder.

Dicho y hecho. El canciller aceptó y, en lugar del frío envío por correo o valija diplomática Zapatero prefirió hacer la entrega durante el siguiente encuentro personal. La semana pasada, cuando Schröder y Chirac visitaron La Moncloa ambos se llevaron también un ejemplar de bellota. Una vez más Zapatero emulaba a su ídolo, Felipe González, que utilizó el gusto por el jamón de Helmut Kohl para sostener más allá de lo estrictamente político una relación que duró años y que entorpeció, posteriormente, el entendimiento entre José María Aznar y el líder democristiano alemán.

Sonsoles viajará lo imprescindible

“He acompañado a Jose en cada uno de los viajes y he hecho varias visitas también yo sola. Hemos hecho buenos amigos, relaciones que trascienden lo puramente político y que hemos cultivado a lo largo de estos años en numerosos viajes”. Así describe Ana Botella en su libro “Mis ocho años en La Moncloa” su presencia en la mayoría de los viajes al extranjero realizados por Aznar cuando era presidente.

Para la antecesora de Sonsoles Espinosa acompañar a su marido y “hacer amigos” haciendo uso de su papel de consorte presidencial no provocaba ningún conflicto entre lo público y lo privado, como la famosa boda de su hija en El Escorial, con Tony Blair o Silvio Berlusconi como padrinos, dejó patente a ojos de todos los españoles.

Botella tenía por costumbre acompañar a Aznar en todos los viajes que se prolongasen más allá de 24 horas. Incluso, siendo ya concejala del ayuntamiento de Madrid, no ha dejado de viajar con su marido previo “permiso especial” del alcalde, Alberto Ruiz-Gallardón, para abandonar el despacho por unos días.

El frío de la noche fuera de casa también llevaba a la esposa del anterior alcalde, José María Alvarez del Manzano, a no dejarle marchar nunca solo aun cuando buena parte de estos desplazamientos llegaran a ser censurados por el Tribunal de Cuentas por ser cargados al erario público. “Cuando uno tiene una mujer de la que está muy enamorado no quiere separarse de ella ni un minuto” fue la patética explicación del alcalde.

La mujer de Rodríguez Zapatero, sin embargo, no quiere más presencia en el avión presidencial de la estrictamente imprescindible. “Acudirá sólo a determinadas citas en las que la presencia de las consortes esté expresamente incluída en el protocolo”, explican en Moncloa.  Hasta ahora no ha acompañado al presidente a ninguno de sus viajes al extranjero aunque en el de este lunes a Nueva York cabe la posibilidad de que se estrene. Si finalmente se decide a acompañarle su presencia no se hará notar en el séquito presidencial ya que se trataría de un viaje “privado” sin presencia pública en ninguno de los encuentros oficiales de Zapatero.

Carmen Romero, la mujer de Felipe González, también cultivó un bajo perfil público para exasperación de los servicios de protocolo monclovita. Ello no ha impedido que, como diputada socialista, haya trabajado en las relaciones con los países del Magreb y, una vez abandonado su escaño, en las pasadas elecciones legislativas, haya participado en la creación del “Círculo Mediterráneo” que promueve la amistad de los países que rodean al Mare Nostrum.


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