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Zapatero, Chirac y Schröeder borran la foto de las azores EL TRIO DE MADRID |
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Este
lunes Zapatero recibirá una visita inédita en la historia española. El
presidente de la República Francesa, Jacques Chirac, y el canciller alemán,
Gerard Schröder, acudirán a Moncloa a cenar con el presidente español,
a hablar de política exterior y a hacerse una foto que pretende borrar
la imagen de la famosa instantánea del trío de las Azores, en la
que Bush, Blair y Aznar anunciaron el inicio de la guerra de Iraq. El
encuentro marcará un antes y un después de la política exterior española
y supone un espaldarazo casi inesperado para el flamante Gobierno de Zapatero,
que pretende resucitar el europeísmo Por Inmaculada Sánchez My english is very bad”. Así se disculpaba, con su mejor sonrisa y mientras daba un efusivo apretón de manos al presidente irlandés, Bertie Ahern, el recién investido presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero. Era el pasado 1 de mayo, cuando la Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea daba la bienvenida en Dublín a diez nuevos países. Zapatero exhibía un inocente semblante de novato pero ya había ordenado la retirada de las tropas españolas de Iraq. Este lunes serán nada menos que el presidente francés, Jacques Chirac, y el canciller alemán, Gerard Schröder, quienes acudirán a darle un apretón de manos al Palacio de la Moncloa. Los tres mantendrán un encuentro de trabajo, cenarán, darán una rueda de prensa conjunta y se mostrarán, para la fotos, como el “nuevo trío europeo”. El equipo que diseña la estrategia de la nueva política exterior del gobierno del PSOE no esperaba conseguir el ansiado cambio de foto tan pronto. Zapatero, nuevamente, parece verse beneficiado por las circunstancias. Fue en la última cumbre europea en Bruselas, a mediados de junio, cuando la diplomacia monclovita inició los contactos para que los líderes de Francia y Alemania se desplazaran a Madrid en un intento de que la opinión pública visualizara el giro de la política exterior española. Ya no se mira primero a Washington sino a Bruselas. La cita se planteó como un encuentro informal, sin el oropel de las visitas oficiales, y la fecha quedó por concretar en la nebulosa del “próximo otoño”. Los acontecimientos, sin embargo, se han precipitado y el “perfil bajo” que desde Moncloa reconocen que, en un principio, creían iba a tener el encuentro se transforma en cuestión de días en una apreciada foto de Estado hasta el punto de que ha sido durante el fin de semana pasado cuando se ha organizado la logística de prensa para cubrir el evento después de saber que, junto a Chirac, vendrá un avión lleno de periodistas franceses para ser testigos de la noticia. “De repente, tanto a Chirac como a Schröder les ha interesado mucho la cita”, explican desde Moncloa. Nadie duda de que en las conversaciones del encuentro, al que acuden los dos mandatarios europeos sin corte alguna de ministros de Exteriores –lo que confiere aún más rango a la visita– estará la crisis abierta por la atroz matanza de la escuela de Beslán, en Osetia del Norte, y el endurecimiento de la posición rusa respecto a la forma de afrontar la amenaza del terrorismo mundial. “La matanza de Osetia ha colocado a la Unión Europea en una situación incómoda y nadie sabe aún qué esperar de Putin”, explica un diplomático español cercano al Palacio de Santa Cruz. El anuncio de Moscú de que está dispuesto a emprender acciones preventivas contra los terroristas en cualquier parte del mundo (más información en páginas 44 a 46) ha llegado cuando la cumbre de Moncloa ya estaba preparada pero el inquietante anuncio no ha hecho más que incrementar su tensión informativa. En lo que sí estaban pensando en el Palacio del Elíseo y en la cancillería de Berlín mientras preparaban el equipaje a Madrid es en las próximas elecciones norteamericanas previstas para el próximo noviembre y que, en esta ocasión más que nunca, se viven en Europa con un interés propio. La imagen del “nuevo trio europeo” intentaría presentar ante la opinión pública norteamericana a un George W. Bush cada vez más aislado en su estrategia en Iraq, algo que tanto en Paris como en Berlín interesa sobremanera. Tanto Chirac como Schröder tiene también intereses particulares en aceptar la invitación del joven presidente español. El presidente francés mantiene un largo pulso con el ex ministro de Interior y actual titular de Economía, Nicolás Sarzosky, por el liderazgo de la derecha francesa y todo lo que pueda apuntar en su cuaderno de alto estadista le viene bien. Además, en la sociedad francesa, contraria a la guerra de Iraq y con un importante porcentaje de inmigrantes musulmanes, son muy bien recibidos todos los movimientos de su presidente en favor de quienes se han mostrado contrarios a la escalada bélica de Estados Unidos como respuesta al terrorismo islámico. En ese sentido la figura de Rodríguez Zapatero suma muchos enteros en Francia y un viaje del presidente Chirac para departir con él sobre la situación internacional también será bien recibido en casa. Ya el pasado 24 de marzo, cuando Chirac se desplazó a Madrid para asistir al funeral de Estado en memoria de las víctimas de los atentados del 11 de marzo, elpresidente francés quiso tener un encuentro personal con el líder socialista español que acababa de dar la sorpresa en las urnas . Aunque aún no había sido investido presidente, el jefe del Estado francés le visitó en su despacho del Congreso de los Diputados. El gesto no pudo ser más elocuente. Schröder, por su parte, llega a Madrid en uno de sus peores momentos desde que se hizo cargo del gobierno alemán. Su liderazgo en el partido socialdemócrata está bajo mínimos e, incluso, un grupo de dirigentes ha pedido recientemente que dimita y deje a otro dirigente la responsabilidad de llegar a las elecciones de 2006. El canciller, no obstante, se resiste y mantiene sus intenciones reformadoras a pesar de que el apoyo popular a su gestión baja cada semana. Su presencia en la cumbre de Madrid, que sólo en Moncloa parecen no haber calibrado suficientemente, puede desviar la atención de los alemanes hacia su política exterior aunque los problemas internos persistan. Los tres dirigentes no sólo hablarán de la tensa escena internacional, de las nuevas amenazas que llegan de las repúblicas del Cáucaso, de los distintos panoramas que ofrecería una victoria de Bush o de Kerry en Estados Unidos, sino también de la construcción europea y de su cita más inmediata, la aprobación del proyecto de Constitución. Zapatero quiere ser uno de los primeros gobiernos que someta a referéndum el proyecto y pronto se hará oficial la fecha,que puede oscilar entre el 27 de febrero próximo o el primer domingo de marzo. Ni el gobierno francés ni el alemán se han pronunciado aún tan concretamente al respecto y es previsible que pongan en común con el presidente español sus estrategias respecto al proyecto constitucional. Para el gobierno de Zapatero la posibilidad de que el presidente inaugure unos encuentros personales con Chirac y Schröder es una oportunidad única que no está dispuesto a desaprovechar. El titular de Exteriores, Miguel Angel Moratinos, ya anunciaba la semana pasada en una entrevista concedida a un diario alemán con motivo de la cumbre de Madrid de este lunes que el gobierno español quiere que elnuevo reparto del presupuesto de la Unión, tras la ampliación, se haga mediante una “transición” razonable para que los fondos estructurales de los que España se beneficia actualmente no se recorten bruscamente. España necesita, más que nunca, aliados en el núcleo duro de la UE y el valiente y arriesgado giro de la política exterior emprendido por el gobierno de Zapatero debería sacar rendimiento del mismo en nuestra posición dentro de la Unión. Eso es, almenos, lo que pretende la diplomacia española. Los primeros síntomas de lo que puede dar de sí esta estrategia se atisbaron en la primera negociación que debió afrontar el recién nombrado ejecutivo español cuando la novata ministra de Agricultura, Elena Espinosa, acudió por primera vez a Bruselas a los pocos días de ocupar su puesto. Nueve meses de negociaciones empantanadas dejó el PP y, en una noche, Espinosa hizo lo que pudo por los cultivos españoles. Posteriormente, gestiones desde Moncloa mejoraron las ayudas pactadas en aquella noche aciaga. Por otro lado, el encuentro llega como colofón a la Conferencia de Embajadores que convocó la semana pasada a la cúpula de nuestra diplomacia en Madrid. Zapatero quería informar personalmente al cuerpo diplomático de los nuevos tiempos. Moratinos, la vicepresidenta y varios ministros dieron conferencias a los embajadores a lo largo de toda la semana. El titular de Exteriores fue claro. Europa es ahora “el eje prioritario de la política exterior” y los intereses españoles “se defienden mejor dentro de una lógica de inegración, y por tanto, de colaboración con Francia y Alemania, grandes motores de las iniciativas integracionistas”. Aznar, pronto presidente de honor del PP,asistirá al encuentro desde su despacho de la FAES, el think thank que alimentó la estrategia proamericana del PP. ¿Tendrá en su mesa la foto que se hizo en las Azores con sus amgios Blair y Bush un día de marzo de 2003. |
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El rey no será humillado El Rey Juan Carlos, ninguneado en tantas ocasiones por Aznar, comprobará personalmente esta semana el profundo cambio de estilo que la presidencia del Gobierno ha experimentado desde que José Luis Rodríguez Zapatero accediera a La Moncloa. Cuando Jacques Chirac y su esposa vinieron a España en octubre de 1999 en visita oficial, el entonces jefe del Ejecutivo ignoró las normas más elementales del protocolo internacional. A pesar de que el homólogo del presidente de la República francesa es el Rey, Aznar y su esposa les llevaron de ruta turística por Córdoba y Granada, en “visita privada”, antes de que los monarcas españoles, un día después, pudieran recibirles oficialmente en Madrid. El desaire de Aznar, que pronto se convertiría en uno más de los que Don Juan Carlos iría acumulando con el tiempo, no sentó nada bien al monarca, según pudo saber El Siglo. Pero en esta ocasión, han podido respirar tranquilos. La Moncloa ha previsto que Chirac llegue el lunes a las 17:00 horas y Gerard Schröder a las 17:30. ¿Por qué? Porque el Presidente de la República francesa acudirá, antes de ver a Zapatero, a La Zarzuela para saludar al Rey. De este modo, el jefe del Estado español será el primero en recibir a su homólogo francés, que más tarde acudirá a Moncloa, donde se reunirá con el canciller alemán para acudir a su cita con Rodríguez Zapatero. Nuestros
socios europeos comprobarán este lunes en primera persona lo mucho que
ha cambiado la política internacional española desde que el PSOE ganara
las elecciones. Y el Rey, que al fin y al cabo está obligado a tratar
con más frecuencia al presidente, lo bien que le ha sentado el cambio
de interlocutor. |
| La foto de la dignidad, por Enric Sopena |