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Nº 614 - 6 de septiembre 2004

Zapatero permaneció al margen, Fernández de la Vega rehusó posar con pieles y todas comieron sándwiches

HISTORIA DE UNA FOTO

 

La cafetería del Congreso fue la improvisada sala de reunión donde los jefes de Prensa de las ministras y la persona de máxima confianza del presidente decidieron aceptar la propuesta de Vogue; la revista de moda recibió tres condiciones para que las mujeres del Gabinete de Zapatero aceptaran aparecer en sus páginas; las fotos y las entrevistas se realizaron entre las 14:00 y las 16:40 del viernes 9 de julio; el almuerzo consistió en un improvisado catering a base de sándwiches y canapés, y el jefe del Ejecutivo, que califica el reportaje de “excelente”, se mantuvo al margen del posado. Estos son algunos detalles de la historia más polémica del verano, la de la foto en que las ocho ministras del Gobierno socialista posan con ropa de marca ante la fachada del Palacio de La Moncloa para la revista Vogue. Lo que pocos recuerdan es que el propio Zapatero ya se había dejado someter a una sesión de estilismo para otras publicaciones ajenas a la política.

Por Virginia Miranda

L a revista Vogue quiso hacer un reportaje histórico donde las ocho ministras del segundo Gobierno paritario del mundo, precedido tan sólo por el de Suecia, posaran juntas en una foto que pasaría a la posteridad. Después de someterlas a una sesión de estilismo y ataviarlas con diseños españoles, captarían con su objetivo a las ocho mujeres más poderosas de la política española en su faceta más elegante y femenina. A las improvisadas modelos no les disgustó la idea y el previsible escarnio  se convirtió en un mal menor que todas acabaron dispuestas en asumir. Sin embargo, ni la publicación de moda femenina ni las ministras se esperaban semejante abalancha de críticas; tal vez no supieron predecir que, ante la sequía informativa del verano, el posado alcanzaría un interés sobredimensionado. Eso sí, al margen de la valoración de la imagen, este error de cálculo ha sido uno de los pocos flecos que quedaron sueltos durante los tres meses que duró la negociación del reportaje, tal y como describen fuentes implicadas en todo el proceso.

Todo comienza poco después de constituirse el Gobierno socialista. La directora de Vogue España, Yolanda Sacristán, inicia los contactos con los directores de comunicación de las ministras para proponerles una serie de fotos conjuntas y entrevistas donde  hablaran de su trabajo y pusieran de relieve la importancia de un Gobierno paritario. Uno de los jefes de prensa decide comunicárselo a Angélica Rubio, directora general de Coordinación Informativa de Moncloa y persona de la máxima confianza de José Luis Rodríguez Zapatero, para que fuera ella quien coordinase el tema. Ella ésta de acuerdo y, aprovechando una sesión de control en el Congreso de los Diputados, se reúne con todos los responsables de comunicación de las ministras en la cafetería de la Cámara Baja para decidir sobre la conveniencia o no de aceptar la propuesta de Vogue. Los asistentes se debaten en si sería más adecuado que las acompañaran sus colegas masculinos o si su presencia en solitario daría más fuerza a la idea de paridad. También barajan la idea de desechar la oferta, pero el perfil de las lectoras de Vogue, mujeres de entre 30 y 40 años, escasamente ideologizadas y profesionales cualificadas, pertenecen a un sector del electorado al que el PSOE le interesa acercarse. Además, la revista les ha asegurado que mandarán una reseña de lo publicado a la edición internacional de Vogue, lo que les pondrá en bandeja la posibilidad de presentarse ante el mundo como un Gobierno igualitario. Finalmente deciden aceptar la propuesta, pero no sin antes concretar tres condiciones que la revista debe respetar. Para empezar, las ministras sólo podrán ser preguntadas durante las entrevistas individuales sobre temas profesionales. Además, no se realizarán pruebas de vestuario y los estilistas deberán seleccionar ropa sencilla y acorde con el estilo de cada una de las mujeres del Ejecutivo. Si a alguna de ellas no le gustan los modelos elegidos, posarán en la foto con su propio traje. Por último, nada de joyas ostentosas, sólo aceptarán ser peinadas y maquilladas.

Esto no era ni mucho menos lo que la publicación habría deseado. La revista de moda femenina, la más prestigiosa del sector, acostumbra a realizar pruebas antes de cada sesión fotográfica y a seleccionar prendas exclusivas para vestir a sus modelos. Pero la oportunidad era demasiado buena como para poner objeciones, así que escoje un vestuario discreto en colores negro y blanco y espera a que Moncloa coordine las agendas de las ministras para que le comunique el día y la hora en que su equipo de estilistas, redactores y fotógrafo deberán acudir a La Moncloa para realizar el reportaje.

En contra de lo que se ha llegado a publicar en algunos medios de comunicación, las fotos y las entrevistas se realizan en un tiempo record. A las 2 de la tarde del 9 de julio, después de un Consejo de Ministros, siete de las mujeres del Ejecutivo se congregan a las puertas de la residencia presidencial. Mientras a unas las maquillan y peinan, a otras las van entrevistando y haciendo las fotos individuales. La octava, María Teresa Fernández de la Vega, comparece ante la prensa como cada viernes y, tras finalizar a las 3 de la tarde, se incorpora al grupo de improvisadas modelos, que ya han empezado a comer los sandwiches y canapés de un improvisado catering. Cuando ya todas están listas, llega la tan comentada foto de grupo. El equipo de Vogue se dispone a preparar el escenario desplegando unas mantas de pieles sobre los sofás donde posarán las ministras. Los asistentes de La Moncloa preguntan por ellas, pero les aseguran que son “mantas decorativas sintéticas”. Las mujeres del Gabinete de Zapatero dan por buena la respuesta, pero Fernández de la Vega no parece muy convencida. La vicepresidenta primera no se sienta sobre las pieles en la foto de grupo y no permite que aparezcan en su retrato individual. A las 16:40, dos horas y media después de que comenzara, la sesión se da por finalizada y las ministras abandonan su papel de modelos para regresar a sus tareas profesionales.

En medio de todo el proceso, aparece el presidente. Fuentes de Moncloa aseguran que no fue consultado sobre la realización del reportaje “porque las ministras son soberanas para decidir sobre estos temas”. De hecho, dicen que permaneció al margen del tema y no conoció los detalles del posado hasta que lo vio con sus propios ojos. No obstante, algunas ministras percibieron cierta autoridad del jefe del Ejecutivo tras la organización del reportaje y dieron la iniciativa como algo prácticamente cerrado.

Sea como fuere, lo cierto es que Rodríguez Zapatero está tan satisfecho con el resultado que lo ha calificado de excelente. Y no es extraño. Él mismo se ha sometido a varias sesiones de maquillaje y vestuario en otras publicaciones ajenas a la política. El presidente ha posado como modelo en posturas y actitudes que hasta ahora, pocos líderes políticos se han atrevido a mostrar. En 2002, cuando apenas habían pasado dos años desde que fuera elegido secretario general del PSOE, apareció en la revista Zero, destinada a un público homosexual. Sentado en el suelo con una rosa en la mano y rodeado de pétalos, habló sobre las políticas sociales que su partido destinaría al colectivo de gays y lesbianas si llegaba al poder. El pasado mes de marzo posó para Marie Claire (este mes de septiembre también ha publicado un reportaje con las ocho ministras que no ha despertado la polémica de Vogue). La semana antes de que se celebraran las elecciones generales, salía a la venta el número en que el entonces candidato a La Moncloa posaba en la revista femenina con cuatro de sus mujeres elegantemente vestidas con firmas nacionales e internacionales: Trinidad Jiménez, Carmen Alborch, Mercedes Cabrera y Micaela Navarro. En la entrevista, habló, entre otras cosas, sobre la violencia de género. La última aparición tuvo lugar hace pocas semanas. Vestido de jugador de baloncesto, salió en la portada de la revista dominical de El Mundo junto a Mariano Rajoy (se trataba de un fotomontaje), mientras que en páginas interiores mostraba sus habilidades con la canasta. El reportaje cerraba una serie en la que destacados representantes de la política y el espectáculo aparecían representando algunas de las disciplinas olímpicas que semanas más tardes congregarían a deportistas de todo el mundo en Atenas.

Duras críticas. Sin embargo, ninguna de estas apariciones han sido sometidas al linchamiento informativo que han sufrido las ministras, acusadas de frívolas por aparecer en un revista de moda vestidas con ropa de marca incluso por algunos compañeros de partido. El más bronco en sus declaraciones ha sido Mariano Rajoy. El líder de la oposición ha calificado el reportaje de “un acontecimiento lamentable” e impropio de cualquier persona “decente”. Sus compañeros de partido no se ha quedado cortos. La portavoz adjunta del Grupo Parlamentario Popular dijo que estaban estudiando la posibilidad de pedir la comparecencia en el Congreso de las mujeres del Gabinete ministerial porque, dijo, la suya es “una fotografía ofensiva y frívola porque no refleja las preocupaciones de las mujeres en la sociedad”; la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, en una entrevista concedida al diario El Mundo dice que la paridad “es de boquilla” y que la instantánea “es una muestra más de la hipocresía del socialismo”; y Javier Arenas ha asegurado que “evidencian una ostentación de poder un tanto cutre”.

En su partido tampoco han visto el reportaje con buenos ojos. La mayor parte de las críticas no han salido de los pasillos y despachos de Ferraz, pero quienes han sido preguntados, no han podido evitar cierto tono de reproche. La secretaria de Estado de Servicios Sociales, Familias y Discapacidad, Amparo Valcarce, lamenta que la imagen del Gobierno paritario español “se vea empañado, presentando a las mujeres de una forma que no corresponde con la realidad”. Y la secretaria de Igualdad del PSOE, Maribel Montaño, dice en la entrevista concedida esta semana a El Siglo que el posado le puede parecer “más o menos desacertado”.

Mientras, la titular de Medio Ambiente, Cristina Narbona, ha salido peor parada que el resto de sus compañeras. A las críticas comunes se han añadido las de las asociaciones ecologistas, que han llegado incluso a pedir su dimisión por aparecer sentada sobre una de las mantas de pieles.

Y todo esto por no hablar de las páginas y páginas de periódicos impresos y digitales que han alimentado la polémica, llegando incluso a aprovechar la publicación de la foto para ridiculizar la paridad de sexos del Gabinete de Zapatero. 

Las ministras han salido en su propia defensa prácticamente en solitario. La titular de Sanidad estaba de guardia cuando se publicaron las fotos y fue ella quien primero tuvo que aguantar el chaparrón. Elena Salgado salió del paso reconociendo que en absoluto se arrepiente de haber participado en el reportaje y que “reducir la actuación de una ministra a una fotografía es una simplificación excesiva”. Algunas de sus compañeras también la han secundado. Carmen Calvo, de Cultura, ha dicho que ella no está dispuesta a frivolizar con lo que importa, que es “un Gobierno que en otros países les gustaría tener como símbolo de democracia mucho más profunda”; Magdalena Álvarez, de Fomento, dice que la polémica ha servido para que “se sepa que es la primera vez prácticamente en la historia del mundo” que hay un Ejecutivo en España compuesto por la misma proporción de hombres y mujeres y para destacar “la libertad de las mujeres para ejercer nuestros gustos, tenemos derecho a reivindicar ser mujeres”; y la vicepresidenta primera María Teresa Fernández de la Vega ha justificado el reportaje por “la demanda informativa muy importante” que ha despertado la novedad del Gobierno paritario.

Tan sólo un puñado de mujeres han respaldado públicamente su aparición en la revista de moda femenina. En sendos artículos de prensa, Rosa Regás, escritora y directora de la Biblioteca Nacional, la directora de Vogue, Yolanda Sacristán, y la de Marie Claire, Joana Bonet, se sorprenden de una reacción inimaginable entre nuestros vecinos europeos, donde están acostumbrados a que mujeres con demostrada talla intelectual y capacidad profesional aparezcan bellas y elegantes en revistas de moda. Además, Yolanda Sacristán se lamenta de que nadie haya reparado en el contenido de las entrevistas, donde las políticas hablan de la paridad, del precio de la vivienda, de la ecología, de la lengua española, de la biología genética, del AVE, de los símbolos religiosos en las aulas o del sector agroalimentario. También critican el machismo y el feminismo mal entendido. Aunque uno es presidente y otro es el líder del partido mayoritario en la oposición, Zapatero y Rajoy se han posado vestidos de deportistas para aparecer el 8 de agosto en el Magazine de El Mundo. Si es frívolo que las ministras vistan con ropa de marca, también dicen que el chandal de los dos políticos merece la misma consideración.

Además, todas ellas recuerdan que las mujeres socialistas no han sido las primeras en aparecer en una revista de moda. En Vogue lo hicieron la mujer del ex presidente Aznar, Ana Botella; la entonces presidenta del Senado y actual jefa del Ejecutivo autonómico madrileño, Esperanza Aguirre; y la ex presidenta del Congreso, Luisa Fernanda Rudi. Incluso Ana Palacio siendo eurodiputada y vestida de Adolfo Domínguez, Loyola de Palacio, Celia Villalobos y Pilar del Castillo durante sus respectivas responsabilidades ministeriales (la que fuera titular de Educación y Cultura lucía prendas propias y caras de vanguardia, principalmente de firmas italianas) aparecieron en Elle, Marie Claire y Telva. Por otra parte, consideran que la moda no es de derechas ni de izquierda sino una manifestación cultural de un país y que el feminismo y la feminidad no son conceptos contradictorios. De hecho, cabe recordar a mujeres socialistas especialmente comprometidas con la moda, con la atrevida y rompedora Carmen Alborch, siempre vestida de vanguardia con modelos de diseñadores japoneses y holandeses. Ahora, aunque más discreta, María Teresa Fernández de la Vega le ha tomado el relevo y ya ha sido considerada como una de las mujeres más elegantes del Gobierno. Fuentes de su propio equipo reconocen que le gusta la moda y hace unos meses, en un reportaje publicado por el dominical de El País, posó en el salón de su casa leyendo un ejemplar de Marie Claire, revista con la que, por cierto, mantiene buenas relaciones. Antes incluso de acceder al Ministerio de la Presidencia, concertó una entrevista con la publicación femenina aparecida en el número del mes de junio donde, siendo ya vicepresidenta primera, hablaba de sus proyectos políticos y su experiencia profesional en el partido socialista.

A quien de momento parece que no veremos posando con ropa exclusiva es a Sonsoles Espinosa. La proverbial discrección de la mujer de José Luis Rodríguez Zapatero resulta incompatible con un pase de modelos. Y no es porque no la hayanequerido como maniquí. Precisamente el periódico El Mundo, desde donde tanto se ha criticado el reportaje de Vogue España a pesar de haber mantenido durante varias semanas en su edición digital una sección con recomendaciones estilísticas a las ministras, solicitó a la esposa del presidente aparecer en su revista dominical vestida con la moda de la próxima temporada otoño-invierno, pero Sonsoles, como era de esperar, rechazó el ofrecimiento.

La polémica sobre la foto de las ministras  está dando ya sus últimos coletazos y el comienzo del nuevo curso político, cargado de medidas legislativas y debates presupuestarios, acabará por zanjar lo que algunos consideran un escándalo y lo que otros se limitan a calificar como una serpiente de verano. Dicen que Zapatero se limita a decir que, si el mayor error de este Gobierno es una foto “es que lo estamos haciendo de cine”. Pero en el fondo no le hace ninguna gracia que ataquen la paridad de su Ejecutivo, la niña bonita del presidente desde que entrara en campaña electoral. Ahora que su talón de Aquiles ha quedado al descubierto, él y sus ministras deberán estar preparados para nuevos envites.

ADOLFO SUÁREZ, PIONERO

Pocos políticos como Adolfo Suárez entendieron tan pronto en la España democrática la importancia de la imagen para sus expectativas electorales. El sabía mirar a la cámara, hablarla, y encandilar a las mujeres. Ellas, precisamente, fueron el objetivo del primer reportaje fotográfico al que un político en activo se  prestaba,  familia incluida, para una revista del corazón.

Era junio de 1977. Se acercaban las primeras elecciones y el ya inquilino de La Moncloa, aunque por designación real, se jugaba un par de semanas más tarde el puesto. Unos rumores sobre su vida privada que hablaban de una posible separación matrimonial de Suárez, a quien se relacionaba con su jefa de gabinete, Carmen Díez de Rivera, hicieron maquinar a los primeros estrategas del márketing electoral español que la mejor forma de eliminarlos y meterse en el bolsillo al electoral femenino más tradicional era un complaciente reportaje fotográfico en la primera revista del sector, el “Hola”.

Lo cuenta Jaime Peñafiel, entonces redactor jefe de la revista en sus memorias, atribuyéndose la victoria frente a la resistencia del editor, Antonio Sánchez Gómez, y su esposa, Mercedes Junco, “que no sentían simpatía alguna por Suárez”.  Una vez convencidos toda la familia colaboró en los posados para el reportaje. Las idílicas, cuidadas y preparadas imágenes familiares en el sofá de casa o de paseo por los jardines de La Moncloa cumplieron su papel y se atribuye al reportaje parte de la responsabilidad del posterior triunfo de Suárez.

Revistas femeninas con identidad propia

A simple vista, las revistas femeninas podrían parecer todas iguales. En sus portadas siempre aparece una joven modelo vestida con ropa exclusiva e inalcanzable para la práctica mayoría de los bolsillos españoles. Y en su interior, más de lo mismo; mucha moda, mucho glamour y mucha belleza.

Sin embargo, se pueden apreciar algunas diferencias. Tan sólo hay que echar un vistazo a sus páginas con mayor detenimiento para comprobar a qué tipo de lectores se dirige cada una de ellas.

Vogue, perteneciente a la editorial internacional Condé Nast, es la más exclusiva de todas ellas. La moda de los diseñadores más famosos del mundo es, sin duda, la protagonista de casi todas sus páginas, donde también destacan sus recomendaciones de los restaurantes, hoteles y destinos turísticos más lujosos de España y el extranjero y sus entrevistas a los personajes del panorama actual más importantes dentro y fuera de nuestras fronteras.

Elle, perteneciente a la multinacional Hachette Filipacchi, comparte con Vogue una linea editorial muy similar, donde predomina el especial esmero que ponen a sus reportajes fotográficos.

Marie Claire, perteneciente a la internacional GyJ es, de todas ellas, la que más espacio dedica a reportajes con contenido social. De hecho, el pasado año obtuvo el Premio a la No Violencia concedido por el Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales. Además, procura contar con colaboradores de reconocido prestigio fuera del mundo de la moda, como el escritor Juan José Millás.

Telva, perteneciente al grupo Recoletos fundado por miembros del Opus Dei, ofrece una imagen más mojigata que el resto de publicaciones de moda. Los reportajes sobre relaciones de pareja o excesivamente provocativos no tienen cabida entre sus páginas.

Donde sí son más frecuentes es en las otras dos revistas del sector. Woman y Cosmopolitan son famosas por sus encuestas sobre sexo. La primera la edita el Grupo Zeta y la segunda, como Marie Claire, pertenece al grupo GyJ. Sus contenidos están destinado a un público más joven, sus reportajes de moda están dirigidos a un mayor número de potenciales clientas y dedican más atención al ocio para todos los públicos.

A pesar de sus diferencias, sus contenidos pueden seguir pareciendo poco sesudos para que medio Gabinete ministerial aparezca retratado en alguna de ellas. Pero la elección no se ha hecho al azar. En total, todas suman tres millones de lectoras, mujeres poco interesadas por la política a las que sin embargo les gusta saber de los gustos estéticos de sus congéneres políticas y con las que, de ese modo, pueden sentirse más identificadas.

 


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