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Nº 597 - 5 de abril 2004

‘Fontaneros’, amigos y visitantes del palacio presidencial

LA MONCLOA DE LOS ZAPATERO


Apenas quedan  unos días. A finales de la semana próxima Zapatero será investido nuevo presidente del Gobierno y se instalará con su familia en el Palacio de la Moncloa. El nuevo estilo de los Zapatero cambiará la imagen del palacio presidencial, donde volverán a corretear por sus jardines dos niñas de corta edad. Para los despachos más cercanos al presidente, Zapatero ha optado por la experiencia, y será el fontanero mayor de los últimos años de Felipe González quien le apoye en la delicada tarea que se le viene encima. Para su casa y sus visitas todos están pendientes de la impronta de su esposa, Sonsoles, quien ha fraguado durante la campaña la imagen de una pareja unida y feliz.

Por Inmaculada Sánchez

La Moncloa de los Zapatero distará mucho de la que han exhibido los Aznar durante los ocho años que la han ocupado. Ni Rodríguez Zapatero ni su familia se acercan al estilo ni las formas de Aznar y los suyos. A pesar de que ambas parejas llegan a instalarse en el palacio presidencial con parecida edad, sus formas de vida son abiertamente distantes. Si el todavía presidente en funciones realizó su mudanza a La Moncloa con sus dos hijos menores todavía pequeños, ninguno de ellos acudía entonces al colegio público del barrio como sí hacen ahora las dos hijas de su sucesor. Y a su mujer ya se le notaba su interés por los flashes, lo público y la política hasta el punto de que en poco tiempo empezó a requerir informes del Gabinete de Presidencia para su propio uso. A la esposa del próximo inquilino del Palacio sólo se la conoce su devoción por la música y por llevar una vida lo más discreta posible.

Políticamente, la cercanía física al presidente siempre ha cotizado al alza y los despachos que pueblan el complejo de La Moncloa son mirados con envidia desde todo partido en el poder. Aznar llevó a ellos a personajes clave de sus mandatos como Miguel Ángel Rodríguez o Carlos Aragonés. Zapatero, a partir de la semana que viene, se decidirá por una corte elegida con las mismas referencias utilizadas para la formación de su Gobierno, ya conocido: una mezcla de experiencia y renovación dejando un hueco para personas de su confianza, aunque en este caso no tenga la obligación de cumplir con la paridad prometida para el Ejecutivo.

La primera sorpresa ha sido su elección para el puesto de director del poderoso Gabinete de Presidencia. Será quien le entregara la llave del despacho a Carlos Aragonés hace ahora ocho años quien la reciba de nuevo de manos de éste: José Enrique Serrano, un abogado y profesor de derecho que optó por ejercer la alta política desde la sombra cuando Narcís Serra lo fichó como director de Personal en el Ministerio de Defensa y, posteriormente, se lo llevó a Moncloa como secretario general cuando fue nombrado vicepresidente.

El hasta ahora jefe de gabinete de Zapatero en Ferraz, José Andrés Torres Mora, un sociólogo más reconocido en el ámbito del análisis y el estudio que en el de la gestión, se incorpora como diputado por Málaga en esta legislatura y, aunque no ocupará el puesto homólogo al suyo en Moncloa, nadie duda de que continuará estando muy cerca del presidente dada su relación y confianza personal. Torres Mora no sólo es un ideólogo del conocido “republicanismo” con el que Zapatero se identifica políticamente, sino que comparte ocio con el líder y sus respectivas mujeres e hijos y un elemento muy preciado para el futuro presidente según se ha dejado ver en sus primeras decisiones tras la victoria electoral: la conciencia histórica de un partido centenario.

A pesar de ello, Zapatero ha optado por la seguridad que un Serrano más experto aunque menos conocido personalmente le pueda dar en La Moncloa. El futuro director del Gabinete de Presidencia hubo de lidiar desde puesto tan delicado con los duros años en que el Gobierno de Felipe González se desayunaba cada día con un nuevo escándalo entre casos de corrupción y amenazas de Mario Conde o Javier de la Rosa al Estado de derecho. La prensa más próxima al Partido Popular se ha encargado estos días de recordar este historial de Serrano intentando recriminar a Zapatero su opción por gente tan marcada por el “felipismo”. Su elección, sin embargo, ha sido saludada por una mayoría de dirigentes socialistas como un signo de madurez.

No en vano, Serrano ha mantenido importantes lazos desde que el PSOE perdiera el poder. Fue jefe de gabinete de Almunia en Ferraz el tiempo que ocupara la Secretaría General y, desde la debacle de 2000, aunque ha recalado en la empresa privada, ha seguido asesorando a Manuel Chaves como presidente del partido, con quien mantiene una relación especialmente cordial. Como también mantiene excelentes relaciones con la que va a ser el segundo nivel de poder en el complejo monclovita, María Teresa Fernández de Vega, futura vicepresidenta y ministra de Presidencia, a través del grupo parlamentario cuando ella era miembro del equipo director a las órdenes de Almunia.  También Pérez Rubalcaba, un hombre clave para esta legislatura, se encuentra entre los cercanos a Serrano, ya que compartieron desvelos en La Moncloa cuando el hoy portavoz socialista en el Congreso ocupaba el puesto de portavoz. Lo mismo que con el PSC gracias a su sólida relación con Narcís Serra y con el hoy más significativo políticamente Miquel Iceta, actual portavoz del partido y del grupo parlamentario en Cataluña, quien fuera su segundo en el Gabinete presidencial en los últimos años del PSOE en el poder.

Con tan buenos introductores no es de extrañar que Zapatero no haya dudado en volver a poner en sus manos el gabinete monclovita. A su vera, aunque aún no está totalmente decidido si como su segundo, ocupando el puesto que en su día tuviera Alfredo Timmermans como subdirector del Gabinete –opción que se barajaba estos días para dotar al puesto del rango de subsecretario– estará Miguel Sebastián, el hombre de confianza de Zapatero en materia económica que, tras planear como posible ministro, ha aterrizado en el nada despreciable círculo de asesores cercanos al presidente.

Junto a ambos –ya hay quien ve ciertas nubes en su entendimiento, aunque quien conoce a Serrano asegura que la economía es su punto débil y no dudará en apoyarse en Sebastián– podrían recalar perfiles más académicos o de análisis, como en su día también hizo Aragonés, quien se nutrió de colaboradores de FAES, la fundación donde a partir de ahora Aznar tendrá su único despacho.

Sebastián tiene el vivero de su equipo de Economistas 2004 mientras que Serrano podría acudir a la Fundación Alternativas, cuyo laboratorio de Ideas dirige Joaquín Almunia, y del que ya ha echado mano Zapatero para, por ejemplo, su consejo de expertos encargado del nuevo diseño  de la radiotelevisión pública al que ha llamado al profesor Enrique Bustamante.

También podrían ser llamados algunos de los que hasta ahora han colaborado con el gabinete de Zapatero, tales como el profesor universitario Manuel Villoria, dado que Valeriano Gómez, el otro economista de su gabinete y cercano a la UGT, además de haberse rozado en algún momento con Sebastián, según quienes conocen cómo ha funcionado Ferraz en estos últimos meses, parece haber encontrado su hueco como futuro secretario general de Empleo en el ministerio de Caldera.

El gabinete se suele completar con algún diplomático, para cuya elección nadie descarta la mano del próximo titular de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, y algún experto en análisis político-demoscópico para el que ya muchos miran al grupo de sociólogos cercanos al partido, entre los que no cabe descartar la influencia de viejos conocidos como Julián Santamaría o la propia Rosa Conde.

La otra pieza de crucial importancia en el reparto del poder monclovita es la de la información. En ella pocos dudan que el actual jefe de prensa de Zapatero, el periodista Julián Lacalle, sea quien se lleve el gato al agua, aunque esté por definir el rango de su organigrama. Lacalle fue elegido personalmente por Zapatero recién elegido secretario general sin que antes hubiera tenido relación alguna con el partido. Con él ha hecho la travesía de estos últimos cuatro años y, a pesar de algunas críticas internas, llegado al triunfo del pasado 14-M, por lo que todas las fuentes consultadas lo consideran ya un elemento clave de la estructura de la futura Moncloa.

Otra periodista, ésta históricamente ligada a la comunicación del partido, Ángeles Puerta, podría también ocupar un sitio en el staff del Presidente. Puerta, jefa de prensa de Ferraz cuando la sede federal era coto de los hombres de Alfonso Guerra, sobrevivió, gracias a su perfil profesional, a la llegada al poder de los renovadores y, con Almunia de secretario general y Pérez Rubalcaba de secretario de Comunicación, éste último la encargó la creación de un observatorio de medios. Ya con Zapatero, el nuevo líder la ha requerido en la última etapa como coordinadora de su campaña personal y su cercanía al presidente es notoria para todos los que transitan Ferraz. Al igual que la también periodista Angélica Rubio, profesional de la Cadena Ser en León a quien Zapatero llamó como asesora tras ganar el congreso. Muchos ven para ella un puesto de asistente en la nueva Moncloa.

A quien nadie le disputa el puesto es a la secretaria personal del futuro presidente, Gertrudis Alcázar, más conocida como Gertru y a la que esta revista descubrió como “la nueva Piluca”, en referencia a la conocida y poderosa secretaria de Felipe González, hace ya tres años (Ver nº 470: La Corte de Zapatero). En este tiempo, quien fuera secretaria de Almunia en la Secretaría General se ha labrado una sólida confianza con Zapatero que todos reconocen.

La nueva bodeguilla

Por Vera Castelló

Felipe González fue quien inauguró la tradición y José María Aznar pronto le copió. Se trataba de abrir las puertas de La Moncloa a intelectuales, artistas, deportistas y representantes de la sociedad con quienes tantear la temperatura del país. Si González fue acusado de invitar sólo a los suyos, para muchos José María Aznar ha pecado de todo lo contrario, abrir demasiado la mano a ciertos sectores de la cultura no siempre a la altura. El mundo de la cultura espera que los invitados a la nueva Moncloa presenten un perfil distinto al exhibido por los visitantes de la era Aznar. Sin duda, Rodríguez Zapatero y su esposa Sonsoles Espinosa tratarán de marcar “un nuevo estilo” en lo que a visitas se refiere.

Ya no existe la famosa bodeguilla –Aznar la transformó en cava donde conservar sus apreciado Ribera de Duero– pero a bien seguro que el nuevo inquilino de La Moncloa encontrará dentro del palacio el rincón apropiado para recibir a quienes pueden convertirse en nuevos amigos.

En su entorno dudan que la nueva pareja presidencial acepte regalos de conocidos como Plácido Domingo, que le obsequió con la pista de padel de cristal desmontable que Aznar hizo instalar en La Moncloa. Ni siquiera se cree que los Rodríguez Espinosa conserven dicha instalación deportiva, dado que el nuevo inquilino del palacio es afín a deportes de otra índole.

Efectivamente, al líder socialista le gusta, principalmente, el fútbol y el baloncesto, deportes que practicó con asiduidad en su juventud y ocasionalmente en los últimos años. De hecho, en junio de 2001 tuvo que guardar unos días de reposo a consecuencia de una rotura fibrilar en una pierna que se produjo echando un partido de fútbol con unos amigos. Ahora podrá hacerlo con colaboradores y gente de su entorno como su hasta ahora jefe de prensa, Julián Lacalle, con quien comparte afición. Pero si al político le gusta practicar este deporte, más le gusta aun vivirlo como espectador.

Hace sólo unos días el amigo de Aznar y presidente del Real Madrid, Florentino Pérez, aclaró que el secretario general del PSOE tenía abiertas las puertas del palco del Santiago Bernabéu, sin que, de momento, se haya dejado ver por allí. Sin duda, Rodríguez Zapatero preferirá seguir frecuentando el Nou Camp y animar a su equipo preferido, el Barça, presidido hoy por Joan Laporta, cercano al nacionalismo catalán. Nada que ver con lo que nos tenía acostumbrados Aznar, cuya excesiva ligazón con el Real Madrid –llegó a pronunciar unas palabras con motivo del centenario del club blanco– ha sido criticada en numerosas ocasiones.

Si José María Aznar pronto convirtió a Camilo José Cela o a Mario Vargas Llosa en sus valedores literarios, el líder socialista comenzará pronto a codearse con insignes escritores que ya han mostrado su feeling con el PSOE. En su acercamiento al mundo de la literatura, Rodríguez Zapatero bien podría empezar por sus paisanos leoneses. Ya hace tiempo presentó un libro, La gran bruma, del escritor Juan Pedro Aparicio y coincidió con el premiado Julio Llamazares en la presentación del libro de Secundino Serrano Maquis. Historia de la guerrilla antifranquista. Además, un grupo de 25 escritores, músicos, escultores y pintores de su tierra firmaron un manifiesto de apoyo al socialista. Entre ellos estaba el cantante Amancio Prada, el pintor Benito Escarpizo, los poetas Antonio Gamoneda y Luis Artigues, los escultores Amancio González, Jesús Trapote y Juan Carlos Uriarte, el director de cine y del Festival de Cine de Astorga, Luis Miguel Alonso Guadalupe, o el periodista y escritor Miguel A. Nepomuceno.

Entre las preferencias literarias del leonés está Juan José Millás, Javier Marías y Antonio Muñoz Molina, a todos ellos tendrá interés en conocer en profundidad. Igual que a los premios Nobel Gabriel García Márquez –íntimo de Felipe González– y José Saramago, y al eterno candidato al galardón sueco Carlos Fuentes. El mexicano ha recibido públicamente con gran alegría el retorno de los socialistas al Gobierno español. Otros como Juan Goytisolo o el premio Nadal 2003, el también leonés Andrés Trapiello, igualmente han demostrado de forma pública su satisfacción por el cambio de color del Ejecutivo.

El encargado de que Aznar se codeara con insignes representantes de la cultura patria fue el poeta y secretario de Estado, Luis Alberto de Cuenca. Éste fue quien se empeñó en que su jefe pudiera potenciar su sapiencia lírica conociendo a algunos de los poetas más prestigiosos del país. En muchos casos lo consiguió, pero todo intento fue en balde en lo que respecta a Luis García Montero, casado con la escritora Almudena Grandes, precisamente una de las parejas de intelectuales a los que se espera ver por La Moncloa a partir de ahora.

Tal y como contó en su día El Siglo (Ver La “inteligencia” de Aznar, nº 433) el representante de la corriente literaria conocida como +poesía de la experiencia+ declinó tan amable invitación quizás sintiéndose –a García Montero se le considera cercano al PCE– excesivamente alejado ideológicamente del líder popular. A la fallecida Pilar Miró tampoco le interesó seguir pisando el palacio presidencial una vez que Felipe González dejó pasó a José María Aznar.

En el mitin de inicio de campaña electoral, se pudo comprobar el apoyo con el que cuenta el socialista dentro del mundo de la cultura y las artes. Aplaudiendo desde las primeras filas estaban las escritoras Josefina Aldecoa y Soledad Puertolas, los cantantes, Joaquín Sabina y Víctor Manuel, las actrices Loles León, Enma Suárez, Candela Peña y María Barranco, y el director de teatro Gerardo Vera, entre otros. Tampoco ha escapado a los pendientes de este campo la presencia de una dirigente tan cercana a Zapatero como Trinidad Jiménez en la reciente presentación en España de la última película de Antonio Banderas, Imagining Argentina, con presencia del actor. Es conocido el apoyo del malagueño a las campañas del PSOE y su buena relación con Manuel Chaves, para cuya Junta de Andalucía colaboró en una promoción del aceite de oliva.

También del grupo de notables del ámbito de la cultura y del espectáculo que le han asesorado sobre el programa para la conmemoración del IV Centenario de la publicación de El Quijote se puede intuir la calidad de quienes en un futuro pueden sentarse en los sofás de La Moncloa. Entre ellos destaca el mencionado José Saramago, el hispanista Ian Gibson, los académicos  Emilio Lledó y Francisco Rico, el compositor Cristóbal Halffter, o gente del teatro y el cine como los cineastas Manuel Gutiérrez Aragón y José Luis García Sánchez, la presidenta de la Academia de Cine, Mercedes Sampietro, los directores de teatro José Luis Gómez y José Carlos Plaza o el actor Juan Luis Galiardo. Además de la bailaora Cristina Hoyos, que ha asistido a numerosos actos en apoyo del socialista.

La actriz Rosa María Sardá, encargada de amenizar el acto del XX aniversario de la victoria socialista en la plaza de Vista Alegre de Madrid, el director Fernando Trueba, la ex presidenta de la academia de Cine Aitana Sánchez-Gijón –Zapatero le llegó a proponer ir en las listas del PSOE– o los Bardem, el clan familiar que escenificó el rechazo del mundo de la cultura a la guerra de Iraq, también se encuentran dentro de la lista de futuros invitados a la Bodeguilla de La Moncloa.

En el mundo del arte hay un claro candidato a ser habitual en la nueva residencia presidencial. Se trata del polifacético Eduardo Arroyo, cuyo retrato de Felipe González cuelga de la pared del actual despacho de Rodríguez Zapatero en la sede socialista de Ferraz.

A la pareja presidencial le une ya un vínculo de amistad con el pintor, escultor y escritor madrileño, reforzado en los momentos de ocio. El matrimonio ha acudido a las veladas musicales que organiza Arroyo todos los veranos en el Valle de Laciana, donde se dan cita intelectuales y artistas. Allí coincidieron, el pasado mes de agosto, con gente del gusto sobre todo de Sonsoles Espinosa, ya que amenizaba la fiesta la pianista Rosa Torres Pardo, el tenor Enrique Viana o las sopranos Marina Pardo y Carmen Serrano, mientras que el compositor Cristóbal Halffter intercambiaba impresiones con la mujer de Zapatero.

Lo que está claro es que la nueva residencia del socialista tendrá las puertas abiertas al mundo de la música, ámbito que el anterior inquilino no se caracterizó por frecuentar más allá de la del valenciano Francisco y Paco Escobar, “teloneros” musicales en algún mitin de campaña, o Julio Iglesias, quien nunca ha ocultado su querencia por Aznar.

Para profundizar sus conocimientos del mundo docente y académico, Rodríguez Zapatero cuenta con un introductor de lujo, el rector de la Universidad Carlos III y miembro de su Comité de Notables, Gregorio Peces-Barba. Ya el ex presidente del Congreso de los Diputados en la era de Felipe González le ha propiciado uno de los fichajes más interesantes, el de Mª Jesús Sansegundo, que finalmente ocupará la cartera de Educación. Los dos le llevarán a los salones de La Moncloa al menos los rectores madrileños, todos cercados a los socialistas.

El líder socialista también tiene mucho que agradecer a Luis Ángel Rojo. El ex gobernador del Banco de España fue quien le habló de maravilla de otros dos pesos pesados del futuro equipo de Zapatero y con los que ha labrado íntima amistad: Mercedes Cabrera y Miguel Sebastián.

El estilo Sonsoles

Por V. M.

La residencia oficial del presidente del Gobierno está de mudanza. Ana Botella lleva semanas trasladando los objetos personales que hace ocho años llevó a la “fría e impersonal Moncloa” para darle un toque familiar con sus muebles y fotos de familia y apenas queda ya cualquier rastro de los Aznar. Tan sólo la tapicería estampada en tono burdeos que la mujer del jefe del Ejecutivo en funciones mandó cambiar en los sillones y las cortinas que la revista Hola enseñó en portada con una Ana Botella posando sonriente y satisfecha por el resultado decorativo.

Ahora, la inminente llegada de la familia Rodríguez-Espinosa transformará la fisonomía del hogar destinado a la pareja presidencial. Si bien es cierto que la natural discreción de la mujer del jefe del Gobierno entrante impedirá que nos asomemos curiosos a las estancias privadas de la que será su casa durante al menos cuatro años, podemos aventurar cuál será el estilo que la próxima segunda dama imprimirá en La Moncloa basándonos en lo que hasta ahora sabemos de ella.

Sonsoles Espinosa nada tiene que ver con Ana Botella. La mujer de Zapatero tiene un carácter reservado, es discreta, tímida, celosa de su vida privada y hasta ahora no ha demostrado interés alguno por la política. No le gusta que la vida pública de su marido interfiera en su vida privada y por eso se niega a conceder entrevistas. Siempre ha dicho que a nadie le preocupaba su vida antes de que su marido fuese nombrado secretario general del PSOE y, como ella sigue siendo la misma, ahora no tiene por qué despertar interés. Mientras, a lo largo de sus ocho años de segunda dama, Ana Botella ha ejercido su papel entre posados a la prensa, actos benéficos, portadas en las revistas del corazón y campañas electorales, para acabar entrando en política por la puerta grande de la mano de Alberto Ruiz-Gallardón.

En cuanto a la imagen de cada una de ellas, también se aprecian notables diferencias. Si la esposa de Aznar es clásica y conservadora en el vestir, la de Rodríguez Zapatero es más minimalista. Ya sea con gabardina, con un jersey de cuello alto o con un estilizado traje de fiesta, destaca por su natural sencillez, un estilo que le sienta muy bien y al que sabe sacar partido. Por todo ello, resulta difícil imaginar que la residencia de Sonsoles Espinosa repita el mismo patrón estético que la de los Aznar. Los estampados recargados de las tapicerías y los juegos de café de plata labrada no parecen tener cabida en el ideal estético de la mujer de Zapatero. No estamos diciendo que vaya a redecorar La Moncloa con los muebles tipo “móntalos tú mismo” de Ikea, pero desde luego será mucho más funcional y huirá de los ambientes recargados.

Incluso es probable que traslade buena parte de los muebles de su casa de Las Rozas a la residencia presidencial. El Siglo publicó hace tres años que Zapatero y su familia se trasladaron a vivir a la urbanización Eurogar, situada en la localidad madrileña de Las Rozas. La casa unifamiliar dispone de 170 metros cuadrados, mientras que las dependencias del Palacio de La Moncloa destinadas a la residencia particular del presidente es de 200 metros cuadrados, de modo que dispondrán de prácticamente el mismo espacio para instalar sus objetos personales.

Cambio de hábitos. Por mucho que Sonsoles tenga una personalidad bien definida y quiera mantener ciertas costumbres para no dejarse arrastrar por la vorágine de la vida pública de su marido y todo lo que ello significa, no puede evitar ciertas alteraciones en sus hábitos cotidianos. Su traslado a Madrid tras la elección de Zapatero como secretario general del Partido Socialista ya le dio una idea de lo que la actividad de su marido puede llegar a afectar a su vida diaria. En aquel entonces, tuvo que dejar de impartir clases de música en un colegio privado de León y sólo pudo retomar su actividad profesional cuando le ofrecieron la posibilidad de ser soprano suplente en el coro del Teatro Real. Ahora, con el ascenso de José Luis Rodríguez Zapatero a la presidencia del Gobierno, parece difícil que siga actuando en público.

Incluso las pequeñas Laura y Alba, hijas de la pareja, también verán alterada su rutina. Hasta ahora, desde que abandonaron su localidad natal, asistían a clases de primaria en un colegio público de Las Rozas. Era el propio Zapatero quien, antes de comenzar su jornada laboral, las acompañaba personalmente hasta la escuela dando un paseo desde casa. En el caso de que durante el próximo curso sigan asistiendo al mismo centro escolar, al presidente le resultará más difícil acompañar a las niñas al colegio. Incluso de ser así, tendrían que acudir en coche oficial y acompañados de la escolta del presidente.

Viendo lo visto, aunque Sonsoles Espinosa haga suya la frase de su marido “el poder no me va a cambiar”, es consciente de que no se puede ser tan categórico y ella misma ya ha empezado a dar muestras de su primera transformación. Durante las semanas previas a las elecciones generales, ha dado una imagen distinta a la que nos tenía acostumbrados que bien podría recordar a la de su antecesora, Ana Botella. Aunque sigue sin hacer declaraciones, ha acudido a los actos de campaña de su marido, ha posado junto a él en actitud cariñosa y ha celebrado pletórica el triunfo de Rodríguez Zapatero, demostrando que es una pareja unida y feliz que asume junta un triunfo electoral que les va a cambiar las vidas.

El clan de Las Rozas

Los próximos inquilinos de  La Moncloa viven todavía en una urbanización de Las Rozas, municipio del noroeste madrileño, donde la pareja Zapatero-Espinosa ha edificado algunas de sus actuales amistades después de abandonar su León natal y entre las que podrían estar algunos de los cotizados personajes con acceso al palacio presidencial.

El actual portavoz del PSOE en el Ayuntamiento ronceño, Ramón Moreda, ocupa plaza destacada en este círculo, ya que, además de haber sido nombrado por Zapatero nada más llegar a la Secretaría General, gerente económico del partido, cargo que todavía compatibiliza con su puesto municipal, y de que su esposa, Consuelo, forme parte desde hace años, del funcionariado de Ferraz, él fue pieza decisiva para que la familia del futuro presidente adquiriese su nueva vivienda en Las Rozas.

Allí vive también desde hace años Jesús Caldera, su más estrecho colaborador y amigo personal, al que, a pesar de no ocupar el Ministerio de Presidencia ubicado en el complejo monclovita tal como se esperaba, sí se le aguarda como invitado en no pocas ocasiones. De la misma manera que José Blanco también es vecino de Las Rozas desde que el triunfo de Zapatero en el 35 congreso lo incluyera como secretario de Organización y abandonara su vivienda de Lugo.

Menos conocida es otra amistad que podría haber tenido un paréntesis en los últimos tiempos por motivos laborales. El antiguo secretario general de la Juventudes Socialistas y ex director general de Comercio Interior en el último Gobierno de Felipe González, Javier de Paz, es también vecino de Las Rozas y muy cercano a la vivienda de los Zapatero. La disposición de la esposa de De Paz, Ana Pérez Santamaría, en apoyo de los recién llegados le hizo a ésta trabar pronto amistad con Sonsoles Espinosa, quien hasta cerca de un año después de su llegada a Madrid no consiguió trabajo como soprano en el coro del Teatro Real de Madrid.

De Paz es actualmente adjunto al presidente de Panrico y hace un año hubo de trasladarse por este motivo a residir a Barcelona, aunque mantiene vivienda en Las Rozas y no dejó de acudir a Ferraz la noche de la inesperada victoria electoral.

¿Se saldrá con la suya?, por Enric Sopena
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