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Maragall condiciona el futuro del PSOE ETA VOTA PP |
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La agitación propia de una campaña disfrazada de precampaña se vio convulsionada la semana pasada con la última campanada de ETA: declarar una tregua sólo en Cataluña. Volvió la pesadilla de Maragall, pero, sobre todo, regresó la de Zapatero, que a la presión del PP exigiendo con más fuerza la ruptura del tripartito, se sumó el rechazo de algunos sectores de su partido, pidiendo lo mismo. Una vez más, el president tomó las riendas de la crisis sin mirar a Ferraz y optó por cerrar para siempre la puerta del Govern a Carod-Rovira. Todos quietos en el PSOE hasta el 14 de marzo, pero para después, ya se oyen algunas voces. Por A. P. V. P uede ser que el único que se esperara algo semejante fuese Iñaki Gabilondo, recordaba la semana pasada un apesadumbrado interlocutor de esta revista, muy cercano al líder del PSOE. Efectivamente, no pasó desapercibida la insistencia con la que el director de Hoy por hoy, el programa matinal de la Cadena Ser, había preguntado a Josep Lluís Carod-Rovira, durante una entrevista realizada el pasado martes, si esperaba alguna consecuencia más de su reunión con ETA de hace más de mes y medio. El secretario general de ERC respondía, confundido, que no aguardaba nada más, porque qué más se podía esperar. Y ese más llegó en forma de comunicado, filtrado unas horas antes para ir abriendo la enorme boca de las elecciones y cayendo como un mazazo sobre la madrileña sede socialista. en la calle Ferraz. Sólo el PP, y en particular su candidato a La Moncloa, Mariano Rajoy, ha salido beneficiado del anuncio de la banda terrorista, que, vistos los hechos, es partidaria de renovar la mayoría absoluta del actual partido del Gobierno. Ésa, en opinión de los líderes de la oposición, es la manipulación de la banda terrorista, pues la negra historia del terrorismo en España demuestra que no ha habido tregua de ETA sin trampa adosada (ver, La banda gana). Desde el PSOE, se coincide al señalar que, en el PP, conscientes como son de la debilidad de los terroristas y su escasa capacidad para cometer atentados (en 2003 asesinó a tres personas), están satisfechos con la deriva que ha tomado el caso Carod. Y comentan que a Rajoy se le notaba más que a nadie, pues después de varios días sin contestar a las preguntas de los periodistas, cuando compareció antes los medios para valorar la selectiva tregua etarra, les respondió sin problema. A día de hoy o al menos, al cierre de esta edición-, la cuestión parece cerrada con la resolución de Esquerra Republicana de no devolver a Carod-Rovira al Govern después de las elecciones de 14 de marzo. Por su parte, Pasqual Maragall, que ha querido salvar el tripartito por encima de todo, aun en contra de opiniones expresadas por otros dirigentes del PSOE, como los barones de Extremadura y Castilla-La Mancha, Juan Carlos Rodríguez Ibarra y José Bono, ya dio, desde los primeros momentos de la estrepitosa reedición de la crisis, pistas de cómo sería el desenlace de los hechos. Desde el PSC, la noche del pasado miércoles, advertían: Zapatero puede dar los consejos que quiera, pero quien decide es el president. Y en la misma línea razonaban los dirigentes de ERC, aunque más desconcertados con el mal cariz que habían tomado las consecuencias de la nada brillante idea de su líder: Nadie nos va a decir lo que tenemos que hacer y Carod no tiene por qué pagar dos veces por la misma falta. Mientras el PP se frota las manos porque no ha habido ruptura del tripartito, lo que da la razón a su argumento principal de que el PSOE no tiene reparo en pactar con quien, a su vez, lo hace con ETA, el principal partido de la oposición se lame las heridas, aunque haya logrado zanjar rápidamente la cuestión sobre el futuro de Carod. A pesar de todo, sigue latente la sensación de que Zapatero poco tiene que hacer cuando Maragall ha tomado una decisión, beneficie o no ésta a su partido. PSC y pacto antiterrorista. Una vez que la crisis de la crisis se ha dado por zanjada con un gesto de responsabilidad, en palabras del portavoz de la Generalitat, Joaquim Nadal, que ha sido el veto a Carod en el Govern, a Zapatero toca, a punto de iniciarse la campaña oficial, bailar con la más fea: los ataques del PP. Aunque dentro de su partido, también el PSC ha vuelto a demostrar que de coger la mano de la Secretaría General, nada de nada. En las 24 horas primeras de la crisis de la crisis, como empieza a ser conocida, el líder de los socialistas se mostraba contundente: había que asumir responsabilidades políticas o en ERC o en el tripartito. La segunda posibilidad la echaba por la borda el president pocos minutos después: el Gobierno catalán se quedaría tal como estaba, pues no iba a estar sometido a las decisiones de los terroristas. La resolución quedaba, pues, en manos de ERC, la cual, tras una larga reunión, decidió que Carod-Rovira no retornaría al Govern. Pero los diferentes criterios de Maragall y Zapatero estaban, una vez más, al descubierto y, aunque los dirigentes socialistas hablan de la continuidad de las excelentes relaciones entre PSC y PSOE (ver entrevista a Manuel Chaves en estas mismas páginas), en la sede de Ferraz donde la noche del miércoles hubo fuertes presiones para que se rompiese el tripartito y el presidente socialista gobernase en minoría algunos han mirado para otro lado. Es verdad, argumentan, que Maragall tiene razón y no ha de recibir órdenes de Zapatero, aunque acepta sus consejos, pero el que se la juega el 14 de marzo es José Luis. El tripartito, según se apunta desde todos los rincones del socialismo, seguirá adelante, al menos, hasta el 15 de marzo. Lo que pueda pasar después es una incógnita, probablemente, para los propios integrantes de la Generalitat, ya que hay muchas dudas que despejar en las inminentes elecciones generales. Ver si el PP alcanza o no la mayoría absoluta, si el PSOE acusa la crisis de Madrid y la actual catalana o si ERC experimenta el ascenso que prevén las encuestas son sólo algunas de ellas. Pero lo que es evidente es que si el Govern se rompe será por iniciativa de su president, nunca del partido que lo sustenta. Maragall quiere seguir adelante con una coalición de izquierdas, que con tantos acontecimientos irrumpiendo en su funcionamiento apenas ha tenido tiempo de despegar y del que quiere hacer la culminación de su carrera política. Sin la Presidencia de la Generalitat, el líder del PSC sabe perfectamente que su futuro ha alcanzado el techo político. Mientras tanto, Rajoy asiste impertérrito al devenir socialista y, esta vez parece que con mayor motivo, decidido a continuar con su campaña de perfil bajo, mientras la caravana electoral de La Moncloa ha recibido el mensaje de por dónde debe ir el ataque al PSOE y se aplica con esmero desde la semana pasada: el pacto antiterrorista ha sido traicionado por el PSOE, que pacta con quienes, a su vez, pactaron con los terroristas, en referencia a una Esquerra cuyo acuerdo con ETA no ha sido demostrado. Nada dicen los populares, sin embargo, sobre el apartado del citado texto que recoge el compromiso de compartir la información terrorista, argumentan en el PSOE, cuando ellos tuvieron en La Moncloa la investigación sobre la reunión Carod-ETA y la utilizaron para su beneficio electoral. El Pacto por las Libertades y el Terrorismo se ha convertido, pues, en el protagonista de la campaña, por más que todos los dirigentes políticos hayan insistido una y otra vez en mantener al margen de las elecciones las acciones de ETA y sus posibles consecuencias. A la incertidumbre que rodea al PSOE, en Ferraz y en Cataluña, se suma la no menos confusa situación de Esquerra Republicana, con un secretario general que logró un espectacular ascenso de la formación el pasado 16 de noviembre, pero que ha sido vetado en el Govern por una actuación que ha puesto patas arriba la campaña electoral, y un nombre en ascenso que se perfila como sucesor inminente (ver, Puigcercós, el hombre fuerte de Esquerra), aunque en ERC no quieren hablar de eso y aseguran que, tal y como están las cosas, no van a plantearse el congreso de la formación, previsto para este verano. |
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Puigcercós, el hombre fuerte de Ezquerra Después de la crisis desatada la semana pasada, segunda parte de la que estalló con la salida a la luz pública de la reunión de Carod-Rovira con ETA el pasado mes de enero, un nombre, ya emergente, pero hoy sobresaliente, suena con fuerza como clave de futuro de una formación, ERC, ciertamente apaleada por la ingenuidad y la torpeza, dicen, de un ex conseller en cap que se creyó con capacidad para zanjar el tema del terrorismo de un plumazo. Joan Puigcercós Boixassa (Ripoll, Girona, 1966) es un político de hondas convicciones izquierdistas, un luchador que ha estado en primera línea de Esquerra Republicana desde 1987, cuando entró como un huracán en su ejecutiva con sólo 21 años. Con la serenidad que permitían los duros acontecimientos y la contundencia que destila en cada una de sus intervenciones parlamentarias aterrizó en el Congreso de los Diputados tras las elecciones de 2000 como único representante de ERC, pero ya había sido, con 25 años, el diputado más joven de la Cámara catalana, Puigcercós, aunque llegó a decir en los momentos inmediatamente posteriores al anuncio de ETA sólo tengo 37 años y esto me supera, es un negociador experto en crisis, que se curtió, sobre todo y al lado de Josep Lluís Carod-Rovira, con la escisión que hirió gravemente al partido en 1996. Ese mismo año, el secretario general de ERC asumió este puesto y puso en marcha la dolorosa recuperación de la formación republicana, que logró su gran resultado en las urnas el pasado 16 de noviembre, convirtiéndose en la llave del Govern que preside Pasqual Maragall. La labor de Puigcercós, casado y con dos hijos, desde el núcleo duro de Esquerra fue, en opinión de sus compañeros de partido y aun de sus adversarios, decisiva. Su profesionalidad y unos acontecimientos que le roban el sueño por las noches, no están, sin embargo, reñidos con una profunda pasión por la política, heredada de su padre. Por él lloró de emoción cuando se firmó el pacto de Gobierno entre PSC, ERC e IC-V, para el que fue determinante su actividad negociadora. En declaraciones a El Siglo, explicaba sonriente: Lloré durante la firma del pacto por la tensión acumulada y porque era un pequeño homenaje a mi padre, un militante socialista que abandonó el PSC porque creía que no asumía la catalanidad, y creo que ese día habíamos vuelto a situar las cosas en su sitio. Ahora, Puicercós mira hacia el 14 de marzo, pero su indiscutible capacidad política le permite, además, visualizar de reojo el congreso de ERC, que se celebrará previsiblemente este verano. Sabe que allí se decidirá su futuro político, y éste condicionará, a la vista de los acontecimientos, también el de Esquerra. Porque si hay algo en lo que ya coincidían muchos de sus compañeros, antes de que ETA anunciase una tregua sólo para Cataluña, es que aquel que cedió su puesto a Carod-Rovira en las listas de ERC, como número uno por Barcelona, debe materializar su creciente poder e influencia dentro de la formación republicana, en la que actualmente no ocupa cargo alguno. Siempre a disposición de su partido, en el que ha apuntalado con clavos de oro su imagen de hombre fuerte, tal vez ahora debería replantearse sus palabras cuando afirmó: sigo teniendo la voluntad de estar en Madrid como diputado. |
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LA BANDA GANA La tregua anunciada el miércoles pasado por ETA es la número once de las que, en diferentes ocasiones, ha planteado al Gobierno español y la que, con más claridad, contiene un objetivo político a corto plazo. Nunca como ahora el anuncio de un parón en la actividad armada de la banda terrorista había tenido unas consecuencias políticas tan evidentes. Las anteriores treguas, salvo la más reciente de 1998, ya con Aznar en La Moncloa, siempre habían perseguido forzar al Gobierno a iniciar negociaciones en base a la conocida alternativa KAS. En esta ocasión, primera en la que la tregua se circunscribe a una autonomía del Estado español, ETA ha pretendido mover gobiernos e influir, decididamente, en las próximas elecciones generales. Fuentes cercanas a la lucha antiterrorista señalan que la información manejada por Interior apuntaba a que la organización terrorista tenía prácticamente decidido anunciar una tregua indefinida para toda España en las cercanías de las elecciones y que han sido posteriores movimientos, realizados a la vista de los acontecimientos políticos tras conocerse el encuentro de sus dirigentes con el líder de Ezquerra Republicana de Catalunya, Carod-Rovira, los que han hecho girar su decisión y circunscribirla sólo a Cataluña. La extrema debilidad logística de la banda, muy tocada por los sucesivos golpes policiales de los últimos dos años, sobre todo, la habrían llevado, según las mismas fuentes, a mantener, sin anunciar, una especie de tregua técnica desde hace meses en que apenas ha podido aparecer públicamente más con amenazas, como la última de atentar contra objetivos turísticos, que con atentados y víctimas. El oxígeno que este anuncio de tregua ha proporcionado a los dirigentes etarras no tiene parangón en su siniestra historia. Su primer anuncio de tregua data de enero de 1988 y se circunscribía a 60 días al objeto de negociar con el Gobierno de Felipe González. Eran los años en que mayor número de muertos acumulaba la actividad etarra y los tímidos contactos iniciados entre la banda y el Gobierno no fructifican. Un mes después ETA vuelve a ofrecer otros 60 días de tregua que no llegan a materializarse. En noviembre del mismo año se vuelve a repetir el ofrecimiento de un cese de la actividad armada que, una vez más, no llega a producirse. Es en enero de 1989 cuando ETA anuncia una nueva tregua de dos semanas coincidiendo con el inicio de las conversaciones de Argel entre enviados del Gobierno socialista y la cúpula etarra. Días más tarde la organización declara que amplía la tregua dos meses. Los contactos en la capital argelina continúan y en marzo del mismo año los terroristas prorrogan otros dos meses el silencio de sus armas. Cuando en abril las conversaciones encallan y llegan al fracaso, ETA anuncia el fin de la tregua. No sería hasta julio del 92, poco después de la caída de su cúpula dirigente de entonces en la localidad francesa de Bidart, cuando los terroristas vuelven a ofrecer una tregua de 60 días sin consecuencias. Con el PP ya en el poder, en junio del 96, ETA anuncia un nuevo cese de atentados de apenas una semana para iniciar negociaciones con el nuevo Gobierno de Aznar. Desde Moncloa no se responde a dicho llamamiento. Un año después la organización terrorista declara una tregua en lo que ella denomina el frente de las cárceles señalando que dejará de atentar contra los funcionarios de prisiones. Pero es, sin duda, la tregua anunciada el 16 de septiembre de 1998 la más importante, hasta ahora, de las realizadas por ETA. Era la primera vez que los terroristas hablaban de un alto el fuego indefinido, unilateral y sin condiciones ya que consideraban que existían oportunidades únicas para caminar hacia la independencia del País Vasco. La suspensión de atentados duró 439 días, en el transcurso de los cuales hubo no pocas tensiones entre Gobierno y oposición y entre distintos ministros de Aznar. Jaime Mayor Oreja no dudó en acuñar la expresión tregua-trampa para descalificar las peticiones de la oposición de aprovechar tan inédito ofrecimiento en la búsqueda de la paz mientras que el presidente Aznar, apenas un par de meses después de anunciada la tregua autorizaba el inicio de contactos con el entorno etarra. Los contactos existieron, hubo algunos gestos en política penitenciaria el preso más antiguo de la banda, Mikel Sarasketa, salió en libertad condicional por motivos de salud y también algunas inesperadas detenciones. Finalmente, la madrugada del 28 de noviembre de 1999 un nuevo comunicado anunciaba que ETA volvía a poner en marcha sus comandos. El teniente coronel Antonio Blanco moría en Madrid el 21 de enero del 2000 víctima de la explosión de un coche bomba. Desde entonces, el número de víctimas y atentados se ha ido reduciendo en tanto que las detenciones y los golpes policiales han ido incrementando su eficacia, al tiempo que la cooperación entre países y el desafecto social a todo tipo de terrorismo crecía en el mundo tras el 11-S. Nada hacía prever un resurgimiento de la banda con la autoridad demostrada en estas últimas semanas. Por I.S. |
| Solo ante el peligro, por Enric Sopena |