|
|
Rajoy afronta la campaña bajo la presión de Aznar EMPIEZA LA CONTRARRELOJ |
![]() |
|
Queda menos de un mes y, aunque los políticos aseguren que ése es aún mucho tiempo en el bullicio electoral, el candidato del PP ha engrasado y puesto a punto los piñones de su máquina para afrontar la etapa decisiva. Con la Convención Nacional del PP, celebrada el pasado fin de semana en pleno fervor popular, se ha dado el pistoletazo de salida para entrar en el último tramo electoral. El tempo del sucesor, bien calculado, no es, sin embargo, el de quien hace campaña paralela desde La Moncloa. José María Aznar no acaba de irse del liderazgo popular y su alargada sombra planea sobre la calle Génova con una estrategia situada en el polo opuesto del estilo Rajoy. Pero el candidato no quiere interferencias e intenta pedalear en solitario. Por A. P. V. Y habló. Carlos Aragonés, el misterioso fontanero de José María Aznar, de quien se sabe poco, a quien no se ve apenas nada y se oye aun menos, rompió su silencio para confirmar lo que ya había adelantado El Siglo la semana pasada (ver en el número 589, Rajoy se escapa de Aznar): que está muy bien la moderación de la que hace gala el nuevo candidato del PP; que no es criticable en absoluto el estilo Rajoy Una aguda combinación sostiene un conocido del ex vicepresidente entre el gris del perfil bajo y el amarillo chillón de la retranca gallega, pero que se echa de menos un poco de ese otro estilo Aznar, tan rehusado por unos populares no digamos por la oposición, pero, según parece por las palabras del asesor presidencial, echado en falta por otros. Nada hubo que temer en la Convención Nacional celebrada el pasado fin de semana. El jefe de Gabinete del presidente del Gobierno habló el lunes ante la Ejecutiva, con tiempo suficiente para que la borrasca se disipase antes del ansiado encuentro, para pedir, no al candidato sino a sus satélites en Génova, que endureciesen el tono del discurso electoral, porque las elecciones no están, ni mucho menos, ganadas. Y el optimismo que reina en el búnker popular amenaza con dar al traste con la movilización del voto conservador, ése que Aznar se trabaja con esmero y hachazos dialécticos contra el PSOE todos y cada uno de los días de la precampaña. A menos de un mes de la cita con las urnas y a poco más de diez días del inicio oficial de campaña, previsto para el 27 de febrero, Mariano Rajoy aborda una contrarreloj, cuando menos, con un intento de condicionamiento llegado de La Moncloa. ¿Es que no le iban a dejar hacer?, se preguntan los partidarios del gallego, aliviados con la marcha de Aznar y dispuestos a reconocerlo, de momento, sólo en privado. La doctrina oficial del Partido Popular niega cualquier tipo de interferencia en el tiempo electoral del sucesor, pues se trata únicamente, argumentan, del proceso normal de elaboración de la estrategia, ya que no hay que olvidar que la campaña aún no ha comenzado, que la presentación del programa acaba de concluir en su plenitud y que ahora comienza la contrarreloj, la última fase del tour Rajoy. Es cierto que el candidato del PP a la Presidencia del Gobierno se ha tomado con mucha calma la exposición de su oferta a los ciudadanos. Todavía pocas horas antes de ser aprobado el programa popular por el Comité Ejecutivo el pasado viernes, Rajoy desgranaba ante auditorios reducidos, aunque bien captados por los medios de comunicación, algunas de sus propuestas programáticas de educación o de seguridad vial. Precisamente, cuando acudió a Salamanca a prometer más becas, más enseñanza de idiomas desde edades más tempranas o más medios en general, el sucesor aguantó su primer chaparrón de gritos contra la guerra de Iraq, que incluyeron algún Asesinos puntual. Rajoy ni se inmutó, aunque sostienen en su entorno que es conocida la contrariedad que le provoca la sola mención de este tema, una decisión personal de Aznar, la de apoyarla, que si por el sucesor fuera, bien podría retirarse con él. Sin entrar ya en cuestiones de conciencia, el pragmatismo de Rajoy, aseguran quienes le conocen bien, le hubiera llevado a no apoyar la intervención en contra de la aplastante mayoría ciudadana. El brutal recrudecimiento de la violencia en el que fuera feudo de Saddam Hussein, sin embargo, provocará que Rajoy no pueda evitar este tema si llega a la Presidencia del Gobierno, como, en realidad, ha estado haciendo hasta ahora amparándose en el razonamiento de que hay que hablar de lo que a la gente realmente le importa. El sucesor tomó nota del consejo de Aragonés el pasado lunes o, más bien, le pidió a su ya número dos, Gabriel Elorriaga, que lo hiciera y no se descarta que desde el partido, se emprenda un endurecimiento, siempre discreto, de la estrategia electoral del PP. Aun así, Mariano Rajoy seguirá con su discurso habitual: tono moderado; críticas a la oposición muy puntuales para las que emplea su mejor arma, la ironía, tal y como demostró el domingo 1 de febrero en A Toxa, Pontevedra, cuando presentó a los cabezas de lista para las generales, y, sobre todo, oídos sordos a las provocaciones llegadas de las filas del PSOE, que, por el contrario, sí está echando toda la carne en el asador. A este respecto, no se sabe todavía (al menos, al cierre de esta edición) si habrá debate televisado entre Rajoy y Zapatero, pero no parece probable, pues precisamente, el hecho de aceptarlo supondría caer en eso que el sucesor insiste en llamar provocaciones del PSOE. El principal partido de la oposición ya ha anunciado que el presidente de la Junta de Andalucía, Manuel Chaves, sí se batirá con la candidata popular, Teófila Martínez, en Canal Sur, la televisión autonómica, previsiblemente el 4 de marzo y siempre y cuando la presidenta del PP andaluz acepte. La teoría popular sobre los debates televisados se ajusta a una realidad positiva: si Mariano Rajoy tiene todas las de ganar, no conviene correr riesgos para hacer tambalearse lo que ya está logrado. Todo es que las advertencias de Aragonés sobre optimismos prematuros, que nadie en Génova se atreve a descartar que sean el eco de una advertencia del propio José María Aznar, hagan cambiar de opinión a los estrategas electorales del líder popular: ¿Y si una buena actuación del candidato logra movilizar a un electorado ávido de fuertes reprimendas al PSOE y que ahora asiste desmotivado a una campaña de perfil bajo? Para el caso, los socialistas ya tienen preparada la pregunta que creen haría tambalearse la posición de Rajoy, siempre ventajosa por cuanto es el candidato del partido en el Gobierno: por qué mintió en la Cámara Baja el entonces vicepresidente del Ejecutivo sobre las razones de apoyo a la guerra de Iraq. Dos campañas y un candidato. Al final del tour político, será Rajoy quien vista o no el maillot amarillo del ganador, nunca José María Aznar. Sin embargo, existe la percepción en algunos sectores del PP de que la sombra del presidente del Gobierno está siendo demasiado alargada en esta precampaña, aunque desde otros ámbitos del partido están convencidos de que responde a un estrategia muy bien calculada: Aznar es quien se retira, por lo que a él corresponde hacer el trabajo sucio, esto es, el ataque sin piedad al PSOE. Para los que así razonan, sin embargo, si antes había un acontecimiento que descuadraba sus tesis, ahora son dos. Por un lado, la filtración de la reunión del líder de ERC, Josep Lluís Carod-Rovira, cogió a Mariano Rajoy por sorpresa, pues se enteró de la misma a través de la prensa, aun cuando suponía una intromisión feroz en su sosegada campaña. En Génova, sin embargo, están convencidos de que la publicación en el diario ABC de una noticia llegada directamente de los despachos principales de La Moncloa supuesto de marcada obviedad que, hasta ahora, nadie ha negado ha beneficiado a Rajoy, si bien éste no la ha utilizado, por ahora, en ningún momento de su campaña. Ni siquiera cuando los socialistas dieron un giro de 180 grados a la información vertiendo las acusaciones de grave irresponsabilidad sobre los mensajeros, el Centro Nacional de Inteligencia (CNI), que dirige Jorge Dezcallar y que depende del Ministerio de Defensa, y, supuestamente, el secretario general de Presidencia, Javier Zarzalejos, hermano del director de ABC. El oficioso comité de campaña de La Moncloa sí emplea el encuentro de Carod con ETA, sin embargo, en cuanto tiene oportunidad. Lo hizo el ministro de Interior al detallar, el pasado miércoles, las últimas detenciones de los terroristas Jon Kepa Preciado y Jon González González llevadas a cabo la semana pasada en Francia. Cuando Ángel Acebes describía ante los medios el violento historial de los detenidos, que incluía los atentados contra el dirigente socialista Eduardo Madina y la concejal Esther Cabezudo, arremetió contra el líder republicano catalán asegurando que no puede ser que se dialogue con los mismos terroristas que tenían explosivos para cometer atentados con ETA. El titular de Interior, en realidad, seguía la estela estratégica del presidente Aznar, que el día anterior a las detenciones de Kepa y González, hacía referencia a las otras dos de los etarras Ibon Elorrieta y Luis Enrique Gárate, que transportaban explosivos y que se llevaron a cabo horas antes de las detalladas por Acebes, para atacar a los socialistas. Para el jefe del Ejecutivo, el PSOE pacta con Esquerra Republicana y se va a reunir con los jefes de ETA, que son los que organizan asesinatos en España, porque ésta será su responsabilidad. Mientras tanto, Rajoy presentaba su propuesta programática sobre Educación en Salamanca sin mencionar la operación antiterrorista. Y ahora, el jefe de Gabinete del presidente del Gobierno, que va de número seis en la lista del PP por Madrid, pide que se eleve el tono contra el PSOE. El desconcierto, además, que provocaron estas declaraciones de quien no acostumbra a pronunciarse en la Ejecutiva, fue mayor porque, a pesar de tener lugar a puerta cerrada, Aragonés sabe mejor que nadie que son susceptibles de filtración o, más bien, que es imposible que no traspasen dichas puertas. El mismo día de la ya calificada irónicamente como salida de tono del miembro más destacado del clan de Valladolid, Rajoy se había reafirmado ante su comité de estrategia electoral, capitaneado por Elorriaga, en su intención de mantener un perfil bajo. Bien es verdad, señalan desde el entorno popular, que Aragonés no pidió un estilo Aznar en Rajoy, sino en la parte del PP que no está en La Moncloa, pero precisamente a ésta, el domingo del acto en Galicia, el candidato popular solicitó, también a puerta cerrada, que sus candidatos no entrasen en la provocación del PSOE. Más filtraciones para Rajoy, en quien es conocido el desagrado que le producen, éste que le llevó a exigir que se evitasen las que atañen al contenido de la campaña, y buena prueba de ello es que el programa de la Convención Nacional no se conoció hasta el día anterior a la celebración. Pero especialmente le contrarían dichas filtraciones cuando, como la de los consejos de Aragonés, denotan diferencias de criterio en su partido, que siempre ha blandido la unidad de sus filas como garantía de estabilidad y de futuro para los electores. ¿Ve Aragonés, eficaz analista político, un exceso de confianza en el PP hacia los resultados del 14 de marzo? Seguramente, según quienes conocen al fontanero mayor de Aznar, se trata de eso y no hay en sus declaraciones ante la Ejecutiva popular más que un intento de que paliar una actitud que podría llevar al partido a perder la mayoría absoluta, siendo conscientes como son de que sin ella, formar Gobierno no será tarea fácil. El sucesor diseñó una campaña basada en tres trayectorias (balance de ocho años de Gobierno, presentación fragmentada y espaciada del programa electoral y ninguneo de la oposición) que culminaron su diseño los días 14 y 15 de febrero en la Convención Nacional del PP, a la que no faltó, tampoco, el trío de popes del partido: el presidente fundador, Manuel Fraga; el presidente del Gobierno, José María Aznar, y quien aspira a serlo, Mariano Rajoy. Para entonces, por supuesto, de las palabras de Aragonés nadie se acordaba. Pero pasada la euforia del encuentro masivo de los populares en Madrid, para el candidato a la Presidencia del Gobierno queda la etapa más dura: la contrarreloj, que cobrará especial intensidad a partir del 27 de febrero. Lo peor que podría hacer Rajoy para entonces, dicen a su alrededor, es dejar de ser él mismo. Al contrario de lo que puedan pensar incluso en el PP, desde donde por algunas esquinas de la sede de Génova, y ahora con el aparente respaldo del núcleo duro de La Moncloa, se ha reclamado más entusiasmo por parte del presidenciable, es precisamente el tono moderado y la tranquilidad de éste la que da consistencia a su candidatura y gusta a los electores. Rajoy no olvida, tampoco, las dos campañas con que le tocó lidiar como director: en la primera de 1996, la crispación se convirtió en un ingrediente básico y el PP no obtuvo la mayoría absoluta; en la segunda, en cambio, el periodo electoral fue mucho más tranquilo y el hoy aspirante a la Presidencia del Gobierno pudo apuntarse el tanto de una impensable incluso para los populares, como reconocerían más tarde victoria absoluta. Así que, ahora asegura un entusiasta partidario del líder popular no van a decir a Rajoy cómo llevar su propia campaña; ni desde La Moncloa ni desde ningún sitio. |
|
Aragonés vs. Elorriaga Las inesperadas palabras del fontanero mayor de Aznar ante la Ejecutiva del Partido Popular, pidiendo menos confianza en los buenos resultados y mayor dureza en la carga contra el PSOE, han dado mucho que teorizar a propios y extraños, puesto que el número seis de la lista de Madrid se ha caracterizado siempre por su silencio en este tipo de cónclaves. Una de las hipótesis barajadas para discernir este comportamiento del director del Gabinete presidencial ha sido la pugna que mantendría el hombre de confianza de Aznar con el que amenaza con convertirse en el asesor clave de un Rajoy presidente, Gabriel Elorriaga. El motivo, el control de la fontanería de La Moncloa si se repite mandato. Se podría concluir de todo ello que el alumno amenaza con aventajar al maestro, pues Carlos Aragonés Mendiguchía (1956, Leganés, Madrid) continúa en la dirección del Gabinete de Aznar, mientras que Gabriel Elorriaga Pisarik (1962, Madrid) fue subdirector de dicho Gabinete, a las órdenes, pues, de Aragonés, entre 1996 y 2000, aunque en la segunda legislatura del PP en el Gobierno, pasó a ocupar el puesto de secretario de Estado de Administraciones Públicas. Con Rajoy ya investido con los honores de sucesor, Elorriaga se mantuvo en el puesto de coordinador del Área de Estudios y Programas del PP y de ahí pasó a convertirse en la mano derecha del candidato popular como director de su campaña. Todos los indicios apuntan a que Elorriaga es ya el técnico de confianza de Rajoy, aunque el secretario de Estado goce de la absoluta confianza de Aznar, el cual ya en 1990 lo incorporó a la FAES, entonces unas de las fundaciones del PP y hoy la macrofundación en cuya presidencia encontrará el jefe del Ejecutivo su dorado retiro. El director de campaña del PP mantiene hoy un puesto en el Consejo Asesor y es miembro y patrono de la Fundación de Análisis y Asuntos Sociales. Su influencia en el nuevo Partido Popular de Rajoy es, pues, indiscutible, por lo que a Elorriaga se le augura un futuro más que prometedor al lado del sucesor, quizás ocupando el puesto que hoy tiene Aragonés al lado de Aznar, pero, incluso con una mayor implicación política en un ministerio o vicepresidencia, si el PP gana las elecciones otra vez. El futuro de Aragonés, en cambio, es tan misterioso como su persona. De momento, será diputado por Madrid, aunque cabe la posibilidad de que salga elegido y abandone su escaño, como hiciera en 2000, cuando, dos meses después de salir elegido, dejó el puesto para dedicarse de lleno a la fontanería mayor de Presidencia. Le sustituyó Ismael Bardisa. Es posible, comentan en su entorno, que el inquilino de La Moncloa más escurridizo para los medios de comunicación quiera más responsabilidades aparte de seguir los pasos de José María Aznar dirigidos hacia la FAES y desee continuar desempeñando su labor del técnico del reino. Sin embargo, el sentir general en el PP es que los 15 años al lado del hoy presidente del Gobierno, iniciados ya como jefe de su Gabinete en el Ejecutivo de Castilla y León, son demasiado condicionantes para que Rajoy lo adopte como lazarillo, aunque no se descarta que el sucesor siga contando con la opinión de Aragonés, innegablemente efectiva. Pero entonces, pasaría a estar por detrás de Gabriel Elorriaga, que es, sin duda, la nueva cara de una potencial fontanería mayor. |
| No está nada mal, por Enric Sopena |