Nº 440
11/12/2000

Carlos Aragonés: 13 años de "fontanero" mayor

La sombra de Aznar

Tiene 44 años y desde los 30 es la sombra de José María Aznar. Carlos Aragonés, el director de¡ Gabinete de Presidencia, lleva haciéndole los discursos, preparándole citas, informándole de personas y situaciones y asesorándole en todos los campos desde que el día que llegó a la presidencia de Castilla y León le dijo que le quería a su lado. Hoy, ya con despacho en Moncloa, es el único que se queda a cenar en Palacio con los Aznar sin ser anunciado. Pocos le conocen. No se deja ver ni hacer fotos, pero este liberal, culto, refinado, católico y soltero es, según quienes conocen al Presidente, su único hombre de verdadera confianza

 

Inmaculada SÁNCHEZ

“Fue una casualidad afortunada coincidir con Aznar". Así relataba hace años a esta revista su encuentro con el presidente Carlos Aragonés, un hombre que huye de los focos, que nunca ha concedido una entrevista, pero que cada vez está más asentado a la sombra del líder del PP. "Todos los presidentes necesitan a alguien así, con una fidelidad garantizada, listo, con amplitud de miras y al que puedan  consultar cualquier cosa', explica una fuente que frecuenta Moncloa. "Y, además, Aragonés no tiene ambición por ascender de cargo. Es por ello que la confianza de Aznar en él ha ido creciendo", añade.

Esta confianza, sin embargo, no es reciente. Carlos Aragonés ha compartido momentos claves de la trayectoria política de Aznar, aunque nunca saliera en los flashes. Cuando Manuel Fraga se decidió por él para liderar la refundación M partido, y después de la llamada de teléfono d patrón para comunicárselo, el entonces presidente de Castilla y León comió ese día, 28 de agosto de 1989, para celebrarlo y comentarlo, con Juan José Lucas, con Rodrigo Rato y con Carlos Aragonés.

Años después, cuando ya inquilino de La Moncloa y de viaje oficial en Perú, un mensaje codificado a través del satélite Hispasat le comunica el anuncio de la tregua de ETA, no lo firma sólo el ministro de Interior, Jaime Mayor Oreja. Tras él, también suscribe la información Carlos Aragonés. Y añade: “Abrazos". Este dato lo cuenta la biografía autorizada del Presidente publicada el año pasado por José Díaz Herrera e Isabel Durán. Quienes conocen la profundidad de la relación entre ambos saben que éste no es más que un detalle de su alcance.

“Ni Rato, ni Miguel Ángel Rodríguez", explica una de las fuentes consultadas. "Ambos, por muy amigos que sean, o hayan sido, de Aznar, tienen delante sus aspiraciones políticas y un presidente toma y deja esas amistades Eso es, precisamente, lo que le hundió a MAR", añade. Por el contrario, todos los que tienen trato con Aragonés coinciden en afirmar que su actual cargo le satisface plenamente 'Si quisiera más po der, lo tendría, por que Aznar se fía absolutamente de él' explican. Pero no También quienes le conocen aseguran mayoritariamente que le falta ese punto de maldad inmisericorde que necesitan los políticos destinados a escala puestos de responsabilidad. "Es buena gente", dicen algunos. "Bajo esa apariencia dialogante encubre una posición de dureza en sus planteamientos políticos', aseguran otros.

Falto o no del equilibrio entre la 'bondad" y la 'maldad" que se atribuye a los dirigentes, lo que sí es cierto es que Carlos Aragonés es, más que cualquier otra cosa, un político. Ya en 1992, cuando formaba parte M equipo de Génova como jefe de gabinete de Aznar, se definía para EL SIGLO como "un político profesional” "Asumo que estoy en la cocina", añadía con orgullo sin querer utilizar la palabra más comúnmente utilizada para designar sus funciones, la de fontanero", porque, según decía, "en ella parece haber un poco de trabajo sucio".

En sus muchos años al lado de Aznar, sin embargo, ha ejercido, y sigue ejerciendo, de fontanero" mayor al que, a pesar de haber pasado elecciones y legislaturas, haber ido cayendo unos y otros, no le ha menguado un ápice su poder. Un detalle de la altura de sus prerrogativas estaría en su habitual ausencia de las reuniones de subsecretarios o de la comisión delegada de asuntos económicos, cruciales encuentros a los que ninguno de sus antecesores en los gobiernos socialistas osaba faltar. "Aragonés deja el día a día y el control de la gestión del Gobierno a otros. Él está para cuando los ministros tienen que intervenir, hacer frente a alguna polémica importante, para la estrategia y para lo que el presidente quiera”, explica una fuente conocedora de la vida interna de Moncloa.

Aunque la posición de José Antonio Zarzalejos, secretario general de Presidencia, se ha visto reforzada desde que Aznar le encargara los contactos con ETA durante el año de tregua, no se ha mermado la capacidad de influencia de Aragonés en este campo, según las mismas fuentes, que reconocen en el director del Gabinete una gama amplísima de asuntos bajo su jurisdicción.

Ese abanico de respuestas podría tener su origen en su formación. Carlos Aragonés, nacido en Leganés, Madrid, en 1956, se licenció en Filosofía y letras en la Universidad Complutense ‑"lo que me gustaba", ha dicho alguna vez‑ y sólo después estudió Derecho ‑"lo que era más útil para a lo que me* quería dedicar'‑. Fue en los años de estudio en la Facultad de Derecho cuando entró en contacto con quien se puede considerar su "padre político", Antonio Fontán y su circuito liberal. Quien fuera presidente del Senado entre 1977 y 1979 y ministro de Administración Territorial con Suárez entre el 79 y el 80, había fundado, cuando Joaquín Garrigues Walker disolvió la Federación de Partidos Demócratas y liberales dentro de UCD, el denominado Club Liberal, donde, todavía sólo como aprendices, se movían Carlos Aragonés, su hermano Fernando y otros conocidos miembros posteriores del conocido Clan de Valladolid, como Arturo Moreno, Miguel Ángel Cortés o el propio Eduardo Zaplana. la primera militancia del hoy director del Gabinete de Presidencia fue, por tanto, en la UCD.

Aragonés llegó a ser vicepresidente de las juventudes centristas, en la misma época en que Javier Arenas era su presidente, aunque éste vinculaba su carrera con los democristianos mientras Aragonés lo hacía  con los liberales y miembros del Opus Dei, como el mis­mo Fontán. Entre los años 1985 y 1987 llegó a ser secretario del Club Liberal, cuando Pedro Schwartz lo presidía, y fue entonces cuando conoció al hoy lí­der del PP. Fue cuando Unión Liberal se disolvió en el seno de AP y el en­tonces joven Aznar buscaba mimbres­ ideológicos para la nueva situación y coincidió con su hoy hombre de con­fianza en los encuentros en la casa de Fontán de la calle Doctor Fleming de Madrid.

Entonces, Carlos Aragonés acababa de ingresar en AP y los encuentros se sucedieron, con otros "jóvenes libera­les", como los definen los distintos biógrafos de Aznar, en su casa madrileña o en Valladolid. Tras ser designado candidato para la presidencia de Castilla y León, Aznar le propone a Aragonés su típico "todo o nada", tal como lo cuentan quienes han sido fichados por él en algún momen­to de su carrera inicial. Tenía que irse con él a Valladolid como apoyo, ase­sor y jefe de gabinete con plena dis­ponibilidad profesional y personal. Na­turalmente, Aragonés dijo que sí.

Desde entonces no se ha separado un momento del presidente. Después de ser designado líder del nuevo PP, en el89, Aragonés también le acompañó en el duro periplo madrileño, siempre muy cerca. En sus primeras lecciones Aragonés estuvo en el comité nacional electoral como responsable de las de­claraciones e intervenciones del can­didato y cuando llegó al Congreso co­mo jefe de la oposición su "fontanero mayor" fue nombrado jefe de la ase­soría parlamentaria en sustitución de Federico Trillo.

Según Aznar se iba haciendo dueño del partido le iba reservando puestos a Aragonés. Primero entró en el comité ejecutivo nacional como secretario de Estudios y Programas en el XI congreso de 1.990, el primero que, de verdad, controló el elegido por Fraga. En el siguiente, en 1993, ya es nombrado coordinador de Presidencia, un cargo creado especialmente para él. En las elecciones generales de ese mismo año entra como diputado dentro de la cuota de aznaristas con la que el presidente del PP intenta remodelar el grupo parlamentario. Desde entonces siempre ha ocupado escaño, aunque jamás ha participado en ningún debate parlamentario. Aznar le ha reservado un puesto de relieve en la lista de Madrid ‑en las elecciones de 2000 iba el octavo tras varios ministros y otros altos cargos de Génova‑ más como signo de confianza que para dotarle de alguna función en el grupo. De hecho, en las dos legislaturas ganadas por el PP Aragonés a renunciado a su acta de diputado días después de la victoria al ser nombrado director del Gabinete de Moncloa. En el organigrama de¡ partido ya no necesita lo de coordinador de Presidencia. El cargo ya no existe pero Aragonés se mantiene como miembro del Comité Nacional dentro de la cuota de cinco vocales que el presidente puede nombrar a dedo, de acuerdo con los estatutos.

Carlos Aragonés, por tanto, no pierde tiempo en hacer vida de partido. No la necesita. Sí, en cambio, dedica parte de su esfuerzo al selecto club que gira en torno a la Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales, la conocida FAES que Aznar encargó poner en pie a Miguel Ángel Cortés como laboratorio de ideas de¡ partido y donde ha recalado el grupo más liberal del mismo.

Aragonés no ha llegado a estar en el patronato de FAES, aunque sí lo está Antonio Fontán, con quien mantiene todavía una excelente relación y al que sí acompaña como miembro de su consejo editorial en la publicación que fundara el ex ministro y que hoy se ha convertido en el referente cultura¡ e intelectual del PP, Nueva Revista ‑Ver número 433 de EL SIGLO: "La inteligencia de Aznar. Los escritores e intelectuales que rodean al presidente"‑.

El director del Gabinete de Presidencia sí ha colaborado en alguna ocasión escribiendo en Nueva Revista, donde puede desarrollar esa parcela de su inquietud filosófica y estética que muchos le atribuyen. En la actualidad, aunque permanece en el Consejo editorial, hace tiempo que no publica ninguna colaboración, lo que no quiere decir que no mantenga sus amistades.

El propio Antonio Fontán, pese a sus 77 años, sigue inspirándola como presidente y editor además de tener despacho en su sede, a la que acude siempre que puede. También comparte espacio en el consejo editorial con Miguel Ángel Cortés, actual secretario de Estado de Cooperación Internacional y secretario de Estado de Cultura en la primera legislatura de Aznar, de quien, sin embargo, según afirman algunas de las fuentes consultadas, Aragonés se ha distanciado en los últimos tiempos después de haber compartido una sólida amistad.

Miembro fundamental y cofundador, con Cortés, del conocido como "Clan de Valladolid", Aragonés ha ido desdibujando los perfiles de¡ grupo, mucho más activo en la influencia hacia Aznar cuando el PP estaba en la oposición. Tras la conquista de la Moncloa los destinos de sus más significados miembros han corrido distantes ‑Zaplana en Valencia, Cortés lejos de su deseado Ministerio de Cultura entregado a Pilar del Castillo, el propio Aragonés recluido en Presidencia...aunque ello no significa que los mimbres ideológicos de este influyente clan se hayan perdido en los pasillos de Moncloa.

Además del liberalismo como eje de su doctrina económica, no son pocos los que conceden a Aragonés cierta responsabilidad en algunas de las posiciones más duras de¡ Gobierno en materias relacionadas con el ámbito de la moral. Nacerían estas posiciones de la cercanía del director del Gabinete con el Opus Dei Aunque él no ha llegado a pertenecer a la Obra fundada por Escrivá de Balaguer sí se le conoce un interés y un reconocimiento por ella ‑‑Raimundo Castro, biógrafo de Aznar, asegura en su libro El sucesor que Aragonés le pidió permiso al presidente cuando estaban en Valladolid para ir a conocer a Álvaro del Portillo, el máximo responsable del Opus, a lo que Aznar accedió sin importarle‑.

También esta vertiente religiosa del jefe de gabinete monclovita le ha ayudado a traspasar las puertas de¡ domicilio de los Aznar. Aunque no les ha cuidado a los niños, como Miguel Ángel Rodríguez llegó a hacer en sus años de amistad con la pareja presidencial, y distanciado por su particular vida de soltero ‑Ver recuadro 'Soltero y distinguido'‑ Ana Botella recibe a Aragonés en su casa como a un amigo de verdad, según quienes conocen a los tres. De momento, casi cinco años en Moncloa no parecen haber deteriorado esta sólida relación y Carlos Aragonés, continúa siendo el hombre clave en muchas de las decisiones de¡ presidente. No lo acomparía cuando viaja, y Aznar viaja cada vez más. Pero en Moncloa Aragonés, aunque no sea de los que primero llegan, sí es de los que más tarde se marchan. Y es, según muchos, "la tranquilidad" del Presidente.

Soltero y distinguido

Se está dejando barba. No hay constancia oficial de ello puesto que enla última foto pública que se le conoce, aplaudiendo a Aznar tras su discurso de investidura el pasado abril en los contados días que ocupó su escaño de diputado, aparece con su habitual semblante de eterno joven, alto, delgado y un punto altivo.

Sin embargo, ese caracter reservado y discreto, que tan bien le va para su trabajo, se dulcifica en el trato personal.Hay quien, además, encuentra un motivo reciente para ese pequeño cambio de imagen y, quizá, de talante: el soltero más poderoso del Palacio de la Moncloa tiene una novia formal desde hace alrededor de un año con la que podrían sonar campanas de boda después de alguna otra experiencia fallida.

A su delgadez natural le ayuda su escaso disfrute con los placeres de la mesa. Aunque tiene modales refinados y sabe y gusta frecuentar hoteles y restaurantes de alto nivel nadie de los que le tratan le identifica con el buen comer o el buen beber. Sí, sin embargo, cuida su imagen y, por ejemplo, no suele escapársele el estreno de una corbata en u habitual interlocutor, lo que algunos interpretan como un deseo de adornarse de un cierto "dandismo" en sus relaciones.

Su caracter, en cierta medida solitario, le lleva a no hacer ostentación del nivel profesional que tiene más que por el coche oficial que le trae y le lleva a Moncloa desde el barrio de Chamberí donde vive. Algunos sólo ven en esa supuesta modestia su calidad de hombre educado, algo no siempre hbitual en quienes han ocupado puestos de su nivel.

Dicen sus conocidos que es de pocas amistades, muchas de ellas relacionadas con el mundo de la cultura. Leer e ir al cine parecen sus afiiones favoritas sin un únicoautor, grupo o escuela entre sus objetivos. Católico practicante y de kmisa dominical, procede de una familia de clase media de la que se siente muy responsable, especialmente de su madre, viuda.

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