Nº 427
11/9/2000

Movimientos en el PP contra el vicepresidente

Rato zozobra

El verano no le ha sentado nada bien al vicepresidente económico Rodrigo Rato. En los pocos meses transcurridos desde la formación del nuevo Gobierno el ministro considerado hasta el 12-M el más fuerte y cercano al presidente ha visto cómo, dentro de su partido, se afilaban las navajas contra él. Hoy, con los indicadores económicos que tanto brillo le dieron en la anterior legislatura en claro retroceso, quienes aspiran a jugar en la sucesión de Aznar se apresuran a ocupar los espacios de poder que va cediendo.

Inmaculada SÁNCHEZ

Rato ya no es el que era”. “Se le ve como más pasota”. Estas son algunas de las frases que desde ciertos sectores del Partido Popular intentan dibujar la actual situación del ministro de Economía. Hace ahora cuatro años, cuando arrancaba la anterior legislatura, Rodrigo Rato era el hombre a quien José María Aznar había encomendado la difícil tarea de fraguar los pactos con los nacionalistas.

Poco después le nombraba ministro y vicepresidente segundo, sólo con el entonces secretario general del partido, Francisco Álvarez Cascos, por delante en el organigrama del Consejo. La excelente coyuntura económica y la habilidad política de Rato hicieron el resto para encumbrar su figura hacia los altares de la escogida vera del presidente cuando la legislatura concluía. Luego llegó la mayoría absoluta pero, inesperadamente, Rato empezó a palidecer.

¿Qué está ocurriendo? “Que Aznar no deja a nadie hueco para nada y que quiere todo el protagonismo para él”, intenta explicar una fuente bien informada de los pasos de Moncloa. El resto de explicaciones discurren por la misma senda de “los inescrutables designios del presidente” quien, a pesar de haber reiterado que no será candidato en las próximas elecciones, parece disfrutar con el desconcierto de sus delfines nadando a su alrededor.

Rato, en lugar de haber recibido el espaldarazo esperado en la formación del nuevo Gobierno, ha sufrido una merma de poder que, apenas un par de meses después, está siendo aprovechado por quienes, dentro del partido, aspiran a más.

Así explican distintas fuentes los movimientos que hoy se detectan en el PP y sus alrededores una vez que el dedo de Aznar se movió en un sentido inesperado sobre el hombro de su ministro de Economía. Y sólo así aclaran el inédito ataque lanzado nada menos que desde el diario El Mundo –reconocido nuevamente como baluarte de los designios presidenciales tras el caso Villalonga– al ministro de Economía lanzado el pasado julio, unas semanas antes del inicio de las vacaciones de agosto.

La pluma de uno de sus más ácidos columnistas, Jesús Cacho, destilaba toda una galería de sugerencias, sospechas y dardos contra el titular de Economía en un artículo significativamente titulado España va bien, pero huele mal. Aludía Cacho, principalmente, a una corte de amigos empresarios del ministro como los causantes de su cambio de situación en el mapa de poder del PP y sentenciaba: “Rato no será jamás el heredero de Aznar”. Al tiempo, semejantes conjeturas han ido tomando cuerpo en la intrahistoria del partido y hoy en el PP se encuentra a quien asegura que la posición del vicepresidente se deteriora y a quien, por el contrario, afirma que, a pesar de las apariencias, está más fuerte que nunca, pero es difícil hallar a quien le sean ajenos los avatares de Rato.

El ministro, en efecto, ha sufrido un serio varapalo del presidente al haberlo mantenido en Economía justo cuando el ciclo económico parece iniciar una suave cuesta abajo y él aspiraba a una cartera más agradecida –como, por ejemplo, Asuntos Exteriores– y, sobre todo, por haberle restado poder político con la ascensión a la primera vicepresidencia de Mariano Rajoy y la creación del Ministerio de Hacienda para Cristóbal Montoro, un fichaje personal de Aznar para el PP por mucho que hasta ahora haya seguido una estricta lealtad hacia Rato.

“El ciclo no va a pegar un vuelco, sólo estamos hablando de que lo de estar mejor cada año ya se ha acabado y Rato parece no estar sabiendo reaccionar a la nueva situación”, afirma un diputado crítico con la gestión del ministro (ver recuadro Los gráficos comienzan a caer). Otros, por el contrario, aseguran que “aún quedan dos o tres años buenos para las empresas españolas” y que “si Rato sabe distanciarse y vender que lo del euro y las gasolinas no es culpa del Gobierno” su posición volverá a ser igual de fuerte que hace unos meses.

Otros hechos serán más difíciles de remontar para el vicepresidente económico, como la lenta pero segura ascensión de Mariano Rajoy y los pasos firmes de dirigentes como Eduardo Zaplana o, más cerca de él, Josep Piqué e, incluso, Cristóbal Montoro.

El vicepresidente primero y ministro de la Presidencia está tejiendo una red de influencias en ámbitos tanto administrativos como políticos que le está convirtiendo en uno de los hombres más poderosos del PP –lo cual, según la mayoría de las fuentes, no quiere decir que vaya a ser el sucesor de Aznar pero sí que será uno de los que puedan jugar, de verdad, en la compleja partida–.

Ya como titular de Administraciones Públicas tuvo en su mano la renovación de todos los delegados del Gobierno en cada autonomía cuando, en aplicación de los pactos con CiU, éstos dejaron de depender de Interior. Rajoy escogió los nombres entre los dirigentes del partido de cada territorio al objeto de conseguir para su ministerio la información y el control que cada uno ejercía. Ello se sumaba a la mano que el vicepresidente viene manteniendo en Génova desde hace años.

Aun sin haber sido nunca secretario general del partido, Rajoy, como vicesecretario, ha sido siempre un hombre clave en el cuartel general del PP. Aznar lo ha nombrado durante las dos últimas campañas electorales responsable y coordinador de las mismas poniéndolo por delante, en la más reciente del 2000, del nuevo secretario general, Javier Arenas.

El sucesor de Cascos, en opinión generalizada en el PP, no ha conseguido aún erigirse en referente político obligado más allá de las citas congresuales o el día a día del partido. Y una vez retirado Cascos a su Ministerio de Fomento –“está encantado con la oportunidad que Aznar le ha dado de redimirse y está volcado en el departamento”, aseguran– es Rajoy quien por experiencia, autoridad y habilidad política ocupa, en numerosas ocasiones, las lagunas de Arenas.

Dentro de esta expansión de la capacidad de influencia del ministro de Presidencia no han pasado por alto en el PP sus últimos golpes de mano en el partido en Galicia. Rajoy, según fuentes conocedoras de la región, ha pasado de ser casi un turista en su tierra –“lo fundamental de su carrera política lo ha hecho en Madrid y no se le veía muy interesado en meterse en los líos gallegos”, señalan– a vigilar los últimos congresos provinciales y a colocar a hombres de su confianza en sitios clave. Quienes no conceden al vicepresidente ninguna posibilidad como cartel electoral para La Moncloa afirman que su “salida natural” será ser el sucesor de Fraga convirtiéndose en un barón de peso dentro del PP.

Ahora, desde Presidencia, Rajoy está teniendo la oportunidad de ampliar sus facultades. Para empezar, es él quien negocia estos días con la nueva dirección parlamentaria del PSOE los temas claves de la nueva legislatura y los que deben ser objeto de consenso. Además, físicamente se sitúa en el complejo de Moncloa donde la cercanía, no ya a Aznar, que cada vez dosifica más sus encuentros con sus dirigentes, sino al entorno del presidente –desde el ministro Portavoz hasta el gabinete que dirige desde el 96 Carlos Aragonés– proporciona a quien lo disfruta de una información que para sí quisieran la mayoría de los miembros del Consejo de Ministros.

Aunque Rajoy tiene fama de discreto –es en base a esa cualidad que muchos sitúan gran parte de su éxito político– no da “puntada sin hilo”, como también dicen en el PP, y es en esa fina estrategia suya en la que algunos colocan uno de los nombramientos de su ministerio que, hasta ahora, ha pasado inadvertido para la mayor parte de los medios.

Un hermano de Montoro, al CIS. Se trata del nuevo presidente del Centro de Investigaciones Sociológicas, el CIS, que ya sirviera de rampa de lanzamiento en otros tiempos a dos ministras –Rosa Conde con el PSOE y Pilar del Castillo con el PP–. A su frente Rajoy ha nombrado a Ricardo Montoro, el hermano mayor –dos años de diferencia– del ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro. Doctor en Ciencias Económicas y catedrático de Sociología, hasta ahora había circunscrito su trayectoria profesional al mundo docente y la investigación. De su salto a la política culpan en el PP, indudablemente, a su hermano ministro y, sobre todo, a su relación con el presidente, que Rajoy ha tenido bien en cuenta.

De la misma manera que Rato “se enteró” que no mandaba tanto como creía cuando Elena Pisonero, su secretaria de Estado de Comercio, no fue finalmente la nueva ministra de Agricultura en sustitución de Loyola de Palacio, ahora el nombramiento de Montoro como ministro de Hacienda, con competencia sobre la SEPI y todas sus empresas –donde Piqué, además, ha conseguido que se mantenga a su íntimo Pedro Ferreras– no es más que la confirmación de que Aznar administra su creciente poder sin validos de ningún tipo.

Y mientras esto ocurre en Madrid, uno de los barones con mayores posibilidades de futuro, el presidente de la Generalitat valenciana, Eduardo Zaplana, continúa mirando de reojo a la capital entre inauguración e inauguración. Su cuidada imagen ha contado recientemente con la apertura de uno de sus proyectos estrella, el parque temático Terra Mítica, en Benidorm. Aún le quedan tres años para completar su gestión con mayoría absoluta en Valencia, una autonomía donde el PSOE no consigue hacer mella en él debido a su reiterada división.   

 

 

Los gráficos comienzan a caer

Hasta hace bien poco casi todos los gráficos que manejaba el Ministerio de Economía discurrían por los senderos que gustaban a Rato: los tipos de interés bajaban y, con ellos, las hipotecas mientras la inflación caía o se mantenía y el empleo y la Bolsa subían al tiempo que el crecimiento económico. El final del 99 y los primeros meses de 2000 han hecho virar estos gráficos.

La curva más peligrosa es, sin duda, la del índice de precios. Si 1997, el segundo año de gobierno de Aznar, el IPC acabó en el 2% de incremento, y al año siguiente bajaba aún más hasta el 1,4%, los 12 meses del 99 fueron el inicio del calvario de Rato con la inflación. Su lenta pero imparable subida la situó al cierre del ejercicio en un peligroso 2,9% y los primeros seis meses del nuevo 2000 la han catapultado hasta el 3,7%.

El precio del crudo ha sido en buena parte el responsable, como también lo será de las movilizaciones que se preparan en las próximas semanas en protesta por el incesante aumento del precio de los carburantes. Un litro de gasolina sin plomo costaba en agosto de 1998 112,8 pesetas, en el mismo mes del 99 123,9 y 12 meses después los españoles la han tenido que pagar para moverse estas pasadas vacaciones a 139,9 pesetas.

Al mismo compás, el euro ha continuado depreciándose frente al dólar hasta llegar al 25% de caída desde su nacimiento. Con estos datos el Banco Central Europeo ha ido subiendo el precio oficial del dinero que desde la semana pasada está al 4,5%. Este aumento ha hecho que el coste medio de una hipoteca haya subido durante los últimos 12 meses nada menos que un 13%, según los datos de los promotores inmobiliarios.

La pérdida de poder adquisitivo de la mayoría de los españoles va avanzando, aunque lentamente, dado que las subidas salariales pactadas, según los sindicatos, no superan el 2,8% este año, en tanto la inflación está ya por encima del 3,5%. Los que, además, tengan que responder a un crédito hipotecario a tipo de interés variable de unos 10 millones a 20 años están teniendo que pagar 1.400 pesetas más por él desde este mes debido a la subida de tipos, según las proyecciones presentadas hace unos días por Asprima, la asociación de promotores inmobiliarios de Madrid. Todos estos datos, según los expertos, enfriarán el crecimiento de nuestra economía, hasta ahora apoyada en la fuerte demanda interna.

 

¿Tiene Rato una beautiful?

B uena parte de los soterrados ataques que está recibiendo el ministro de Economía se centran en su pretendida corte de amigos empresarios. Rato ha sido, antes que ministro, empresario y sus raíces familiares con el mundo de la empresa son tan antiguas como conocidas.

Son estos circuitos los que, en opinión de algunas fuentes consultadas, le están poniendo difícil mantenerse como “sucesor” –“para ganar elecciones hay que ser más ‘normal’, como Aznar, y no arrastrar una fortuna personal y unos apellidos como Rato”, afirman–.

Una cosa, sin embargo, es que las amistades y la familia, a las que uno no tiene por qué renunciar para dedicarse a la política, jueguen en contra de sus posibilidades como candidato a la presidencia y otra bien distinta es la acusación de que esté utilizando su puesto para favorecerlas, crítica repetida hasta la saciedad por los populares contra los socialistas en su última etapa de gobierno.

Esa beautiful people –como se denominó a la gente guapa del PSOE con dinero y poder– es la que algunas fuentes, ahora, intentan endosar a Rato citando entre sus miembros a destacados amigos del ministro, como el presidente de Repsol, Alfonso Cortina, el de Auna -Retevisión, Amena, Quiero TV-Luis Alberto Salazar-Simpson, o al actual presidente del Consejo Superior de Cámaras de Comercio además de la Azucarera Ebro, José Manuel Fernández Norniella.

Los ataques llegan a citar, incluso, a su hermano Ramón y a sus actividades como uno de los “favorecidos” por el vicepresidente aun sin su conocimiento, de la misma manera que, en su día, Juan Guerra aprovechó el cargo de su hermano Alfonso en Moncloa.

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