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Nº
425
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agosto/2000
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Nuevo yate, nuevas casas… todo con tal de que siga yendo Mallorca, a los pies de Su Majestad El palacio de Marivent se ha quedado pequeño. Desde que las infantas se casaron y empezaron a aumentar la familia, el Gobierno balear ha puesto manos a la obra para habilitar nuevas viviendas y evitar que la familia real se traslade con su Fortuna a otra parte por falta de espacio. Este será el último año en que padres, hijos y nietos convivan en la misma residencia oficial de vacaciones, aunque todo hace suponer que este pequeño contratiempo no les impedirá continuar con sus habituales regatas y sus paseos por las céntricas calles de Mallorca en compañía de la familia real griega, los invitados que en más ocasiones se dejan caer por Marivent. Virginia Miranda Durante los meses de estío, el paisaje mallorquín cuenta con una especial singularidad de la que hacen gala los habitantes de las islas y de la que sin duda saben sacar partido. Las regias regatas en el puerto deportivo, los paseos de la reina doña Sofía por las calles comerciales y la presencia del Príncipe y las infantas en las zonas de copas se han convertido en parte de las señas de identidad de Mallorca en verano. El Gobierno balear no está dispuesto a dejar escapar un reclamo turístico tan rentable y se las ha ingeniado para cubrir las necesidades de una familia cada vez más numerosa. A partir del próximo año, Marivent será la residencia principal de los Borbones en Mallorca, pero no la única. La comunidad balear lleva cerca de una década gestionando la adquisición de Son Vent, una finca propiedad del Ministerio de Defensa próxima al palacio que daría cabida con el tiempo a las familias del Príncipe y las infantas y a los invitados que cada año reciben los monarcas españoles. Tras conseguir su titularidad y ofrecerla de forma oficial al rey don Juan Carlos, el Gobierno autonómico inició las obras de rehabilitación de la edificación principal y de otras dos más pequeñas llamadas Son Ventet y Casa dels Posaders con un presupuesto cercano a los 800 millones de pesetas. Fuentes de la Casa del Rey aseguran que la distribución de cada una de las viviendas, disponibles a partir del próximo verano, se hará en función de las necesidades de la familia, aunque confirman que la más modesta de todas ellas –casa dels Posaders– será habilitada para recibir invitados. Regios turistas. Son frecuentes, aunque discretas, las apariciones públicas de los miembros de la familia real en la isla, donde ya nadie se sorprende de ver a la reina doña Sofía junto a su hermana Irene y su cuñada Ana María de Grecia recorriendo la plaza de Juan Carlos I o la calle Jaime III y entrando a comprar en tiendas de ropa o en el establecimiento que la cadena de productos cosméticos Body Shop tiene en la isla. Tampoco es difícil salir de copas y encontrarse con el Príncipe o las infantas acompañados de algunos de sus amigos regatistas o de su prima Alexia de Grecia y su marido Carlos Morales, aunque para ello habrá que acercarse a zonas pijas como Puerto Portals o Puerto de Andratx, lugares por donde se suelen dejar ver después de que la Gomila, por donde antes salían a divertirse, se convirtiera en un lugar de marcha nocturna demasiado concurrido por los turistas. Pero la que sin duda destaca como la mayor de las regias atracciones veraniegas son las regatas, en las que el Rey y sus hijos –la reina doña Sofía prefiere acompañarles como espectadora– se han convertido en protagonistas de excepción y en objetivo de curiosos y periodistas que se acercan al puerto deportivo para comprobar con sus propios ojos las habilidades náuticas de la familia real. Una de las personas que ha tratado de sacar tajada de tanta expectación es Manuel Nadal de Uhler. Según las fuentes consultadas, estaba tras la organización de la regata Breitling –patrocinada por la firma relojera del mismo nombre–, en la que el Rey acaba de ganar hace unas semanas el primer premio –una gorra de plata y oro–. Nadal de Uhler presume de tener muy buena relación con la familia real, concretamente con la Reina, aunque son muchos los escépticos que recelan de que la suya sea una sincera amistad y son más partidarios de creer que se ha marcado un farol para organizar regatas en Mallorca. Estas mismas fuentes comentan que también pretendía “colarse” en la de la Copa del Rey, aunque el elevado precio de la organización que él estipulaba lo hizo desaconsejable. Vacaciones en el mar. Pero al margen de las competiciones en el velero Bribón –propiedad del armador y amigo del monarca José Cusí, con el que don Juan Carlos participa en las regatas–, al Rey y a su familia les gusta disfrutar de otras actividades marítimas mucho más tranquilas a bordo del yate real, que este año, gracias a un magnífico aunque polémico regalo de un grupo de empresarios de Baleares –ver EL SIGLO nº 417, El yate del Rey sale más caro– se ha convertido en una embarcación única en el mundo. Para la construcción del nuevo Fortuna III, que ha costado 3.000 millones de pesetas, los empresarios patrocinadores costearon el diseño de un prototipo adaptado a las necesidades de la familia real. El yate reúne lo último en alta tecnología para este tipo de barcos. Está totalmente realizado en aluminio y dispone de una planta propulsora combinada con motores diesel y turbinas de gas que accionan, a través de los correspondientes engranajes reductores, tres chorros de agua. El resultado es una velocidad punta de más de 60 nudos –más de 100 kilómetros por hora–, casi el doble de la del antiguo Fortuna, y una autonomía aproximada de 600 millas náuticas a 48 nudos de velocidad, según la empresa constructora Bazán. Sus dimensiones también superan con creces al anterior yate del Rey al pasar de los 30 metros de eslora a los 41,8 y transformar los cinco camarotes pequeños en otros cinco dobles, además de contar con un camarote destinado a la tripulación. Sin embargo, los más curiosos deberán conformarse con poco más que la descripción del Fortuna, ya que este verano se han estrechado las medidas de seguridad en torno a los monarcas españoles. La ofensiva terrorista y la confirmación por parte del Gobierno balear de la exigencia del impuesto revolucionario de ETA a los empresarios que han costeado el precio del yate han puesto en alerta al Ministerio del Interior, que no sólo ha organizado este verano un mayor despliegue policial en la isla de Mallorca, sino que el Fortuna también contará con una mayor protección, como los muros de más de tres metros de altura en el muelle de San Carlos –donde está atracado el yate– que impedirán ver las idas y venidas en la embarcación y un sistema que dará lugar a una visibilidad opaca desde los edificios próximos al muelle. Desde el pasado 20 de julio, fecha en que don Juan Carlos llegó a Mallorca, todo está listo para que las vacaciones de la familia real se desarrollen sin ningún contratiempo y puedan disfrutar como cualquier otra del descanso vacacional, aunque el suyo se alternará con otra serie de actividades oficiales, como las visitas protocolarias o los encuentros con representantes institucionales. El príncipe Felipe y heredero de la Corona ha sido el primero en acudir a un acto público. A finales de julio tuvo que viajar hasta Benidorm para asistir a la inauguración del parque temático Terra Mítica y según fuentes de la Casa del Rey, es probable que también presencie a mediados del mes de agosto la transmisión de mando al nuevo presidente de la República Dominicana. Por su parte, el rey don Juan Carlos recibirá al presidente del Gobierno, José María Aznar, a principios y finales de las vacaciones. El año pasado, además de estos habituales y protocolarios encuentros con el jefe del Ejecutivo, el monarca también invitó a Marivent a los ex presidentes Felipe González y Adolfo Suárez a quien, por cierto, le une al Rey su pasión por Mallorca, donde tiene una residencia de verano en Sonvida, una zona de lujo donde acostumbra a pasar sus vacaciones estivales. Pero independientemente de estos encuentros programados, la familia real ha hecho gala de su hospitalidad en varias ocasiones recibiendo a diversas personalidades políticas internacionales. Atrás han quedado las fotos en la escalinata del palacio de Marivent donde el príncipe Carlos de Inglaterra, la malograda princesa Diana y sus hijos posaban junto a los reyes españoles, pero estos últimos años también hemos podido ver a otros visitantes de excepción en Mallorca acompañados por los monarcas. El presidente estadounidense Bill Clinton y su esposa Hillary coincidieron con don Juan Carlos y doña Sofía en 1997 y el ex presidente de la Unión Soviética, Mijail Gorbachov, en 1992. Este último, por cierto, llegó a Formentor el 3 de julio en compañía de su hija Irina y su nieta Anastasia y es muy probable que él y el canciller alemán Gerhard Schröder, que viajó a Mallorca a finales de julio, reciban la visita de los monarcas o posen para los fotógrafos ante el palacio de Marivent en compañía de sus reales anfitriones. Pero si hay una familia que puede responder de la hospitalidad de los monarcas españoles es la griega. Los hermanos de la reina doña Sofía, Irene y Constantino de Grecia, y su mujer Ana María, son los que más frecuentan la compañía de la familia real. Juntos comparten jornadas de descanso en Mallorca y travesías en el mar, donde es habitual ver a los reyes, al príncipe Felipe, a las infantas Elena y Cristina y a sus maridos Jaime de Marichalar e Iñaki Urdangarín a bordo del Fortuna junto a su familia de Grecia. Este año, el nuevo yate hará sin duda las delicias de todos ellos gracias a la contribución de los empresarios baleares, sobre todo de los nuevos inquilinos de Marivent, Froilán –hijo de la infanta Elena- y Juan –hijo de la infanta Cristina– que aunque no podrán disfrutar de los chapuzones en el Mediterráneo, ya han viajado en velero con su abuelo Juan Carlos. |
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EL TURISMO: LA GALLINA DE LOS HUEVOS DE ORO Son tantos los turistas que cada año llegan a Baleares que en las islas ya han empezado a tener sensación de “agobio”. Tras alcanzar en 1999 un récord histórico de veraneantes, ven con más desahogo que inquietud el descenso del 1,8% en el número de visitantes experimentado durante la primera mitad del año. Sin embargo, no sería aconsejable que esta cifra continuara aumentando, teniendo en cuenta que el turismo genera el 83,4% del producto interior bruto de la comunidad balear, supuso el pasado ejercicio unos ingresos de 917.000 millones de pesetas y en el mes de julio creó 5.000 puestos de trabajo en el sector hotelero. Las previsiones son tan favorables que la Consejería de Turismo balear prevé que este año se supere el billón de pesetas de ingresos. Sesenta puertos deportivos con cerca de 19.000 amarres, más de 400.000 plazas turísticas, 15 campos de golf y seis parques naturales convierten a la comunidad balear en un auténtico enclave turístico que no han pasado por alto los miles de extranjeros que cada año recalan en las islas. De entre todos ellos, los alemanes son sus más asiduos visitantes. Cada temporada llegan cuatro millones de germanos, superando la cifra récord que hasta hace siete años habían alcanzado los británicos –ahora mismo Baleares recibe tres millones y medio de turistas ingleses–. Aunque la mayoría de los alemanes se alojan en hoteles, cada vez son más los que adquieren una segunda residencia en las islas y ya son 60.000 las viviendas en propiedad de germanos –hay más de 30.000 casas adquiridas por británicos–. Esta avalancha de visitantes procedentes de Alemania ha provocado la creación de guetos donde sólo se habla la lengua germana e, incluso, hay distintas categorías entre las zonas habitadas mayoritariamente por alemanes, que van desde las más lujosas a las más modestas. La asiduidad con la que viajan a Baleares ha dado lugar a que las compañías aéreas alemanas tengan programados más de 100 vuelos semanales a las islas durante la temporada alta y durante el invierno mantienen en Palma de Mallorca un centro de redistribución de tráfico desde donde salen vuelos con alemanes hacia otros destinos turísticos. |