Nº 417
5/6/2000


Los empresarios baleares pasan la gorra en otras provincias

El yate del Rey sale más caro

El yate que, en pocas semanas, recibirá el rey don Juan Carlos como regalo de un colectivo de empresarios de las Islas Baleares va a resultar más caro de lo previsto a los promotores de la operación. La fundación que los agrupa ha tenido que pedir un crédito de 1.000 millones de pesetas para poder pagar los 3.000 que cuesta. Para hacer frente al endeudamiento los impulsores del regalo al monarca han tenido que reclutar nuevos socios fuera de las islas. Empresarios catalanes, principalmente, han conseguido que el polémico donativo no terminara en los astilleros por falta de pago.

Inmaculada SÁNCHEZ

El pasado 29 de mayo el tesorero de la Fundación Turística y Cultural de las Islas Baleares, Gabriel i Barceló, firmaba con varias entidades financieras un crédito puente por un valor cercano a los 1.000 millones de pesetas para que esta entidad pueda pagar en los próximos días el vate que le entregarán los astilleros de la empresa nacional Bazán y que le encargaron hace poco más de dios años con objeto de regalárselo al rey don Juan Carlos.

El polémico donativo ya fue objeto i de críticas a finales de 1997 cuando varios empresarios de las islas Baleares dieron a conocer su intención de regalar al monarca un yate y constituyeron a tal fin una fundación destinada globalmente a la promoción turística de las islas. El precio de la moderna embarcación (ver recuadro Un barco único en el mundo) es de 3.000 millones de pesetas, una cantidad que, obviamente, supera las posibilidades de la familia real española cuya asignación en los presupuestos generales del Estado ronda los 1.000 millones cada ejercicio y, según dejan ahora ver las cifras, también las de los Voluntariosos empresarios baleares.

Estos, capitaneados por los hoteleros Gabriel Barceló, Carmen Matutes y Gabriel Escarrer y el delegado en Baleares de La Caixa, José Francisco Conrado de Villalonga, consiguieron reunir a 20 socios que aportaran 100 millones de pesetas cada uno y que se constituyeron en los patronos de la citada fundación (ver recuadro Una veintena de empresarios monárquicos). Obviamente, con esos 2.000 millones no alcanzaban el precio de¡ regalo real pero confiaban en que a la iniciativa se sumaran otros empresarios y fuera fácil reunir el resto.

El empeño, sin embargo, se fue complicando. Para empezar, la aportación del Gobierno autónomo balear, expuesto como ejemplo de que no se trataba de una iniciativa exclusivamente privada, se ha limitado a una aportación que el propio tesorero de la fundación, Gabriel Barceló, califica como “simbólica” de unos cinco millones de pesetas. Para continuar, el resto de socios se comprometían a desembolsar sus 100 millones correspondientes en cómodos plazos de 10 millones cada año a partir del nacimiento de la fundación. La calculadora señala que a fecha de la entrega del barco ‑aún por determinar pero, según fuentes de los astilleros Bazán y de la fundación, dentro del mes de junio o, a más tardar en julio‑ los promotores sólo contarían con poco más de 600 millones en efectivo para abonar a los astilleros.

Así las cosas y acercándose la fecha de entrega de la embarcación ‑varias veces pospuesta por problemas técnicos por otra parte‑ los dirigentes de la fundación balear se han empleado en captar nuevos socios con capacidad económica para sufragar el anunciado obsequio de tal manera que su número actual ronda los 50 según el secretario de la entidad, Pedro Ballester, de la Cadena Sol.

Esta nueva treintena de incorporaciones ‑la mayoría a lo largo del pasado 1999 ya que la entrega del yate es taba en principio prevista para antes de la Semana Santa de 2000‑ han aportado cantidades variables ‑"desde un millón a más de los 100 millones de los fundadores", según Gabriel Barceló pero en conjunto no han conseguido evitar que la fundación haya tenido que recurrir a un crédito. "Nuestro capital social es de 3.700 millones de pesetas, entre lo desembolsado y las aportaciones comprometidas notarialmente para los próximos años y, por tanto' no hay ningún problema a la hora de pedir créditos y pagar el barco", añade Barceló.

El problema, tanto para la Casa del Rey como para los empresarios promotores que se han empeñado en desvincular el donativo de cualquier operación destinada a atar al Rey y su familia a las Baleares como destino turístico, es que los apuros económicos de la fundación dejan sin contenido las explicaciones dadas hasta ahora al respecto.

Aportaciones de empresarios catalanes como Enrique Puig, de Antonio Puig Perfumes, Leopoldo Rodés, presidente de honor del Instituto de la Empresa Familiar, o José Ferrer, el conocido dueño de Freixenet, con escasos intereses comerciales en las islas, encuentran difícil encaje en el objetivo oficial de la fundación: la promoción del turismo balear.

"Se trata de simpatizantes de don Juan Carlos, de la monarquía, que han querido colaborar”, afirma Gabriel Barceló, quien no se esfuerza en ocultar el fin último de la fundación. Para su actual presidenta, Carmen Matutes, hija del ex ministro de Exteriores, Abel Matutes, la asociación va a demostrar ahora, una vez entregado el yate, que sus objetivos son más amplios, aunque señala sin rubor que el regalo "es una forma de pedirle al Rey que siga viniendo por aquí a pasar sus vacaciones". "Cuando la familia real está aquí Mallorca sale en todos los medios nacionales e internacionales y es de bien nacidos ser agradecidos", concluye Carmen Matutes, quien ocupa un puesto directivo en el grupo empresarial turístico de su padre.

La Zarzuela, por su parte, ha intentado, desde que se conoce la operación, restar importancia al regalo y, sobre todo, al supuesto pago por parte del Rey que conllevaría. Su doctrina sobre el caso habla de la necesidad de jubilar al antiguo Fortuna ‑también un regalo del rey Fahd de Arabia Saudí a don Juan Carlos‑, que ya se ha averiado repetidas veces incluso con invitados oficiales del Rey a bordo, de que el auténtico dueño del barco será el Patrimonio Nacional, que cede a la familia real para su uso y, sobre todo, de que así no costará dinero a los contribuyentes.

Sin embargo, la fidelidad a sus costas que persiguen los empresarios mallorquines tiene un claro cómputo económico. No en vano, los hoteleros que participan en la operación lo hacen en nombre de sus empresas y son éstas, mayoritariamente, las que aportan los millones de su cuenta de resultados. Sus administradores no sólo contabilizan publicitariamente el efecto llamada de la familia real sino que fiscalmente las donaciones a entidades de interés cultural tienen una desgravación fiscal nada desdeñable: de hasta el 30% de la base imponible del impuesto de sociedades o de hasta el 3% del volumen de ventas. Obviamente, los contribuyentes también pagamos reduciéndolo de los fondos públicos lo aportado a la compra del yate.

De hecho, los monarcas, de una u otra manera, ya han empezado a pagarel costoso yate. La fundación organiza, desde 1998, un concierto gratuito de música clásica en la catedral de Palma de Mallorca el Lunes Santo al que tanto don Juan Carlos como doña Sofía no han faltado una sola vez. También este pasado verano fue objeto de polémica en la prensa local una cena a la que asistió don Juan Carlos en la finca que el delegado de La Caixa en las islas, Francisco Conrado de Villalonga, tiene en Santa María del Camí, a pocos kilómetros de Palma de Mallorca. Allí el monarca departió con algunos de los empresarios que patrocinaban el yate para "comentar el desarrollo de las obras" del mismo, según el Diario de Mallorca. El encuentro estuvo a punto de poner al monarca en un serio compromiso institucional cuando se supo que había asistido Jaume Matas, presidente del Gobierno balear cuando se constituyó la fundación pero, desde el 13 de junio anterior, miembro de la oposición al Gobierno del socialista Francesc Antich, quien no fue invitado.

Para justificar la ausencia del máximo representante de la comunidad autónoma, institución que, como tal, figura como patrona de la citada asociación cultural, Conrado de Villalonga se vio obligado a hacer unas declaraciones posteriores en las que calificaba de “estrictamente privada" la cena.

La Fundación tiene intención de continuar viva después de la entrega del yate ‑de hecho, debe hacer frente al crédito de 1.000 millones recién pedido‑ y, según el secretario de la misma, Pedro Ballester, entre los proyectos se encuentra la "creación de premios literarios o periodísticos sobre temas turísticos, o la adquisición de inmuebles con objeto de preservar el medio ambiente", por lo que no se descarta la incorporación de nuevos socios.

En cualquier caso, su puesta de largo tendrá lugar, sin duda, cuando realice la donación del polémico yate. Aunque "sencillo”, según Carmen Matutes, el acto de entrega no estará exento de solemnidad ya que la fundación ha convocado a todos sus socios a la bahía de Palma, a donde será trasladado el barco desde los astilleros de San Fernando, en Cádiz, para efectuar la donación al Patrimonio Nacional. Nadie sabe, todavía, si el Rey estará presente ‑la presidenta de la fundación, prudente, sólo habla del presidente del Patrimonio, que es el organismo al que notarialmente se le cederá la embarcación‑ aunque la cita a todos los patrocinadores, todavía sin fecha ‑"me han dicho de los astilleros que esté disponible en los próximos días porque nos lo pueden entregar en cualquier momento', afirma Carmen Matutes‑, señala claramente que la fundación persigue "una foto" del histórico acontecimiento.


UN BARCO UNICO EN EL MUNDO

El nuevo Fortuna ‑heredará el nombre del antiguo yate del Rey que probablemente será vendido para desguace‑ es una embarcación única en el mundo. Para que su regalo fuera verdaderamente especial los empresarios patrocinadores costearon el diseño de un prototipo adaptado a las necesidades de la familia real. Es por esta exclusividad por la que las pruebas finales sobre su seguridad y prestaciones se están demorando más de lo previsto. De hecho, la entrega estaba anunciada para que la familia real pudiera disfrutar de barco en estas pasadas vacaciones de Semana Santa pero la adecuación del peso a la velocidad punta que la moderna embarcación alcanzará la obligó a una nueva estancia en los astilleros de San Fernando.

El yate reúne lo último en alta tecnología para este tipo de embarcaciones. Está realizado totalmente en aluminio, con una planta propulsora combinada con motores diesel y turbinas de gas que accionan, a través de los correspondientes engranajes reductores, tres chorros de agua. El resultado es una velocidad punta de más de 60 nudos (más de 100 kilómetros por hora), prácticamente el doble de la del antiguo Fortuna, y una autonomía aproximada de 600 millas náuticas a 48 nudos de velocidad según el constructor, la empresa nacional Bazán.

Sus dimensiones también superan ampliamente a su predecesor al pasar de los 30 metros de eslora a los 41,8 y transformar los cinco camarotes pequeños en otros cinco dobles, además de contar con un camarote con seis literas destinado a la tripulación.

Esta será la misma que durante años ha conducido el antiguo Fortuna para el Rey y que, curiosamente, está formada por un equipo privado contratado por Zarzuela. Este hecho puede que acarree aún algún problema añadido a la Casa del Rey por motivos de seguridad. Al no tratarse de personal de la Marina (como en su día era el que tripulaba el famoso Azor para Franco) ésta está supervisando al detalle un sofisticado equipo de comunicaciones cuyos detalles y costo son alto secreto ‑aunque algunas fuentes cifran en unos 200 millones no contabilizadas en el precio del yate y que podría estar asumiendo el Ministerio de Defensa‑ pero que intentan compensar un hecho insólito: la velocidad del flamante yate impedirá que pueda seguirle ninguna patrullera de la Marina para protegerle.


Una veintena de empresarios monárquicos

Aunque se acercan a 50, los iniciales promotores de la Fundación Turística y Cultural de las Islas Baleares y a cuyo impulso responde el regalo del yate al rey don Juan Carlos son exactamente 22. Tras la comunidad autónoma balear (cuya aportación fue prácticamente simbólica) y las dos asociaciones de Fomento del Turismo de Mallorca e Ibiza, que agrupan a decenas de empresarios del sector, son 19 los empresarios que figuran con sus nombres y apellidos en la inscripción de la fundación en el Boletín Oficial de la Comunidad. La práctica totalidad aporta a sus empresas como socios fundadores y sólo tres figuran a título individual.

Jaume Matas, presidente y José María González Ortea, en representación de la Comunidad Autónoma de las Islas Baleares.

Miguel Vicens Ferrer, en nombre de la Asociación Fomento del Turismo de Mallorca y de la de Fomento del Turismo de Ibiza.

José Francisco Conrado Villalonga, en nombre de La Caixa.

Pedro J. Batle Mayol, en nombre de la Caja de Ahorros de las Baleares.

Gabriel Escarrer, en nombre de Inmotel Inversiones

José Linares Colom, en nombre de Iberostar, Hoteles y Apartamentos.

Enrique Piñel López, en nombre de la Banca March.

Juan José Hidalgo, en nombre de Air Europa.

José Luis Carrillo Benítez, de Hoteles Globales.

Gabriel Barceló, en nombre de Hoteles Dux.

Antonio Fontanet Obradro, en nombre de productos Fontanet.

Carmen Matutes, en nombre de Agrupación Hotelera Doliga.

Isaber García Lorca, en nombre de Viajes Soltour.

Miguél Roselló Ramón, en nombre de Roxa, SA.

Gonzalo Pascual Arias, en nombre de Spanair.

Miguel Ramis Martorell, en nombre de Grupotel.

Pedro A. Serra Bauzá, en nombre de Hora Nova, SA.

José Antonio Fernández Alarcón Roca, en nombre de Riu Hoteles.

Pedro Ballester Simonet, en nombre propio.

Susana Carrillo Szymanska, en nombre propio.

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