Nº 410
17/4/2000

El yate patrocinado, la visita a la nobleza y la casa del Príncipe, últimos errores

EL REY, MAL ACONSEJADO

El próximo mes de mayo o, a más tardar, en junio, el Rey estrenará un nuevo yate. El barco ha costado 3.000 millones de pesetas y se trata de un regalo que empresarios y organismos turísticos baleares hacen al monarca para agradecerle la fidelidad en elegir Mallorca para sus vacaciones. Que don Juan Carlos reciba regalos privados nunca ha sido bien visto por el Gobierno de turno aun cuando éstos han sido de mucha menor cuantía. Sin embargo, según quienes siguen de cerca el papel institucional del monarca, no es el único error en su actividad reciente: su visita a una asamblea de la aristocracia española y la decisión de construir una residencia personal para el Príncipe costeada por el Estado tampoco han sido bien recibidas en determinados sectores.

Inmaculada SÁNCHEZ

El Rey recibe de los presupuestos del Estado una cantidad global para el sostenimiento de su familia y Casa, y distribuye libremente la misma". Así recoge expresamente la Constitución la asignación presupuestaria que el Estado le concede cada año y que éste asciende a poco más de 1.000 millones de pesetas.

Don Juan Carlos y su familia no son, ni de lejos, una de las fortunas del país -cosa que sí se puede decir de otros homólogos europeos, como por ejemplo la reina Isabel de Inglaterr-‑ ya que la propia historia de la reciente Monarquía española les ha privado de ella. Entre las propiedades personales del monarca no existe ningún activo inmobiliario de importancia ya que su padre, don Juan de Borbón, vendió tanto el palacio de la Magdalena de Santander, actual Universidad Internacional Menéndez Pelayo, como el de Miramar, propiedad ahora del Gobierno vasco. De las que podría haber aportado la reina doña Sofía procedentes de su herencia es conocido que su familia perdió las más importantes al ser expropiadas por el Gobierno heleno cuando se instauró la República.

Para una mayoría de expertos en la realeza es, precisamente, esa condición de "reyes del pueblo", sin ostentaciones ni lujo, la que ha situado a los monarcas españoles en el privilegiado lugar que la aceptación de los españoles les suele situar encuesta tras encuesta. Es por ello que la próxima recepción del nuevo Fortuna está reavivando las veladas críticas que, cuando se conocieron los detalles del regalo, ya asomaron en la vida político‑social española.

A pesar de la discreta vida de la familia real es conocida su afición por determinadas actividades que el presupuesto de la Casa del Rey difícilmente permitiría. Todos los españoles llevan años viendo navegar al Rey y a sus

Un nuevo Fortuna más veloz

El nuevo yate del Rey ha sido construido por los astilleros de la empresa nacional Bazán de San Fernando (Cádiz) y don Juan Carlos ya ha dado una vuelta de pruebas en él. Las diferencias que el monarca habrá observado son notables. Mientras su antiguo yate medía 30 metros de eslora, éste tiene 57. Los cinco camarotes pequeños pasarán a ser dobles y, sobre todo, está dotado de 70 nudos de velocidad de crucero, muy por encima de los 25 que podía conseguir con el anterior. Sus tres amplias cubiertas y su casco de aluminio, diseñado para alcanzar una velocidad de 130 km/h. supondrán todo un cambio en las vacaciones marinas de la familia real.

invitados veraniegos en el yate Fortuna, barco del que dispone para uso privado de él y su familia desde 1976. Fue, en su día, un regalo personal del rey Fahd de Arabia Saudí que, como suele hacer el monarca con los obsequios de Estado, entregó en propiedad al Patrimonio Nacional aunque este organismo público dependiente del Ministerio de la Presidencia poco podrá hacer con él ahora que don Juan Carlos va a dejar de usarlo y ya se habla de que le espera el desguace.

Si en el caso del regalo del rey Fahdlas posibles críticas se apaciguaron al inscribirse éste en las relaciones personales de amistad que podían existir entre dos monarcas ‑también el rey Hussein de Jordania obsequió hace unos años a don Juan Carlos con su residencia privada en la isla de Lanzarote‑ la próxima entrega del nuevo Fortuna, mucho más caro y lujoso que el anterior (ver recuadro Un nuevo Fortuna mucho más veloz), está mucho más expuesto a ellas dada la identidad de los donantes.

La iniciativa partió de un grupo de empresarios turísticos de Baleares interesados en promocionar las islas como destino. Para dotar a su legítimo interés comercial de una pátina pública consiguieron interesar a la Consejería de Turismo del Gobierno autónomo y en 1997 crearon una fundación -la Fundación Turística Balear- en la que participan algo más de 60 socios entre los que, además de los empresarios, se encuentran los organismos autónomos de Fomento del Turismo que tiene cada una de las islas del archipiélago.

Desde entonces su primera y más llamativa ‑además de costosa‑ iniciativa ha sido la de construir un yate para regalárselo al Rey. El objetivo oficial del obsequio era 'agradecer la promoción que para las islas supone la presencia real en Mallorca durante los veranos'. Sin embargo, el sentido que la mayor parte de los empresarios turísticos baleares que han aplaudido la iniciativa ven en ella es el de "fidelizar” a la familia real en sus viajes a la isla, algo que, todos saben, ejerce de imán del turismo más rentable: el de alto standing.

El empeño no es baladí. Cuando, en las últimas navidades, la familia real optó por Lanzarote como lugar de descanso donde pasar el fin de año hubo movimientos de disgusto en Cataluña por la decisión, que dejaba a la estación de Baqueira Beret sin la habitual promoción que supone la presencia de los Reyes. Las Canarias, en ese momento, también jugaron su baza y, desde que don Juan Carlos dispone de la residencia cedida por Hussein, la familia real ha acudido a pasar temporadas en distintas ocasiones, un reparto de lugares de descanso que, a juicio de algunos expertos constitucionalistas, debía producirse más a menudo y redundaría en la buena imagen de los Reyes pero que la Fundación Turística Balear, sin embargo, con su regalo, intenta evitar.

Hasta el pasado día 12 de marzo, cuando tuvieron lugar las elecciones generales, el presidente de la citada fundación era José Seguí Díaz, presidente de Fomento del Turismo de Menorca quien, al resultar elegido senador por el PP, ha dimitido del cargo para evitar cualquier sesgo político en la organización. Precisamente este lunes, día 17, está convocada la junta rectora de la fundación para elegir nuevo presidente.

Entre quienes la pusieron en marcha ‑desde el conocido financiero Juan March hasta Carmen Matutes, hija del todavía ministro de Exteriores‑ prima la idea de que el nuevo presidente proceda de alguno de los organismos de la autonomía, para que sus intereses continúen envueltos en una cierta imagen oficial, pero el interés de éstos ha decaído sensiblemente. Nosotros estuvimos en la creación de la misma pero ahora no tenemos mucho que ver, la fundación marcha por sí sola", afirma un portavoz de Fomento del Turismo de la isla más importante, Mallorca. Así, con Fran Conrado, delegado regional de La Caixa, y Gabriel Barceló, presidente del Grupo Barceló, como vicepresidente y tesorero de, la misma, hay muchas posibilidades de que quien realice la entrega del yate al Rey como próximo presidente de la fundación sea un empresario, lo que no vendría, en absoluto, a suavizar la tensión que está creando el caro donativo en el entorno del Rey.

No es la primera vez que don Juan Carlos tiene que enfrentarse a situaciones incómodas por haber aceptado algún detalle que le permita disfrutar de alguna de sus aficiones. Su gusto por la conducción le ha llevado a admitir motos ‑el magnate Malcolm Forbes le regaló hace años una Harley Davidsony vehículos cedidos por privados que, en un reciente‑ pasado, le han proporcionado, incluso, algún sonoro disgusto. Quizá el más conocido fuera el protagonizado por Javier de la Rosa, el polémico financiero que ya ha pisado la cárcel y hoy espera en libertad condicional un nuevo juicio por presuntas prácticas delictivas en la gestión de sus negocios.

De la Rosa regaló al Rey en 1988, junto con otros 10 empresarios liderados por Pedro de Mir, un Porsche con motivo de su cumpleaños, y éste lo aceptó. Apenas tardó nada el empresario catalán en utilizar la supuesta cercanía a la Corona que le había proporcionado estar en el grupo de generosos empresarios para proteger su imagen y la de sus actividades, algo que también es sabido, intentó, desde Madrid y Mallorca, el recientemente condenado Mario Conde.

Precisamente, el ex banquero utilizó también la afición marina de don Juan Carlos como vía de acercamiento y, cuando ya gozaba de amplia popularidad, compró los astilleros asturianos Mefasa, propiedad de Francisco Sitges, amigo del Rey, donde éste construía un barco -el Corona del Mar­ que había anunciado quería regalar al monarca. Conde llegó a alardear de que iba a ser él quien entregara el barco y Zarzuela, prudentemente, anunció que el Rey renunciaba al mismo entendiendo la situación económica del país. Corría 1993.

Siete años después la rentabilidad pública de las aproximaciones a la familia real, dada su excelente imagen social e institucional, sigue siendo pieza cotizada y suele ser uno de los elementos que con más cuidado se calibran en Zarzuela. Por eso, tampoco se ha entendido, entre quienes siguen las actividades del Rey, una reciente visita a la asociación que reúne a todos los nobles de España que ha pasado inadvertida pero contiene un especial significado.

El pasado 31 de marzo don Juan Carlos acudió al salón de actos de la Fundación Ramón Areces, que había cedido su sede, a decir unas palabras ante la Asamblea extraordinaria de la Grandeza de España y Títulos del Reino, tal como figura en la convocatoria cursada por Zarzuela. Fueron los servicios de Palacio quienes convocaron a la prensa y el acto, aunque apenas ha sido reflejado en los medios, mantuvo en todo momento la solemnidad requerida en una visita oficial del monarca. Quienes miran a los regalos del Rey como una fuente de problemas futuros no han dejado de fijarse en esta visita que, según estas fuentes, no sirve más que para "alejar” al monarca de su buena imagen popular.

Al acto estaban convocados todos los que tienen un título en este país y que forman parte de la denominada Diputación de la Grandeza de España (ver recuadro Los Grandes abren la puerta a los pequeños) con objeto de aprobar, en una asamblea extraordinaria, la inclusión del resto de títulos nobiliarios, que no llevan aparejada la categoría de "Grande de España", a la citada asociación.

Los fines de ésta no pasan del ámbito representativo y cultural pero, según las fuentes consultadas, no parece muy lógico que fuera don Juan Carlos quien acudiera a su asamblea a honrarles con su presencia sino, en todo caso, la nueva junta directiva elegida la que solicitara audiencia y se presentara al Rey en Zarzuela como ocurre en una mayoría de casos de otras entidades más representativas de la sociedad española que la Diputación de la Grandeza.

Pero es que, además, el Rey pronunció unas palabras que, para quienes las conocen, "pecaron" de sumisas ante una nobleza que debe sus títulos a la Corona ‑especiales críticas se vierten sobre su primera frase: "Deseo expresar mi satisfacción por hallarme entre vosotros y presidir esta Asamblea, así como manifestar el reconocimiento de la Corona a la Nobleza Titulada española"‑.

Para los que no comparten el interés que pudiera tener esta asamblea nobiliaria en la agenda real se trata, además, de un acercamiento a la aristocracia del país que nada añade ‑en todo caso empeora‑ a la privilegiada situación del Rey ante la opinión pública del país. Los mensajes en los que la Corona ha ido apoyando su función institucional como garante de la democracia, la libertad y la igualdad entre los españoles dista mucho de los halagos que él Rey concedió con sus palabras (ver texto íntegro del discurso en estas misma página) a una institución que, al margen de los valores tan distantes de la realidad española que destila, todavía mantiene a buena parte de sus miembros enfrentados por la preferencia de los hombres sobre las mujeres en la herencia de los títulos y que ha dado lugar a una larga batalla legal ante el Tribunal Constitucional.

También otras alertas se han levantado este año en cuanto a los problemas que puedan derivarse para la figura del Rey después de que los presupuestos del Estado de 2000 aprobaran un gasto de 350 millones de pesetas para construir una nueva residencia al príncipe Felipe que costará en total 705.

La única explicación al gasto, que sufragará el erario público y que no ha sido explicado públicamente ni por Zarzuela ni por Patrimonio del Estado ‑organismo público al que pertenece el palacio de la Zarzuela y pertenecerá el futuro palacete‑ se mueve en el "parece lógico" y "es normal”, que un hijo de 32 años quiera vivir fuera de la casa de sus padres, que sugieren extraoficialmente desde el entorno de la Casa del Rey.

Esta “lógica", sin embargo, tiene sus límites. La infanta Elena sólo abandonó la Zarzuela como residencia oficial después de casarse con Jaime de Marichalar. Su hermana Cristina lo había hecho antes, de soltera, para trasladarse a Barcelona pero por un motivo laboral: iba a trabajar en una fundación de La Caixa. Para el príncipe Felipe no hay más causa que la de sus deseos de independencia personal que, por otra parte, tampoco van a verse absolutamente satisfechas dado que su futura residencia va a ubicarse dentro del recinto de Zarzuela, a una distancia de metros de la casa de sus padres.

La posibilidad de que el Príncipe tuviera su propia casa empezó a barajarse en 1995, cuando don Felipe terminó sus estudios después de realizar un master en Relaciones Internacionales en la Universidad de Georgetown, en Washington. Entonces, el heredero de la Corona, en un encuentro con periodistas, senaló que, aunque vivía en la Zarzuela, "ni descarto" que en un futuro pudiera tener otra residencia.

Desde entonces se llegó a calibrar una parte del palacio de El Pardo, denominado la Quinta de El Pardo, como posible vivienda del Príncipe, pero motivos de seguridad y eficacia en el gasto aconsejaron ubicarla cercana al actual Palacio de la Zarzuela.

Las obras, previsiblemente, comenzarán este mismo año dado que ya han sido dotadas presupuestariamente, aunque no concluirán antes de dos. Los detalles de la misma no han trascendido pero se sabe que constará de residencia, área de servicio, garaje y área de instalaciones. El mantenimiento de la nueva residencia será una nueva fuente de gasto para la Casa de su Majestad el Rey, organismo creado en 1988 para apoyar "cuantas actividades se deriven de sus funciones como jefe del Estado” y “la organización y funcionamiento del régimen interior de la residencia de la familia real”, a cuyo frente está Fernando Almansa desde 1993. Si existen dos residencias hará falta más personal que, hoy por hoy, nadie, ni en la Zarzuela ni en Patrimonio Nacional, se atreven a aventurar si provendrá de una nueva partida presupuestaria habilitada para ello o provocará la creación de un nuevo organismo que atienda en exclusiva al Príncipe.

Quienes aprueban el gasto de la nueva casa afirman que se trata de 1a residencia del futuro jefe del Estado" dado que los Reyes, al no disponer de otro inmueble de similar categoría en Madrid, permanecerán en el palacio de la Zarzuela hasta el final de sus días, incluso aun cuando Felipe de Borbón se convierta en Rey.

Para sus detractores, por el contrario, la nueva casa será otro foco de influencias de los que buscan los favores de la Corona que será preciso controlar, además de una fuente de gasto. También hay quien asegura que, instalado en su nueva residencia, el Rey perdería seguridad en el control del papel del heredero que, constitucionalmente, le corresponde.

Precisamente, más de un monárquico se ha quejado de lo desdibujada que está en nuestro ordenamiento la figura del sucesor ‑"no se le atribuye función alguna", señala Jaime Peñafiel en su reciente libro Los herederos, lo que deja peligrosamente abierto a todo tipo de influencias el desarrollo de su imagen pública mientras espera su hora de reinar. Para el citado Peñafiel, “como su padre, debería cuidar sus amistades”, aunque, según José Antonio Alcina, durante tantos años ayudante y preceptor, "tiene un ojo clínico perfecto para identificar, enseguida, a aquellas personas que intentan acercase a él de forma cortesana y servil para beneficiarse de su amistad”. Así lo esperamos.                        


Los Grandes abren la puerta a los pequeños

Sabido es que ser "Grande de España" es una categoría superior dentro del escalafón nobiliario del país. Semejante distinción tiene su origen en Carlos I, primer monarca español que concede esta especial categoría a los nobles que le rindieron fidelidad en su complicado reinado. La mayor parte de la Grandeza española, por tanto, se agrupa en títulos con enorme antigüedad aunque también don Juan Carlos ha añadido la distinción a títulos concedidos en su reinado, como el del duque de Suárez, que puede codearse con la duquesa de Alba en cuanto a esta categoría.

Estos nobles de mayor escalafón llevan más de 200 años agrupados en lo que se conoce como la Diputación de la Grandeza de España, una organización que pretende dar servicio a sus socios y velar por el mantenimiento de las tradiciones ligadas al alto linaje del que, supuestamente, proceden sus miembros. En los últimos años han sido noticia más por las disputas legales entre las aristócratas primogénitas que, acudiendo a la igualdad entre sexos proclamada por la Constitución, reclaman los títulos para si y sus hijos que por otra cosa ‑hasta 1993 no entró a formar parte de la Diputación una mujer, María Teresa de Morenés y Urquijo, condesa del Asalto, título heredado de un antepasado que en 1762 fue héroe en el asalto por los ingleses al castillo del Morro de La Habana‑.

Hace apenas un mes, sin embargo, la Diputación se reunió en asamblea extraordinaria para dar entrada en la organización a los demás títulos de la nobleza, algo que no ha sido entendido por buena parte de quienes la integran pero que para quienes están en su cúpula era una necesidad si querían mantener su economía y sus actividades.


Don Juan Carlos habla a los nobles

"Deseo expresar mi satisfacci´´on por hallarme entre vosotros y presidir esta Asamblea, así como manifestar el reconocimiento de la Corona a la Nobleza Titulada española.

Nuestra historia común no puede entenderse sin tener en cuenta a quienes, a lo largo del tiempo, dieron mucho de sí mismos por la independencia, la prosperidad y la presencia universal de nuestra Nación, nuestra lengua y nuestra cultura.

Tampoco quiero dejar de recordar el trabajo ejemplar de la Diputación de la Grandeza en materia de sucesiones y rehabilitación nobiliarias. Ni la lealtad de quienes han formado parte de su Consejo particularmente en los momentos difíciles.

Esta Asamblea, compuesta por Grandes y Títulos del Reino, representa el paso decisivo de la Nobleza Titulada hacia el futuro. El cambio de estatutos, que habeis llevado a cabo con generosidad, era conveniente para poneros en sintonía con los tiempos. Es ésta una muestra de vuestra voluntad de responder a los requerimientos de nuestra sociedad y a los cambios que demanda. Ahora debeis seguir por los nuevos caminos que habéis abierto para presatr de manera más eficaz nuevos y mejjores servicios a la sociedad y a los intereses generales de España.

Teneis una tradición y unos valores que personificar y que también debeis transmitir a las nuevas generaciones. Existe un amplio campo de posibilidades en las que prestar generosos servicios sociales y culturales.

No es esta una tarea en la que carezcais de referencias. Vuestro mérito personal o del antepasado, en cuya merced sucedisteis, puede ser una excelente inspiración en vuestro esfuerzo.

Ostentar un título nobiliario comporta servidumbres de mayor autoexigencia y asumir un código de valores sociales y el ejercicio sobresaliente de los más altos ideales que siempre han caracterizado a quienes han servido a España.

La incorporación de los Títulos del Reino a la Diputación de la Grandeza debe incrementar las actividades culturales hasta ahora desarrolladas por la Fundación Cultural de la Nobleza Española. La colaboración con entidades afines, así como con instituciones académicas, enriquecerá los trabajos de investigación y divulgación de la acción de la Nobleza Titulada a lo largo de la Historia de España..

En la España que mira confiadamente hacia delante, todos tienen espacio. En este momento, ampliar vuestra institución a la participación de los Títulos del Reino os permitirá insertaros en la sociedad con mayor peso específico. Así podereis desarrollar vuestro papel y poner de manifiesto la vigencia, para el hombre y la sociedad de hoy, de los valores que desde antiguo han inspirado a la Nobleza Titulada española.

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