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En la Escuela Diplomática enseñan franquismo y niegan el holocausto Esto no es Austria. En España no hay partidos políticos
que defiendan el racismo y la xenofobia y tengan escaño en nuestro Parlamento.
Sin embargo, en el Ministerio de Asuntos Exteriores no parecen reparar
en los detalles y su titular, Abel Matutes, puso el año pasado al frente
de la Escuela Diplomática a un funcionario que, en los pocos meses que
ocupa el cargo, ha provocado la sorpresa, el estupor y, finalmente,
la indignación de no pocos miembros de la carrera que ven en su gestión
un salto al pasado de consecuencias imprevisibles. 'La propaganda sobre el "holocausto” continúa
por diversos motivos: primeramente, a los sionistas les interesa perpetuarlo
para seguir cobrando las llamadas 'reparaciones' que Alemania Federal
se ve obligada a saldar y aseguran también la ayuda exterior de los
Estados Unidos de América. Segundo, a los soviéticos y todo el bloque
comunista les interesa mantener el mito para distraer la atención del
mundo sobre las atrocidades (y éstas verídicas) cometidas por ellos
mismos durante la Segunda Guerra Mundial". Este es uno de los argumentos
que utiliza Juan Luis Beceiro en su libro La Mentira Histórica Desvelada.
¿Genocidio en América?. Ensayo
sobre la acción de España en el Nuevo Mundo para negar la existencia del holocausto judío
y que el pasado día 27 de enero glosó en una conferencia en la Escuela
Diplomática para la que fue contratado por su actual director, José
María Velo de Antelo. El conocido periodista Miguel Ángel Aguilar dio la
voz de alarma la pasada semana en su habitual crónica en El País señalando el estupor de los alumnos que escucharon ese día
a Beceiro señalar, desde una tribuna pública reconocida como la Escuela
Diplomática, que el genocidio perpetrado por los nazis durante la última
gran guerra, en realidad, no había sido tal ya que, como mucho, "sólo
causó la eliminación de un millón de personas”. Sus palabras resultaban
especialmente significativas para los alumnos que las escuchaban dado
que se producían el mismo día en que Europa conmemoraba la liberación
de los presos de los campos de concentración nazis con actos en los
que participaban los más altos dignatarios de Alemania. La llegada de un orador como Beceiro (ver recuadro
Un patriota apoyado por Fraga) al estrado de la Escuela Diplomática
no es más que el último detalle de la gestión que Velo de Antelo lleva
realizando, hasta ahora sin conocimiento público, en el reconocido centro
docente. El citado director, con el que esta revista ha intentado ponerse
en contacto sin recibir respuesta, está a punto de cumplir 68 años y
no está jubilado ya debido a la disposición del Gobierno del PP que,
al año siguiente de llegar al poder, en el 97, permitió a los diplomáticos
ampliar su periodo en activo hasta los 70, posibilidad que el PSOE les
había recortado en su primera ley de reforma de la función pública al
obligarles a jubilarse, como el resto de categorías, a los 65. El Gobierno de José María Aznar, además
de esta decisión, que fue favorablemente acogida en los sectores más
conservadores de la carrera, nombró, cuando llegó a la Moncloa, un nuevo
director de la Escuela Diplomática. El puesto recayó en Mariano Ucelay,
también veterano funcionario que había sido embajador en destinos tan
diversos como Suráfrica, Dinamarca o China y con un reconocido fondo
liberal-conservador pero con un talante dialogante. Como el año pasado
Ucelay llegó también a la edad de jubilación en Exteriores se decidieron
por Velo de Antelo, un diplomático cuyo puesto de mayor relieve ha sido
el de cónsul en Roma y que había conseguido el grado de embajador, por
antigüedad, apenas dos años antes, cumplidos ya los 65. No fue considerada
entonces la posibilidad de ascenso del subdirector, Leopoldo Estampa,
más joven y de conocido talante progresista. En el primer curso que cayó sobre su
responsabilidad, el iniciado el pasado octubre, Velo de Antelo decidió
contratar al polémico historiador Ricardo de la Cierva para impartir
la asignatura de Historia de España dentro del curso general de Relaciones
Internacionales. El Gobierno del PP ya había cancelado los contratos
que el también conocido historiador Javier Tusell, habitual colaborador
de los medios del Grupo Prisa, tenía en la Escuela al poco de quedar
ésta en sus manos, pero nunca hasta ahora había abierto la puerta a
profesores tan marcadamente definidos por su trayectoria ideológica. El
diputado no ha desistido pero, tras tener conocimiento de la conferencia
de Beceiro, ha enviado una carta al ministro Matutes exigiéndole una
decisión Inmediata". "la deriva antidemocrática que está tomando
la Escuela es tan preocupante que no podemos permitirla. La Escuela
Diplomática representa lo que quiere ser un país y la imagen que Ricardo
de la Cierva o Juan Luis Beceiro ofrecen es intolerable", señala
indignado Rafael Estrella. El
fondo y la forma de José María Velo ha sido reconocido por quienes le
han tratado en los últimos meses al frente ya de la Escuela Diplomática.
Precisamente, con ocasión de la visita del secretario general de la
ONU, el africano Kofi Annan, a España, el centro docente le invitó a
dar una conferencia tras la cual se ofreció una copa en su honor. Fueron
varios los presentes que escucharon, y comentaron posteriormente en
privado su estupor, al escuchar al director de la Escuela quejarse airadamente
de algunas de las palabras de Annan. En
concreto, Velo criticó al secretario general cuando se refirió al ejemplo
de la transición española para otros países por cuanto calificó de "régimen
autoritario" al periodo franquista. Tampoco gustó al director de
la Escuela, según fuentes conocedoras del suceso, la alusión del conferenciante
al padre Bartolomé de las Casas como defensor de los indígenas americanos
frente a la colonización española. Especialmente significativo para
las citadas fuentes resultó el despectivo apelativo utilizado por Velo
para mostrar su disgusto con Kofi Annan señalando al color de su piel. No
es extraño, pues, que para conmemorar fecha tan señalada como la liberación
de Auswitz se decidiera por un conferenciante como Juan Luis Beceiro,
abogado, hijo y nieto de militares, sin más relación con la investigación
histórica y las relaciones internacionales que el ya citado libro sobre
la colonización española en América cuyo principal objeto es "desvelar"
la “mentira" que el padre Bartolomé de las Casas, entre otros,
han propagado sobre la labor de nuestro país, además, por supuesto,
de su relación con Manuel
Fraga y su antigua amistad con José María Velo. Beceiro, por tanto, se sintió
suficientemente respaldado en su conferencia como para disertar ampliamente
sobre su visión del holocausto o, según sus palabras, de 'la
propaganda del holocausto" y permitirse, además, ridiculizar
la figura de Máximo Cajal, embajador de España en Guatemala cuando hace
20 años la legación fue ocupada por una veintena de campesinos que resultaron
muertos, junto al diplomático Jaime Ruiz del Árbol, tras el allanamiento
y la quema del edificio por ¡parte de fuerzas gubernamentales. Cajal presentaba la misma
tarde de la conferencia su libro Saber quién puso fuego ahí que
intenta arrojar luz sobre el oscuro suceso del que él resultó el único
superviviente. Beceiro, según él mismo reconoce, dijo que "fue
el único que se salvó porque corrió mucho", lo que no le parece
ofensivo. El texto de Cajal, a pesar del tiempo transcurrido desde los acontecimientos,
parece haber levantado ampollas en ciertos sectores de la vida política
y del país dado que critica la posición de algunos medios españoles
en las citadas fechas (ver en el número de la pasada semana de EL SIGLO
el reportaje. La masacre de Guatemala, 20 años después. Máximo Caja¡
desvela la manipulación informativa en España de la noticia). Así,
el columnista de Abc Carlos Dávila afirmaba en su colaboración
del pasado martes 31 que se trataba de uno de los libros más innecesarios
del momento". Fuentes extraoficiales, sin
embargo, han confirmado a EL SIGLO que, ante el cariz del escándalo
y dada la cercanía de las elecciones, la consigna dada al equipo directivo
de la Escuela ha sido de "silencio absoluto". Apenas unos días después
de la conferencia de Beceiro el ministro intentaba distanciarse de la
polémica sobre el libro de Cajal en un acto de conmemoración del asalto
a la Embajada de Guatemala. Ya al inicio de su gestión Matutes recibió
sonoras críticas sobre su política de nombramientos en las legaciones
españolas en el extranjero a la que la oposición adjudicaba un inédito
y claro objetivo partidista. El único de los aludidos que, hasta el
momento, ha querido decir algo ha sido Ricardo de la Cierva que, en
una carta enviada a El País, reivindicaba su condición de profesor de
Historia Contemporánea y la libertad de cátedra, además de negar que
él pusiera nunca en cuestión el holocausto judío. |