Nº 400
7/2/2000

En la Escuela Diplomática enseñan franquismo y niegan el holocausto

FASCISMO EN EXTERIORES

El centro donde se forman los futuros diplomáticos y embajadores que representan a España por todo el mundo está dando albergue y altavoz a auténticos fascistas. Su actual director, José María Velo de Antelo, nombrado hace poco menos de un año por el Ministro de Asuntos Exteriores, Abel Matutes, ha contratado para dar clases a Ricardo de la Cierva, conocido historiador apologista del franquismo, y a dar una conferencia a Juan Luis Beceiro, autor de un libro que niega el holocausto judío, sobre lo que recientemente disertó para escándalo de la mayor parte de los alumnos.

Inmaculada SÁNCHEZ

Esto no es Austria. En España no hay partidos políticos que defiendan el racismo y la xenofobia y tengan escaño en nuestro Parlamento. Sin embargo, en el Ministerio de Asuntos Exteriores no parecen reparar en los detalles y su titular, Abel Matutes, puso el año pasado al frente de la Escuela Diplomática a un funcionario que, en los pocos meses que ocupa el cargo, ha provocado la sorpresa, el estupor y, finalmente, la indignación de no pocos miembros de la carrera que ven en su gestión un salto al pasado de consecuencias imprevisibles.

'La propaganda sobre el "holocausto” continúa por diversos motivos: primeramente, a los sionistas les interesa perpetuarlo para seguir cobrando las llamadas 'reparaciones' que Alemania Federal se ve obligada a saldar y aseguran también la ayuda exterior de los Estados Unidos de América. Segundo, a los soviéticos y todo el bloque comunista les interesa mantener el mito para distraer la atención del mundo sobre las atrocidades (y éstas verídicas) cometidas por ellos mismos durante la Segunda Guerra Mundial". Este es uno de los argumentos que utiliza Juan Luis Beceiro en su libro La Mentira Histórica Desvelada. ¿Genocidio en América?. Ensayo sobre la acción de España en el Nuevo Mundo para negar la existencia del holocausto judío y que el pasado día 27 de enero glosó en una conferencia en la Escuela Diplomática para la que fue contratado por su actual director, José María Velo de Antelo.

El conocido periodista Miguel Ángel Aguilar dio la voz de alarma la pasada semana en su habitual crónica en El País señalando el estupor de los alumnos que escucharon ese día a Beceiro señalar, desde una tribuna pública reconocida como la Escuela Diplomática, que el genocidio perpetrado por los nazis durante la última gran guerra, en realidad, no había sido tal ya que, como mucho, "sólo causó la eliminación de un millón de personas”. Sus palabras resultaban especialmente significativas para los alumnos que las escuchaban dado que se producían el mismo día en que Europa conmemoraba la liberación de los presos de los campos de concentración nazis con actos en los que participaban los más altos dignatarios de Alemania.

La llegada de un orador como Beceiro (ver recuadro Un patriota apoyado por Fraga) al estrado de la Escuela Diplomática no es más que el último detalle de la gestión que Velo de Antelo lleva realizando, hasta ahora sin conocimiento público, en el reconocido centro docente. El citado director, con el que esta revista ha intentado ponerse en contacto sin recibir respuesta, está a punto de cumplir 68 años y no está jubilado ya debido a la disposición del Gobierno del PP que, al año siguiente de llegar al poder, en el 97, permitió a los diplomáticos ampliar su periodo en activo hasta los 70, posibilidad que el PSOE les había recortado en su primera ley de reforma de la función pública al obligarles a jubilarse, como el resto de categorías, a los 65.

            El Gobierno de José María Aznar, además de esta decisión, que fue favorablemente acogida en los sectores más conservadores de la carrera, nombró, cuando llegó a la Moncloa, un nuevo director de la Escuela Diplomática. El puesto recayó en Mariano Ucelay, también veterano funcionario que había sido embajador en destinos tan diversos como Suráfrica, Dinamarca o China y con un reconocido fondo liberal-conservador pero con un talante dialogante. Como el año pasado Ucelay llegó también a la edad de jubilación en Exteriores se decidieron por Velo de Antelo, un diplomático cuyo puesto de mayor relieve ha sido el de cónsul en Roma y que había conseguido el grado de embajador, por antigüedad, apenas dos años antes, cumplidos ya los 65. No fue considerada entonces la posibilidad de ascenso del subdirector, Leopoldo Estampa, más joven y de conocido talante progresista.

            En el primer curso que cayó sobre su responsabilidad, el iniciado el pasado octubre, Velo de Antelo decidió contratar al polémico historiador Ricardo de la Cierva para impartir la asignatura de Historia de España dentro del curso general de Relaciones Internacionales. El Gobierno del PP ya había cancelado los contratos que el también conocido historiador Javier Tusell, habitual colaborador de los medios del Grupo Prisa, tenía en la Escuela al poco de quedar ésta en sus manos, pero nunca hasta ahora había abierto la puerta a profesores tan marcadamente definidos por su trayectoria ideológica.

Precisamente, el pasado diciembre el diputado del grupo socialista Rafael Estrella quiso preguntar al Gobierno sobre la idoneidad del autor de Francisco Franco, un siglo de historia, Historia del franquismo o 1939. Agonía y Victoria, como docente en la Escuela Diplomática. Sin embargo, la Mesa del Congreso, a pocas fechas de su disolución, desestimó la demanda por considerarla 'improcedente".

El diputado no ha desistido pero, tras tener conocimiento de la conferencia de Beceiro, ha enviado una carta al ministro Matutes exigiéndole una decisión Inmediata". "la deriva antidemocrática que está tomando la Escuela es tan preocupante que no podemos permitirla. La Escuela Diplomática representa lo que quiere ser un país y la imagen que Ricardo de la Cierva o Juan Luis Beceiro ofrecen es intolerable", señala indignado Rafael Estrella.

El fondo y la forma de José María Velo ha sido reconocido por quienes le han tratado en los últimos meses al frente ya de la Escuela Diplomática. Precisamente, con ocasión de la visita del secretario general de la ONU, el africano Kofi Annan, a España, el centro docente le invitó a dar una conferencia tras la cual se ofreció una copa en su honor. Fueron varios los presentes que escucharon, y comentaron posteriormente en privado su estupor, al escuchar al director de la Escuela quejarse airadamente de algunas de las palabras de Annan.

En concreto, Velo criticó al secretario general cuando se refirió al ejemplo de la transición española para otros países por cuanto calificó de "régimen autoritario" al periodo franquista. Tampoco gustó al director de la Escuela, según fuentes conocedoras del suceso, la alusión del conferenciante al padre Bartolomé de las Casas como defensor de los indígenas americanos frente a la colonización española. Especialmente significativo para las citadas fuentes resultó el despectivo apelativo utilizado por Velo para mostrar su disgusto con Kofi Annan señalando al color de su piel.

No es extraño, pues, que para conmemorar fecha tan señalada como la liberación de Auswitz se decidiera por un conferenciante como Juan Luis Beceiro, abogado, hijo y nieto de militares, sin más relación con la investigación histórica y las relaciones internacionales que el ya citado libro sobre la colonización española en América cuyo principal objeto es "desvelar" la “mentira" que el padre Bartolomé de las Casas, entre otros, han propagado sobre la labor de nuestro país, además, por supuesto, de su relación con Manuel Fraga y su antigua amistad con José María Velo.

Beceiro, por tanto, se sintió suficientemente respaldado en su conferencia como para disertar ampliamente sobre su visión del holocausto o, según sus palabras, de 'la propaganda del holocausto"  y permitirse, además, ridiculizar la figura de Máximo Cajal, embajador de España en Guatemala cuando hace 20 años la legación fue ocupada por una veintena de campesinos que resultaron muertos, junto al diplomático Jaime Ruiz del Árbol, tras el allanamiento y la quema del edificio por ¡parte de fuerzas gubernamentales.

Cajal presentaba la misma tarde de la conferencia su libro Saber quién puso fuego ahí que intenta arrojar luz sobre el oscuro suceso del que él resultó el único superviviente. Beceiro, según él mismo reconoce, dijo que "fue el único que se salvó porque corrió mucho", lo que no le parece ofensivo.

    El texto de Cajal, a pesar del tiempo transcurrido desde los acontecimien­tos, parece haber levantado ampollas en ciertos sectores de la vida política y del país dado que critica la posición de algunos medios españoles en las cita­das fechas (ver en el número de la pasada semana de EL SIGLO el reportaje. La masacre de Guatemala, 20 años después. Máximo Caja¡ desvela la mani­pulación informativa en España de la noticia). Así, el columnista de Abc Car­los Dávila afirmaba en su colaboración del pasado martes 31 que se trataba de uno de los libros más innecesarios del momento".

El Ministerio de Exteriores, a través de la Oficina de Información Diplomática, no ha querido hacer ningún comentario respecto a la situación de la Escuela aunque el ministro Matutes, además de la carta del diputado Estrella, ha recibido también otras quejas sobre la situación, entre ellas la del conocido escritor y periodista, además de diplomático de carrera, Fernando Schwartz, manifestándole su indignación.

Fuentes extraoficiales, sin embargo, han confirmado a EL SIGLO que, ante el cariz del escándalo y dada la cercanía de las elecciones, la consigna dada al equipo directivo de la Escuela ha sido de "silencio absoluto".

Apenas unos días después de la conferencia de Beceiro el ministro intentaba distanciarse de la polémica sobre el libro de Cajal en un acto de conmemoración del asalto a la Embajada de Guatemala. Ya al inicio de su gestión Matutes recibió sonoras críticas sobre su política de nombramientos en las legaciones españolas en el extranjero a la que la oposición adjudicaba un inédito y claro objetivo partidista. El único de los aludidos que, hasta el momento, ha querido decir algo ha sido Ricardo de la Cierva que, en una carta enviada a El País, reivindicaba su condición de profesor de Historia Contemporánea y la libertad de cátedra, además de negar que él pusiera nunca en cuestión el holocausto judío.               

Hemeroteca Inicio