Hemeroteca Lista sin maldad
Nº 664
3/10/2005

El momento de gloria de Pedro Solbes

Los Presupuestos son tan buenos que podrían ser electoralistas. Son expansivos y sociales. Zapatero ha podido permitirse alegrías en sanidad, vivienda, pensiones o sueldos de los funcionarios sin atentar a la más estricta ortodoxia económica a pesar de la reducción de las ayudas de la Unión Europea. Incluso se ha permitido donar  un cheque de 570 millones de euros, una vez más "por última vez" a RTVE, un ente adicto al déficit galopante, gobiernen quienes gobiernen, con una deuda de 7.500 millones de euros. 

Hasta los analistas financieros que, salvo alguna conocida excepción, comulgan con la derecha, han alabado su apuesta por la productividad, la reducción de la deuda pública, las infraestructuras y, sobre todo, el esfuerzo en educación y en investigación, desarrollo e innovación, la fórmula mágica I+D+i, una vía indirecta pero efectiva de redistribución del producto, así como una palanca para que la economía crezca de forma saludable, rompiendo el monopolio del ladrillo. A los analistas, hipercríticos en otras ocasiones, sólo se les ocurre una objeción: que el superávit podría haber sido mayor.

Las cuentas del Reino, que ahora caben en una mano gracias al CD ROM, han llegado a la plaza de las Cortes en tiempo y hora pero sin los necesarios apoyos parlamentarios. Nadie duda y menos que nadie el vicepresidente económico que se aprobarán en diciembre, pero nadie puede saber tampoco, ni siquiera Solbes,  el precio que habrá que pagar para que se aprueben. No deja de ser curioso que tras tanta globalización y espíritu liberal, los Presupuestos, como el Boletín Oficial, ejerzan tal fascinación sobre la llamada sociedad civil. Compadezco al vicepresidente económico que se enfrenta a la dura tarea de cuadrar las cuentas finales atendiendo no sólo a los grandes intereses sectoriales, sino también a un cúmulo de presiones de campanario.

Estos son los primeros Presupuestos que responden plenamente a las prioridades políticas del Gobierno. Son también los primeros con superávit, unos Presupuestos "por alegrías", como no ha tenido ocasión de presentar ningún otro ministro. Los primeros en los que las tijeras del ministro no han cortado en carne viva. "Hay dinero para todos", ha exclamado Solbes con la satisfacción y el orgullo del responsable de la única economía que crece en Europa, aunque es en este hecho, que España sea un islote en una Europa deprimida, donde aparecen las mayores amenazas para nuestro punto débil, el sector exterior. Los ministros de Hacienda de Felipe González, Miguel Boyer y Carlos Solchaga, asumieron la obligación, entre penosa y gratificante, de sentarse sobre la caja del Estado para que no saliera un duro, para decir que no, no siempre con buenos modos, a las solicitudes de los compañeros de gabinete. Ahora, en el Gobierno Zapatero, Solbes también se  sienta sobre la caja pero para que no se desborden los euros. No regateemos su momento de gloria a este hombre, uno de los tres altos cargos que ha salvado Zapatero de la masacre inferida a la vieja guardia; los otros dos son el ministro de Defensa, José Bono, y Alfredo Pérez Rubalcaba, el portavoz de los socialistas en el Congreso de los Diputados.

La alegría en el gasto público no se debe pues a cambios fiscales aplazados para la próxima legislatura, sino a la buena marcha de la economía, a la que se le ha ordenado crecer el próximo año un 3,3 por ciento en términos reales, o sea, descontando la inflación. Solbes tiene razones para el optimismo en razón de la buena racha de los negocios que dará trabajo a medio millón de personas más, pero no faltan las amenazas: inflación, incertidumbres sobre el petróleo y pérdida de competitividad que se manifiesta en un fuerte déficit exterior. Si el próximo año no se reactiva la economía europea, que está hecha unos zorros, España no podrá reducir el déficit aumentando la exportación.

Pobre Rajoy: ¿quién puede hacer una oposición efectiva cuando al Estado le salen los euros por las costuras? Me recuerda a Borrell cuando cayó sobre sus espaldas la crítica a Rato en momentos de esplendor y déficit cero. Ahora Rajoy, asesorado por Miguel Arias Cañete, Elvira Rodríguez y Álvaro Nadal se lanzará a degüello según su estilo obligado de oposición con un mensaje central: que Zapatero se ha dormido en los laureles que le permite la buena herencia del PP y que ha optado por abrir irresponsablemente el grifo del gasto olvidándose de las grandes reformas que hace tiempo necesita la economía española, justamente el pecado de Aznar, que no se atrevió a aplicar la bonanza económica a las reformas necesarias.

 

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