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Un 'halcón' de conveniencias Los negocios marchan bien, el paro desciende, no estallan conflictos sociales de consideración, la inmigración, fuerte y acelerada, está siendo asimilada de forma razonable con escasos focos racistas, el terrorismo lleva tiempo sin golpear, los puentes laborales vacían las ciudades y llenan los hoteles. Las calles, los cines, los bares y restaurantes, los talleres y las aulas, los parques y los jardines muestran que la nación goza de buena salud si exceptuamos un edificio situado en la carrera de San Jerónimo donde se reúnen, ofreciendo alarmantes muestras de histerismo, los representantes de ese pueblo tranquilo. Las Cortes hirvieron el pasado miércoles en extrema exaltación. Sus Señorías parecían atacados por los nervios, aunque ciertamente, unos más que otros. Mariano Rajoy y los jabalíes del Partido Popular sometieron a dura prueba la calma de José Luis Rodríguez Zapatero, quien de pequeño debió ser bañado en lexatin. Hay que reconocer que el presidente del Gobierno mantuvo su templanza y no devolvió los insultos aunque replicó con dureza. No podemos reprocharle de exceso verbal por calificar a su opositor de hipócrita, profeta del Apocalipsis y acusarle de hacer retroceder a la derecha a antes del año 1977 cuando recibió de éste una retahíla de improperios: traidor, radical, sectario, maniobrero, taimado, sin ideas, mediocre, inconsistente, antojadizo, tercermundista, infantil, ridículo, incompetente, errático y débil. ¿Por qué optó Rajoy por el tremendismo y el insulto que tan mal se compadece con su carácter cordial, tranquilo y razonable? ¿Por que eligió el tono apocalíptico y la descalificación integral sin permitirse el reconocimiento, siempre efectivo, de que algo, por nimio que fuere, marcha bien en este país, que en algo, por pequeño que sea, ha acertado Zapatero? En la vida ni los más malos son tan malvados ni los más tontos son tan torpes, ni es posible errar en todo y no acertar en algo aunque sea por equivocación. Rajoy ha superado en acritud a sus antecesores, lo que no es tarea fácil: más despectivo con Zapatero que el despectivo Aznar cuando aquél era líder de la oposición; más catastrofista que el catastrofista Fraga cuando se enfrentaba a González como presidente del PP. Su actual dirigente no perdió los nervios ante la idílica descripción de Zapatero de su primer año triunfal, sino que fue una decisión premeditada. Sólo se me ocurre una explicación: Rajoy optó por revalidar su puesto en el partido aunque comprometiera sus oportunidades electorales, quizás en la conciencia de que las elecciones están lejos y la sombra de Aznar muy cerca. Acertó Zapatero al dirigirse a su opositor como "Señor Aznar" y pedir disculpas por ello. Con esta táctica cosechó Rajoy la exaltación de los bancos de la derecha, pero estoy seguro de que al presidente popular no se le oculta que hay vida más allá de la carrera de San Jerónimo y que ese discurso choca con el estado de ánimo de la mayoría de los ciudadanos. No creo que se le oculte que con su actitud apoyó eficazmente al presidente del Gobierno, pero lo importante era servir a su afición ofreciendo carnaza a la militancia más aguerrida. Rajoy ha traspasado fronteras que no se habían saltado desde que lo hiciera Aznar en el trienio 1993-1996. A José Maria Aznar le dio resultado, si no cuando lo esperaba, en 1993, sí en la convocatoria electoral de 1996. Pero ha pasado una década y ya no está en Moncloa un González de capa caída golpeado por la corrupción y la guerra sucia, sino un gobernante en estado de gracia a quien la ciudadanía le ha dado un voto de confianza para que desarrolle su propia política. Aznar rompió al filo de 1993 el consenso tácito de la Transición incluso en lo referente a la política antiterrorista. Hoy, su sucesor en el partido ha optado por la misma estrategia en un paisaje muy diferente. Ha roto la filosofía básica del pacto antiterrorista: excluir del debate la política antiterrorista y ha pronunciado palabras impronunciables incluso para Aznar: "Es usted quien se ha propuesto traicionar a los muertos". Tremenda acusación que Rajoy se negó a retirar a pesar de la petición reiterada por Zapatero. Ahora no es la hora de las elecciones, sino la ocasión para consolidarse en su partido pasando por la derecha a los halcones de Aznar y al propio Aznar. Rajoy no dudó en fabricar a los exaltados la consigna que les resume: "El 11-M es la razón de que usted esté ahí". La extremada actitud de Rajoy, su apelación injustificable a los muertos, la retahíla de insultos proferidos no me dejan espacio para comentar, como me hubiera gustado, los excesos triunfalistas de Zapatero, los peligros que se ciernen sobre el modelo de Estado y, en otro orden de cosas, los nubarrones económicos que pudieran aproximarse como avisan los expertos, que dejo para una próxima ocasión. |