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La consagración de ZP Aparentemente Zapatero contestó durante 14 horas a los portavoces parlamentarios. En apariencia, el presidente se fajó en singular combate con el portavoz del Partido Popular, Eduardo Zaplana. Mera apariencia. La realidad es que el líder socialista se dedicó a una sola persona, que no tiene cargos en el PP ni representación parlamentaria; concentró su artillería contra un solo objetivo: José María Aznar. A este hombre impasible, de rostro impenetrable, le había sacado de quicio el manifiesto de su antecesor y se dedicó con la energía de las ganas reprimidas a replicarle a través de los portavoces del arco parlamentario. Sólo Aznar ha conseguido soliviantar a un político que se baña diariamente en lexatín. Se albergaron muchas dudas sobre la necesidad de reclamar la comparecencia del ex presidente y sobre la utilidad de la intervención presidencial, pero una vez que se decidió la primera era obligada la segunda. El resultado ha sido un apasionante cara a cara, no por diferido en el tiempo menos dramático, del que Zapatero ha salido vencedor. Este se la tenía guardada por varios motivos y entre ellos que Aznar le pusiera en ridículo al relatar que el entonces líder de la oposición no le pidiera la convocatoria del Pacto Antiterrorista. ¿Se le escapó a Zapatero la confidencia que le hiciera Rajoy: "Ya sabes cómo es"? ¿Le traicionó el subconsciente o lo traía preparado de casa? Todos sabemos cómo es, incluido el propio Aznar, que en los mítines apoyaba a su delfín con un curioso argumento: "Además -cito de memoria- el problema ya no existe pues yo me voy; parece que no me pueden aguantar". Zapatero se dirigía al Ausente a través de Zaplana cuando dijo: "Se necesita ser simple para decir que todos los terrorismos son iguales, que lo mismo da el de la ultraderecha que el de ETA o el islamista; sin entender las diferencias entre ellos no se puede ser eficaz en la lucha. Se dirigía al Ausente al referirse a la imprevisión y a la mentira, a la manipulación urbi et orbi, a su empecinamiento en la tesis ETA contra toda evidencia o a los intentos de desligitimación electoral; a la irresponsable insistencia generadora de desconfianza pública de que se investigue, como si no se investigara a fondo y con la mayor eficacia. Y envía un mensaje al Ausente cuando, dirigiéndose al portavoz de Convergencia y Unió, que nada entrambas aguas, puntualiza : "No compare usted un discurso apoyado en datos y documentos con un testimonio de especulaciones sin base alguna". El lunes, 13, Zapatero revalidó el liderazgo de su partido y agradó a los otros, con la excepción obvia, pues las buenas formas no están reñidas con la firmeza de los fondos, y revalidó la confianza de los jóvenes que se movilizaron por primera vez el 14-M. ZP no les falló. Los dirigentes del PP no ocultaron ni su sorpresa ni han podido disimular su contrariedad. Rajoy, Acebes y Zaplana han manifestado la existencia de un antes y un después. En su opinión Zapatero se ha quitado la careta; aseguran que el talante, tan despreciado por ellos hasta ahora, ha saltado por los aires. A Rajoy no podía entusiasmarle la comparecencia de Aznar, el lunes anterior, pero esperaba que Zapatero emitiera un discurso institucional, o sea, blandito: propuesta de pacto universal, atribución de buena voluntad al PP, de errores pero no de engaños, todo lo más alusiones vagas a la imprevisión y a la incapacidad de autocrítica. Probablemente esa hubiera sido la actitud del presidente si no le hubiera precedido un Aznar provocador e insultante. ZP no tenía más opción que reiterar sus principios; evocar la indignación nacional por las manipulaciones de aquellos días que se sumaban a la manipulación crónica del Gobierno anterior; tenía que revalidar su compromiso con la nación: nunca más. Hay, como aseguran los populares, un antes y un después del lunes 13 de diciembre, el día de la consagración de ZP, que no se va a achantar ante el peor estilo de la peor derecha. ¿Se equivocan en el PP con su tozudez? Probablemente no puedan hacer otra cosa. Se necesita mucho valor para contrariar a la derecha rancia que hoy representa Aznar para pescar en los caladeros del centro. Esta parecía la apuesta de Rajoy, pero parece que no le dejan, que el núcleo duro se empecina en transitar por derroteros emocionalmente gratificantes pero sin salida. Aznar, que en su día optó por el centro, se ha convertido en el símbolo de esa vieja derecha que no sabe perder y la ciudadanía sensata así lo percibe. La estrategia de acoso universal impide al PP aprovechar los errores que está cometiendo el Gobierno, que no son pocos. En semejante polarización, Zapatero gana |