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El rey de la República de España Los Reyes se han ganado el sueldo compartiendo el pavo relleno de Acción de Gracias con el presidente de los Estados Unidos. Don Juan Carlos y Doña Sofía tuvieron ocasión de charlar largo y tendido con la familia Bush al completo, con el antiguo y con el reelegido presidente y sus respectivas esposas en su rancho privado de Prairie Chapel (Crawford) donde sólo tienen acceso los íntimos y aquellos mandatarios con quienes el presidente quiere mostrar su deferencia. Fue un almuerzo típicamente americano con una sobremesa a la española, de tres horas de duración, suficiente y necesaria para desdramatizar un tanto las espesas relaciones entre España y los Estados Unidos. Una vez más se ha confirmado que si el Rey ya no es estrictamente necesario -gracias, por cierto, al éxito de la Transición que tripuló- sigue siendo muy útil: en el exterior como Gran Relaciones Públicas de la nación y en el interior como depositario de un enorme caudal de simpatía que puede aplicar a suavizar tensiones nacionalistas. El almuerzo con los Bush ha servido, en segunda derivada, para hacer un poco de pedagogía sobre la monarquía constitucional en Estados Unidos, donde persisten las lagunas. Como indicó una fuente diplomática: "Si la percepción del presidente norteamericano es que los Reyes son los primeros funcionarios de la Administración española, el balance del encuentro ya puede considerarse como positivo". La cordial acogida de Bush representa también una reparación del ninguneo al que sometió Aznar al monarca cuando el presidente USA visitó España por primera vez el 12 de junio de 2001. En aquella ocasión sólo se programó una brevísima audiencia de los Reyes de la que partieron veloces hacia la finca estatal toledana de Quintos de Mora -el rancho de Aznar, según la prensa norteamericana- para almorzar con el presidente español. En círculos cercanos al monarca se calificó este acto de "suplantación", pues era a Don Juan Carlos a quien le debería corresponder la presidencia del primer almuerzo del jefe del Estado USA. Al malestar generado se sumó el detalle de que fuese Ana Botella y no la Reina quien acompañase a la primera dama de los Estados Unidos durante su visita al Museo del Prado y a la Biblioteca Nacional. Posteriormente ambas se dirigieron a Casa Lucio, donde habían quedado con Doña Sofía, la cual tuvo que pasar por el trago de esperarlas un buen rato, ya que llegaron con notable retraso. Y no es que Bush y los Reyes no se conocieran, sino todo lo contrario: existían entre ellos buenas relaciones, como las mantuvieron con Bush padre. Para los aludidos efectos pedagógicos habría sido una buena idea que se hubiera acercado al rancho de Crawford el hermano Jeb, gobernador de Florida, quien en una visita a Madrid saludara a José María Aznar como presidente de la República de España sin que éste se tomara la molestia de rectificar el error. Y sin embargo debería constar en los archivos el extraordinario papel que ha representado históricamente Don Juan Carlos respecto a los Estados Unidos desde antes de su coronación y, desde luego, a lo largo de la transición y en algunos momentos de tensión hispano-norteamericana durante el gobierno González. El pasado miércoles los Reyes hicieron su trabajo a la perfección aplicando su experiencia y su simpatía. Y buena falta hacía tras la victoria de Bush. No es un mal principio que las primeras palabras del presidente, con una sonrisa de oreja a oreja, y antes de que nadie le preguntara nada fueran: "España es un gran país y un buen amigo". Se han cometido errores por ambas partes. Zapatero, cuando era líder de la oposición, se equivocó al no levantarse al paso de la bandera americana, que no es el elefante del Partido Republicano, sino las barras y estrellas de la nación. Sin embargo, lo que ha herido profundamente a Bush es la retirada fulminante de nuestras tropas de Iraq como había prometido y le pedía su pueblo. Tampoco han faltado los desplantes norteamericanos, como el plantón del embajador a los Reyes el día de la Fiesta Nacional, el silencio ante la felicitación de Zapatero, que contrasta con la efusiva entrevista con Aznar, quien aprovechó para echar leña al fuego asegurando que el Gobierno español fomenta el antiamericanismo, y la marginación de España de los foros europeos donde se negocia el futuro iraquí. De nada sirve recrearse en las heridas; ahora interesa que nuestra diplomacia continúe la gestión de los Reyes. No lo tiene fácil Moratinos, a quien los americanos vigilan desde que representara a la Unión Europea en el conflicto palestino y a quien tachan de enemigo de Israel. |