Hemeroteca Lista sin maldad
Nº 622
1/11/2004

Cualquiera menos Bush

La suerte está echada. Mañana, martes 2,  el pueblo americano decidirá quién será su presidente durante los próximos cuatro años. La verdad es que me da igual quién gane con tal de que no sea Bush, lo contrario de lo que ha expresado mi ex presidente José María Aznar.

Mañana se decidirá, por el mismo precio, quién será el presidente del resto del mundo aunque sin contar con el voto de los súbditos del imperio. La democracia es, como el Evacuol, para uso interno y Bush, que la ha rebajado un tanto, hace oídos sordos a sus aliados más antiguos y más seguros unidos por el Océano Atlántico. No se cuenta con nosotros, los europeos, pero lo que decidan mañana los 50 Estados de la Unión afectará a nuestras vidas y a nuestras haciendas. No sólo está en juego la política, sino tambien la ética; el martes compiten el conservadurismo civilizado de  John Kerry con la inversión de Robin Hood que encarna George W. Bush, que roba a los pobres para entregárselo a los ricos.  Mañana sabremos si este es un paréntesis en la civilizacion americana o si el encerrado entre paréntesis fue Clinton y regresamos a la deriva neoconservadora predicada por Reagan y seguida por el papá del actual presidente.

Bush no sólo hizo trampas para alcanzar la Casa Blanca, sino que se hizo trampas a sí mismo en el solitario. Acuñó un lema eficaz y respetable: el conservadurismo compasivo, y sin embargo su política no ha sido conservadora ni compasiva, sino revolucionaria y displicente para los pobres. No ha dado oportunidad alguna a la compasión ni al amor al prójimo que reclama su ostentada religión. 

El presidente que, no hay que olvidarlo, ganó las elecciones con dudosa legitimidad, un okupa de la Casa Blanca, a la que llegó como consecuencia de un golpe de Estado judicial, desafió el mandato implícito de los electores: "Gobierne usted  para todos con cierta amplitud de miras, con cierto respeto para quienes votaron a Gore", un imperativo de lo más razonable en un país dividido en dos mitades donde la mitad mayor, la del voto popular, correspondió al adversario. No ha habido por su parte ni finura democratica ni compasión al iniciar su mandato y, terminado éste, el país sufre una fisura sin precedentes.

Por primera vez me siento maniqueo, no sé quiénes son los buenos pero sí quién ha acreditado ser el malo. En democracia, un solo voto de diferencia legitima al vencedor, pero, ¿qué ocurre cuando se gana sacando un as de la manga?. El Tribunal Supremo, donde predominaban los jueces nombrados por Bush, prohibieron el recuento de Florida y eligieron al tramposo que en complicidad con su hermano, el gobernador Jeb, ganó por 537 votos en este Estado decisivo aunque obtuviera casi medio millón de votos menos que Al Gore.

Cuando alcanzó la Casa Blanca siguió haciendo trampas: la más grave fue obtener la aprobación del Congreso para invadir Iraq basándose en mentiras, consciente de que los representantes del pueblo nunca hubieran autorizado una guerra sobre meras suposiciones de que Sadam disponía de armas de destruccion masiva; difícilmente hubieran autorizado una guerra por si acaso. Ha hecho trampas con las prisiones sin derechos de Guantánamo y Abu Ghraib, donde ha creado un limbo legal que es un verdadero infierno, y ha jugado sucio dando los negocios de Iraq a sus amigos y socios.

Bush ha aprovechado la terrible tragedia del 11 de septiembre para hacer la guerra a un país con un régimen odioso pero que nada tenía que ver con el fundamentalismo islámico. Fue una guerra alocada decidida sin que se hubieran agotado todos los medios de presión y sin dar tiempo a que los inspectores de Naciones Unidas hicieran su trabajo. Ni siquiera ordenó como prioridad absoluta capturar a Bin Laden, el destructor de las Torres Gemelas, porque lo que le interesaba era derrocar a Sadam y controlar el petróleo.

Bush no es un conservador, sino un doctrinario de la revolucion neoconservadora. Del consevadurismo compasivo pasó a la rebaja de impuestos para los ricos al tiempo que disminuía las atenciones  sociales. El reportaje que presenta Moore, el provocador  genial, en su Fahrenheit   9/11, donde se ve al presidente dirigiéndose a los ricos entre los más ricos a los que llamó "su base",  es un testimonio irrefutable.

Mañana sabremos si este personaje calado por una ideología simple y peligrosa segirá gobernando  su país y el mundo. Mañana sabremos si vencerá el miedo o si hay alguna posibilidad para los valores de la revolución americana, la democracia más antigua del mundo. Que Dios salve a América.

Hemeroteca Lista sin maldad