Hemeroteca Lista sin maldad
Nº 621
25/10/2004

Luis Valls, el último mohicano

Como en el célebre cuento de Monterroso, cuando empecé, Luis Valls seguía allí. A sus 78 años, 32 al frente del Popular, ha sobrevivido a los banqueros y a los periodistas de su época, que le seguíamos fascinados por sus ocurrencias. No era un banquero típico: es culto e infatigable lector hasta el extremo de inducir al prójimo al vicio de leer. Tiene además muy buena pluma, con la que redactaba con finura impropia del gremio el "Repertorio de temas" que cada año adjuntaba al balance. Siempre que he tenido la ocasión de almorzar con él en el ático del edificio Beatriz o de tomar un café en el club anexo abría una maleta repleta de libros, y por ahí empezaba la charla, que sólo se refería levemente al banco.

Luis Valls, siempre en forma física mantenida con la ayuda del squash y de la piscina, no se dejó enredar en los asuntos del día a día. Residía habitualmente en la sierra madrileña, donde daba largos paseos, leía, tramaba diabluras y meditaba estrategias para la entidad que parecía gobernar sin que se le moviera un pelo y a la que sólo acudía un par de días a la semana. Para dejar meridianamente claro que no era ejecutivo corrió la voz de que cualquier petición que se le hiciera tenía asegurada su negativa. No era ejecutivo, pero en el banco no se tomaba una decisión trascendente sin su aprobación y, la mayoría de las veces, sin su impulso.

Con Valls topé antes de que me iniciara en la información económica, como personaje de interés político, un asunto al que nunca ha sido ajeno. Como numerario del Opus Dei, con todos sus votos, jugó un delicado papel no suficientemente esclarecido en las pugnas que en el tardofranquismo enfrentaron a los que dentro de la Obra integraban una familia franquista con aquellos que se habían distanciado del régimen, encabezados por Calvo Serer. Las hostilidades se rompieron en torno al diario Madrid, presidido por éste, cuando el diario publicó un artículo titulado: "Retirarse a tiempo", que, aunque formalmente se refería al general de Gaulle, señalaba obviamente al dictador. Tras un intento de Valls de reconducir la línea del diario éste fue cerrado y dinamitado. Que lástima que el banquero no aplique su bien cortada pluma a escribir sus memorias.

Había sido consejero del pretendiente Don Juan pero apostó por Don Juan Carlos y los hijistas en los momentos de tensión dentro de la familia monárquica; pasó el cepillo para recoger dinero de sus colegas destinado a entregar un buen regalo de bodas en metálico a los príncipes, lo que no le valió para que Don Juan Carlos le nombrara senador real, como hizo con Escámez.

El presidente del Popular percibió la dirección de los vientos y supo maniobrar con destreza: apoyó la legalización del Partido Comunista, no dudó en financiarlo, como a todos los demás, y mantuvo una cordial relación con Santiago Carrillo. En el club del banco destaca una foto dedicada de Antonio Gutiérrez, cuando era secretario general de Comisiones Obreras, con quien disfrutaba posando cuando ambos recibían, año tras año, los Premios de Transparencia de El Nuevo Lunes.

Su mayor tropezón fue su relación con Ruiz-Mateos, compañero de la Obra que recurrió a él para evitar la expropiación de Rumasa. Según el presidente del holding de la abeja, Valls le recomendó que recurriera a Antonio Navalón, un conseguidor sin escrúpulos que aparece en el vértice de todas las tramas, a quien entregó mil millones para corrupciones varias. Ruiz-Mateos acusaría posteriormente al presidente del Popular de ser el verdadero culpable de la expropiación de su imperio.

Luis Valls, que nació en 1926, como el banco, convirtió a éste en el más rentable de España y uno de los mejores del mundo. Se mantuvo al margen del proceso de fusiones que parecía ineluctable y dedicó muchas energías a defenderse de la voracidad de otros bancos, entre ellos de la del Santander, que denunció públicamente. Su rentabilidad parecía desmentir el tópico de la imposibilidad de sobrevivir sin un determinado tamaño. Pero un banco con un liderazgo personal tan fuerte era vulnerable mientras no resolviera la sucesión. Luis Valls parece haber encontrado una solución con la promoción de Ángel Ron, que es el presidente más joven de la banca. El futuro no está, sin embargo, escrito: las copresidencias son difíciles, como difícil es prever la sucesión de una personalidad tan carismática. No obstante, Luis Valls, a quien le gusta la sombra, continuará como presidente de la Junta de Accionistas, y durante un tiempo ligado a la incógnita de la vida humana seguirá ejerciendo una saludable influencia. Que Dios le dé larga vida.

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