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La hora de Mariano El próximo fin de semana el Partido Popular decidirá su liderazgo y su futuro. Rajoy será elegido por unanimidad búlgara presidente, pero persisten incertidumbres sobre la derrota a seguir: ¿más de lo mismo o renovación a fondo? La solución depende mucho de la posición de Aznar en la práctica del partido, pues su puesto en el organigrama, presidente de honor, no lo explica todo. ¿Se deslizará el PP por la senda del aznarismo con rostro humano o podrá navegar por la propia de una derecha moderna y dialogante? A José María Aznar, tras quince años de entrega a su partido y ocho de gobierno, se le oficiará en vida un funeral político de lujo; su sucesor, que como bien nacido es agradecido, le sentará a su izquierda en la nueva Ejecutiva pues nadie, ni siquiera Aznar, puede disputarle a Fraga la derecha. Rajoy, tras las elecciones europeas, las primeras bajo su dirección que perdió pero que podía haberlas perdido peor, tendrá autoridad para marcar la nueva línea. Hasta cierto punto, puesto que Aznar, que sigue en sus trece, pudiera impedir un cambio sensible que le ponga en evidencia. Sin embargo, él, que es un aficionado a las lecturas históricas, sabe muy bien que en política se agradecen y hasta se condecoran los servicios prestados, pero las expectativas, la percepción de lo más rentable, se imponen implacablemente sobre el agradecimiento por los méritos pasados . Mariano Rajoy, al tiempo que expresaba su lealtad inquebrantable a su elector y presidente saliente, ha ido deslizando signos de modernidad como el de suprimir la adscripción cristiana del partido, ha ido mas lejos en favor de los derechos de los homosexuales y ha dejado entornada la puerta para negociar con Zapatero sobre la Constitución, a lo que su antecesor se había cerrado en banda; todo ello trufado con la esperada dureza en la crítica al Gobierno. Todos estos flujos y reflujos, con ser complicados, son relativamente sencillos comparados con los aconsejables cambios respecto a la política internacional en la que Aznar y los aznaristas parecen irreductibles. El gallego, que tuvo que tragar de mala manera con el apoyo sin matices a la invasión de Iraq sobre la que el presidente no admitía ambigüedades, se enfrentará con serias resistencias para revisar una posición que, desgraciadamente para él, no forma parte del pasado, pues ahí sigue la tremenda cosecha diaria de muertos. El futuro presidente honorario no ha cambiado un ápice de su discurso, como ha demostrado en su lección de Georgetown, calcada de Bush, y se opondrá a una revisión humillante; hoy por hoy, el bambi gallego no está en condiciones de un desafío semejante. No tendría nada de particular que la derecha se mostrara más proamericana que la izquierda, pero en este país no se da ni siquiera en toda la derecha la misma devoción que se observa en otros aliados como Inglaterra o Australia. Hay para ello razones históricas y sociológicas pues, a diferencia de los aliados de Estados Unidos contra el fascismo, en España el fascismo se alió con los Estados Unidos. Por otro lado, en la sensibilidad de la ciudadanía española, de derechas y de izquierdas, rechina la entrega servil al amigo americano y espera una amistad compatible con la dignidad nacional y la discrepancia, y en lo que se refiere a Iraq apenas hay fisuras en la opinión. Me cuesta pensar que Rajoy siga la estela del discurso de Aznar, que sitúa el origen de la matanza del 11-M en el moro Muza y en Don Rodrigo, allá por el siglo VIII de nuestra era. No veo en cambio dificultades insuperables para que el futuro presidente anude algunos cabos sueltos por las ambiciones personales de algunos mandarines del partido. Le sobra para ello habilidad galaica al personaje, aun cuando uno de los incendios a sofocar se sitúa precisamente en su tierra. Rajoy sabrá repartir el poder de acuerdo con las capacidades de cada uno sin olvidar la capacidad de incordio; a última hora se la enquistado el problema de sus paisanos. Pensaba que había arreglado los conflictos internos apoyando decididamente la candidatura de Fraga pero ahora parece que el veterano político pudiera ser más problema que solución. Mariano tiene también conflictos en la Comunidad Valenciana, donde debe estar templando gaitas permanentemente entre zaplanistas y campistas pero para eso está el arte de los gaiteros. Aparte de los frentes regionales -ha tenido la habilidad de copiar de los socialistas un órgano de poder para sus barones-, deberá dar satisfacción a todos los mandarines cuyas intrigas han sido en otro tiempo la maldición de la derecha y que el firme mando de Aznar había erradicado con un estilo autoritario impropio del futuro presidente. |