Hemeroteca Lista sin maldad
Nº 614
6/9 /2004

Si el gran error es el de las ministras
es
que no van mal las cosas

Que la foto de las ministras posando para Vogue haya sido lo más criticado del verano significa que las cosas no le van demasiado mal a Zapatero; parece evidente que el presidente sigue asistido por el estado de gracia. No obstante, y aunque la reacción ha sido desmesurada, la amplitud de la crítica demuestra que la decisión no fue acertada. Los argumentos a favor y en contra, con testimonios apologéticos y desfavorables, así como algunos datos inéditos están recogidos con toda fidelidad en el reportaje que abre este primer número de El Siglo tras las vacaciones. Mi opinión personal -esto no es un editorial, sino mi comentario sin maldad habitual, con firma y foto- es la que reflejo en su título: es un pequeño error que en el fondo muestra una valoración positiva de la acción gubernamental en su conjunto.

Los estrategas del presidente replicarán con toda razón que es fácil hacer predicciones a toro pasado, pero como son personas competentes en la materia deberán reconocer que la única prueba del acierto o desacierto de una operación mediática son los resultados y no las intenciones. La comunciación no se rige, a diferencia de la física o la matemática, por leyes predeterminadas. Las circunstancias no son siempre idénticas a los precedentes, por lo mismo que no puede uno bañarse dos veces en un mismo río; salvo los muy pobres.

Había buenas razones a favor de la iniciativa. Se pretendía rentabilizar  orbi et orbe, pues Vogue es una revista de circulación mundial, la considerable hazaña política de que las mujeres son la mitad, una mitad cualificada por contar con una vicepresidenta primera, del Gobierno español, lo que le convierte en pionero mundial en una de las grandes batallas de nuestro tiempo. En lo que al patio interno se refiere los magos mediáticos pretendían además entrar en corral ajeno, llegar con un mensaje moderno a mujeres de alto nivel económico a quienes se supone más próximas a los planteamientos conservadores. Quizás hubiera también implícito un desafío: "Las chicas de izquierdas podemos ser tan monas como las del PP."

Un buen diseño no garantiza, sin embargo,  el éxito, lo mismo que una campaña publicitaria de un perfume o de un automóvil puede ser a priori brillantísima y ganar osos de oro en los festivales y ser una mala campaña si no vende perfumes o coches. Los publicitarios de Zapatero no han vendido bien la paridad, un fracaso que no debe atribuirse en su totalidad a la maledicencia de El Mundo, del ABC y de La Razón. El mensaje de la paridad en el Gabinete se desvirtuó al plasmarse en plan escaparate y el desenfoque se potenció por el medio elegido: una sofisticada revista de modas.

Ya sabemos que lo cortés no quita lo valiente y que la elegancia de las ministras no menoscaba su inteligencia ni su capacidad de trabajo, faltaría más, pero no hablo de realidades, sino de imágenes que terminan convirtiendose en realidad política; lo que ha quedado en la retina no es la paridad, sino el carácter ornamental y un tanto exótico de la presencia femenina en el Consejo de Ministros. Lo que había que demostrar no es que sus mujeres, empezando por María Teresa y siguiendo por Magdalena, Cristina, las dos Elenas, Carmen, María Jesús y María Antonia,  son muy femeninas, sino que son muy eficaces. Habría contribuido más a la idea de la igualdad que en vez de posar las ministras lo hubieran hecho los ministros vestidos por Adolfo Domínguez, Toni Miró, Roberto Verino o Montesinos; o si había que sacar chicas a toda costa mejor hubiera sido hacerles la foto durante la pausa del café del Consejo, vestidas como  van cada viernes. O mejor aún, porque el agruparlas pudiera generar una cierta idea de gueto, juntar a todas con todos, chica, chico,chica, chico, como en los banquetes.

Ha habido críticas destempladas por parte del PP y sorprendentemente de Rajoy -"es impropia de cualquier persona decente"- que vienen bien al PSOE por su desmesura. Lo más temible no son las críticas de fondo, sino el pitorreo, y alguno he escuchado incluso dentro del PSOE, y no sólo en la vieja guardia de machistas irrecuperables, sino también por parte de alguna ministra que se sintió un tanto forzada a participar en una puesta en escena en la que no todas estaban de acuerdo .

Es difícil creer la versión oficial de que la iniciativa partiera exclusivamente de las ministras. La participación de todas como una sola mujer -de otra forma no habría reportaje- así como el hecho de que la sesión tuviera lugar en el Palacio de la Moncloa, que a la vez que casa del Gobierno es la de su presidente, demuestra que hubiera sido inviable sin el visto bueno de su inquilino.

Hemeroteca Lista sin maldad