Hemeroteca Lista sin maldad
Nº 613
26/7 /2004

Cien días y unas vacaciones

Zapatero ha cumplido cien días y en general ha cumplido bien; en lugar de la tregua convencional ha sufrido la guerra de los cien días; sin embargo, la opinión pública -no necesariamente la publicada, según feliz expresión de González- parece menos cicatera, aprecia un saludable cambio climático y es de suponer que le conceda el margen de confianza que dio a sus antecesores.

Muchos, no sólo los de izquierdas,  manifiestan además un fuerte alivio por las medidas de urgente desaznarización puestas en marcha: la retirada de tropas de Iraq y la mejora de la calidad democrática propiciando un mayor protagonismo del Parlamento, un diálogo respetuoso con los gobiernos autónomos, etc.

Finalmente ha generado algunas satisfacciones y no pocas esperanzas  en el quisquilloso sector de la izquierda que le ha reconocido esta condición por la adopción de algunas decisiones muy apreciadas: recuperación de una sola tacada del poder adquisitivo del salario mínimo, más becas, actuación sobre la vivienda, Pacto Social, etc. La constatación aparentemente obvia de que gobierna la izquierda no es siempre obvia para el hombre de izquierdas. Despejemos dudas recordando lo que hizo Aznar en sus primeros cien días:

-Nombró cuatro ministras en un Gabinete de 14 miembros.

-Aprobó un plan de privatizaciones y designó nuevos presidentes cercanos al PP en las empresas públicas en trance de privatización: Telefónica, Repsol, Gas Natural, Argentaria, Tabacalera y Trasmediterránea, entre otras. Los nuevos presidentes permanecieron en sus cargos tras el proceso privatizador.

-Puso en marcha un "plan de liberalización económica".

-Recortó el gasto público en 1.200 millones de euros.

-Redujo los impuestos para las plusvalías del capital y subió los impuestos del alcohol y del tabaco.

-Expulsó a 103 inmigrantes sedados a diversos países. Aznar declaró: "Teníamos un problema y lo hemos solucionado".

-No consiguió el Pacto Social pero logró acuerdos parciales con los sindicatos.

-Intentó, sin conseguirlo, eliminar las listas de espera en los hospitales.

-Decidió congelar el salario de los funcionarios a partir de 1997.

-Compareció una sola vez en el Congreso y  ninguna en el Senado, contestó once preguntas, tres de ellas de su propio partido.

Compárese con la política Zapatero:

-Un Gobierno rabiosamente igualitario de mujeres y hombres.

-Regreso de las tropas de Iraq.

-Ley de violencia de género.

-Desbloqueo de la Constitución Europea.

-Plan de choque de la vivienda.

-Aumento del número de becas.

-Incremento del 6,6% del salario mínimo.

-Paralización de algunos aspectos de la LOCE: enseñanza obligatoria de la religión, división de los niños en itinerarios a los 14 años, etc.

-Paralización del trasvase del Ebro y nueva política del agua.

-Inicio del diálogo social con empresarios y sindicatos.

-Reforma de la televisión pública.

-Impulso a la transparencia económica.

Conclusión: No  es lo mismo que gobiernen los unos o los otros, la derecha la izquierda, Aznar o Zapatero. Pero no todo lo ha hecho bien el socialista: el imperativo de cuadrar géneros con ministerios en un rabioso chico-chica, de una radicalidad sin precedentes en el mundo - con la excepción de Suecia- ha dificultado la selección del Gabinete óptimo, sea con mas mujeres o con más hombres; dentro de un orden, naturalmente. La agenda de Zapatero durante estos cien días es impresionante pero en política no basta con "hacer cosas", un reflejo erróneo en el que incurría también Aznar. Gobernar no es sólo "fabricar  medidas", sino gestionar el día a día, tripular con firmeza la nave del Estado.  Zapatero es un gobernante sólido pero en su Gabinete ha faltado coordinación y han sobrado precipitaciones. Y finalmente se ha confundido la no intervención en la prensa, la empresa y la justicia con la dejación a la derecha de los territorios que había conquistado espuriamente. Los cien días terminan y se inician las vacaciones, una oportunidad para meditar sobre el nuevo curso en el que se habrán agotado los efectos espectaculares y el Gobierno tendrá que gestionar un complicado día a día que probará su temple. El Siglo también se toma, como cada año, su mes de descanso para servirles a ustedes mejor a partir del primer número de septiembre. Deseamos a nuestros queridos lectores unas vacaciones felices y les esperamos a la vuelta.

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