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El PSOE proclama el fin de los explotados
Se le ha definido como el congreso del aplauso, de la unanimidad y de la euforia de gobernar. Es verdad, aunque no toda la verdad. El 36º Congreso marcará un giro en la orientación ideológica del PSOE. Es natural que este fuera el congreso de la exaltación y del reconocimiento del líder que en cuatro años ha llevado a su partido al poder. Sin embargo, no ha sido sólo eso: la apoteosis del triunfo; aparentemente no se debatieron ideologías, estrategias, tácticas ni organización, pero se ha producido una revolución interna que afectará a todo ello. Zapatero ha colocado su visión de lo que debe ser un partido de izquierda en los nuevos tiempos. ¿Una visión ambigua, ingenua, insuficiente, poco definida, de escasa consistencia doctrinal, voluntarista?. Es posible. Todas estas calificaciones de tufillo descalificador las he oído en los pasillos del Palacio Municipal de Congresos que acoge civilizadamente los del PSOE y los del PP. Pero quienes así se expresaban se quitaron el sombrero en reconocimiento de que es el turno del nuevo líder. "Incluso -me decía un veterano socialista-, el jefe podría estar en lo cierto", y añadía: "Los viejos militantes tendremos que sacrificar una visión del compromiso político un tanto romántica y aceptar que los partidos ya no son lo que eran y que las propuestas de la nueva izquierda deben interesar a la mayoría de los ciudadanos y no sólo a nuestra tradicional clientela". He asistido como periodista a todos los congresos del PSOE -desde la muerte de Franco, naturalmente-, y nunca he visto nada igual. Aun cuando Felipe era el líder carismático indiscutible los periodistas percibíamos un cierto olor a sangre; como vibraba la militancia en mil conspiraciones para introducir un párrafo en una resolución o un dirigente en la Ejecutiva; seguíamos las intrigas de los guerristas frente a los antiguerristas -todos eran felipistas- o de los esfuerzos de Izquierda Socialista para arrebañar complicidades aprovechando la mala conciencia de quienes se habían acomodado confortablemte en las poltronas del poder. Las cosas han cambiado que es una barbaridad. "¿Van a nombrar al tal Montilla secretario general?", me preguntó, quizás con alguna sorna, un corresponsal extranjero?. Y en efecto, parecía que la única cuestion tracendente del 36º Congreso giraba en torno a la disyuntiva: "Montilla, sí" o "Montilla, no". "¿Tú qué crees: que entra Montilla o que no?", pregunté a un ministro. "En este momento, no, pero no sé dentro de una hora", me respondió mirando el reloj. Repetí la pregunta a un ilustre miembro del PSC, "partido federado, que no federación", como matizó para empezar a hablar : "No aceptaremos que Pep quede fuera". En cambio, sí aceptaron que se rechazara su propuesta sobre la debida adaptacion del Estatuto a la Constitución. No hubo mayores tensiones en la fiesta. Se disfrutaba de un ambiente relajado; se percibía en las sonrisas un punto de incredulidad y hasta de ironía: "Totus tuus, y a no volver a pifiarla", rezaban cruzando los dedos. Sólo escuché gritos de fronda en el bar: "Es intolerable. Un cubata a mil pelas (seis euros)", un abuso para un partido obrero, pero quizás no tanto para una formación de poder, para delegados con cargo en la administración municipal, autonómica o nacional. Ni siquiera generaron reacciones airadas palmarios fallos de organización que pudieron provocar la interrupción del plenario que votaba los dictámenes de las comisiones: sólo se repartían 100 fotocopias de cada conclusión entre más de 900 delegados. Total, que más da, si se aprobarían por unanimidad. O que no hubiera carpetas de documentación para todos los periodistas acreditados. Quizás los organizadores lo hicieron con propósitos didácticos: distanciarse de los excesos de buena organizacón propios del PP, para que se vea lo que es un verdadero partido popular. En cambio, no hubo distanciamiento alguno del adversario en la propensión a la unanimidad. Alfonso Perales, que sería elegido secretario de Relaciones Institucionales y Política Autonómica, se vio en la necesidad de recomendar a los delegados que no se avergonzaran, que después de tantos años de desgracia la unanimidad podía ser buenísima . Pero todo esto es anecdótico; este congreso pasará a la historia como aquel en el que el PSOE renunció al marxismo. El 36º Congreso ha erradicado la explotación y ha acuñado la exclusión; ha superado el obrerismo por un socialismo de los ciudadanos. No ganaron por la presión obrera, sino por imperativos éticos de más amplio espectro. "La sociedad de explotadores y explotados -se proclama- ha ido dando paso a una sociedad de integrados y excluidos"; es en este marco ideológico donde se integran las políticas sobre la mujer, los homosexuales o los discapacitados, a las que Zapatero ha aplicado toda su pasión . |