Hemeroteca Lista sin maldad
Nº 609
28/6 /2004

Zapatero, sin teles

No lo tiene fácil el PSOE en el terreno mediático, el primer frente de la política. Empecemos por las televisiones privadas: Antena 3 sigue despachando con Génova, la sede del Partido Popular, como si Buruaga, el periodista de Aznar, siguiera gobernando. De hecho, su sucesora, Gloria Lomana, continúa despachando con su antecesor como si aquí no hubiera pasado nada. ¿Recuerdan ustedes a Gloria Lomana? Es aquella que, en su condición de cronista parlamentaria de TVE, comentó la transmisión del duelo entre Almunia  y Aznar en un debate sobre el estado de la nación con el sectarismo más simple: Aznar lo había hecho muy bien y el líder socialista muy mal.  Lomana sigue recibiendo instrucciones de Buruaga, a quien Aznar piropeó como el único periodista del que podía fiarse plenamente. Buruaga ya no trabaja en Antena 3, de donde se despidió con un finiquito de mil millones de pesetas, pero permanece su fantasma. Ahora ha montado un chiringuito de comunicación que tiene como primer cliente al Partido Popular. Es de bien nacido ser agradecido.

El PSOE se agarra a una esperanza: "No es lo mismo  -creen creer en Ferraz- la Antena 3 de Vilallonga y Alierta, que cumplían órdenes de Aznar, que la Antena 3 vendida a Lara, el dueño de Planeta, la primera editorial española, por indicaciones de un gobierno que ya no gobierna.  No es lo mismo un Lara inserto en el universo popular que un Lara que tendrá que mover sus negocios en un marco socialista. Ciertamente es comulgante del PP, pero ante todo es un empresario obligado como tal al pragmatismo del que ya ha dado muestras en Cataluña, donde se entiende muy bien con Maragall. Pero eso está por ver. De momento no es más que un supositorio. Así que en Antena 3 siguen con la técnica informativa del sándwich: en la capa superior se recoge la versión del Partido Popular sobre cualquier acontecimiento relevante, en la segunda capa, la de en medio, se deja hablar  a los socialistas, y en la capa inferior el Partido Popular dice la última palabra. Se estima que la pérdida de audiencia de Televisión Española se debe en parte, a la fuga de televidentes de la derecha y de la izquierda. Los primeros se refugian directamente en Antena 3, la emisora amiga, y los segundos se acercan a Telecinco que, si no es de izquierdas, ofrece un espectáculo menos aburrido .

¿Que ocurrirá con Telecinco, que ahora sale a Bolsa a precio de oro?  Esta emisora, de fondo conservador -Vocento, del grupo vasco de los Echevarrías, Ibarras y del BBVA en la gestión y Berlusconi en la propiedad-, ha mantenido una actitud de pundonor profesional en los tiempos de Aznar aunque no pudo evitar algunos compromisos con el poder como la erradicación del programa satírico Caiga quien caiga, un lujo imposible de libertad de expresión. Es de esperar que esta emisora siga marcando su independencia frente al Gobierno socialista como trató de hacerlo con razonables resultados con el PP. 

¿Puede consolarse Zapatero con Radio Televisión Española, sobre  la que teóricamente puede ejercer una influencia directa? Evidentemente no, como desarrollamos en nuestra  portada. La sublime obsesión del presidente es demostrrar que por fin ha llegado la neutralidad a la televisión y a la radio públicas; su primera preocuapción es no molestar al Partido Popular. La gente de este partido y su frente mediático han encontrado un filón: atacar despiadadamente una pretendida falta de objetividad para garantizarse un  trato de favor. Talante obliga.

Una situación como ésta no se contempla con entusiasmo en el seno del Partido Socialista y aledaños, donde se escucha a importantes personajes que piden un poco de sentido común. Por otro lado, la progresía de la tele, los viejos rockeros que han soportado la discriminación negativa durante el mandato sin complejos de la derecha, se indigna de que se mantiene su marginación mientras se promociona o se mantiene a personajes que como Juan Menor se han prestado a la sucia manipulación de los últimos años o bien a gente más o menos progre que, astutamente, trataron de pasar desapercibidos, como el nuevo director de Programas. Hay una pugna nada sorda entre los responsables mediáticos del PSOE de la que damos cuenta con todo tipo de detalles en este número de El Siglo. Se cruzan en esta contienda, como suele ocurrir, estrategias discrepantes  con luchas por parcelas de poder, así como rivalidades y rencores personales. Otro día hablaremos del comportamiento previsible de Prisa, que deberá distanciarse del Gobierno por imperativos editoriales y, simétricamente, del diario El Mundo, que seguirá manejando con admirable destreza su apoyo en lo fundamental al PP sin perder a sus lectores progresistas.

 

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