Nº 608
21/6 /2004

El pueblo ha hablado

Ahora, tras las elecciones  europeas del pasado 13, empieza verdaderamente la legislatura Zapatero. Los resultados no son para que nadie tire cohetes pero han servido para disipar la viscosidad ambiente generada por la onda expansiva de la espantosa tragedia del 11-M. Los socialistas ganaron las generales gracias a la fuerte participación en las urnas y han ganado las europeas a pesar de la fuerte abstención. Ello quiere decir que muchos ciudadanos conservadores -la derecha tuvo una mayor propensión votadora que la izquierda- decidieron apoyar al gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. Algo tuvo que ver también la circunscripción única, el hecho de que en estos comicios no rigiera la ley d´Hont, que prima a las hectáreas sobre las personas otorgando un plus de representación a  provincias tradicionalmente conservadoras. En las elecciones europeas cada hombre es un voto por lo que, a pesar de que en la mayoría de las comunidades autónomas obtuvo más votos el PP que el PSOE, fueron las más pobladas como Cataluña y Andalucía las que dieron la victoria a los socialistas .

Sin embargo, el PSOE estuvo muy lejos de arrasar y el PP demostró su alto suelo y su consistencia como alternativa de gobierno. Por otro lado, algunos efectos colaterales del 14-J, como el hundimiento de Izquierda Unida, de Convergencia y Unió y en menor medida de los demás partidos nacionalistas, con excepción del PNV y de ERC, parecen reforzar el bipartidismo aunque sea un bipartidismo sucio en el mejor sentido de la palabra, pues la fuerte victoria del PSC, que últimamente ha descubierto que es un partido independiente, obliga al PSOE a una compleja negociación consigo mismo.

El caso es que el Partido Popular ha respirado hondo. Parece que Rajoy no se creía el discurso de su propia gente construido sobre la teoría de que la manipulación del 11-M les había robado las elecciones y que las europeas pondrían nuevamentelas cosas en su sitio. Las manifestaciones de Rajoy y de otros líderes populares tras las europeas reconociendo que se temían lo peor demuestran la escasa credibilidad que otorgaban a su propio discurso.

El 14 de junio ha consolidado el liderazgo de Rajoy, lo que conjura los temores de un regreso del aznarismo o, lo que es lo mismo, de un giro del partido hacia la derecha de la derecha, de la mano de Esperanza Aguirre o del mismísimo caudillo Aznar. Una vez más me asombra el milagro democrático: ¿Cómo es posible que votando cada individuo lo que le da la real gana se consiga un resultado tan coherente y matizado como si lo hubieran elaborado los siete sabios de Grecia? El veredicto de las urnas ha sido claro: confirma la legitimidad del PSOE y potencia una oposición moderada.

Es lo mejor que podría pasarle al país, aunque sea una contrariedad para el PSOE, que sentirá en su cogote, minuto a minuto, el aliento de un adversario inteligente e implacable. Zapatero no dispondrá de un solo segundo para recrearse en las mieles de la victoria. Tendrá que echar mano de su proverbial "talante", que ya forma parte del nuevo vocabulario político de urgencia, en arduas negociaciones con Maragall y con los líderes de los partidos que le dan cobertura táctica frente a la oposición popular a la totalidad. Estoy convencido de que el presidente sabrá manejarse en este tablero de juego de suma complejidad, pero no imposible pues nadie osará romperlo ya que a quien lo intente la ciudadanía le romperá la crisma. Simplemente hay que hacer política y no cruzadas como Aznar. Hay que reconocerle a Zapatero que no ha hecho la menor purga en la Adminstración Pública -Aznar había arrasado de subdirectores generales para arriba-, sino que por el contrario se ha valido de numerosos altos cargos -el director general es en España un cargo político- que sirvieron a  la Adminstración anterior. Incluso se ha dejado meter algunos goles estrepitosos conservando a gente muy beligerante contra su partido.

El problema, que se ha evidenciado en estos primeros sesenta días de Gobierno, reside en las deficiencias de coordinación de los ministros, así como en las precipitaciones e ingenuidades mostradas por alguno de ellos, producto de su inexperiencia, una enfermedad que se curará con el tiempo. Es su turno, señor Zapatero; tiene usted cuatro años para hacer lo que quiera, dentro de un orden naturalmente, pero nunca en el desorden.

Puede sorprender que en esta breve meditación sobre las elecciones europeas no haya hecho la menor mención a Europa. Es que no tengo nada que añadir a lo que había escrito en esta columna la semana anterior a las elecciones, en la que calificaba éstas de "una grandeza sumamente minoritaria" y avisaba contra "las tentaciones de interpretar la fuerte abstención previsible en términos euroescépticos." Pero de esto ya se ha hablado hasta la saciedad.

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