Nº 599
19/4 /2004

Los jóvenes y los jubilados, primero

Becas, Internet y viviendas para los jóvenes y mejora de las pensiones para los mayores son dos compromisos que iluminarán el camino de José Luis Rodríguez Zapatero; y entre estos dos polos, entre el principio y el final de la vida, ha formulado importantes novedades para todos y para todas: para mejorar la calidad de la democracia –que el Parlamento controle al Gobierno y no a la inversa, que los medios de difusión públicos sirvan para hacer ciudadanos y no súbditos, la igualdad de la mujer etc.– y para avanzar en el Estado de bienestar, manteniéndose firme en la lucha contra los terrorismos, el autóctono laico de ETA y el internacional religioso del complejo Al Qaeda y sus franquicias del terror. Ha esbozado igualmente numerosos propósitos que, unidos a su apreciado talante, alientan la esperanza de un futuro mejor. Zapatero ha planteado una rica alternativa de gobierno, pero la doble opción generacional condensa la sabiduría política del presidente; los jóvenes y los mayores son los más necesitados de atención pública; los jóvenes todavía no incorporados al mercado del trabajo o instalados precariamente en él y los jubilados excluidos del mismo después de una larga vida laboral. Hay que crear las condiciones para incorporarlos a los primeros a la actividad productiva con la mejor preparación posible y debe apoyar a los segundos, que lo han dado todo y que no tienen la capacidad de los activos para defenderse contra la inflación y otras dolencias, pues han entrado en un territorio de creciente dependencia para afrontar las discapacidades propias de la edad o añadidas a ella.

El flamante presidente muestra su sabiduría con esta doble opción generacional en la que confluyen la justicia y la rentabilidad política; los jóvenes le dieron la victoria y de los mayores depende su continuación en el poder. Es optar por la educación y el descanso, aunque de forma diferente a como se entendía en el antiguo régimen. Las personas mayores, los jubilados y pensionistas suelen votar continuidad, pues temen más el cambio que confían en su mejora. Zapatero debe mucho a los jóvenes. Muchos de ellos se mantenían alejados de las urnas por escepticismo respecto a la política, o bien como objeción activa, como protesta a su marginación o a unas reclamaciones que los políticos no abordaban eficazmente. En las elecciones del 14-M se movilizaron con entusiasmo; lo hicieron como reacción indignada ante el autoritarismo de Aznar, pero Aznar no va a seguir ahí para movilizarles, aunque no estaría mal subvencionarle para ello. La pesadilla ha terminado y ahora el nuevo presidente debe demostrar que no se equivocaron al confiar en él. La difícil tarea de Zapatero es conseguir que los nuevos votantes sigan ejerciendo plenamente su plena responsabilidad ciudadana y ahora tienen la oportunidad de comprobar que no todos los políticos se corrompen –políticamente hablando, por supuesto– cuando llegan al poder; que las promesas formuladas se cumplen y que los programas electorales no son mera propaganda, un imperativo muy bien expresado en un lema: “No nos falles” que Zapatero ha asumido como exigencia insoslayable.

No hay que olvidar que los jóvenes no sólo juzgarán la atención a sus reivindicaciones generacionales: educación, oportunidades de empleo y acceso a la vivienda, por ejemplo, sino que serán los jueces más exigentes de altos ideales de paz, justicia y solidaridad. La actitud del Gobierno español ante la guerra de Iraq ha sido la primera causa de su movilización. Zapatero ha reiterado ante las Cortes que cumplirá su promesa, pero entramos en una época en la que habrá que tomar decisiones muy difíciles para conseguir un mundo más seguro y más justo, y, desde luego, será necesario reaccionar eficazmente ante el terrorismo islámico, un horror que no regatea sangre ni discrimina víctimas. Zapatero no podrá actuar en el terreno internacional con la misma contundencia con la que se ha manifestado en su campaña, pero confiamos en que se mantendrá firme en sus principios. Hoy, todo se ventila a nivel mundial. Hasta ahora, la elección del presidente del Gobierno de España, un importante país mediano, tenía una trascendencia limitada en el exterior. La gente tardaba en aprenderse su nombre y en reconocer su cara. Ahora Zapatero, un apellido difícil de pronunciar en otros parajes, se ha convertido en el eje del debate mundial. Su anuncio de que retiraría las tropas de Iraq no sólo ha sido primera noticia de los telediarios de todo el mundo, sino que ha desencadenado procesos políticos de hondo alcance en los países más poderosos. Y no sólo me refiero a la política internacional: la victoria de Zapatero ha dado un giro a los debates de la izquierda mundial.

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