Nº 594
15/3/2004

Gana Zapatero y Aznar hunde a su partido

Un vendaval de indignación ciudadana ha derribado al Gobierno del Partido Popular en un triunfo arrollador del imperativo moral sobre el conformismo, la inercia del poder y la natural resistencia al cambio en épocas de tribulación. José María Aznar ha hundido a su partido y a su sucesor en un ambiente marcado por la sangre, el sudor y las lágrimas. El Partido Popular inicia la travesía del desierto con poca moral, hundido su hiperlíder y con un secretario general debilitado. Mariano Rajoy, que es una persona de bien, no ha podido zafarse de quien le promovió inmovilizándole. Ahora tendrá que derrochar astucia gallega para elevarse sobre sus cenizas y mostrar que sabe crecerse en las dificultades. La resistencia la va a encontrar más en su propio partido que en su adversario, que le ha rendido homenaje en su primera declaración pública olvidándose de que el gallego no había tenido la gentileza de considerarle como competidor. Si no juega sus cartas con extremada habilidad es posible que no repita como candidato. Nada que huela a Aznar tiene ahora mucho futuro y es posible una catarsis en el PP, que se entregue a la alternativa interna más prometedora: Alberto Ruiz-Gallardón, cuyos méritos fueron regateados por el líder prepotente con su miseria característica. El pueblo ha castigado al prepotente y ha ensalzado al humilde. Aznar jugó de farol a la guerra de los poderosos, inmoral e ilegal, perdió y lo pagamos con el más cruel atentado de nuestra historia. No deseo mal a nadie, pero por el bien de todos, me alegro de la caída de este personaje siniestro en su simplicidad y en su arrogancia al tiempo que deseo lo mejor para Rajoy y para tanta gente decente como hay en el Partido Popular. Adiós, señor Aznar, márchese usted en buena hora con sus malas artes y su atentado permanente a las instituciones democráticas, soberbio con el inferior y servil con el poderoso, que acabó con el diálogo, crispó a su país y destrozó la vinculación con Europa tan bien cosida por el Gobierno socialista y tan apreciada por la opinión pública. Su servilismo con EE UU no le castigó en las municipales dedicadas a elegir alcaldes, pero ya se intuía que influiría en las generales, aun antes de la terrible matanza y de una manipulación informativa a la desesperada.

Ha perdido Aznar con Rajoy interpuesto, pero no hay que olvidar que ha ganado Zapatero. Nadie puede negarle su triunfo ni lo acertado de su estrategia. Ha demostrado que era un falso débil, que su apariencia modesta ocultaba una personalidad fuerte. El Siglo tituló en portada el pasado mes de enero el cambio experimentado: Zapatero se reinventa: de ‘Bambi’ a ‘Gladiator’: ¡FUERZA Y HONOR! Y ha demostrado su fortaleza sin dejarse arrastrar por la provocación y el insulto que con tanta crueldad le dedicaba el presidente. Su liderazgo ha sido la antítesis del de Aznar: no lo ha establecido sobre el látigo, sino sobre su capacidad para enhebrar consensos. No lo tendrá fácil. Seremos los primeros en exigirle que cumpla su palabra, que siga siendo como es, que proceda a la regeneración democrática renunciando voluntariamente a las armas de manipulación masiva y que gobierne con transparencia y diálogo. Tendrá que erradicar el virus de La Moncloa: el aislamiento, el endiosamiento, la soberbia y la insensibilidad ante los problemas ciudadanos. Deberá encajar una mayoría capaz de edificar consensos desde el respeto a los demás, tendrá que aprestarse a la urgente tarea de rebajar crispaciones, de dialogar sin flaquear en la firmeza. Zapatero ha acertado con su OPA amistosa a IU. Mucha gente progresista desmotivada ha decidido acercarse a las urnas para frenar la desvergüenza aznariana y, ya que votaba, quería hacerlo con utilidad. Muchos jóvenes que se incorporaban a las urnas por primera vez han votado desde este imperativo ético. Ahora no puede defraudarlos ni defraudarnos. El PSOE entra en una nueva etapa, con nuevos líderes y un nuevo estilo, pero integrando su historia. Ésa es una de las rectificaciones de última hora que el líder ha gestionado con éxito. Como ya escribía la semana pasada en mi sección habitual, antes de la terrible experiencia vivida: Hay partido. Y había partido en los dos sentidos: como formación política y como contienda en las urnas. Una última consideración: se ha impuesto la alternancia, que es condición necesaria para la calidad democrática. Este pueblo sabio ha sabido, una vez más, derribar pacíficamente a un Gobierno que no conectaba con su gente ni con su tiempo. La victoria socialista ha sido hermosa, aunque todos estemos tristes por esa matanza que nos acongoja y nos indigna. Apoyemos todos a Zapatero para que cumpla su gran prioridad: la lucha eficaz contra el terrorismo.

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