Nº 589
9/2/2004

Demuestre usted que no es Aznar, señor Rajoy

Ya nos ha convencido usted que su talante es diferente, porque realmente lo es. Salta a la vista que usted no es desabrido, sino más bien simpático, pero ahora tiene usted una oportunidad única de demostrar que tiene algo más que simpatía, que su diferencia con Aznar es mucho más honda. Usted puede y debe convencernos de que trabajará honradamente para mejorar la calidad democrática de este país que Aznar ha dejado en los límites de lo homologable.

Quizás esta apuesta no sea muy rentable, pues mucha gente no percibe semejante deterioro o, si lo percibe, no lo estima decisivo para emitir su voto. El problema del abuso de autoridad es que hace invisible el abuso de autoridad. Muchos ciudadanos no perciben la manipulación de las televisiones públicas y privadas gubernamentales porque precisamente en eso consiste la manipulación. Hay que tener un espíritu crítico muy cultivado para detectar la trama del engaño, para deconstruir el pérfido discurso de Televisión  Española y de Antena 3.

Yo comprendo, señor Rajoy, que lo que le pido exige mucho valor y consistencia moral, pero alguien alguna vez debería decidirlo como imperativo ético o como otra forma de entender la política. Se lo pido convencido de que semejante decisión no es, en principio, de derechas o de izquierdas, sino que corresponde al ámbito de lo moral e incluso de la decencia, a la salud pública. Mi propuesta concreta es muy sencilla y puede resumirse en los siguientes puntos.

1) Comprométase usted a que, si gana las elecciones, Televisión Española no trabajará al servicio del Partido Popular. Que su director general será elegido en el Parlamento con una mayoría muy cualificada: por ejemplo, por los dos tercios de los diputados. Otra posibilidad es crear un órgano de control independiente similar a la que funciona en la BBC del Reino Unido. Prométalo y cúmplalo, y no como hizo José María Aznar, que prometió terminar con la manipulación socialista despolitizando la dirección del ente. ¿Es posible concebir una manipulación más descarada que la ejercida por López Amor y por José Antonio Sánchez?

2) Prométanos usted, señor Rajoy, que mantendrá sus manos alejadas de las grandes empresas con espúreas intenciones partidarias, especialmente en lo que se refiere a la compra y utilización política de medios de comunicación. Y no como hizo José María Aznar con Telefónica y otras empresas teóricamente privatizadas.

3) Jure –o prometa– no sustituir la información por propaganda. No haga usted, señor Rajoy, como el todavía presidente, que emite publicidad engañosa sobre las pensiones en flagrante violación del Pacto de Toledo, que decidió eliminar este tema de las contiendas políticas o sobre las obras públicas virtuales.

4) Comprométase, señor Rajoy, a no utilizar la Justicia al servicio del Partido Popular. Prométanos que devolverá la dignidad perdida por la Fiscalía General del Estado. La dependencia de la Fiscalía del Gobierno debería cohonestarse con la actuación profesional e independiente al servicio del Estado o lo que es lo mismo de la ciudadanía. Y no como lo ha hecho el presidente saliente a través del señor Cardenal como cadena de transmisión del Partido Popular y alfombrilla del Gobierno.

5) Devuelva usted la transparencia a las estadísticas económicas. No haga usted, si gana las elecciones, como José María Aznar, que oculta los datos incómodos de la hacienda, de las contrataciones públicas, de las privatizaciones o del verdadero déficit del Estado.

6) Y para demostrar su buena disposición al diálogo, palabra desconocida por el señor Aznar, acepte usted el debate con el señor Zapatero para que el ciudadano decida con conocimiento de causa. Comprométase usted, si gana las elecciones, a dialogar con las Comunidades Autónomas, aunque no estén gobernadas por el Partido Popular. Rompa usted con las prácticas sectarias del presidente Aznar.

En definitiva, en su mano está demostrar ahora que Mariano Rajoy, dista mucho de las malas artes de quien le designó y que es un verdadero demócrata a quien la palabra ética no le deja indiferente.

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