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La infamia de Carod y la maldad de Aznar L a solución final, por el momento, del caso Carod ha sido la menos mala, y en política lo menos malo es lo mejor. Zapatero ha salvado su autoridad in extremis; éste y Maragall han conjurado el peligro del cisma y el Gobierno tripartito puede seguir adelante, siempre por el momento. El PP sigue pegando fuerte pero, cesado el conseller en cap, se ve obligado a refugiarse en su posición inicial contra la coalición de izquierdas. La conducta demencial de Carod fue un regalo inesperado para el PP, pero puede convertirse en un boomerang contra las posaderas populares. Las filtraciones al diario oficial no me refiero al BOE sino al ABC no exculpa a Carod, pero deja en evidencia a José María Aznar. El presidente no ha dudado en poner en peligro futuras operaciones del Centro Nacional de Inteligencia, donde el malestar crece por momentos e incluso la cabeza de algún topo. Ha preferido la utilización política del caso a una buena baza en la lucha antiterrorista. El uso torticero para efectos partidarios de un grave asunto de Estado muestra bajeza moral y un nuevo desprecio aznariano al pacto antiterrorista. El todavía presidente hace bien en temer que su estatua sufra las cagadas de las palomas. El presidente debería darse con un canto en los dientes por marcharse triunfalmente sin que salgan los esqueletos de su armario por ejemplo, la corrupción del caso de la construcción de Burgos, ¿por qué no hablas Michel Méndez Pozo? pero la historia pondrá a cada cual en su sitio. Consiguió el poder con los medios más desaprensivos y termina su mandato con las mismas artes malignas. La gente sencilla se pregunta: si estaba controlada la cúpula de ETA por qué no se la detuvo; persisten también las sospechas de un seguimiento al líder de un partido democrático, republicano e independentista pero legal para quien no han prescrito sus derechos constitucionales. Sin embargo, la maldad del Gobierno no resta un ápice de gravedad a la acción del líder de Esquerra. Ni siquiera puede trivializarse su negociación con ETA como una metedura de pata a la que todos, políticos y no políticos tenemos derecho. Hubiera sido una simple torpeza si se hubiera limitado a charlar con ETA para que la organización terrorista deje de matar, pero si es cierto, como parece, que pidió una paz por separado para Cataluña no tiene disculpa. Ha lanzado el terrible mensaje de que ETA puede seguir matando españoles siempre que se salven los catalanes, y eso es mucho peor que la insolidaridad social de su discurso nacionalista. Este último aspecto, ya lo he señalado varias veces en esta columna, es el más delicado del tripartito y de Maragall en su doble condición de catalanista no nacionalista y de socialista. No obstante, el debate sigue abierto: ¿Por qué una Comunidad Autónoma no puede establecer más impuestos para mejorar sus prestaciones o rebajar determinados tributos si puede permitírselo? Lo verdaderamente intolerable son las intenciones implícitas aunque no confesas de los nacionalistas, los del largo gobierno de Pujol y los del tripartito, bajo el síndrome del cupo vasco. Que recaude directamente Cataluña otras comunidades también lo han planteado genera el razonable temor de que si el Estado entrega la caja también les confía la sartén por el mango. Serán ellas las que decidan dar, no dar o regatear cada euro, porque quien controla la Agencia Tributaria controla el dinero y la tentación de trocarlo por justificaciones imaginativas. Pero el colmo, que es como la cuadratura del círculo y que rompería la estructura del Estado, es la extensión del ejemplo vasco, donde el cupo o sea la contribución de una Comunidad rica a los gastos del Estado es negativo. Pero nada de este debate lícito es comparable con la insolidaridad del dolor. Esto no es insolidaridad y ni siquiera insensibilidad, es una infamia y, desde luego, una bomba de racimo contra los socialistas para las elecciones de marzo. Maragall ha toreado la crisis con finura catalana, pero Carod, lejos de entonar el mea culpa, al menos por su deslealtad al president, ha decidido trocar su error en reclamo populista apelando a las más bajas pasiones ciudadanas. Se presenta de cabeza de lista por Barcelona a las elecciones generales con el fin de plebiscitar su insolidaridad con personas que piensan como él aunque no se atrevan a confesarlo. |