Nº 557
26/5/2003

Gana Zapatero pero Aznar no sale derrotado

En puridad de conceptos debería titular con el triunfo del PSOE y la escasa erosión del PP, pero, si bien es cierto que se ha percibido la politización ambiente que ha marcado nítidamente las fronteras ideológicas, no puede negarse el alto significado personal del 25-M: Zapatero, de quien todo se esperaba pero que no había pasado la prueba del combate, la ha superado brillantemente. Aznar, que no ha salido mal, puede decidir su sucesor, que visto lo visto, muy bien podría ser Gallardón, a quien ya los intrépidos jóvenes del PP anunciaban, bandera roja y gualda en ristre: ¡Presidente! ¡Presidente! También podía haber titulado este comentario sin maldad como la semana pasada: La derecha se lo traga todo, pero eso estaría muy feo. No obstante, es la pura verdad: ni prestiges, ni guerras ni tantas otras calamidades perpetradas en esta mayoría absoluta "su rumbo a torcer alcanzan ni a sujetar tu valor”, según creo recordar que entonaba la Canción del Pirata. También podría haber repetido la portada de la semana pasada en la que anticipábamos que Simancas, La Revelación, había pasado de fontanero desconocido a mirlo blanco de Zapatero. 0 me podría haber lanzado por donde transita la portada de esta semana, que vislumbra, con visión de futuro, a Zapatero versus Gallardón. Ambos han sido, en efecto, los grandes triunfadores de la jornada y cabe suponer que se enfrentarán en 2004. Algún amable lector podría reprocharme haber llenado mi comentario semanal con titulares y no le faltaría razón. Sírvame de disculpa que, a estas alturas, usted ya está saturado de información y que lo único que puedo aportar son titulares, que no son más que comprimidos de significación.

Lo más importante es que el PSOE ha ganado las elecciones municipales en el conjunto de España con cerca de ocho millones de votos y una diferencia respecto al PP de unos 200.000, seis veces más de la que le sacó el PP al PSOE en las municipales de 1999. Es su récord histórico en unas municipales. Por otro lado, ha ganado la Comunidad de Madrid, que tiene una enorme importancia simbólica y de poder. Menos valor simbólico que la alcaldía, pero más poder: más presupuesto y mayor presencia en empresas públicas, y de forma especial, en el gran poder financiero que representa Caja Madrid. El PP se ha consolado con Baleares, donde ha obtenido mayoría absoluta. El PSOE gobernará en las comunidades pobladas por 18 millones de ciudadanos frente a los doce que vivían en las anteriores. Es la primera vez que el PSOE gana algo en diez años como dijo José Blanco. Un éxito, pues, para Zapatero, que le coloca en situación de buena esperanza frente a un candidato que pudiera ser el otro triunfador de la jornada: Alberto Ruiz‑Gallardón. Gane quien gane en la próxima contienda, los españoles saldremos ganando. Habrá pasado felizmente a las pesadillas del pasado el estilo Aznar, generador de crispaciones. Hay que reconocer a Aznar su poderío. Quizás sea verdad que la tiene más larga. A pesar de todos los pesares -boda, decretazo, Prestige, guerra- este hombre

que asumió personalmente la campaña ha obtenido unos resultados dignos. Mantiene el número de sus autonomías, aunque ha tenido que cambiar Madrid por Baleares, y sigue siendo la primera fuerza en la mayoría de las grandes ciudades; ha perdido Zaragoza, pero ha ganado Burgos. No ha logrado penetrar en los territorios comanches: Extremadura, Castilla-la Mancha y Asturias, en cuyo ámbito los socialistas han consolidado Aragón. El PP mantiene sus feudos más fieles y ha recuperado Baleares, donde siempre reinó, para Jaume Matas, también a pesar de los pesares, de sus espionajes y de sus fraudes electorales y de que no ha hecho muy buena gestión en su cartera de Medio Ambiente. Y lo más importante: Ana Botella será concejal de Servicios Sociales de Madrid. Es curioso que todos demos por natural que la victoria del PP sólo puede ser por mayoría absoluta. Denota un espléndido aislamiento que les debería hacer meditar.

Izquierda Unida ha mejorado ligeramente. No se ha beneficiado demasiado del subidón de la guerra, demostrando una vez más que en este país se conduce por el centro. La izquierda de la izquierda no pasa del seis, se incline por la pinza anguitiana con el PP o por el buen rollo de Llamazares con el PSOE. En el País Vasco uno puede felicitarse de que nada ha turbado la normalidad de la jornada. Han sido ciertamente demasiadas las papeletas nulas de apoyo a ETA, pero al menos un tercio de los que votaron EH en las anteriores municipales han cambiado a partidos democráticos.

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