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El arte de rectificar Algún desgaste sufrirá el Gobierno por la marcha atrás en el decretazo, pero el desgaste hubiera sido mayor si el Gobierno no hubiera retrocedido. Ya comenté en su día que si bien la movilización sindical no había tenido un éxito absoluto sí lo había tenido relativo: recibió un apoyo suficiente para que la protesta, amplificada en las manifestaciones subsiguientes y bien gestionada por Cándido Méndez y José María Fidalgo, alcanzara el fin deseado. El éxito político de la huelga se llevó por delante la consigna oficial aznariana ‑"aquí no ha pasado nada"‑ y con ella al ministro portavoz, Pío Cabanillas, que cumpliendo escrupulosamente la consigna había negado la existencia de la protesta. Se llevó también por delante a Juan Carlos Aparicio, a la sazón ministro de Trabajo, quien, paradojas de la política, se oponía al decretazo en defensa de la buena convivencia con los sindicatos. Aparicio que será el candidato del Partido Popular a la aicaldía de Burgos es un ejemplo más de que las personas cuentan poco frente a las grandes fuerzas de la historia. El ilustre burgalés fue el chivo expiatorio de un error de¡ presidente que infravaloró el alcance de la protesta y que tuvo que sufrir la especie difundida desde turbias fuentes monciovitas que aseguraban piadosamente que Aparicio quería volver a Burgos en razón de la enfermedad que sufre su esposa. Pero la historia es la historia y ahora Zaplana, a quien no regateamos méritos ha ido más lejos de lo que se le había autorizado a su antecesor. El caso es que se han el¡minaclo los aspectos más dolorosos del decreto respecto a los salarios de tramitación en caso de despido y a las condiciones para aceptar un empleo que permiten recuperar a paz social aun cuando los sindicatos mantengan las espadas en alto en lo que a los subsidios agrarios se refiere. Se produce en todo este asunto una derivada relacionada con el club de sucesores de Aznar que, curiosamente han institucional izado su condición en un club exclusivo con almuerzo mensual. Este episodio ha beneficiado a Rodrigo Rato, quien parece recuperar aliento tras el sufrimiento experimentado en torno a Gescartera y los negocios familiares, aunque los negocios públicos no marchen tan brillantemente según ha advertido el gobernador del Banco de España, Jaime Caruana. El vicepresidente económico, tachado de soberbio, está reconduciendo hábilmente su imagen y ésta ha sido una buena ocasión para ello. En efecto, Rato es el único que ha reconocido que se ha rectificado, en discrepancia con su colega del delfinario Rajoy, que rizó el rizo retórico en la negación de que se hubiera rectificado y a contrapelo de las propias declaraciones presidenciales que insinuaban que quienes habian rectificado habian sido los sindicatos. Rato embridó su supuesta soberbia -un poco chulo sí es, pero lo de soberbio me parece excesivo- y reconoció abiertamente la obviedad: el Gobierno rectificó, a lo que dio acertadamente su connotación positiva: "De sabios es rectificar", "El Gobierno es sensible a las críticas recibida" etc. El vicepresidente ha demostrado en todo este asunto un olfato político notable. Más agradecimientos Son continuas las muestras de inquietud por parte de la profesión periodística respecto a las consecuencias sobre la libertad de expresión de la nueva Ley de Enjuiciamiento Civil que tan duramente está afectando a EL SiGLo. El hecho de que un juez de primera instancia pueda imponer una fuerte indemnización a un medio y que dicha indemnización, las medidas provisionales, puedan convertirse en definitivas sin que dé tiempo al recurso al que todos los españoles tenemos derecho está poniendo la carne de gallina a la profesión periodística. Esta semana agradecemos la elocuente muestra de apoyo a nuestra revista expresada por el semanario catalán El Triangle,‑cuyo texto publicamos en este mismo número. El apoyo de El Triangle, que se suma a los recibidos de otras publicaciones de muy variado signo, tiene especial significación en la medida en que han sidorrianifestaciones espontáneas, movidas por la seriedad de lo que nos jugamos todos y no producto de campaña alguna por mi parte. El objetivo de mis acciones personales -el artículo publicado en El País y la encuesta que publicamos entre altas personalidades de la judicatura- está dirigido, no a resaltar el problema de la revista, sino a que nuestro caso sirva para activar la reforma necesaria de una ley muy peligrosa, pues introduciría de nuevo la autocensura en lo que a la crítica de los poderes públicos se refiere. |