Nº 511
3/6/2002

El capitán España parió un ratón

E ntiendo el decretazo en clave de despedida-manifiesto. José María Aznar está ocupadísimo en acuñar su testamento con letras de oro y descuida la prudencia. Apenas le quedan dos años de mando y sólo unos meses para plasmar tantas ambiciones, puesto que en 2003 se celebrarán las elecciones municipales y autonómicas y algunas decisiones valientes podrían complicar la vida de los candidatos de su partido. Dispone, pues, de apenas un año para concluir el moldeado de su figura para la historia con hechos elocuentes, con leyes inequívocas , con jalones definidos que los niños puedan recitar de corrido en el colegio: “Aznar acabó con la indolencia obrera, con el fraude del paro, gracias al Decreto Ley del 24-V-2002”. Un triunfo de la acción decidida del Gobierno al que desearía añadir otras azañas que cambiarían la historia: “Aznar ilegalizó a Herri Batasuna”, “Aznar recuperó Gibraltar para España”, “Aznar devolvió el crucifijo a las escuelas”, “Aznar terminó con la vagancia en los colegios gracias a la Ley de Calidad de la Enseñanza”...

Tiene prisa y ello le ha hecho cometer un error de cálculo al abordar la reforma del seguro de desempleo durante el semestre que, como presidente de Europa, se prometía la apoteosis del ego. Sus prisas y su estilo militar, la política como conquista de objetivos, como asalto a las fortalezas del enemigo, produce esa sensación de que avanza a base de propinar puñetazos sobre la mesa. Con energía. Con autoridad. Propinó un puñetazo en la mesa y decidió: “No me voy sin reformar las estructuras con las que nadie se atreve. Ni en este país ni en otros”. Un mensaje-testamento, pero también un manifiesto dirigido a sus colegas europeos, algunos en extremo medrosos. ¿Con intención de presidir Europa cuando tal presidencia represente un mando efectivo?

Cuando los economistas hablan de reformas estructurales se refieren a medidas para reducir la legislación laboral, para facilitar el despido, para endurecer el seguro de desempleo y las subvenciones asistenciales, para remover los obstáculos que frenan la movilidad laboral, para limitar las pensiones, etc. Nuestro presidente se ha puesto heroico y ha parido un ratoncillo. Es el parto de los montes, profetizado por Horacio en su Epistola ad Pisones: “Parturient montes, nascetur ridiculus mus” que traducido con benevolencia significaría: “Parirán los montes, mas sólo nacerá un insignificante ratoncillo”. Diez de humo que ni reforma estructuras ni satisface a los empresarios, aunque apoye la CEOE por motivos tan políticos como la huelga general y como el decretazo. A los empresarios de verdad les interesa mas la contención salarial y la paz laboral que el abaratamiento de los despidos, que ahora no son demasiado caros. Una reforma de chicha y nabo que ha tenido la virtud de meter el dedo en los ojos de los sindicatos, que, por muy en crisis que se encuentren, por muchas dificultades con las que se enfrenten para adaptarse a los nuevos tiempos, son quienes mejor representan a los trabajadores. Es, desde luego, una convención, pero tan convención como que los partidos representan a los ciudadanos y la CEOE a los empresarios. Me malicio que si Aznar hubiera pensado que la huelga general era algo más que un farol no hubiera dejado que le desluciera su fin de fiesta sevillana. El decretazo le producirá más pena que gloria. Llegará un 20-J de resultado imprevisible, pero sea cual fuere el resultado, llegará el día después, el de la resaca, a partir del cual se enrarecerá el buen clima laboral que había conseguido, uno de sus mejores activos. Me da la impresión de que el capitán España, como le ha llamado con letal ingenio el diputado comunista Felipe Alcaraz, se ha herido al desenvainar el sable.

Creo que esta huelga general tiene ahora menos justificación que en otras ocasiones, pero se irá llenando de contenido de aquí al 20 de junio. Será una huelga-omnibús, una movilización que recuperará poderosas razones de protesta, un autobús en el que entrarán en tropel los fijos discontinuos, los que piden guarderías, los que protestan por la escasa cobertura de desempleo, quienes reclaman mayor salario mínimo, subida de las pensiones, dinero para la formación y Dios , Méndez y Fidalgo saben cuántas cosas más. Esta huelga es poliédrica. Tiene mucho de advertencia, de miedo a la escalada del liberalismo salvaje, pero también es un acto de afirmación, de petición de respeto, una ceremonia que los sindicatos consideran que ya toca. Finalmente, el capitán España ha prometido tramitar el decreto como ley, con lo que, después de las rectificaciones del decretazo para endulzar el trágala y las modificaciones que se añadan para contar con el voto de Convergencia y Unió a la flamante reforma no la reconocerá ni la madre que lo parió.

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