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Ladran, luego Zapatero cabalga Parece que Zapatero va cogiendo el tono de la oposición, en su doble tarea de crítica al Gobierno y de aportación de propuestas. El proyecto de ayuda familiar, concreto y cuantificado, es un buen ejemplo de lo que se espera del líder del principal partido de la oposición. El secretario general del PSOE propone un conjunto de medidas destinadas a estimular la natalidad y proteger a la familia: subvenciones de 3.005 euros para el segundo hijo, de 6.010 para los siguientes, elevación de la prestación por hijos a cargo a 1.202 euros, deducción especial de 2.404 euros para las familias con cinco hijos o más, desgravaciones en el IRPF, permiso de paternidad de cuatro semanas, viviendas, guarderías y burocracias ad hoc... En total 6.000 millones de euros un billón de pesetas a desembolsar en cinco años. Dudo que los estímulos económicos tengan un efecto decisivo sobre el incremento de la natalidad por la sencilla razón de que, en términos económicos, un hijo, que no tiene precio, nunca es rentable. Si las parejas españolas tienen la familia corta no es por falta de dinero sino por falta de ganas; por razones de comodidad, de libertad o de calidad de vida. Nunca ha habido tanto dinero ni tan pocos niños. La actitud de las parejas de hoy tiene más que ver con los valores de la sociedad moderna en la que se han desvanecido o transformado los imperativos religiosos que fijaban como primera finalidad del matrimonio y única legitimación de la sexualidad a la procreación de los hijos. El problema de la baja tasa de fecundidad de la mujer española la más baja del mundo es muy serio, pues ni siquiera se consigue el mantenimiento de la población, pero dudo de que este problema tenga una solución política y mucho menos económica. La justificación de la propuesta socialista tiene una base mas sólida como ayuda a las familias ya existentes, como una recuperación del retraso que España arrastra en el Estado de bienestar; se trataría, pues, de una política social típica. En todo caso, la propuesta de Zapatero es un acierto: primero, porque tiene un impacto directo sobre la gente, a diferencia de otras batallas políticas más propias de la clase política que de la ciudadanía; en segundo lugar, porque manteniendo el discurso social que define a los socialistas puede captar adicionalmente a numerosos votantes que no tienen sindicado su voto a perpetuidad. Y en tercer lugar, porque demuestra una reflexión, un trabajo técnico y una cuantificación al céntimo del costo de las iniciativas propuestas. Sólo hago una objeción en tono menor: la creación de nuevas burocracias, una Secretaría de Estado y un Consejo estatal, lo que quizás responde a una deformación del diputado Zapatero tantos años dedicado a las administraciones públicas. La propuesta hecha en su día de un Ministerio de la Juventud camina en esa misma dirección. En lo que se refiere al otro cometido de la oposición, el control al Gobierno, se empieza a observar una mayor contundencia por parte del PSOE ante la que nuestros gobernantes están reaccionando de mala manera, haciendo notar hasta qué punto se gobierna desde la arrogancia y con manifiesto olvido de que son el Gobierno de todos los españoles. La manifestación más clara de esta actitud es la evasión de las respuestas precisas durante los miércoles de control del Gobierno en el Parlamento, una sesión que se ha convertido en una representación de teatro del absurdo, en la que las respuestas desde el banco azul no tienen nada que ver con lo preguntado. La ironía, el sarcasmo y hasta la ridiculización del adversario son argucias parlamentarias aceptables, pero no vaciar de contenido a las sesiones de control; eso es piratería, filibusterismo o fraude de ley. El sistema facilita el escurrir el bulto, pero ofrece posibilidades que no siempre ha optimizado el PSOE aunque, insisto, parece que últimamente le va cogiendo el tranquillo. Tuvo un notable efecto, por ejemplo, con la batería de preguntas que lanzaron los socialistas a Mariano Rajoy sobre el deterioro de la seguridad pública hasta el extremo de hacerle perder los nervios a este gallego tranquilo y socarrón, que respondió con el insulto. Sin embargo, en la del pasado viernes la batería apuntaba a Pío Cabanillas hubo de todo: estuvo magistral nuestro ilustre colaborador Joaquín Leguina respecto a la manipulación de la televisión y la radio publicas que claman al cielo, y estuvieron menos afortunados otros parlamentarios que todavía no tienen suficiente experiencia. Algún maledicente ha acuñado la comparación del nuevo PSOE con el Titanic: los niños y las mujeres primero. Hay que asumir el riesgo de confiar responsabilidades a gente joven siempre que no se condene al ostracismo los veteranos por el hecho de serlo. Sería un derroche. |