Nº 497
25/2/2002

La superficie telar como límite de los derechos humanos

La crisis del pañuelo, que no llega al chador, pues es solo un hiyab como vamos aprendiendo, ha tenido la virtud de familiarizarnos con los  problemas que plantea el hecho de que España es un país de inmigrantes. Hasta ahora sólo constituían un número. A partir de Fátima empezamos a percibirles como personas, que tienen familia, religión y costumbres, lo que plantea la necesidad de unos criterios básicos y de la elaboración de una política ad hoc. Se plantean a este respecto las alternativas que ya se han planteado en países mas veteranos en estas lides: ¿Nos esforzamos en integrarlos como ciudadanos de pleno de derecho? ¿O bien propiciamos su reclusión en ghetos, en régimen de libertad vigilada?

El padre de Fátima –¿por cierto donde está la madre?– nos ha forzado a marcar una política de inmigración integral que vaya mas allá de su utilización como fuerza laboral. Ha llegado, pues, el momento de recuperar nuestro retraso respecto a los vecinos de Europa motivada por el hecho de que la inmigración hacia España es más reciente. Se explica, por tanto, en parte la falta de una conciencia social para abordar estos problemas, lo que no justifica la falta de reflejos de la ministra de Educación o la respuesta poco meditada del bueno del ministro Juan Carlos Aparicio, que comparó el hiyab con la ablación del clítoris.

Mi postura ante este tema no está alineada con uno u otro de los bandos, sobre todo mediáticos, que se han organizado rápidamente. Creo que la solución que ha dado, con la viveza que le caracteriza el presidente de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, es la correcta. El caso concreto de Fátima está bien resuelto, pero es evidente que esto no se queda así, sino que se hincha  y por ello creo oportuno hacer algunas matizaciones ante lo que se nos viene encima. La primera tiene que ver con la debida proporcionalidad: ante un velo en la cabeza no hay nada que objetar ya que se trata de una costumbre que no implica claramente un ataque a la mujer. Otra cosa sería el chador o el burka. La superficie de la tela y su aplicación anatómica tienen implicaciones que no son baladíes, pues existe una frontera, bien es verdad que algo difusa, entre la costumbre inocua y la estigmatización de la mujer como ciudadana de segunda, súbdita del hombre y, en algunos parajes, sometida a prácticas tan escalofriantes como la ablación del clítoris. La sociedad española no puede admitir estas prácticas discriminatorias considerándolas como tolerancia con otras culturas, como de hecho no tolera que un testigo de Jehová impida la transfusión de sangre a un hijo que lo necesite, ni debería tolerar que miembros de alguna tribu africana se presenten en la escuela con taparrabos o que un antropófago exija carne de misionero en el menú del colegio. Bromas aparte, lo que quiero decir es que no entiendo la subordinación de la mujer, la negativa de sus derechos como una “cuestión cultural” que hay que respetar, sino como una inadmisible discriminación anticonstitucional. “Cultura” es saber idiomas, conocer la historia o manejarse con las matemáticas, la física o la geografía. El cristianismo no es superior al islamismo ni viceversa, pero la democracia sí es superior a la teocracia. Desgraciadamente, la mayor parte de los países árabes siguen sufriendo gobiernos teocráticos y súbditos en lugar de ciudadanos. La llegada de personas de estos países a España debe representar una oportunidad de liberación especialmente para los hijos, que se desarrollarán en una sociedad libre, para lo que la escuela tiene un papel esencial. La escuela está para formar ciudadanos libres y, siempre con la debida proporcionalidad, debe impedir signos que contradicen su función socializadora.

Es curioso cómo se alinean las posiciones a un lado y a otro de la linea maginot de los medios. Mientras El País ha sobrevolado el tema sin apenas manifestar una postura al respecto, en el otro bando han predominado los ataques más feroces al velo de Fátima en clave de  “ablación del clítoris”. Para César Alonso de los Ríos (Abc) “si el velo, el chador y la burka son versiones de la opresión de la mujer en las sociedades islámicas ¿por qué se defiende su introducción en España en nombre de la libertad de conciencia? En El Mundo, Gabriel Albiac proclama. “hoy chador, mañana clítoris”; Federico Jiménez Lozanitos exclama: “Por tolerancia entienden que en España se abdique de los principios éticos y estéticos más acendrados de nuestra sociedad”. Otro día proporcionaré jocosos ejemplos de hasta dónde llega la propensión a tomar posiciones contradictorias según se pertenezca a El Mundo, Abc ,Onda Cero o la Cope o a El País o a la SER más allá del apoyo o la descalificación de Aznar: desde el fútbol a la jardinería..

 

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